Mostrando las entradas con la etiqueta Danlí. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Danlí. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de diciembre de 2018

La odisea de un ánima sola III

Le damos seguimiento aquí a las peripecias de El Chele., quien, en el segundo capítulo, se encontraba desaparecido. Vaya paradoja lingüística.

El chele Romero, tercera Toma

 

Pedro Rafael "El Muco" era un vecino, hijo de una doña que se llamaba Amada. Él se dedicaba a transportar gente hacia Las Dificultades en un carro. De eso vivía El Muco, quien llegó al pueblo antes de 1979. No se regresó a Nicaragua des pues del triunfo de la Revolución y se quedó trabajando en Honduras.
No se le conocía actividad política, sin embargo, también fue víctima del flagelo de la Contra. También chismeado por la Contra, el Muco Rafael había caído preso en los mismos días que el Chele. Pedro Rafael fue acusado de ser espía sandinista. Como no quiso colaborar con la contra, pues al mamo.
Ya hacía varias semanas que buscábamos al Chele y nada. Un día doña Amada la mamá de El Muco viene a la casa y le dice a mi papa que Rafael lo quiere ver que tiene algo que contarle. Mi papa va.
El Muco había sido puesto en libertad después de haber sido torturado y sin haberle podido probar nada. Este le dijo a mi papa que había estado en una prisión en tal lugar, y que en la celda vecina había un hombre al que torturaban también y con quien pudo hablar un poco a través de la pared. El hombre le dijo que si salía que por favor se pusiera en contacto con mi papa, que él era el Chele. Y el muchacho le dijo lo mismo. Que si él salía primero que le avisara a doña Amada. El Rafael cumplió con su palabra, pero le dijo a mi papa que no dijera quien le había dicho dónde estaba el Chele por miedo a represalias.
Pues vuelve la burra al trigo y el jolgorio comienza de nuevo.
Se le vuelve a avisar a la doña Meche, quien regresa y con la información proporcionada por el Muco esta vez se va directamente a la cárcel donde se suponía estaba el Chele.
Fracaso total. De una cárcel la mandaron a otra al la pobre Mercedes y de otra a otra y el Chele no aparecía en ningún lado. Ya todo estaba perdido.
Pasaron los meses y del Chele no se sabía nada. Los tíos Romero fueron una tumba y nunca dijeron nada.
Más tarde doña Mercedes regresa a Honduras. Esta vez ella viene con otro semblante, se ve contenta.
Fijese Joche que el Chele está vivo.
¿Cómo es eso doña?
Si, está preso en una cárcel de Chinandega.
¡Puta! Ese jodido es brujo.
Se ríen los dos al igual que los curiosos como yo que están allí saconeando.
¿Que fue lo que pasó?
Lo que pasó después, me lo contó el misno  Chele más tarde.
Lo que pasó es que después que lo capturaron en la casa, se lo llevaron al cuartel del pueblo e inmediatamente lo pusieron en un vehículo del ejercito y lo trasladaron a Tegucigalpa en donde lo torturaron interrogándolo sobre el supuesto atentado en contra de sus tíos otras babosadas.
Lo cambiaban de cárcel frecuentemente y en cada una donde iba no sabía dónde estaba. En cada prisión sus verdugos le hacían las mismas preguntas y obtenían las mismas respuestas lo anduvieron del timbo al tambo durante meses hasta que se cansaron de jugar con su cuerpo.
Llego el día de la ejecución sumaria.
Lo sacaron de la celda en donde estaba, con los ojos vendados, en compañía de otros prisioneros a quien el Chele no conocía ni por cerca. Se los llevaron hacia rumbo desconocido y después de algunas horas de viaje el vehículo se detuvo en una al final de una carreterita de tierra. Los esbirros bajaron a los prisioneros y les dijeron que ese era su última parada que estaban libres. Esta era, y posiblemente sea, una técnica de los escuadrones de la muerte… La famosa ley fuga.
El Chele les dice que si los van a dejar libres que por lo menos les suelten las manos y les quiten las vendas de los ojos. Los chafas aceptan, saben que de todas maneras los van a matar entonces que importa darles ese gustito.
Los soltaron y les dijeron: ahora corran cabrones, están libres.
El Chele y los otros comenzaron a correr, el Chele como tenía un poco de entrenamiento militar comenzó a correr en zigzag mientras los otros corrían en línea recta y él dice que los oía quejarse y caer muertos detrás de él. Siguió corriendo como un loco y las balas silbaban a su lado en determinado momento los disparos cesaron. Pero otros disparos comenzaron a sonar en dirección opuesta el se tiró al suelo y esperó. Hubo respuesta de la parte de los verdugos y el rifirrafe duró unos cuantos minutos. Luego fue el silencio.
Cuando el Chele se levantó del suelo una vos le grito ¡no te movás, quédate quieto!
El Chele reconoció el acento nicaragüense y se quedo quieto. Los milicianos del EPS se acercaron y lo capturaron de nuevo.
La ejecución tuvo lugar en un punto del departamento de Choluteca fronterizo con con Nicaragua. Las noticias revelaron que hubo un enfrentamiento ente el ejercito de Honduras y el EPS dejando como saldo 4 victimas civiles no identificadas. Al final las victimas de los escuadrones de la muerte se las cargaron al EPS.
El Chele logró escaparse y se encontró del otro lado en territorio nicaragüense y es por eso que los verdugos dejaron de disparar, pero ya era tarde cuando lo hicieron porque la patrulla del EPS que pasaba por allí ripostaron al ver que disparaban contra un civil desarmado.
Una vez capturado, el Chele fue identificado y puesto en prisión en Chinandega. De allí le avisó a su madre, quien se movilizó para que lo trasladaran a la prisión de Ocotal en donde el Chele terminó de purgar su pena por el accidente del comando del EPS.

EL Chele Romero, cuarta toma

 

Ustedes pensaban que allí se acababa el cuento. Pues se jodieron porque la historia de ese Chele tiene mas curvas que un calabazo.
Pasó algunos meses en prisión en Nicaragua. Después de cumplir su pena regresó a Dipilto en donde se dedicó a trabajar en la tierra de su padre. Trabajando estaba, cuando un comando de la Contra entró por la zona en donde tenía las tierras don Tito. Allí agarraron al Chele lo secuestraron y se trajeron de nuevo para Honduras. Esta vez no por ordenes del DIN ni de don Amado, simplemente un recluta más para las Fuerzas Democráticas Nicaragüenses.
Se lo llevaron a un campamento en La Lodosa, en Honduras, en donde lo entrenaron unos meses, le dieron un AK-47 y lo mandaron de carne de cañón a combatir en contra del EPS.
Combatió durante meses asaltando cooperativas de productores agrícolas en el norte de Nicaragua en El Encino y en la región de Wiwilí en donde la contra tuvo varios reveces y sitios que duraron semanas. Allí el Chele, según contaba, casi se muere de hambre, pues el EPS los tenía rodeados y el abastecimiento de comida y pertrechos era imposible. Contaba que la Contra no tenían ni tiempo de enterrar los muertos y el olor a carne en descomposición era horrible. Decía que el hambre los llevo a comer carne humana, aclaro que eso lo contaba él posiblemente para hacerle miedo al chigüín curioso que era yo. Allí, en ese pijeo, el Chele salió herido. Unas esquirlas de una granada de fragmentación le tocaron el hombro izquierdo y en un receso del EPS que consideró que ya el batallón de la Contra estaba acabado, lo poco que quedaba del batallón de la Contra regresó derrotado a Honduras a la base de la Lodosa.
El carbón de Carga Ayotes vino a la casa, preguntando por mi viejo. Mi papa desde el episodio de Fernando le había dicho a ese individuo que no lo quería ver mas por la casa. En realidad, la primera vez que lo recibimos fue porque venia del mismo pueblo que mis viejos y era pariente de un conocido de mi papa. El asunto es que el tipo llega y pregunta por mi papa. Mi viejo viene y le pregunta que quiere. El tipo le dice que trae noticias de un familiar suyo que está en el hospital de la contra en el Aguacate, se trata del Chele le dice.

Es de hacer notar que debido a la presencia de la contra y del ejercito hondureño en la frontera, todos los puntos ciegos estaban controlados y las comunicaciones con la gente de Nicaragua eran casi imposible.
¡Puta! Dice mi papa, y este no estaba en Nicaragua. 
El desgraciado de Carga Ayotes le dice que hace meses está combatiendo con la Contra y que dentro de poco va a salir del hospital de baja. Y quiere venir de nuevo a la casa.
Mi viejo le dice mándelo pues.
Mire que cosas, el hombre que había sido acusado y torturado por supuestamente ser espía sandinista termina de combatiente de sus mismos verdugos.
Días mas tarde, llegó el Chele a la casa herido aun, pero recuperado de la hambruna. Su mirada y su actitud ya no era la misma. Parecía nervioso, paranoico, sus ojos reflejaban aún más la locura, No dormía y no hablaba con nadie, de vez en cuando conmigo, con mi mama y con mi papa.
Se terminó de recuperar de las heridas en mi casa. Entre tanto, la tarjeta de identidad que mi padre había puesto en trámite antes de su detención en Honduras ya había salido.
Mi papa le dijo: mira mijo esperemos que tu calvario ya terminó, aquí están tus papeles y si qurés quedarte aquí en Honduras pues quedate.
Agarro la identidad y la guardó. Se sintió en confianza y un domingo que fue a reportarse con su responsable de la Contra en el pueblo, ya los Romero sabían que estaba allí y aunque estaba desmovilizado y que supuestamente estaba exento de regresar al combate, sus antiguos persecutores hicieron lo posible para joderle la vida de nuevo, por miedo.
Se dirigía de regreso a mi casa cuando una patrulla de la Contra lo detuvo. El sacó su identidad diciéndoles que era hondureño, pero de nada valió le hicieron pedazos la identidad y lo metieron a la fuerza al vehículo. Cuando la patrulla estaba poniendo combustible en la antigua gasolinera DIPSA el Chele se les revolvió y junto con otros veteranos se salió de la patrulla salieron corriendo y de nuevo a la casa.
Luego, el Chele desapareció por si sólo, no lo volvimos a ver. Después, con la firma de los tratados de Esquipulas, se supo que regresó a Nicaragua, completamente desequilibrado y con trauma de posguerra y con complejos de Rambo. Se estableció en San Juan de Rio Coco y es conocido aun por su crueldad y por tener bajo su dominio una zona de esa región.
Una obra más de La Contra.


lunes, 3 de diciembre de 2018

La odisea de un ánima sola II


Fernando



Fernando Rivas, un ex guardia Somocista que llegó al pueblo desde los refugios de Danlí. Era de regular tamaño y musculoso con facciones indígenas bien pronunciadas. Era el hombre de Juana, la trabajadora de mi casa, otra nicaragüense hija de un viejo trabajador de mi papa, don Beto Carrasco. Fernando se metió a vivir con Juana y se hizo cargo de sus tres hijos Jorge, José y marta a quienes trataba como sus propios hijos. Fernando trabajaba de lo que le saliera para llevar comida a la casa.
En esos días la casa de la montaña estaba sola, casi en abandono y mi papa le propuso a Fernando y a Juana si se querían ir a vivir allá.
Mirá le dijo a Fernando, si te vas a vivir allá podrás trabajar conmigo, sembrar para vos en las tierras y tu mujer puede criar animales. Allí hay un horno de hacer pan que tu mujer puede usar y ayudarse en lugar de estar aquí esperando que te salga algo de trabajo. Yo les voy a ayudar.
Pues, se fueron a vivir a la Montaña.
Fernando, inspiraba miedo. Los domingos se vestía de negro y en la mula negra de mi viejo se iba a pasear a la aldea. Ya estaba agarrando fama de pautado. Pero en el fondo era un hombre bueno.
Me contó que venía de Cébaco y que allá había dejado un hijo que tenía mi misma edad. Yo le hacía preguntas sobre la guerra las que siempre evadía y su cara cambiaba y terminaba diciendo: nunca se vaya a meter a soldado o a guerrillero, esa no es vida, aproveche sus estudios y hágase un buen hombre.
Nunca supe por lo que había pasado. Pero a pesar de su seriedad deduje que no la había tenido fácil, como muchos soldados de tropa de la guardia quienes vivían en condiciones precarias y obedeciendo ordenes de los oficiales sanguinarios. Como siempre le andaba preguntando babosadas sobre armas y m anejo de armas y otras pendejadas, un día me dijo que ya dejara de preguntarle cosas que si seguía le iba a decir a mi papa para que comenzara a ponerme cuidado en lo que andaba metido. Entonces me calmé y comencé a preguntarle sobre sus orígenes y otras cosas mas relacionadas con el trabajo.
La Juana comenzó a criar gallinas y a hacer pan. Fernando en el periodo en el que no había trabajo en la finca se dedicó a plantar hortalizas. Plantó tomates, chiles, cebollas y repollos. Y su vida parecía empezar de nuevo se miraba feliz, Sobre todo porque la Juana dio a luz a su hijo Fernandito.
Pero la felicidad dura poco.
Por allí comenzaron a rondar los cuervos de la Contra. Un tipo, originario de San Pedro del Norte y al que apodaba “Carga ayotes” se había convertido en miembro de la inteligencia de la contra. Su función era la de llevar un censo de los hombres en condición para el combate y reclutarlos para llevárselos a los campamentos de la contra. Así fue como el flaco se vio enrolado en la contra. Ese esbirro de la contra comenzó a visitar la montaña y a acosar a Fernando quien se negaba a combatir. Lo acosaron tanto y él se negó tanto que un día un comando armado de la contra llegó a la montaña y se lo llevaron reclutado.
Allí quedó Juana con cuatro chavalos y un marido ausente. Al principio en tal Carga Ayotes le daba noticias de él.  Pero un día llegó la noticia de que Fernando había muerto en combate. Su cuerpo posiblemente quedo en las montañas de Nicaragua y su hijo quedó huérfano gracias a la impunidad con la que la contra operaba en Honduras.
Fernando Rivas, 1984. 

 

El Chele Romero.

 

Hijo de un primo de mi mama que vivía en Dipilto, en Nicaragua, este Chele, lo conocí en tiempos de la Guerra revolucionaria. De vez en cuando atravesaba la frontera con su padre, Don Tito y venía de visita a El Paraíso.
Siempre fue un poco raro. Tenía la mirada profunda y aire de malevo, era fuerte fornido de mediana estatura, blanco y rubio y hablaba poco.
Durante el período de la contrarrevolución su padre fue asesinado y él herido por elementos posiblemente de la contra que incursionaron en Dipilto. El Chele se recuperó de las heridas y comenzó el servicio militar en Nicaragua. Como miembro del Ejercito popular sandinista, el Chele conducía un comando y transportaba tropas. Un día le pasó un accidente y en el accidente murieron varios soldados del EPS. Lo que le costó el encarcelamiento por negligencia y no sé cuántas pendejadas más. Estaba purgando su pena en la prisión de Ocotal cuando decidió fugarse. Se fugó ¿y donde fue a parar piensan ustedes? Al refugio dilecto de la familia, mi casa. 

 

Los Romero

 

No se asusten que aquí no voy a hablar de mis amigos queridos de la Familia Romero, la de Panchito, se trata de otros Romero.
Los viejos eran tres, cuatro con doña Meche la mamá del Chele. Ellos eran originarios de Güinope. Ellos, los varones, eran Don Chilo el papá de Miguel Romero el mecánico y de quien no hay mucho que decir puesto que murió mucho antes de este bochinche. Los otros dos eran Don Amado y Don Rafael.
Don Amado hizo plata en Nicaragua y era somocista de cepa, buen amigo del Capitán Garrobo famoso por sus buenos métodos de represión en la región de la Segovia. Con la colectivización de las tierras en Nicaragua, don Amado se vio obligado a salir del País con sus hijos y se establecieron en el paraíso en donde se dedicaron al comercio de granos y café y por supuesto a colaborar de manera descarada con la Contra. De la bodega de los Romero salían las camionadas de maíz, arroz, frijoles y cuanto mas quiera hacia los campamentos de la contra. Su casa era como el cuartel general de la contra en el pueblo.
Don Rafael por su parte, la tenía sus bienes en Las Manos en Honduras y otra parte en Nicaragua. Estos los perdió durante el periodo de colectivización de tierras. Lo que hizo que él también se convirtiera en colaborador de la Contra, aunque de una manera mas discreta que su hermano Amado y sin temor a equivocarme él salió mas jodido que beneficiado de esa colaboración.
Doña Mercedes, era la madre del Chele, la esposa del tío Tito y la madre de nuestra querida Gloria, Neco, Consuelo y dos otros mas que se me escapa el nombre.
Doña meche era un pan de Dios. Buena, paciente y querendona. Era miope y su miopía la hacia hacer cosas chistosas como colar el café fuera del búcaro. Pero siempre estaba lista a servirte un cafecito caliente.
Con la muerte de su esposo doña Meche se las vio tile como diríamos en el pueblo. Se quedó sola, pues Gloria se vino para Honduras, Los otros hijos casados ya se habían ido de la casa, Noe estaba cipote y el Chele en el mamo, pero ella siguió la lucha haciendo producir la finquita de don Tito y sobreviviendo sin la ayuda de nadie mas que su familia cercana.
Como pueden ver el contraste familiar es interesante.

 

El Chele Romero segunda toma

 

El Chele se fuga de la prisión en Nicaragua le pide refugio a su tío Rafael en Las Manos y este le dice que se puede quedar una noche pero que después se va, que no lo puede tener allí.
El Chele llegó a la casa con lo que tenía puesto, mas nada. Le contó a mi papa lo que le había pasado (conste que lo que le contó a mi viejo fue su versión de las cosas y no hay manera de corroborarla). El hecho es que El Chele llegó.
MI papa lo acogió y se quedó viviendo unos días en la casa. Allí trabajaba con nosotros y mi viejo lo dejaba manejar la camioneta Jeep con la que transportábamos madera para las secadoras de café. Con el salario que le pagaba compró ropa. Yo le regalé un sombrero forrado de tela verde que mi hermano me había dado ante de irse para Nicaragua y al que le había puesto unas alas de paracaidista del ejercito gringo que me encontré en la basura (pendejadas de Cipote) y la vida siguió sin más escándalo. No puedo negarlo, me divertía con ese loco pues tenía sus lados chistosos.
El Chele no salía mucho pues no tenia papeles y mi papa, sabiendo que los Romero eran de Güinope, se las arregló para conseguir una partida de nacimiento de doña Meche para tramitarle una reposición de Tarjeta de identidad al Chele. Mientras, el Chele se la pasaba de la casa al trabajo y del trabajo a la casa.
Pero… Y aquí fue onde la burra botó a Genaro.
El fantasma de la contra comienza a planear sobre la cabeza de El Chele. Un Dia estábamos reparando un diferencial de la famosa Camioneta Jeep, cuando un denominado Irías, un esbirro de la DIN o del G2 que tenía un chocoyo en la barbilla entra a la casa y pregunta por mi papa. A mi corta edad ya sabía quien era ese individuo y se me dije esto no trae nada bueno. Me salí a la calle y constaté que había un Toyota propiedad de los Romero con militares del ejército y de la Chepa (FUSEP) y policías de civil apostados alrededor de la casa. Entre de nuevo y me puse al lado de mi papa quien hablaba con el tal Irías.
Pues Irías comienza diciéndole à mi papa, que el sabe que mi viejo es una buena persona respetada en el pueblo y bla, bla, bla… pero que tiene en su casa un elemento peligroso.
Mi papa se rió y le dijo ¡no hombre! ese perro que ve allí hasta caratoso está, señalando a Randú el perro de la casa, como diciendo “jódase aquí no hay nadie peligroso”.
Irías le dice, la cosa va en serio don José usted le da refugio a un nicaragüense sandinista que tiene por misión matar a Don Amado y a Don Rafael Romero.
A mi viejo se le cayeron los cachetes.
Irías le dice que si quiere tener problemas que deje que se lleven al Chele.
Mi viejo viendo las cosas feas la dice al esbirro. Pereme un poquito ya se lo mando.
Se fue a hablar con el Chele y le dice.
Mira Hombre, te vienen a llevar preso acusado de querer atentar contra tus tíos.
Te vas a tener que entregar, este cipote dice que la casa esta rodeada y que hay un carro con chafas allí afuera.
El Chele se levantó, se puso el sombrero, suspiró y se fue hacia el portón de la casa con mi viejo, quien le dijo al Chele, no te preocupes que vamos a probar que esta es pura pendejada. Le voy a avisar a tu mama y te vamos a sacar.
Bueno tío, le dijo el Chele, a quien los chepos se apresuraron en esposar y a empellones lo sacaron de la casa y lo tiraron como saco de malangas en la paila del carro.
MI viejo se las arregló para avisarle a doña Meche quien arriesgándose morir pisando sobre una mina, atravesó la frontera por un punto ciego. Llegó al pueblo y mi papa la puso al corriente de lo sucedido. Los dos comenzaron a movilizarse.
Primero fueron al cuartel de la Chepa para preguntar por El Chele ¡Sorpresa!
¿Cuál Chele? Aquí no hay nadie con ese nombre.
Y el chafita encargado de la lista de presos se hace el maje empezando a buscar en los papeles y nada.
Detrás del escritorio en la pared un afiche con mala ortografía que decía: “El hunico comunista vueno es el cominista Muerto” con una cruz y calavera abajo.

- No don Joche en mis ducumentos de aquí de la comandancia pues, no aparece el isofacto que usté busca, disponga que tengo que hacer.  
 - Pero hombre si antier se lo llevaron de la casa y un montón de gente lo vio y el agente me dijo que lo traían para acá, mire aquí esta la mamá del muchacho. 
- Disponga, disponga o lo meto preso por ostucción a la autoridá.

Mi viejo se fue con doña Meche.  Ahora al cuartel del ejército. La misma pendejada, nadie sabía dónde estaba el Chele.
Mire doña Meche le dice mi papa, aquí no hay otra que ir a hablar con sus hermanos, ellos colaboran con la contra el carro en que se lo llevaron es de Don Amado. Ellos deben saber algo. La doña lloraba unas lágrimas de amargura, lágrimas de madre.
Allá va mi viejo y la señora a platicar con don Amado.
El viejo dientes de oro con una sonrisa hipocrática que siempre manejaba en su cara, recibió a mi viejo.
¿En que podemos servirle Don Joche?
Pues mire Don Amado, a mi me puede servir de poco, pero a su hermana la puede ayudar en mucho.
El viejo le dirige una mirada a doña Meche y le dice haciéndose el maje: ¿Y vos en qué vueltas andás?
La viejita humilde y con los ojos aguados le dice.
Mirá hermano vos sabés que hace unos días sacaron de la casa de Don Joche a mi hijo el Chele. Se lo llevaron preso en un carro tuyo y no lo tienen en los cuarteles. Nadie me dice nada.
¡Ah! Por ese pendejo te andas jodiendo la vida. Ese jodido vino a Honduras para matarme a mí y a mi hermano Rafael. Nosotros lo denunciamos porque uno de la inteligencia de la contra nos lo dijo. Y si se lo llevaron pues bueno está.
La doña, le dice que como podía decir eso, que al Chele lo andan buscando también en Nicaragua porque se escapó de una cárcel. Yo no entiendo cómo puede venir a matar gente aquí y la familia además. Si sabes algo, sácalo y mándalo de regreso a Nicaragua allá también lo van a meter preso, pero por lo menos lo voy a poder ver.
No Mercedes, le dice don Amado, no te puedo ayudar.
Salen de nuevo mi viejo y la doña hacia donde el otro hermano. Aquel, mas pausado que don Amado le dice que el sabe que el Chele venía a matarlo. La misma paja del otro. Pero que él no tiene nada que ver con la captura de el chale pero que tampoco la puede ayudar.
Las cosas se ponen difíciles para la señora.
Mi padre nunca fue un lame botas de los chafas y dentro de sus amistades no me acuerdo haber visto un tan solo hombre de uniforme. Sin embargo, otros de sus amigos si tenían amigos militares y se dedicó a visitarlos para ver si se podía saber algo de el Chele. Todo intento fue infructuoso, al Chele se lo había tragado alguna de las cárceles clandestinas de Gustavo Álvares Martínez.
En la desesperación la señora se regresó a Nicaragua para conseguir dinero y empezar la búsqueda de el Chele en las cárceles de Honduras. Regresó al pueblo y con mi papa comenzaron a buscarlo luego mi papa hubo que dejar la búsqueda para ocuparse de sus trabajos, pero seguía moviendo las palanquitas que podía y nada.
Doña Meche se gastó sus reales y se tuvo que regresar ya resignada. El Chele había desaparecido.
Aquí los dejo por ahora y les cuento la continuación de la historia del Chele en un próximo capitulo.

lunes, 16 de marzo de 2009

Desde Yuscarán a San Pedro del Norte de Potrero Grande… El que manda, manda y si se equivoca... vuelve a mandar

Como lo hice con mi papa, ahora les regalo otra Odisea antes de comenzar a contarles la mía. Se trata de la historia de mi mama. Esta historia es un poco diferente de la de mi querido don Joche pero igual contiene matices decimonónicos y olores a pinol y a café caliente. De la misma manera y en la misma época que hice la entre vista de mi papa, hice la de mi mama. La única diferencia es que aquí, la Sarela estaba acostada y la Flora y la Hilda no tenían ningún pijeo en la cocina.

Como en la entrevista de mi papa, cuando yo hablo verán las iniciales DI y cuando es la señora Martínez se verá una V y una M. En el caso de esta entrevista habrán algunos paréntesis en los que yo hago aclaraciones, algunas veces mi viejita pierde el hilo de la cosa y yo me encargo de enhebrar la aguja y de continuar la costura.

Para terminar esta breve introducción, quiero dejar impreso que esta serie de escritos la dedico a todos los boludos y boludas, primos y primas, tíos y tías, trompudos y trompudas descendientes de la cepa Martínez Escalante.

Bueno pues… ay les va, ay les va el romance del amor…

DI.- Perdone con lástima, como dice usted, pero lo que yo quiero saber es ¿cómo se llamaba su papá, de dónde venía…? Entonces… ¿su papá se llamaba…?

VM.- Juan Gregorio Martínez (no confundir con Juan el hijo de Luis Coloradilla) y mi abuelo, Mariano Martínez. Pero mi papá se firmaba Martínez porque mi abuelo lo crió, pero él, directamente era Medina porque mi abuela, que se llamaba Petronila Medina, pero como a mi papá lo criara mi abuelo, Mariano Martínez, entonces se firmaba Martínez, mi papá.

DI.- Entonces ¿Mi abuelo dónde Nació?

VM.- Nació en Danlí, y estando de dos años mi papá, se lo robó mi abuelo, del río de Yuscarán.

DI.- ¿Y qué hacía en Yuscarán?

VM.- Estaba lavando mi abuela en el río de Yuscarán, la ropa de los que trabajaban en los minerales de Yuscarán, y de allí se lo robó y se lo llevó para San Antonio de Oriente. Tenía mi abuelo cinco hermanos y les dijo: ¿Quién de ustedes me va a criar este niño?
¡Yo! Le dijo una de las hermanas que se llamaba Jesús Martínez.

DI.- ¿Y usted conoce el nombre de las otras hermanas de su abuelo?

VM.- ¡No! Sólo de ella, porque ella lo fue a dar casado a mi papá. Entonces mi abuelo se fue para… no se para cuales minerales de Nicaragua… un mineral Santa Rosita que había en Nicaragua, Porque a él le gustaba trabajar en los minerales.

DI.- Y había otro que se llamaba los colorados…

VM.-…Y otro que se llamaba los colorados que era por San Juan de Limay.… tenía veinte años cuando mi papá cuando él dijo que iba venir a conocer a su madre, porque no era posible que se muriera su mama y que él no la conociera. Y se vino a Danlí. Y llegó a la casa de ella y ella lo recibió, le dijo que se sentará y se sentó a platicar con él y le cayó tan bien porque sintió ella, por cuentas, que él era su hijo y le dio de comer, le sirvió comida y le dijo cuando él iba a comer, mi papá: Yo quiero señora, le dijo mi papá, que me acompañe a comer, que comamos juntos, le dijo.

Entonces le dijo mi abuela: ¡No! Le dijo ella, me voy a sentar a acompañarlo, pero almorzar con usted no porque mi marido es delicado y !no!… y si me encuentra comiendo con usted va haber… (yo creo que mi abuela Petronila iba a decir aquí va a haber zangoloteo, pero ella era educada­)

DI.- ¿Y quién era el marido de doña Petronila?

VM.- Se llamaba Joaquín Argueta.­.. Entonces, no comió con él, sólo se sentó a acompañarlo. Allá después que ya almorzó, mi papá le dice: mire señora ¿cuánto le debo, le dice, por el almuerzo?
¡No! Le dijo ella, no me debe nada, le dijo mi abuela.

Pues en gratificación, le dijo mi papá, por este almuerzo que usté me ha dado yo le voy a hacer un regalito, le dice, y le llevaba un poco de cosas mi papá… le traía cosas de las que usaba la gente de antes.

Entonces ¡No! Le dice ella ¿Cómo se pone a creer que me va a regalar tanta cosa, le dice, sólo por ese almuerzo que le he dado? le dice, ¡no! le dice, no se preocupe por eso.

Di.- ¿y por qué no le decía que era el hijo pues?

VM.- ¡Perate! Y así que ella no le asectaba nada porque decía que su marido se iba a enojar si ella agarraba algo de lo que el le daba… ¿Y con quién cree usted que está hablando? Le dijo mi papá.

¡Pues no se! le dijo ella entonces.

Pues esta hablando con su hijo, le dice mi papá.

Pero que ingrato que sos, le dice, como me estabas engañando… y se fue sobre de el a abrazarlo y se pusieron a llorar los dos.
Entonces le dijo él: mire mamá yo no vengo a servirle de llanto yo vengo a servirle de alegría, que nos regocijemos de alegres pero no que lloremos, le dice.

Y se quedo, mirá, allí en Danlí viviendo con ella. Se estuvo un año; en el año, se muere ella, fijate vos, mi abuela… ya Díos lo trajo para que la enterrara, y la enterró. Después que se fue, que ya enterró a mi abuela, y se fue… Llega allá (a Nicaragua) y se había muerto mi abuelo también, allá en ese lugar… en San Pedro (del Norte de Potrero Grande)… porque cuando él (mi bisabuelo) estaba grave en ese lugar que se llama La Palmita, donde él tenía una propiedad, se sintió él enfermo y se vino para donde una señora que se llamaba Felipa Neri . Esa señora decían que era curandera y ella le hacía medicinas… pero se murió y allí en San Pedro lo enterraron.

DI.- ¿Entonces su abuelo está enterrado en San Pedro?

VM.- ¡Si! Está enterrado en San Pedro y, no tan sólo, dicen que sobre la sepultura de él, como antas nadie se preocupaba por limpiar los cementerios, ni nada, nació un palito de guanacaste y aquel palencón de guanacaste que estaba antes en el cementerio de San pedro, dicen que debajo de ese palo mi papá lloraba, por eso mirá, porque debajo de ese palo decían que estaba enterrado mi abuelo.

Bueno, ya quedó mi papá trabajando siempre en los minerales… Se puso a trabajar en la minas de Potosí, en ese cerro que queda al frente de San Pedro, en ese cerro allí era un mineral allí trabajaba mi papá. De allí venía aquí a la Segovia, a un lugar que le llaman Murra, allí se llevaba por todos esos pueblos de la Segovia. Allí conoció él una señora que se llamaba Casilda (como la mona de Cayito Centeno) y esa señora se la llevo él para ese mineral de Potosí. Allí tenia casa él, y allí vivía con él. Allí engordaban cerdos y vivía bonito mi papá. Tenía el su bestia de salir y vivían bien ellos allí trabajando.

Cuando mi abuela Jesús (madre adoptiva de mi abuelo) se dio cuenta que mi papá vivía en ese mineral, entonces se fue ella, mirá, en aquellos tiempos mirá vos, que de Tegucigalpa (es de aclarar que San Antonio de Oriente es otro pueblo minero a proximidades de Tegucigalpa) a allá sólo a caballo se caminaba, porque no había carreteras ni había nada. Y llegó a Potosí, a ese mineral, a estarse con mi papá. Y ya lo halló con esa señora que se llamaba Casilda. Y la señora (Casilda) era casada y por cuentas había dejado al marido para irse con mi papá para ese lugar.

Entonces le dice mi abuela: mirá Juan, le dice, yo vengo a cumplir una promesa, yo me confesé, le dice, antes de venirme para acá. Me pregunto el padre, le dice, que cuantos hijos tenía, yo le dije que tenía dos hijos, uno hijo de mis entrañas y otro adoptivo, le dice. Entonces me preguntó el que si estaban casados. Yo le dije que el hijo de mis entrañas yo lo había dado casado…

DI.- ¿Quíen era ese hijo?

VM.- Él se llamaba Joaquín también, fijate vos, pero del apellido no me acuerdo. Él trabajaba… Él era un gran hombre porque trabajaba de secretario en un Ministerio en Tegucigalpa y allí la mantenía él (a mi bisabuela Jesús). Nada más que, decía ella, que era bien celoso y allí la mantenía a ella sentada en un taburete todo el tiempo al lado de la puerta para estarla viendo él del lado donde trabajaba. Es que dicen que mi abuela Jesús era bonita (yo no me esplico por que nojotros jalimos tan fellos).

Bueno lo que te que te quiero platicar es que le dice: mirá Juan, yo vengo a cumplir esa promesa de darte casado (casi no eran metiches esos curas…bieran aprendido del Padre Barahona, que Dios lo tenga en su reyno … “A Dios rogando y con la pinga abonando”) yo no me voy a ir hasta que te cases, le dice. Repártase todo lo que tiene con la niña Casilda… (la niña Casilda que estaba allí nomás al ladito, muy gentilmente le dice a mi abuela Jesús “Gracias por el remiendo doña Chus”)… niña Casilda le decía ella a la señora de mi papá.

Tenía, decía mi papá, unos chanchos gordos… Dos son de la Casilda y dos son suyos, esta mula es de la Casilda y esta otra es suya, de esa cosecha véndala y le da la mitad a ella… y ya los repartió, y se va usted a dejarla donde la halló. Pues allí fue mi papá a obedecerle las órdenes a mi abuela Jesús. Se fue a Murra a dejar a la señora y se regresó y ya quedó viviendo ella (mi bisabuela) allí con él y con una trabajadora, porque ella era de estimación, ella no era una mujer cualquiera.

Bueno Juan, le dice mi abuela, ahora lo que quiero es que te cases.

Le hizo una casita en San pedro, mi papá, bien arregladita la casa, y le compró todo lo que necesitaba y le puso una trabajadora mi papá a ella y le volaba dinero, mi papá.
Cuando el llegaba le decía: Mirá, Juan, ya mande a repellar este pedacito de una vara en cuadro, puse al fulano de tal a que me hiciera este trabajo por ahorita y ya mañana me va a hacer otro pedacito y hasta que la repelle toda la casa…

¿Y cuanto le cobraron mama Jesús? le decía él.

Pues diez pesos…

¡Iiiii! Mama Jesús déjeme a mi que yo voy a mandar a hacer ese trabajo que usted no sabe de esos trabajos.

¡Ay! Juan no te gustado que te gaste ese dinero, pero yo voy a seguir arreglando la casa. Y en eaquella cosa… Yo quiero que te casés… La trabajadora que tenia allí… Aquí rengo esta trabajadora, ya te le enseñé a cocinar, puede rezar el rosario, sabe lavar, sabe planchar y ya todas mis buenas costumbres… le he enseñado las buenas costumbres para que te cases con ella.

Mama Jesús, espérese un poquito, si yo voy a buscar mi esposa.

Unas indias viejas, decía mi papá, que mantenía de trabajadoras y querría que se casaran conmigo.

Mi mamá estaba cipota, y a mi papá le gustaba hacer pastorelas (aquí nunca quedo claro si se trataba en realidad de pastorelas – el equivalente de las posadas en México – o si en realidad mi abuelo escribía o montaba piezas de teatro), comedias… y a mi mamá la ponía él… cuando ensayaba las comedias, mi mamá era una de las que salía en las comedias que él hacia.

El era ya un señor maduro y ella cipota mi mamá, jovencita pues… se enamora de ella mi papá… se enamoraron, pues los dos, y se casan. Mi mamá de, de… ya te voy a decir… Mi mamá tenia treinta y cinco años cuando se casaron y mi papá tenia no se si serian sesenta o cincuenta cuando se casaron… mi papá era bien mayor de ella. Cuando se casaron, se casaron civil primero.
Mientras, mi abuela la mamá de mi mamá se había muerto, mi abuela Benita… si pues lo que te quiero decir, es que mi mamá se quedo viviendo con mi abuelo, porque estaba viudo mi abuelo.

DI.- pero mi abuela cuando se casó con mi abuelo no estaba tas cipota, porque treita y cinco años…

VM.- Treinta y cinco años, la edad de la que me casé yo… y él estaba viejito, ya estaba bastante sazón mi papá cuando se casó con ella, estaba bien de edad… (pero no había que empujarlo para que prendiera). Y la deja todavía un año con mi abuelo… porque como estaba solito mi abuelo… para que le ayudara a criar los otros hijos de mi abuelo: Mi tío Cruz, mi tía Pancha y todos. Al año de casada civil mi mamá se casó eclesiástico. Ya cuando se casó eclesiástico ya mi papá se la trajo a la casa de él. Y entonces le dice mi abuela en cuanto se casó mi papá que se queria venir ella (Mamita Jesús), pero no la dejó venir mi papá. En un viaje que hizo mi papá a Tegucigalpa donde un hermano que tenía él allá, se le viene a mi mamá la viejita, mirá vos.

Busca un señor que se llamaba Eusebio Maldonado pa’ que la viniera a dejar a San Marcos y de allí de San Marcos… cuando mi papá llegó de Tegucigalpa halla a mi mamá llorando porque se había ido mi abuela.
Yo no espero a Juanque si espero a Juan entonces no me voy porque no me va a dejar ir y yo me voy… y me voy… Y se viene la viejita.

DI.- ¿Y cuantos años vivió allí en San Pedro?

VM.- ¿Ella?

DI.- ¡Si!

VM.- Fijate que llegó cuando mi papá estaba solo, o sea cuando él estaba con aquella señora (Casilda), entonces mi mamá estaba cipota, Jovencita… Que él sacaba pastorelas y todo, y ella se vino hasta que mi papá se casó eclesiástico, porque le dijo que ella no admitía que se quedara casado así nomás por lo civil; y hasta que mi mamá se casó eclesiástico con mi papá se vino ella, cuando mi papá andaba en Tegucigalpa donde el hermano que él tenia allá y cuando regresó ya no estaba allí. Y se viene mi papá a San Marcos a buscarla… Ya no la halló… se había venido para Tegucigalpa y no la volvió a ver mi papá.

DI.- Pero usted no me ha contado una cosa…

VM.- ¡Aja!

DI.- Mi abuelo tenía una hija…

VM.- La Cástula…

DI.- ¿Hija de quién?

VM.- De una señora que se llamaba Pío Carrasco.

DI.- ¿Pía o Pío?

VM.- Pío Carrasco, esa era la mamá de la Cástula, pero mi papá la tuvo antes de casarse con mi mamá. Cuando mi papá se casó con mi mamá, la Cástula estaría como de dos añitos y mi mamá le decía a mi papá que se la quitara a la mamá para criarla ella y la señora nunca se la quiso dar a mi papá, esa Pío nunca se la quiso dar a él. Pero mi papá la reconocía él y le daba, de todo le daba mi papa.

DI.- ¿Y mi abuelo tuvo hermanos?

VM.- ¿Hermanos? ¡Si!… Ese hermano que dejó… ¡No! No tuvo hermanos él…

DI.- O sea que… ¿Su abuelo tuvo hijos?

VM.- Mi abuelo tuvo a Ricardo Pineda. Con una señora en Tegucigalpa que se llamaba Eugenia Gómez…

DI.- ¿Y por qué era Pineda Ricardo?

DI.- A lo que te truje Chencha­... Bueno Aquí se armó el berrinche porque mi mamá se me echibolo toda y confunde dos descendencias que al final logramos aclarar de la manera que sigue:

Primero, mi bisabuelo, Mariano Martínez nunca se casó, y segundo, él tuvo dos hijos Naturales; Juan Gregorio Martínez (hijo de Petronila Medina) y Ricardo Pineda (hijo de una señora, posiblemente doña Eugenia Pineda).

Ricardo tuvo un hijo, José Pineda Gómez (Abogado, notario y por varias veces presidente de la Corte Suprema de Justicia de Honduras en los gobiernos liberales).

En resumen Mi abuelo tuvo dos Hermanos: Un hermano adoptivo (Joaquín el hijo de mamita Jesús) y hermano de sangre (Ricardo Pineda).

VM.- Había un hermano de mi abuelo que se llamaba Expectación ese le vendió la herencia a mi papá. Cuando mi papá llegó de aquí de enterrar a mi abuela (Petronila), ya no halló nada de lo que él había dejado mi abuelo. Expectación le había vendido la propiedad los bueyes todo lo que su papá tenía. Y mi papá nunca, nunca más supo de él, pero se fue para León ese hombre y mi papá nunca supo de él.

DI.- ¿Quién de la familia de nosotros es que tiene ascendencia italiana pues?

VM.- Por mi abuela

DI.- ¿La abuela… quién?

VM.- Benita.

DI.- Bueno esa es otra historia que ya me va a contar. Ahora tengo otra pregunta que hacerle. ¿Sabe usted como se llamaba o quién era el abuelo de su abuelo?

VM.- ¡No! No se. Él solo decía (don Juan Gregorio) que su abuelo era de raza Zambo. Era negro, decía, trompudo pelo charruscado.

DI.- ¿De la parte de quién?

VM.- De la parte de mi papá

DI.- ¡No, no! De la parte de la mamá o del papá.

VM.- Del papá de mi papá… que era zambo, decía, pelo charruscado, trompudo, decía, negro, descendiente de la Mosquitia, como que decía.

DI.- ¿Pero venía de Yuscarán, de Danlí o de donde?

VM.- Eso si yo nunca supe de donde era él. Yo lo que se es que mi papá nació en Danlí y se criaron en San Antonio de Oriente. Pero mi abuela Jesús no era fea, bien bonita decía mi mamá que era…

Bueno aquí vamos a cortar la hebra. Ya nos dimos cuenta porque los Martínez Esacalante somos trompudos y medios fellos. Ya sabemos de donde viene este don Juan Gregorio Martínez. Mi mama no lo dice pero lo deja entender y en otras conversaciones me lo había platicado, este mi abuelo era comerciante, Güirise (Buscador de filones de oro y plata), medio escritor poeta (de todas manera en allí por donde nosotros el que no es pueta, es hijo de pueta) y dramaturgo­... y según vello, dijo el ciego, letrado y sobre todo paciente. Había que ser paciente para aguantarle los caprichitos a la abuela Jesús. Algunos de nosotros deberíamos de aprender de él.

En la próxima­...
¿Tiene ración de Escalante? ¡Si! pues que pase la vara adelante­­­...

Entradas Populares