jueves, 6 de diciembre de 2018

La odisea de un ánima sola IV


Nota: Para ver las partes 1, 2 y 3 de esta saga, por favor ir al menú lateral y comenzar con las entradas del 1, 3  y 4 de diciembre.

 

Julio y el Mulín


1986, la contra continuaba haciendo sus fechorías tanto en territorio hondureño como nicaragüense.  Mi pueblo hervía de contras, Colaboradores Hondureños y refugiados.
Ciertos jóvenes hondureños se metieron como mercenarios a la contra, es el caso de Yuca y Vicente, el primo del Chele, un cipote de 11 años que se fugó de su casa para convertirse en niño soldado. También había otros que conducían los carros de la Contra transportando armas y pertrechos, es el caso de Rafael, Cristo de Lata y de otros que eran atraídos por los dólares que manejaba la Contra.
La Contra, como decía antes tenía, puestos de vigilancia en los caminos de la Montaña. A veces abandonaban esos puestos para posicionarlos en otros lugares. Allí abandonaban ciertos pertrechos que la gente del campo recuperaba (Tablas de madera, carpas y otras cosas). La historia que les voy a contar es una que tiene que ver con el abandono de uno de los puestos de vigilancia de la Contra en el camino hacía las Dificultades.

Julio


Julio es el segundo hijo de 4 de don Bernardo Mendoza (Nayo) y de Doña Rosa Arriaza. Julio nunca le gustó la escuela y se dedicó a seguir a su viejo en sus actividades agrícolas. Nayo era un maestro en arte de hacer bloques de dulce de rapadura, aserrador de madera y hachero de primer grado. Julio desarrolló una musculatura de hierro a pesar de su corta estatura y como su padre se dedicó a ser leñador y trabajador agrícola. Durante el periodo de cosecha de café se enrolaba como cortero en las haciendas cafetaleras alrededor de la aldea de Los Granadillos.

El Mulín


Desgraciadamente, no tengo información sobre él y por informaciones de mi amigo Javier Mendoza, el hijo de don Tavo, supe que se llamaba Toño Ortiz. Era era originario de la ciudad de El Paraíso y que su apodo venia del hecho que era fuerte y musculoso. El Mulín había hecho su servicio militar. Había sido reclutado y hecho su servicio en el sexto batallón de infantería. Salió de baja y como la mayoría de los chafitas después de su servicio, se encontraban sin trabajo y con complejos de superioridad y hasta negando sus orígenes y negándose a volver al campo. Esto último no ocurrió con Mulín, quien durante la temporada de café se fue a vivir donde don Nayo y a trabajar en lo que fuera.

Las Granadas


Junto con Julio, el Mulín consiguió trabajo en una finca de café de los Zelaya, en los Volcancitos. Tenían que caminar dese Los Granadillos hasta los volcancitos y en su trayecto tenían que pasar por un lugar en una montañita propiedad de doña Regina Lardizábal en donde la Contra había instalado un puesto de vigilancia. Allí, ellos por curiosidad fueron a ver el puesto abandonado y encontraron dos granadas de fragmentación.

El hecho


Un día, allá por 1987, yo regresaba de la finca de mi padre hacia el pueblo en un viejo Jeep que tenía mi padre que yo conducía. Pasando en frente de la casa de don Juan Mondragón, el hermano de Nayo, vimos varias gentes que nos hacían señal de parada, el cacharro iba cargado y mi papa me dijo: seguí vamos cargados.
Llegamos al pueblo y descargamos el carro y estábamos ya descansando cuando llegó don Gustavo Mendoza, quien era el Juez de Paz del pueblo, a pedir la colaboración de mi viejo para que lo transportara a Los Granadillos.
Mi viejo le preguntó para que quería transporte. Don Tavo le dijo que algo había pasado y que había un muerto en las propiedades de Nelly Mendoza.
Bueno pues, me dice mi papa, prepárate que nos vamos con don Tavo.
Fuimos a la gasolinera pusimos combustible y mientras lo hacíamos un transportista que venía de la montaña que conocía a don Tavo y le dijo que allá lo estaban esperando que había un muerto y un herido por la explosión de una granada. 
Bueno, ya nos fuimos con don y en la entrada del pueblo nos encontramos con otro transportista que traía al herido. El herido era Julio.
Don Nayo y la señora venían en el carro. Don Nayo, se cambió de carro y se regresó con nosotros.
Llegamos al lugar del hecho, donde ya el ejército estaba presente. Un teniente dirigía las operaciones y no quería dejar que los civiles se aproximaran al lugar. Don Gustavo se impuso y pasó y me dijo seguime me vas a asistir en el levantamiento del acta.
Llegamos al punto exacto y había un pelotón de militares recogiendo los pedazos de carne y los restos de un cuerpo completamente destrozado. La cara era irreconocible, su tórax y su vientre completamente desechos. La explosión paso bajo un gran roble y las hojas del roble estaban cubiertas de humo, sangre y restos de carne. Alrededor había miembros anatómicos, dedos, dientes, etc.
Don Tavo después de una acalorada discusión con el teniente del ejercito obtuvo que los militares pararan de contaminar la escena del hecho para él, don Tavo, hacer el peritaje y la reconstrucción del hecho.
El hecho es que por haber sido una explosión de granada el chafa decía que eso era un caso de la autoridad militar. Don Tavo argumenta que los implicados son civiles y que por consecuencia era un caso civil.
Se llamaron como testigos a don Nayo primero para estableces la identidad del muerto y más luego a otros familiares para corroborar que los dos muchachos no estanban implicados en nada que tuviera que ver con actividades militares.
Nayo nos dijo que se trataba de Mulín. Y que el hecho había pasado de mañana cuando estos se iban a trabajar a los volcancitos. También nos dijo que eso fue un accidente tonto.
Declaró que Julio y Mulín, el día anterior, yendo a trabajar habían ido a escurcar el puesto abandonado de la contra en la montañita y que habían encontrado dos granadas de fragmentación. Las recogieron y las pusieron en la mochila de Mulín. De regreso a la casa en la tarde, Mulín le dijo a julio que estallaran una y lo hicieron en una zona de bosque sin peligro. Mulín habiendo sido militar, sabía como funcionaban las granadas y no pasó nada.
Cuando llegaron a Los Granadillos, los cipotes babosos se pusieron a hacerle miedo a la gente con la dicha granada, don Nayo les dijo a los dos bichos que dejaran de joder con eso y que pasaran por el puesto militar de El portillo, el día siguiente y la entregaran al oficial al cargo.
Como es evidente ellos no hicieron caso. Él día del accidente decidieron estallar la segunda granada. El mulín a cargo de hacerla estallar le dijo a julio que se quedara un poco retirado que el iba a hacerlo. Algo sucedió y la granada se escapó de las manos de Mulín explotando y destrozando al individuo e hiriendo a julio con varias esquirlas en el pecho.
Julio herido se regresó a su casa y en el camino ya encontró a Nayo que venia a ver lo de la explosión. Sacaron a Julio hasta la carretera para trasladarlo al pueblo para ver un médico.
Una vez el levantamiento de testimonio hecha, el juez dispuso que la familia podía levantar el cuerpo o lo que quedaba de él. Don tavo les preguntó que qué querían hacer y las familias dijeron que lo querían velar un poco en la casa de su hermana antes de enterrarlo en el cementerio de Conchagua. Él los autorizó.
La familia les pidió ayuda a los militares para levantar el cuerpo y los militares no aceptaron arguyendo que no tenían camillas ni bolsas de plástico ni material. 
Yo viendo eso se me ocurrió una idea y me dije:  Si agarramos dos sacos de los que utilizábamos para transportar café y les cortamos las esquinas y hacemos pasar dos trancas de roble rectas a través de los agujeros haciendo que las bocas de los sacos se encontraran en medio y luego poniendo unos travesaños a la altura de los agujeros y luego costurarando con cabuyas las dos bocas juntas, pues tendríamos una camilla.
Sin decir nada llamé a uno de los familiares y fuimos a buscar sacos en el carro y cabuyas. Le expliqué la cosa y el tomo un machete y cortó dos robles jóvenes y derechitos. Hicimos la camilla en las barbas de los militares que ni cuenta se dieron por estar alegando con el juez que estaba bravo por la falta de colaboración de los chafas.
Los familiares comenzaron a poner los restos mortales de el Mulín en la camilla.
El teniente que estaba ocupado respondiendo al Juez se vira y pregunta: 

¿Quién hizo esta mierda? Refiriéndose a la camilla.

El muchacho que me había ayudado me señala. 

El oficial se dirige a mí y me dice: 

¿Vos hiciste eso?

Si, respondí yo.

¿Y dónde aprendiste a hacer esto?

No aprendí, nadie me enseñó, solo se me ocurrió.

¿Se te ocurrió, así nomás, como milagro?

Pues sí, sólo un poco de lógica, le dije.

¿Cómo te llamás?

Ya le di mi nombre.

¡Papeles!

Le doy mi tarjeta de identidad.

¿Tas seguro que nadie te ha entrenado?

¡Si!  Respondo.

¡Si teniente! Se responde.

Ya las patas comenzaban a temblarme diciéndome este cabrón ya me va a hacer clavo.
Entre tanto don Tavo ya había terminado de escribir su informe y recogido las firmas de los testigos y de los miembros de la familia. Me llama y me dice:

Nos vamos, vamos a ir a recoger a tu papá y a Nayo que están abajo.

El teniente dice:

¡Este no se va! Va detenido para interrogatorio.

Don Tavo se vuelve a encachimbar y le dice ¿y ahora cuál es tu problema?

Es que este elemento hizo una camilla para el muerto y eso no es normal. Eso solo se aprende en los entrenamientos militares.

¡Puta! Y si se aprende en los entrenamientos militares ¿Por qué no la hicieron ustedes? ¿Y usar la cabeza también se aprende en los entrenamientos o solo se necesita ser inteligente para usarla? Le dice don Tavo al oficial.

Entréguele la identidad al muchacho, es mi asistente y yo respondo.

El chafa ante el argumento de don Tavo, me da la identidad y yo livianito me escurro al lado de don Tavo y nos fuimos.
Pasamos por la clínica, una de las clínicas del pueblo, el juez fue a ver a julio quien confirmó lo que Nayo había contado.
Así termina este triste episodio. Una tragedia humana provocada por la irresponsabilidad de los elementos de la Contra y la ingenuidad de dos jóvenes que nos sabían medir las consecuencias de sus actos.
En lo que me concierne, pasé varias semanas durmiendo mal figurándome las imágenes de aquella carnicería.
Aquí los dejo, Abrazos.

martes, 4 de diciembre de 2018

La odisea de un ánima sola III

Le damos seguimiento aquí a las peripecias de El Chele., quien, en el segundo capítulo, se encontraba desaparecido. Vaya paradoja lingüística.

El chele Romero, tercera Toma

 

Pedro Rafael "El Muco" era un vecino, hijo de una doña que se llamaba Amada. Él se dedicaba a transportar gente hacia Las Dificultades en un carro. De eso vivía El Muco, quien llegó al pueblo antes de 1979. No se regresó a Nicaragua des pues del triunfo de la Revolución y se quedó trabajando en Honduras.
No se le conocía actividad política, sin embargo, también fue víctima del flagelo de la Contra. También chismeado por la Contra, el Muco Rafael había caído preso en los mismos días que el Chele. Pedro Rafael fue acusado de ser espía sandinista. Como no quiso colaborar con la contra, pues al mamo.
Ya hacía varias semanas que buscábamos al Chele y nada. Un día doña Amada la mamá de El Muco viene a la casa y le dice a mi papa que Rafael lo quiere ver que tiene algo que contarle. Mi papa va.
El Muco había sido puesto en libertad después de haber sido torturado y sin haberle podido probar nada. Este le dijo a mi papa que había estado en una prisión en tal lugar, y que en la celda vecina había un hombre al que torturaban también y con quien pudo hablar un poco a través de la pared. El hombre le dijo que si salía que por favor se pusiera en contacto con mi papa, que él era el Chele. Y el muchacho le dijo lo mismo. Que si él salía primero que le avisara a doña Amada. El Rafael cumplió con su palabra, pero le dijo a mi papa que no dijera quien le había dicho dónde estaba el Chele por miedo a represalias.
Pues vuelve la burra al trigo y el jolgorio comienza de nuevo.
Se le vuelve a avisar a la doña Meche, quien regresa y con la información proporcionada por el Muco esta vez se va directamente a la cárcel donde se suponía estaba el Chele.
Fracaso total. De una cárcel la mandaron a otra al la pobre Mercedes y de otra a otra y el Chele no aparecía en ningún lado. Ya todo estaba perdido.
Pasaron los meses y del Chele no se sabía nada. Los tíos Romero fueron una tumba y nunca dijeron nada.
Más tarde doña Mercedes regresa a Honduras. Esta vez ella viene con otro semblante, se ve contenta.
Fijese Joche que el Chele está vivo.
¿Cómo es eso doña?
Si, está preso en una cárcel de Chinandega.
¡Puta! Ese jodido es brujo.
Se ríen los dos al igual que los curiosos como yo que están allí saconeando.
¿Que fue lo que pasó?
Lo que pasó después, me lo contó el misno  Chele más tarde.
Lo que pasó es que después que lo capturaron en la casa, se lo llevaron al cuartel del pueblo e inmediatamente lo pusieron en un vehículo del ejercito y lo trasladaron a Tegucigalpa en donde lo torturaron interrogándolo sobre el supuesto atentado en contra de sus tíos otras babosadas.
Lo cambiaban de cárcel frecuentemente y en cada una donde iba no sabía dónde estaba. En cada prisión sus verdugos le hacían las mismas preguntas y obtenían las mismas respuestas lo anduvieron del timbo al tambo durante meses hasta que se cansaron de jugar con su cuerpo.
Llego el día de la ejecución sumaria.
Lo sacaron de la celda en donde estaba, con los ojos vendados, en compañía de otros prisioneros a quien el Chele no conocía ni por cerca. Se los llevaron hacia rumbo desconocido y después de algunas horas de viaje el vehículo se detuvo en una al final de una carreterita de tierra. Los esbirros bajaron a los prisioneros y les dijeron que ese era su última parada que estaban libres. Esta era, y posiblemente sea, una técnica de los escuadrones de la muerte… La famosa ley fuga.
El Chele les dice que si los van a dejar libres que por lo menos les suelten las manos y les quiten las vendas de los ojos. Los chafas aceptan, saben que de todas maneras los van a matar entonces que importa darles ese gustito.
Los soltaron y les dijeron: ahora corran cabrones, están libres.
El Chele y los otros comenzaron a correr, el Chele como tenía un poco de entrenamiento militar comenzó a correr en zigzag mientras los otros corrían en línea recta y él dice que los oía quejarse y caer muertos detrás de él. Siguió corriendo como un loco y las balas silbaban a su lado en determinado momento los disparos cesaron. Pero otros disparos comenzaron a sonar en dirección opuesta el se tiró al suelo y esperó. Hubo respuesta de la parte de los verdugos y el rifirrafe duró unos cuantos minutos. Luego fue el silencio.
Cuando el Chele se levantó del suelo una vos le grito ¡no te movás, quédate quieto!
El Chele reconoció el acento nicaragüense y se quedo quieto. Los milicianos del EPS se acercaron y lo capturaron de nuevo.
La ejecución tuvo lugar en un punto del departamento de Choluteca fronterizo con con Nicaragua. Las noticias revelaron que hubo un enfrentamiento ente el ejercito de Honduras y el EPS dejando como saldo 4 victimas civiles no identificadas. Al final las victimas de los escuadrones de la muerte se las cargaron al EPS.
El Chele logró escaparse y se encontró del otro lado en territorio nicaragüense y es por eso que los verdugos dejaron de disparar, pero ya era tarde cuando lo hicieron porque la patrulla del EPS que pasaba por allí ripostaron al ver que disparaban contra un civil desarmado.
Una vez capturado, el Chele fue identificado y puesto en prisión en Chinandega. De allí le avisó a su madre, quien se movilizó para que lo trasladaran a la prisión de Ocotal en donde el Chele terminó de purgar su pena por el accidente del comando del EPS.

EL Chele Romero, cuarta toma

 

Ustedes pensaban que allí se acababa el cuento. Pues se jodieron porque la historia de ese Chele tiene mas curvas que un calabazo.
Pasó algunos meses en prisión en Nicaragua. Después de cumplir su pena regresó a Dipilto en donde se dedicó a trabajar en la tierra de su padre. Trabajando estaba, cuando un comando de la Contra entró por la zona en donde tenía las tierras don Tito. Allí agarraron al Chele lo secuestraron y se trajeron de nuevo para Honduras. Esta vez no por ordenes del DIN ni de don Amado, simplemente un recluta más para las Fuerzas Democráticas Nicaragüenses.
Se lo llevaron a un campamento en La Lodosa, en Honduras, en donde lo entrenaron unos meses, le dieron un AK-47 y lo mandaron de carne de cañón a combatir en contra del EPS.
Combatió durante meses asaltando cooperativas de productores agrícolas en el norte de Nicaragua en El Encino y en la región de Wiwilí en donde la contra tuvo varios reveces y sitios que duraron semanas. Allí el Chele, según contaba, casi se muere de hambre, pues el EPS los tenía rodeados y el abastecimiento de comida y pertrechos era imposible. Contaba que la Contra no tenían ni tiempo de enterrar los muertos y el olor a carne en descomposición era horrible. Decía que el hambre los llevo a comer carne humana, aclaro que eso lo contaba él posiblemente para hacerle miedo al chigüín curioso que era yo. Allí, en ese pijeo, el Chele salió herido. Unas esquirlas de una granada de fragmentación le tocaron el hombro izquierdo y en un receso del EPS que consideró que ya el batallón de la Contra estaba acabado, lo poco que quedaba del batallón de la Contra regresó derrotado a Honduras a la base de la Lodosa.
El carbón de Carga Ayotes vino a la casa, preguntando por mi viejo. Mi papa desde el episodio de Fernando le había dicho a ese individuo que no lo quería ver mas por la casa. En realidad, la primera vez que lo recibimos fue porque venia del mismo pueblo que mis viejos y era pariente de un conocido de mi papa. El asunto es que el tipo llega y pregunta por mi papa. Mi viejo viene y le pregunta que quiere. El tipo le dice que trae noticias de un familiar suyo que está en el hospital de la contra en el Aguacate, se trata del Chele le dice.

Es de hacer notar que debido a la presencia de la contra y del ejercito hondureño en la frontera, todos los puntos ciegos estaban controlados y las comunicaciones con la gente de Nicaragua eran casi imposible.
¡Puta! Dice mi papa, y este no estaba en Nicaragua. 
El desgraciado de Carga Ayotes le dice que hace meses está combatiendo con la Contra y que dentro de poco va a salir del hospital de baja. Y quiere venir de nuevo a la casa.
Mi viejo le dice mándelo pues.
Mire que cosas, el hombre que había sido acusado y torturado por supuestamente ser espía sandinista termina de combatiente de sus mismos verdugos.
Días mas tarde, llegó el Chele a la casa herido aun, pero recuperado de la hambruna. Su mirada y su actitud ya no era la misma. Parecía nervioso, paranoico, sus ojos reflejaban aún más la locura, No dormía y no hablaba con nadie, de vez en cuando conmigo, con mi mama y con mi papa.
Se terminó de recuperar de las heridas en mi casa. Entre tanto, la tarjeta de identidad que mi padre había puesto en trámite antes de su detención en Honduras ya había salido.
Mi papa le dijo: mira mijo esperemos que tu calvario ya terminó, aquí están tus papeles y si qurés quedarte aquí en Honduras pues quedate.
Agarro la identidad y la guardó. Se sintió en confianza y un domingo que fue a reportarse con su responsable de la Contra en el pueblo, ya los Romero sabían que estaba allí y aunque estaba desmovilizado y que supuestamente estaba exento de regresar al combate, sus antiguos persecutores hicieron lo posible para joderle la vida de nuevo, por miedo.
Se dirigía de regreso a mi casa cuando una patrulla de la Contra lo detuvo. El sacó su identidad diciéndoles que era hondureño, pero de nada valió le hicieron pedazos la identidad y lo metieron a la fuerza al vehículo. Cuando la patrulla estaba poniendo combustible en la antigua gasolinera DIPSA el Chele se les revolvió y junto con otros veteranos se salió de la patrulla salieron corriendo y de nuevo a la casa.
Luego, el Chele desapareció por si sólo, no lo volvimos a ver. Después, con la firma de los tratados de Esquipulas, se supo que regresó a Nicaragua, completamente desequilibrado y con trauma de posguerra y con complejos de Rambo. Se estableció en San Juan de Rio Coco y es conocido aun por su crueldad y por tener bajo su dominio una zona de esa región.
Una obra más de La Contra.


lunes, 3 de diciembre de 2018

La odisea de un ánima sola II


Fernando



Fernando Rivas, un ex guardia Somocista que llegó al pueblo desde los refugios de Danlí. Era de regular tamaño y musculoso con facciones indígenas bien pronunciadas. Era el hombre de Juana, la trabajadora de mi casa, otra nicaragüense hija de un viejo trabajador de mi papa, don Beto Carrasco. Fernando se metió a vivir con Juana y se hizo cargo de sus tres hijos Jorge, José y marta a quienes trataba como sus propios hijos. Fernando trabajaba de lo que le saliera para llevar comida a la casa.
En esos días la casa de la montaña estaba sola, casi en abandono y mi papa le propuso a Fernando y a Juana si se querían ir a vivir allá.
Mirá le dijo a Fernando, si te vas a vivir allá podrás trabajar conmigo, sembrar para vos en las tierras y tu mujer puede criar animales. Allí hay un horno de hacer pan que tu mujer puede usar y ayudarse en lugar de estar aquí esperando que te salga algo de trabajo. Yo les voy a ayudar.
Pues, se fueron a vivir a la Montaña.
Fernando, inspiraba miedo. Los domingos se vestía de negro y en la mula negra de mi viejo se iba a pasear a la aldea. Ya estaba agarrando fama de pautado. Pero en el fondo era un hombre bueno.
Me contó que venía de Cébaco y que allá había dejado un hijo que tenía mi misma edad. Yo le hacía preguntas sobre la guerra las que siempre evadía y su cara cambiaba y terminaba diciendo: nunca se vaya a meter a soldado o a guerrillero, esa no es vida, aproveche sus estudios y hágase un buen hombre.
Nunca supe por lo que había pasado. Pero a pesar de su seriedad deduje que no la había tenido fácil, como muchos soldados de tropa de la guardia quienes vivían en condiciones precarias y obedeciendo ordenes de los oficiales sanguinarios. Como siempre le andaba preguntando babosadas sobre armas y m anejo de armas y otras pendejadas, un día me dijo que ya dejara de preguntarle cosas que si seguía le iba a decir a mi papa para que comenzara a ponerme cuidado en lo que andaba metido. Entonces me calmé y comencé a preguntarle sobre sus orígenes y otras cosas mas relacionadas con el trabajo.
La Juana comenzó a criar gallinas y a hacer pan. Fernando en el periodo en el que no había trabajo en la finca se dedicó a plantar hortalizas. Plantó tomates, chiles, cebollas y repollos. Y su vida parecía empezar de nuevo se miraba feliz, Sobre todo porque la Juana dio a luz a su hijo Fernandito.
Pero la felicidad dura poco.
Por allí comenzaron a rondar los cuervos de la Contra. Un tipo, originario de San Pedro del Norte y al que apodaba “Carga ayotes” se había convertido en miembro de la inteligencia de la contra. Su función era la de llevar un censo de los hombres en condición para el combate y reclutarlos para llevárselos a los campamentos de la contra. Así fue como el flaco se vio enrolado en la contra. Ese esbirro de la contra comenzó a visitar la montaña y a acosar a Fernando quien se negaba a combatir. Lo acosaron tanto y él se negó tanto que un día un comando armado de la contra llegó a la montaña y se lo llevaron reclutado.
Allí quedó Juana con cuatro chavalos y un marido ausente. Al principio en tal Carga Ayotes le daba noticias de él.  Pero un día llegó la noticia de que Fernando había muerto en combate. Su cuerpo posiblemente quedo en las montañas de Nicaragua y su hijo quedó huérfano gracias a la impunidad con la que la contra operaba en Honduras.
Fernando Rivas, 1984. 

 

El Chele Romero.

 

Hijo de un primo de mi mama que vivía en Dipilto, en Nicaragua, este Chele, lo conocí en tiempos de la Guerra revolucionaria. De vez en cuando atravesaba la frontera con su padre, Don Tito y venía de visita a El Paraíso.
Siempre fue un poco raro. Tenía la mirada profunda y aire de malevo, era fuerte fornido de mediana estatura, blanco y rubio y hablaba poco.
Durante el período de la contrarrevolución su padre fue asesinado y él herido por elementos posiblemente de la contra que incursionaron en Dipilto. El Chele se recuperó de las heridas y comenzó el servicio militar en Nicaragua. Como miembro del Ejercito popular sandinista, el Chele conducía un comando y transportaba tropas. Un día le pasó un accidente y en el accidente murieron varios soldados del EPS. Lo que le costó el encarcelamiento por negligencia y no sé cuántas pendejadas más. Estaba purgando su pena en la prisión de Ocotal cuando decidió fugarse. Se fugó ¿y donde fue a parar piensan ustedes? Al refugio dilecto de la familia, mi casa. 

 

Los Romero

 

No se asusten que aquí no voy a hablar de mis amigos queridos de la Familia Romero, la de Panchito, se trata de otros Romero.
Los viejos eran tres, cuatro con doña Meche la mamá del Chele. Ellos eran originarios de Güinope. Ellos, los varones, eran Don Chilo el papá de Miguel Romero el mecánico y de quien no hay mucho que decir puesto que murió mucho antes de este bochinche. Los otros dos eran Don Amado y Don Rafael.
Don Amado hizo plata en Nicaragua y era somocista de cepa, buen amigo del Capitán Garrobo famoso por sus buenos métodos de represión en la región de la Segovia. Con la colectivización de las tierras en Nicaragua, don Amado se vio obligado a salir del País con sus hijos y se establecieron en el paraíso en donde se dedicaron al comercio de granos y café y por supuesto a colaborar de manera descarada con la Contra. De la bodega de los Romero salían las camionadas de maíz, arroz, frijoles y cuanto mas quiera hacia los campamentos de la contra. Su casa era como el cuartel general de la contra en el pueblo.
Don Rafael por su parte, la tenía sus bienes en Las Manos en Honduras y otra parte en Nicaragua. Estos los perdió durante el periodo de colectivización de tierras. Lo que hizo que él también se convirtiera en colaborador de la Contra, aunque de una manera mas discreta que su hermano Amado y sin temor a equivocarme él salió mas jodido que beneficiado de esa colaboración.
Doña Mercedes, era la madre del Chele, la esposa del tío Tito y la madre de nuestra querida Gloria, Neco, Consuelo y dos otros mas que se me escapa el nombre.
Doña meche era un pan de Dios. Buena, paciente y querendona. Era miope y su miopía la hacia hacer cosas chistosas como colar el café fuera del búcaro. Pero siempre estaba lista a servirte un cafecito caliente.
Con la muerte de su esposo doña Meche se las vio tile como diríamos en el pueblo. Se quedó sola, pues Gloria se vino para Honduras, Los otros hijos casados ya se habían ido de la casa, Noe estaba cipote y el Chele en el mamo, pero ella siguió la lucha haciendo producir la finquita de don Tito y sobreviviendo sin la ayuda de nadie mas que su familia cercana.
Como pueden ver el contraste familiar es interesante.

 

El Chele Romero segunda toma

 

El Chele se fuga de la prisión en Nicaragua le pide refugio a su tío Rafael en Las Manos y este le dice que se puede quedar una noche pero que después se va, que no lo puede tener allí.
El Chele llegó a la casa con lo que tenía puesto, mas nada. Le contó a mi papa lo que le había pasado (conste que lo que le contó a mi viejo fue su versión de las cosas y no hay manera de corroborarla). El hecho es que El Chele llegó.
MI papa lo acogió y se quedó viviendo unos días en la casa. Allí trabajaba con nosotros y mi viejo lo dejaba manejar la camioneta Jeep con la que transportábamos madera para las secadoras de café. Con el salario que le pagaba compró ropa. Yo le regalé un sombrero forrado de tela verde que mi hermano me había dado ante de irse para Nicaragua y al que le había puesto unas alas de paracaidista del ejercito gringo que me encontré en la basura (pendejadas de Cipote) y la vida siguió sin más escándalo. No puedo negarlo, me divertía con ese loco pues tenía sus lados chistosos.
El Chele no salía mucho pues no tenia papeles y mi papa, sabiendo que los Romero eran de Güinope, se las arregló para conseguir una partida de nacimiento de doña Meche para tramitarle una reposición de Tarjeta de identidad al Chele. Mientras, el Chele se la pasaba de la casa al trabajo y del trabajo a la casa.
Pero… Y aquí fue onde la burra botó a Genaro.
El fantasma de la contra comienza a planear sobre la cabeza de El Chele. Un Dia estábamos reparando un diferencial de la famosa Camioneta Jeep, cuando un denominado Irías, un esbirro de la DIN o del G2 que tenía un chocoyo en la barbilla entra a la casa y pregunta por mi papa. A mi corta edad ya sabía quien era ese individuo y se me dije esto no trae nada bueno. Me salí a la calle y constaté que había un Toyota propiedad de los Romero con militares del ejército y de la Chepa (FUSEP) y policías de civil apostados alrededor de la casa. Entre de nuevo y me puse al lado de mi papa quien hablaba con el tal Irías.
Pues Irías comienza diciéndole à mi papa, que el sabe que mi viejo es una buena persona respetada en el pueblo y bla, bla, bla… pero que tiene en su casa un elemento peligroso.
Mi papa se rió y le dijo ¡no hombre! ese perro que ve allí hasta caratoso está, señalando a Randú el perro de la casa, como diciendo “jódase aquí no hay nadie peligroso”.
Irías le dice, la cosa va en serio don José usted le da refugio a un nicaragüense sandinista que tiene por misión matar a Don Amado y a Don Rafael Romero.
A mi viejo se le cayeron los cachetes.
Irías le dice que si quiere tener problemas que deje que se lleven al Chele.
Mi viejo viendo las cosas feas la dice al esbirro. Pereme un poquito ya se lo mando.
Se fue a hablar con el Chele y le dice.
Mira Hombre, te vienen a llevar preso acusado de querer atentar contra tus tíos.
Te vas a tener que entregar, este cipote dice que la casa esta rodeada y que hay un carro con chafas allí afuera.
El Chele se levantó, se puso el sombrero, suspiró y se fue hacia el portón de la casa con mi viejo, quien le dijo al Chele, no te preocupes que vamos a probar que esta es pura pendejada. Le voy a avisar a tu mama y te vamos a sacar.
Bueno tío, le dijo el Chele, a quien los chepos se apresuraron en esposar y a empellones lo sacaron de la casa y lo tiraron como saco de malangas en la paila del carro.
MI viejo se las arregló para avisarle a doña Meche quien arriesgándose morir pisando sobre una mina, atravesó la frontera por un punto ciego. Llegó al pueblo y mi papa la puso al corriente de lo sucedido. Los dos comenzaron a movilizarse.
Primero fueron al cuartel de la Chepa para preguntar por El Chele ¡Sorpresa!
¿Cuál Chele? Aquí no hay nadie con ese nombre.
Y el chafita encargado de la lista de presos se hace el maje empezando a buscar en los papeles y nada.
Detrás del escritorio en la pared un afiche con mala ortografía que decía: “El hunico comunista vueno es el cominista Muerto” con una cruz y calavera abajo.

- No don Joche en mis ducumentos de aquí de la comandancia pues, no aparece el isofacto que usté busca, disponga que tengo que hacer.  
 - Pero hombre si antier se lo llevaron de la casa y un montón de gente lo vio y el agente me dijo que lo traían para acá, mire aquí esta la mamá del muchacho. 
- Disponga, disponga o lo meto preso por ostucción a la autoridá.

Mi viejo se fue con doña Meche.  Ahora al cuartel del ejército. La misma pendejada, nadie sabía dónde estaba el Chele.
Mire doña Meche le dice mi papa, aquí no hay otra que ir a hablar con sus hermanos, ellos colaboran con la contra el carro en que se lo llevaron es de Don Amado. Ellos deben saber algo. La doña lloraba unas lágrimas de amargura, lágrimas de madre.
Allá va mi viejo y la señora a platicar con don Amado.
El viejo dientes de oro con una sonrisa hipocrática que siempre manejaba en su cara, recibió a mi viejo.
¿En que podemos servirle Don Joche?
Pues mire Don Amado, a mi me puede servir de poco, pero a su hermana la puede ayudar en mucho.
El viejo le dirige una mirada a doña Meche y le dice haciéndose el maje: ¿Y vos en qué vueltas andás?
La viejita humilde y con los ojos aguados le dice.
Mirá hermano vos sabés que hace unos días sacaron de la casa de Don Joche a mi hijo el Chele. Se lo llevaron preso en un carro tuyo y no lo tienen en los cuarteles. Nadie me dice nada.
¡Ah! Por ese pendejo te andas jodiendo la vida. Ese jodido vino a Honduras para matarme a mí y a mi hermano Rafael. Nosotros lo denunciamos porque uno de la inteligencia de la contra nos lo dijo. Y si se lo llevaron pues bueno está.
La doña, le dice que como podía decir eso, que al Chele lo andan buscando también en Nicaragua porque se escapó de una cárcel. Yo no entiendo cómo puede venir a matar gente aquí y la familia además. Si sabes algo, sácalo y mándalo de regreso a Nicaragua allá también lo van a meter preso, pero por lo menos lo voy a poder ver.
No Mercedes, le dice don Amado, no te puedo ayudar.
Salen de nuevo mi viejo y la doña hacia donde el otro hermano. Aquel, mas pausado que don Amado le dice que el sabe que el Chele venía a matarlo. La misma paja del otro. Pero que él no tiene nada que ver con la captura de el chale pero que tampoco la puede ayudar.
Las cosas se ponen difíciles para la señora.
Mi padre nunca fue un lame botas de los chafas y dentro de sus amistades no me acuerdo haber visto un tan solo hombre de uniforme. Sin embargo, otros de sus amigos si tenían amigos militares y se dedicó a visitarlos para ver si se podía saber algo de el Chele. Todo intento fue infructuoso, al Chele se lo había tragado alguna de las cárceles clandestinas de Gustavo Álvares Martínez.
En la desesperación la señora se regresó a Nicaragua para conseguir dinero y empezar la búsqueda de el Chele en las cárceles de Honduras. Regresó al pueblo y con mi papa comenzaron a buscarlo luego mi papa hubo que dejar la búsqueda para ocuparse de sus trabajos, pero seguía moviendo las palanquitas que podía y nada.
Doña Meche se gastó sus reales y se tuvo que regresar ya resignada. El Chele había desaparecido.
Aquí los dejo por ahora y les cuento la continuación de la historia del Chele en un próximo capitulo.

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