jueves, 11 de febrero de 2021

Elecciones, haraganes, políticos y majadería.

 Por Dario Izaguirre

Historiador y arqueólogo.

 

Mi querida tierra, mi querida Honduras, ¿Quién te mató antes de nacer? ¿Quién te dio nombre de mujer para permitirse violarte después?

Preguntas retoricas y talvez sin sentido, pero que igual duelen en el alma cuando ves que tu país retrocede. Cuando ves que en Pencaligüe (Como diría Omar Aquiles) la edad media no ha pasado. Cuando en mi Honduras, la vida de una gallina o de un garrobo vale más que la de cuatro mujeres asesinadas en 48 horas. Eso es la Honduras de hoy, una Nación violada, vendida o prestada en retazos, una nación destruida por la inclemencia del tiempo y por la inclemencia de las clases que dominan la política y la economía.

Hace unos días me preguntaba una periodista en entrevista, que pensaba yo de la manera de hacer política en Honduras y que por qué los hondureños, se decía, éramos haraganes y apáticos.

Mi respuesta fue que, desde mi punto de vista, la manera de hacer política en Honduras está desfazada y pasada de moda. Que las prácticas de los políticos hondureños no han cambiado en casi 200 años de vida independiente. Que en nuestro país la época de los caudillos y del personalismo no ha pasado. Que las instituciones políticas son aun partidos de patronazgo o partidos de gobierno y me atrevo a decir que el fondo ideológico de los principales partidos de Honduras no es tan antagónico como parece.

Aun los partidos más a la izquierda siguen haciendo uso de practicas electorales gastadas y que no los diferencian en nada, en la manera de hacer campaña de los últimos 40 años, de los cachurecos y los colorados. Se siguen practicando elecciones internas en las cuales, al final lo que queda es una amalgama candidatos que no son necesariamente los mejores elementos de cada corriente que participó en el proceso sino aquellos que pusieron más plata. Las elecciones internas son una mascarada de democracia y un desperdicio de dinero.

Según el periódico digital Tu Nota del 21 de enero de del 2021, las elecciones internas de 2021 en Honduras costaran 1100 millones de Lempiras, o sea, más de 46 millones de dólares gringos. En la provincia de Quebec en Canadá, con una población parecida a la de Honduras y con una extensión territorial de 1,542,056 km², es decir trece veces más grande que Honduras el costo de las elecciones para primer ministro es de 74 millones de dólares americanos -1692 millones de lempiras una vez cada cuatro años. Esa cantidad incluye el censo, los salarios para los directores de las mesas de escrutinio y las contribuciones públicas y privadas. Además, teniendo en cuenta el ingreso per cápita de los quebequenses, los costos son por decirlo así normales.   Pero el costo de los procesos electorales en Honduras (primaria y generales) es de 1800 millones de lempiras (76 millones de dólares gringos) y eso son las cifras, sólo para el TSE, eso no incluye las partidas que se invierten en el RNP ni los milloncitos que se van por la banda como contribuciones privadas y coimas a los candidatos. Imagínese usted que parte de esos millones desperdiciados en las elecciones internas fuesen invertidos en aulas, libros, medicinas equipo médico… y no en impresión de papeletas, transporte, caravanas y regalías efímeras que no hacen más que incentivar el clientelismo y enriquecer a ciertos candidatos. Imagínese usted la diferencia.

Honduras es uno de los pocos países en el mundo en donde se da esa farsa (11 países son los principales representantes de esta práctica: Argentina, Armenia, Costa Rica, Chile, Ecuador, España, Estados Unidos, Honduras, Uruguay, Venezuela y República Dominicana), pero es uno de los pocos también, en donde no tenemos Estado de derecho, que se supone es la base de la democracia, he ahí una paradoja.

El político hondureño, salvo excepciones, sólo está presente al momento de las elecciones. Esperando unos meses antes para formarse una camarilla local que le ayudará a formar su sequito de clientes. No clientes en el sentido capitalista del término sino clientes en el sentido Romano. En Honduras aún se aplica la Máxima “Pan y Circo” de la Roma antigua. Los políticos romanos ganábanse el voto o la simpatía de la plebe por medio del clientelismo. Regalando comida barata y entretenimiento se lograba una alienación del pueblo que lo despojaba de su espíritu crítico mientras a la vez se sentía satisfecho por esa falsa generosidad de los gobernantes. Esta estrategia demostró ser una forma muy efectiva de acceder al poder en Roma y lo sigue demostrando en Honduras. Mi padre, liberal de cepa, llamaba a los clientes “liberales de estómago” para diferenciarlos de los liberales de convicción que eran pocos.

Las campañas electorales en Honduras están basadas en eso. El señor diputado que llega al pueblo sacando billete, dando burras, dando balones y uniformes de futbol. Como el mejor mago del mundo saca conejos de su chistera, el candidato saca proyectos como por milagro. Proyectos que nunca sacó en sus 3 años de gestión. El señor diputado o el político de oficio a quien nadie vio abrazando a los desposeídos hoy, año electoral, es el ser más campechano y chinea cipotes meados. Eso es la política hondureña. Una política de clientelismo, alienante y despojada de todo sentido crítico. No hay una sola escuela política en Honduras que esté destinada a la formación critica de su militancia y menos aún de las bases y los que intentan hacerlo son acusados de termocéfalos utopistas, paleadores de nubes.

En lo de que somos haraganes, cuando me lo dijo me reí. Porque es un estigma, una marca negativa, que nos viene desde la colonia. En las crónicas de Antonio de Herrera en 1601 ya se decía eso de los pobladores indígenas de Honduras. El colonizador no había comprendido que el afán de acumulación de bienes no era la prioridad de los indígenas. Que el prestigio y la calidad de persona residía en valores que tenían que ver con la praxis cotidiana. Ser buen cazador, ser valiente en la batalla, saber deslizarse sobre el rio en un pipante o simplemente conocer la montaña eran los valores que hacían de vos una persona, un lider.

Para el colono esos valores no contaban, puesto que ellos habían venido aquí a trabajar como mulos para ellos, para pagarle los tributos a la corona y granjearse un estatus en la nueva sociedad. Y este estigma del indio haragán atraviesa generaciones y muchos terminamos creyéndolo. Pero nadie nunca se ha preguntado el papel que la dominación económica y política ha jugado en este asunto.

¿A quién le gusta trabajar gratis? O a quién le gusta sembrar para que al final de la cosecha entregar el fruto del trabajo a alguien que no se ha sudado las entrepiernas. Y eso ha sido la realidad de los campesinos, de los indios de los negros y de los profesionales de Honduras. Ese país donde un diputado gana mas que un médico. En donde muchos profesionales trabajan en el sector informal porque es más rentable tener una chiclera que enseñar en un colegio privado. En tal sentido muchos de nuestros coterráneos prefieren la mendicidad y el dinero fácil que de una u otra manera, son trabajos también y, dicho sea de paso, más arriesgados que un trabajo fijo, pero además exentos de toda deuda.

Ahora bien, además de las causas mencionadas arriba, cuáles son las causas estructurales de esa susodicha empatía, pereza, clientelismo…

No soy sociólogo para hacer un análisis de la cosa, simplemente soy un observador y un crítico, sin fundamentos talvez, pero consciente de los cambios y de la involución de la sociedad hondureña en los últimos 40 años.

Desde mi punto de vista, el nefasto papel de las sectas religiosas, las iglesias y los fanáticos religiosos que han hecho de Honduras uno de los pueblos más pseudofundaentalistas de América, es una de las causas. Este fenómeno de alienación sectaria, ha hecho que los hondureños se lo dejemos todo a Dios. En el decir de la feligresía Al chucho amarillo no lo han matado porque Dios lo protege. El poder de Dios es el que quitará el mal gobierno. Dios nos bendice con buen presidente que tenemos. Honduras es un estado laico, pero sacamos a la virgen de Suyapa y al cardenal en los helicópteros del Estado a regar aceite para protegernos del mal, se ora en el congreso Nacional y se da financiamiento a las iglesias cristianas, los militares y policías oran al mismo Dios antes de reprimir y matar a su propio pueblo. Dios es la causa y el efecto de todos los bienes y los males de Honduras. El recrudecimiento de esa fe ciega en esa entidad celeste, hace que la gente siga creyendo que los comunistas se comen a los cipotes, que en Cuba hacen jabón con los viejitos y que los ambientalistas niegan la voluntad de Dios puesto que el calentamiento global es voluntad divina y no producto de la insensatez humana.

Los pastores, curas, apóstoles, fanáticos o como queramos llamarles (evidentemente toda regla tiene su excepción no todos son fanáticos), bajo pretexto de llevar el pan de la divinidad y la salvación al pueblo, se convierten en cómplices de masacres, de propagación de enfermedades, de represión, de hambre de segregación étnica y de género, etc. Son homófobos, provida, pedófilos, abusadores, ladrones de cuello blanco y todo eso en nombre de Dios, al igual que los cruzados y los que en nombre de Dios exterminaron poblaciones enteras en el pasado. Bajo el santo sudario de la divinidad, le prohíben al feligrés el rebelarse contra un estado despótico, un Estado ilegitimo y soportado sobre la base de la corrupción, el narcotráfico y de la impunidad. Nos enajenan y nos vuelven máquinas de recitar versículos de la biblia de memoria. Ese es el papel que teóricos como Poulantzas les atribuyen a los aparatos del estado de los cuales las iglesias forman parte y en la práctica ese es el papel que juegan en Honduras.

El otro aspecto de la susodicha empatía es el miedo. ¿Quién dijo miedo?  Bueno, yo digo miedo. Porque si bien es cierto que durante mas de 10 años un cierto número de ciudadanos ha puesto el pecho en las calles, también es cierto que el terrorismo de estado ha sido eficaz. Creo y sin temor a equivocarme que los hondureños en 10 años han absorbido mas gas lacrimógeno que los salvadoreños en 10 años de revolución. Que proporcionalmente al tipo de protesta que se ha dado en Honduras, ha habido más muertos, presos políticos y desaparecidos que en situaciones de guerra de guerrillas. El aparato represivo en Honduras ha sido eficaz en todos los sentidos. Intimidación, amenaza, asesinato, violencia física, sicariato… han sido la orden del día y lo siguen siendo. Y el miedo cala hasta al más valiente. Entonces el miedo del común del pueblo es producto de esa campaña de terror estatal.

Pero también, el terror estatal nos ha empujado al desgaste político; al cansancio y en última instancia al valeverguismo, como diría Filander Díaz Chávez. Sí, el desgaste político ha llevado a muchos a quedarse solamente como espectadores, como asistentes en una corrida de toros en donde raras veces el vencedor es el toro sino el payaso con la muleta y la verónica. En nuestro caso los payasos con uniforme y fusiles y aquellos de saco y corbata.

En lo que concierne el clientelismo, este desaparecerá cuando desaparezca el hambre, cuando el candidato deje de jugar con las necesidades del pueblo y se dedique ha hacer su trabajo, servir y no robar a quien le elige. Cuando en lugar de regalar burras y piñatas, les enseñe a sus electores a salir del marasmo y a convertirse en un elemento productivo capaz de criticar y autocriticarse. Pero para eso el mismo candidato tiene que dejar de ser un parásito que ocupa un puesto para ganar un salario y convertirse en represor de los mismos que lo eligieron cuando reclaman lo que se les debe. Creo que estamos a años luz de lograr eso.

En resumen, si Honduras está hundida no es porque el hondureño es haragán. Un colega me decia; y cito: 
Fijate que eso de que el hondureño es haragán es una tontera que se sigue repitiendo. Es fácil de demostrar que no lo es, por que ¿Quién ha construido las ciudades, quién ha producido en el campo durante siglos, quién construyó los caminos, los puertos, aeropuertos, edificios, puentes, etc.? 

Y en verdad este colega tiene razón.

La causa histórica del atraso de Honduras, no es una cuestión de pereza mental o ciudadana. La causa principal ha sido la corrupción de la clase política tradicional y el entreguismo. Sumado a eso, la mala distribución de los privilegios y la riqueza por miedo a perder el poder. Nuestros ricos, como los ricos de América Latina, tienen miedo de ceder un ápice de tierra o unos cuantos pesos para educar al pueblo, porque le tienen miedo a una clase de obreros y campesinos educados. Idiotas, no se dan cuenta que con un pueblo educado y con acceso a un trabajo digno, un país progresa. Aun en eso, nuestro país en lugar de enriquecerse el mismo esta ayudando a estimular la economía de las islas Caimán, de Barbados y todos los paraísos fiscales existentes en el mundo.

Invertimos en Honduras, dicen nuestros oligarcas, pero alguno de ustedes sabe ¿cuántas cuentas bancarias de los millonarios de Honduras están en el exterior y cuántos millones de dólares generados en Honduras se pierden por causa de la política entreguista de nuestra clase política?

Honduras no se vende (dijo por allí un político) pero la podemos prestar a largo plazo para generar empleo.  He ahí un ejemplo de falta de visión de Nación que dista mucho de aquella del general de hombres libres que decía, la soberanía de un pueblo no se discute, se defiende con las armas en la mano.

Si en realidad invirtieran no necesitaríamos las ZEDES que no son más que un ejemplo de la entrega de nuestra soberanía. De manera empírica existen dos tipos de inversión. Aquella en la que se pone capital en un negocio para multiplicarlo y luego guardar el pisto en un hoyo, y la otra que implica poner pisto en un negocio, multiplicarlo y generar otros negocios y que esos negocios contribuyan al enriquecimiento del Estado vía la captación de impuestos que, administrados de manera honesta y transparente, retornan a sus contribuyentes en forma de obras, educación, salud, etc. Pero eso en Honduras es lo contrario lo que se hace. Se exime de impuestos a las grandes empresas, el hierro, por ejemplo, no es considerado como metal precioso y por tanto libre del pago de impuestos.

Entonces ¿estamos jodidos porque somos haraganes? ¡no! ¿estamos jodidos porque estamos gobernados sempiternamente por ignorantes con complejos de estadistas?  ¡si! ¿Estamos jodidos por el miedo que nos infunden los pastores y los curas retrógradas que viven en el tiempo de la inquisición, pero que se vuelven millonarios con los diezmos? ¡Si!  Estamos jodidos porque como pueblo hemos siempre confiado en los caudillos y no en los líderes surgidos del pueblo mismo. De todas maneras, a esos los eliminan los detentores del poder y del capital.

Tenía razón el viejo Marx al afirmar que todo fenómeno social tiene su origen en los fenómenos económicos.

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