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jueves, 15 de marzo de 2012

Así recuerdo a mi madre

Hoy, hace un año ya que murió mi mama. Si porque para nosotros esa palabra nunca respetó las reglas de la acentuación. Ella no era mamá como la mayoría de los hondureños llaman a su madre. Ella era mi mama.

Hoy mis pensamientos se volcaron hasta esos días de campiña en que el contacto con ella era como el contacto con la tierra fresca. A esos días en que la teníamos para nosotros; cuidándonos, queriéndonos, regañándonos. Porque si algo sabía hacer mi mama era eso, regañar. Cuantas veces no me mandó de rodillas porque había hecho alguna mala jugada o porque le había hablado fuerte a mis hermanas mayores. Cuantas también se levantó a media noche a sanar mis dolores, mis ataques de fiebre o de tos.

Esa era mi madre. Una mujer forjada por la dureza de la vida. Huérfana de padre cuando aun era una niña lloró, ella también, a su padre hasta el cansancio. Mi mama fue también la mama de los primos más cercanos. Muchos venían a parar donde ella en sus momentos difíciles. Mi mama esa señora que tras su caparazón de frialdad, escondía una enorme ternura que cuando la daba la daba de completo.

Mi mama, hondureña de descendencia, nicaragüense de adopción, hondureña readoptada, raptada por el amor o la conveniencia, que se yo, nunca nos lo dijo, pero fiel a su manera de ser, a su manera de ver las cosas.

Mi mama, mujer de pelo en pecho, como decimos por allá. Valiente, temeraria…
A los patudos de mis sobrinos les recordaré hoy quien era su abuela, y los amigos les presento a mi madre en dos anécdotas.

Doña Modesta.

Quien no conoce la reputación legendaria de don José Izaguirre. Este hombre, quien es mi padre, tiene dos reputaciones que le siguen aun ahora que ya esta en el ocaso de sus años. Mi padre siempre fue honrado y mujeriego. Justo antes de que se casara con mi madre tenia el por allí un metedero, como decía él mismo. No un metedero en el sentido en que se lo están imaginando pero en el otro. Un lugar donde meterse a pasar el agua cuando llovía fuerte.

Ese metedero era allí en las Dificultades donde tenía la propiedad mi abuelo. Por allí vivía una señora alta que, me imagino, no era tan fea. Pues mi papa le echo el caballo. Si, doña modesta se convirtió en la amante de mi papa.

La tratamos aquí con respeto pero cariñosamente la llamábamos La Mosestona. Era el apodo que mi mama le había dado.

Cuando mi papa se casó con mi mama, la llevó a vivir en la casona de la Arabia, la finca de café de mi abuelo. Allí mi mama pasaba los días haciéndole como cocinera de los más de 40 trabajadores que tenía Don Lorenzo.

Don José, mi papa, se la pasaba en los campos supervisando los trabajos y cuando llovía fuerte pues allí iba a su metedero, digo, a visitar a doña Modestona.
La susodicha Modesta ya se miraba como la señora Izaguirre. Así que cuando supo de la existencia de mi mama decidió pasar todos los días por la cuesta, cerca de la casona, montada en una mula. Se paraba en la loma donde había una puerta de golpe y comenzaba a gritarle sandeces a mi mama. Mi mama, ya cansada de tanto fregar, un día le dijo ami papa que le dejara una pistola porque le daba miedo quedarse sola en la casa sin protección. Mi papa le dejó entonces una pistola 22.

Al día siguiente, mi mama se fue a esconder cerca de lugar donde doña Modesta se paraba para insultarla.

Doña Modesta, puntual, llega al punto y comienza a insultar. Mi mama la dejó insultar todo lo que quiso. Cuando doña Modesta estaba por irse mi mama salió, tomó la mula por el fiador del freno y con la pistola en la mano le dijo.

Mire señora yo no la conozco y usted no me conoce. Lo que si se es que usted se acuesta con mi marido, así que la puta aquí no soy yo. Que sea la ultima vez que usted me insulta! No vuelva ni a pasar por aquí porque la próxima vez la quemo!

Doña Modesta estaba blanca como la mula que montaba y no dijo una palabra. Mi mama soltó la rienda de la mula y la dejo ir. Cuando la doña picó la mula y que le dio la espalda mi mama, ella disparo la pistola al aire lo que espanto más a la mula y casi vota a doña Modesta.

Mi mama bajo a la casa con una sonrisa de oreja a oreja.

En la tarde, cuando mi papa llegó, le diceé: "aja Virginia, parece que le asustaste los pelos a la Modesta"

Mi mama le contestó: "Yo no se si la asusté, pero como no paraba de insultarme y vos no le decías nada, pues decidí de buscar la solución sola. Y si no dejas de irla a ver tu matrimonio te durara poco."


Así terminó el idilio de doña Modestona con don José.


El Zompopo cirujano.


Médicos siempre harán falta en estos países dejados de la mano de Dios. Pero la rebusca y la imaginación para sanar nuestros males nos sobran. Doña Chavela, una viejita que vivía con nosotros en el campo, en la montaña, me decía cada mañana cuando me levantaba. Venga mijito, ya iba yo con la purrunquita bien paradita de las ganas de orinar de la mañana. Doña Chavela tomaba una taza y me decía: ¡Orine aquí papa!

Yo le echaba todos mis orines en la taza y luego la Doña se los bebía. Decía que eran buenos para prevenir la gripe y las enfermedades. Pero igual se murió la doña.

Pues en ese universo crecimos, viendo las cosas más insólitas posibles.Una de esas cosas tiene que ver con mi mama.

Bueno, mi papa después de la cosecha de café se iba al valle de Jamastrán a sembrar frijoles y maíz en las tierras de José María Tercero. Mientras que mi mama se encargaba de cultivar los frijolares en las tierras de mi papa. Cuando mi papa se iba para cosechar en Jamastrán, los frijoles en las vainas quedaban casi de punto para arrancarlos. Así que mi mama y uno o dos trabajadores se encargaban de eso y de secarlos.

Para mis amigos de América del sur que talvez no saben como se hace la extracción de los granos de frijol de manera artesanal se los explicaré en pocas líneas.

La planta de frijol se arranca con todo y hojas, se hacen manojos que se amarran con las guías de ellos mismos y se ponen al sol a secar. Una vez secos y crujientes, se hace un bulto con ellos y con dos garrotillos o con una vara grande se golpea el bulto hasta que no queda ni un solo grano en las vainas.

Pues ese era el trabajo de mi mama. Secar los frijoles, cubrirlos para que no se mojaran cuando llovía y una vez listos, aporrearlos.

Ese año la cosecha fue buena mi papa hubo que llevarse todos los trabajadores y mi mama con sus hijas y otros niños de la vecindad arrancaron los frijoles de la tierra de mi papa. Luego los seco, y cuando estuvieron listos la doña decidió aporrearlos. Pasó varios días en este ajetreo estaba molida de cansancio al punto que bajo la axila comenzó a formársele una especie de tumor. Una protuberancia rojiza llena de pus y dolorosa. Estaba sola, y sin medios para consultar un medico o trasladarse al pueblo en busca de ayuda. Mi papa habiéndose llevado todas las mulas.

Estaba desesperada. Ella lo que hacia era hacerse baños de agua con sal para desinflamar la carne dañada por el esfuerzo. Comenzaba a tener fiebre y solo estaba con sus dos hijas más pequeñas del momento.

En un acto desesperado, se puso a pensar como hacia para destriparse el absceso. Le dio vueltas al asunto y pensó en afilar un cuchillo y sajarse eso ella misma. Probó todos los cuchillos de cocina pero ninguno de ellos tenia el filo suficientemente bueno para hacerse la operación. Entonces pensó en los medios que le brindaba la naturaleza. Una espina de naranjo se dijo. ¡No! Es ponzoñosa y se me va infectar más esto. ¡Una aguja! ¡No! Tampoco, el agujero seria muy pequeño y no podría sacar la pus.

Entonces pensó en los zompopos Soldados.
En una zompopera cuando se le dan golpes fuertes, los primero que salen son los soldados, unos enormes zompopos cabezones con unas quijadas enromes. Estos atacan al invasor y si te llegan a morder te arrancan el pedazo, te hieren pero sin ponzoña.

Entonces mi mama fue a la zompopera y la aporreó hasta que los animales estos salieron de su guarida. Esperó a que salieran los más grandes que siempre salen por último y atrapó dos con un pañuelo. Se fue a la casa y allí tomó una botella de alcohol y se desinfecto la chibola que ya estaba roja purulenta y del tamaño de un limón grande. Tomó un espejo y se colocó de manera a poder ver bien el tumor. Luego tomó uno de los zompopos que estaban furiosos de haber estado atrapados, lo tomó por el abdomen y le desinfecto las quijadas con un algodón y alcohol. Se puso en posición y puso el zompopo en lo parecía era la boca del absceso. El zompopo furioso no dudó y comenzó a morder enterrando las quijadas en la piel de mi mama. Lo hizo tan bien que le abrió una pequeña incisión y la pus comenzó a salir. El animal a pesar de eso seguía mordiendo y yendo más profundamente hasta traspasar la epidermis.

Mi madre soltó al animal que murió de cólera y comenzó a apretar y a apretar hasta que lo que salio por la boba del tumor fue sangre limpia. Se lavó la herida con alcohol, molió algunas pastillas de sulfa, se colocó eso en la cicatriz se vendó la herida y ¡san se acabo!

Varios días después la herida sanó y mi mama continuaba agradeciendo al zompopo.

Esa era mi madre, así la recuerdo.

Luego les cuento otra,

¡Que en paz descanse mi mama!

lunes, 5 de septiembre de 2011

Semblanza de mi madre

Bueno pues, era ya tiempo de romper el silencio. Tal parece que la desaparición física de mi madre me condujo a encerrarme en mi mismo y olvidarme un poco de ustedes. Sin embargo, estoy aquí de nuevo y en los días que siguen les regalaré algunos de los recuerdos de que me quedaron de esa señora que atravesó fronteras geográficas, temporales, psicológicas y hasta paranormales.

Como ya he dicho antes, mis padres son dos campesinos que apenas pasaron algunos años en la escuela. Pero, a pesar de eso eran visionarios y dieron lo que pudieron por que sus hijos no fueran tamales, aun si el refrán popular dice que el que nació p’a tamal, del cielo le caen la hojas.

Mi mama aprendió muchas cosas de la vida y de las demás personas con las que convivió. Ella se empeñó también a transmitir esos conocimientos à aquellos que se interesaron en aprenderlos. Su cultura fue nutrida por el rose con gentes físicas que tenían una cierta apertura hacia el mundo en diferentes ramas del conocimiento. Sus referencias mas frecuentes eran el doctor Contorosqui, el Padre Orcullo, Don Manuel Barrera, Joaquín Suazo (el de la farmacia Sn José) y otros que por el momento sus nombres se me escapan.

Otras personas, más virtuales que físicas, contribuyeron también a la construcción de su cultura. Ella creció escuchando los discos de Carlos Gardel, del El Indio Pan de Rosa, de Paladino, de Pedro Infante, de Jorge Negrete, de Libertad Lamarque y de María Félix entre otros. También la radio puso su grano de arena. Así, las radionovelas mexicanas (Chucho el roto, Rayo de plata, Kalimán) y los programas de la radio (Casos cosas de casa, el profesor Onordún (me estás escuchando!!!!) y las pencadas de Tres Patines, Margarito el guardia y Pancho madrigal, entre otros) nutrieron su bagaje cultural.

No debemos olvidar que era una devota del noticiero del mediodía, de La Gaceta informativa (bien me acuerdo que el lema decía: La libertad de prensa es el más grande valuarte de la libertad y no puede ser restringida más que por gobiernos despóticos… Gaceta informativa…) y de Andrés a las diez. Eso le permitía mantenerse al corriente del acontecer político y social del país y del mundo.

Su perfil político fue muy interesante. La Manina fue conservadora. Con esto quiero decir militante del Partido Conservador Nicaragüense que se oponía a los liberales liderados por la Familia Somoza, al contrario, la Manina fue oponente de la guardia Nacional y crítica acérrima de los bandoleros quienes le quemaron su casa.

Una vez casada con mi papa la Manina se convirtió en una liberal hondureña de cepa. En honduras el Partido liberal se oponía a la dictadura Cariista y a sus descendientes. Ella adoptó la fe política de su marido y colaboró con él a esconder perseguidos, tanto de la represión cachureca como a revolucionarios opositores a la dictadura de Somoza.

Durante los años 1960 y 1970, Manina vivió la zozobra provocada por Cabos Cantonales, Un episodio negro en la historia de Honduras.

El tiempo paso y los procesos políticos también. La inestabilidad política en Nicaragua le hizo tomar partido o renovar sus convicciones antisomocistas. Se convirtió en simpatizante de la causa del FSLN y en defensora y guardiana de los sobrinos que, por circunstancias evidentes, se encontraron refugiados en Honduras.

Pero hubo un cambio en sus opiniones políticas. El triunfo de la Revolución Sandinista trajo consigo un viraje posiblemente inesperado por mi mama. La revolución era una Socialista y socialismo para mi mama era igual a ateismo, ha hacer jabón con los viejitos y vender los niños a Fidel Castro. Así, ayudada por las campañas de desprestigio llevadas a cabo por Moisés Ulloa Duarte, La radio clandestina de la contra (Radio 15 de septiembre) y evidentemente por la noticias tergiversadas de diario La Tribuna y La prensa, la Manina se convirtió en enemiga política de los Sandinistas. Los argumentos de mi mama junto con los de mi primo Plutarco eran invencibles. Y cuando los argumentos no funcionaban, una amenaza de baño de agua caliente ahuyentaba a cualquiera que le dijera que Tomas Borge Martínez era su primo.

Ella creía en Dios y como buena creyente, creía en lo que le transmitían los sermones del cura y los sermones de los fieles periodistas católicos. Pero hubo ciertos fenómenos que vinieron socavar las sólidas bases ideológicas. Su hijo menor, un flaco desgreñado y rebelde, decidió que era tiempo de explorar algo nuevo que era tiempo de explorar nuevos planteamientos. Este flaco comenzó a estudiar los escritos de Marta Hernaker, Gregorio Seltzer, las novelas de Márquez y otros escritos que en ese tiempo eran clandestinos en honduras. Mis dos hermanas mayores se hicieron protestantes, un insulto a su fe católica, u su hija menor se casó. A pesar de todo eso, nunca nos dejo de querer y de darnos su apoyo.

Esa fue mi mama. Una mujer polifacética forjada por los cambios y la edad.

Este escrito refleja un poco quien era mi madre:

Panfleto a mi madre

Ella vio morir países dando a luz

Ella vio países cansados levantarse del polvo

Ella vivió guerras de trincheras

Ella combatió en batallas por amores que a veces no eran suyos

Ella siguió varias guerras a través del telégrafo

Siguió otras por el milagro de Marconi

Y vio otras en esas cajas mágicas vendedoras de ilusión

Ella triunfó en la batalla de su vida

Ella vio diluirse la justicia divina

Ella vio sotanas cambiarse por fusiles

Unos de justicia otros de represión

Ella vio el refran

Dominus vobiscum....

Et cum spiritu tuo....

Cambiarse por este otro

Globalization vobiscum

Et spiritus pecunia

Ella comió en la plenitud de la pobreza de los veinte

Ella vivió y durmió al resplandor de la oscuridad

Y se despertó un día bajo la sombra de la energía nuclear

Ella festejo el triunfo de los barbudos del mar Caribe

Ella los fustigó cuarenta años después

Ella se crió entre la frontera del rojo libertador

Y la del azul masacrarte del odio

Ella me crió temiéndole a Dios y al Socialismo

Y ese fue su único fracaso

Ella me crió cantándole al olvido

Y yo ahora le canto a su recuerdo

Ella me dio a su modo todo lo que poseyó

Yo le quité más de una vez sus esperanzas

Ella era mi madre

Yo el hijo que le extraña.

Dario Izaguirre Val-d’Or 19-04-2011

Ahora que ella se fue, en los días a venir, les contaré una serie de episodios que ella me contó cuando era un chigüín.

Por ahora los dejo,

Un abrazo.

viernes, 7 de mayo de 2010

Era el Cadejo o el perro del vecino

En la misma línea de relatos, miedos y supersticiones, les entrego hoy la leyenda de el Cadejo.
Un Cadejo es un animal legendario de la región mesoamericana, extendida entre las zonas rurales e incluso urbanas de Centroamérica. Se dice que es un mítico perro (o dos perros) que generalmente se le aparece a quienes deambulan a altas horas de la noche. Este animal mítico se le atribuye poderes misteriosos.

Según la definición encontrada en la enciclopedia en línea el cadejo se presenta de diversas maneras según las regiones. A continuación les entrego la caracterización del Cadejo según Wikipedia.

Representaciones del Cadejo.

Las diferentes versiones de la leyenda en Centro América describen a un cadejo blanco y uno negro; benigno y maligno respectivamente. La leyenda del Cadejo es posiblemente el vestigio de una creencia precolombina que supone que todo humano posee un animal de compañía (un alter ego que el la tradición mesoamericana se conoce como Nahual). El Nahual es el doble del hombre, de tal manera que la enfermedad o la muerte del primero conllevan la enfermedad o la muerte del segundo. La creencia supone la existencia de un animal compañero para cada hombre.

Es de aclarar, que ninguna relación directa ha sido establecida entre el Cadejo y el Nahual. Así, el artículo de Wikipedia continua…

Dicho animal acompaña al hombre en todos sus viajes solitarios por la noche; y en la versión de dos cadejos, el blanco lo protege y lo defiende contra los malos espíritus encarnados en El Cadejo negro, color tenebroso que simboliza la muerte, o sea, el mal en todas sus manifestaciones.

La versión de mi infancia viene de muchos relatos contados por los campesinos que trabajaban en la pequeña plantación de café de mi papa. Otro relato de este animal proviene de mi mama que asegura haberlo visto por lo menos una vez.

En las variantes de la leyenda que del Cadejo de la región sur de Honduras existe efectivamente dos Cadejos, el Negro y el blanco. Los dos malos porque no son el producto de la creación divina del buen Dios. Sin embargo, el Negro es aun más malo que el blanco. Este último casi nadie lo ha visto pocos son los que se han enfrentado a ese animal.

Existe en las explicaciones del comportamiento del Cadejo una dicotomía que nos recuerda ciertos comportamientos humanos. En gran parte el comportamiento del cadejo es como una moraleja de la lealtad y la traición. Un cadejo blanco por ejemplo, puede ser tu compañero y ser completamente inofensivo. Por otro lado si aun por accidente lo atacas se puede convertir en une bestia horripilante malvada y poco fiable.

Si continuamos nuestra descripción de nuestro Cadejito, nos damos cuenta que este en la variante del sur de Honduras, se aparece sobre todo a loa jinetes que se pasean en altas horas de la noche y durante las noches de luna.

La descripción que Zacarías Gutiérrez y Santos Hernández hacían del cadejo, describían un animal pequeñísimo en forma de perro. Ese, según ellos, es blanco (o negro segun el caso) y pachón y lo que hace la diferencia entre un perro y otra cosa es que tiene los ojos rojos como fuego y la cola está completamente desproveída de pelo y de carne. La cola es simplemente una cadena de huesos que se entrechocan al ritmo del trote del animalillo. Ese tableteo óseo previene al caminante de la presencia del espectro. En los caninos ese animal aparece al lado o delante de los jinetes y los acompaña o les obstruye el camino durante el camino hasta la casa.

Mi papa decía que el cadejo blanco es una verdadera compañía y que por ningún motivo hay que espantarlo tratar de darle golpes con las riendas o siquiera insultarlo. Si se hace eso el animalito gentil se convierte en un verdadero monstruo que toma formas horripilantes capaces de volver loco al más valiente de los valientes.

El cadejo negro, según el testimonio de los campesinos nunca aparece al lado de los jinetes. Este aparece de frente y le propósito es de inmovilizar el caballo o la mula con el fin de atacarse al jinete. La manera de inmovilizar la cabalgadura es pasando entre las patas del caballo, comenzando por las patas de adelante. Al pasar así entre las patas del caballo, este queda completadamente inmóvil y por más que uno espuelee al caballo este no se moverá. Una vez inmóvil el Cadejo negro se monta en ancas y hace ver las peores visiones de horror al jinete.
Decían los viejos que si atacabas al blanco, además de hacerse enorme éste se te maneaba el palenque y te dejaba allí plantado toda la noche y por nada ni nadie te podías mover ni bajarte del animal hasta la salida del sol.

De todos los que me contaron historias del Cadejo, sólo mi mama tuvo loa osadía de atacarlo. Mi mama era un tipo de mujer que, según ella, le gustaba el jolgorio. Iba a las fiestas montada en la mula pedorra de mi abuela. Aclaro que era la mula la pedorra. Ella también comerciaba con productos agrícolas, maíz y frijoles entre otros. También era rezadora y pertenecía, según ella, a la orden de los laicos franciscanos. Aun cuando iba a los bailes siempre andaba fajada la cuerda de san Francisco, que había bendecido el padre Urcuyo. Esa cuerda aun está en el viejo baúl de mi mama y tal parece que cuando muera habrá que enterrarla con ella. Esa cuerda según dicen es poderosa. Ella la protegió de las malas tentaciones hasta los 33 años cuando una vez que fue al pozo se le olvido ponérsela y le apareció el diablo. Éste llevaba por nombre José Izaguirre. El resto de la historia usted ya la conoce.

Bueno, según el relato de mi mama, ella venía de El Anonal de un fandango. Al pasar bajo el palo de guanacaste del panteón de San Pedro, el mismo que supuestamente cubre la sepultura de mi bisabuela, ella vio salir de allí un perrito blanco que se puso à caminar al lado de su mula. Cuando ella vio eso, lo único que se le ocurrió fue sacarse la cuerda de san Pancho. Una vez fuera se la anudo en la mano para no perderla y le pidió al animal que se fuera. El animal siguió caminando sin tomar en cuenta las palabras de mi mama.

Mi mama sabía que ella estaba protegida por el poder del Bendito. Esta doña tenía una armadura divina que ni el mismo diablo hubiese traspasado. Además de la cuerda tenía la Magnifica del cristo negro de Esquipulas, un escapulario con la oración del caminante y un rosario con perlas negras que había traído de sus romerías a El Sauce y a Ciudad Antigua. Además un crucifijo que había mandado hacer con una cadenita de oro que le había dado mi abuela.

Bueno, haciéndole confianza a todos esos perendengues, ella le pidió de nuevo al Cadejo que se fuera. Según ella le dijo que ella no necesitaba compañía que ella tenia suficiente con todos sus talismanes y que el poder de Dios estaba con ella. El perro pendejo no le hizo caso. Entonces mi mama como era güevona y mujer de pelo en pecho, se decidió a pasar a la acción. Bueno como no haces caso, le dijo, aquí te va… y le suelta el primer riendazo con la cuerda de San Francisco. El animalillo no tuvo tiempo de reaccionar y convertirse en el monstruo que mi mama esperaba. Del riendazo que le pegó hizo levantar una nube de polvo de la piel del animal. Este último se metió al monte y mi mama pico la mula al trote hasta llegar a la casa de mi abuela.

Nunca sabremos si en realidad era el Cadejo o el perrito blanco del vecino pero mi mama jura que era el Cadejo y que no le hizo nada gracias al poder divino de sus talismanes.

Mi papa y los trabajadores de la plantación, menos religiosos y más apegados al orden tradicional del combate contra los sobrenatural, Decían que la mejor manera de protegerse contra ese espanto era de lo mas simple. Un buen jinete siempre lleva un sombrero. Mi papa decía que un jinete destapado se parecía a una purrunga y nunca permitió que yo o mi hermano montáramos sin sombrero.

Otro elemento de la parafernalia del jinete es le machete envainado y bien afilado. La pistola es en muchos casos también es parte de ese equipaje. Muchos vaqueros se pasean también con sal en las bolsas del pantalón. La sal protege a estos de las garrapatas y les ayuda muchas veces a atraer las vacas y las mulas que se esconden en los matorrales.

Todos esos elementos son efectivos contra el poder del Cadejo. Mi papa decía que cuando se agarra un camino solitario y si se tiene temor de encontrarse con un espanto, el jinete sólo tiene que ponerse el sombrero lo de atrás para adelante y problema resuelto. Eso es algo así como la medicina preventiva. Sin embargo, si el cadejo le manea la mula, el mejor remedio es llevar lo más frecuentemente un limón. Entonces saque su limoncito córtelo con su machete y muerda la hoja del machete. Allí nomasito la mula comienza a moverse y el cadejo se desvanece. Después de eso, decía mi papa, sólo le queda picar la mula y si se olvidó ponerse el sombreo como le dije antes, hágalo y vera que llegara con bien. Cuidado! no muerda el machete del lado del filo porque si es bocón, su boca se le puede hacer más grande.

Así pues termina este relatillo que como ve da una visión un poco diferente de la que generalmente se encuentra en Internet. Busquen relatos y compruébenlos con loa viejos. Transmítanlos, esos cuentos forman parte de nuestro patrimonio cultural.

Si alguien conoce la leyenda de la chula le agradecería me la transmita necesito cotejarla con la mía… un abrazo

miércoles, 17 de febrero de 2010

Oraciones, Cuentos, fantasmas y agüisotes : volumen 1

Les quiero dedicar un capítulo en el que muchas de las supersticiones (palabra ami modo de ver peyorativa de lo que debería llamarse práctica y saber tradicional) con las que crecí quedaran de manifiesto. Les contaré que increíblemente crecí en un universo de duendes, fantasmas, y fenómenos paranormales que posiblemente tienen una explicación racional.

Abordaremos sujetos que tienen que ver con la felicidad, la tristeza, el amor, la impotencia sexual y otros menesteres. Todo se hará de manera mas o menos seria y haciendo alusión a ciertos datos biográficos. Les advierto que toda similitud real o aparente con personas, perros y gatos vivos o muertos es pura coincidencia.

1.- Mis miedos de niñez.

No insistiré en decirles que en la montaña oscurece mas temprano que en le Puelo. Los árboles que rodeaban la casa ensombrecían el paisaje desde la puesta de sol. Mi mama nos había enseñado a tener miedo de un montón de cosas. Ella nos decía que cuando un pájaro que le decían La guía del león cantaba cerca de la casa era porque el León (jaguar) andaba cerca y que nos podía comer.

También nos hablaba del mal de ojo y a eso le teníamos un miedo horrible. Esto del Ojo es una traición muy antigua que se manifiesta de diversas maneras en la cultura latinoamericana. El Ojo puede causar mucho daño, puede matar personas, árboles, sembradíos, etc. Es provocado por el poder de la vista de ciertas personas quienes no lo usan de manera conciente.

Las personas hacen Ojo, lo hacen sobre las cosas que encuentran bonitas, o que desean. Según la tradición los niños, las plantas y los animales domésticos son los más vulnerables.

En mi aldea había una doña, Chon Merlo se llamaba y ella hacía Ojo. Y no era cuestión que sólo te guiñaba el ojo, ella tenía la reputación de poder causar estragos sobre la persona que sucumbía a su mirada.

Un macho de los de mi papa, El Tango, se salía siempre del potrero. Ese animal era indomable y hasta brujo decían las gentes que era. Ese macho lo encerrábamos en el potrero y al día siguiente lo encontrábamos en la aldea. No había cerco que lo detuviera.

Un día el tal macho fue a visitar los matones de caña piña que tenía doña Chon. Se comió toda la caña y después se echó a dormir sobre los matones. Doña Chon se levanta al siguiente día y mira los estragos que el puto macho había hecho con su caña piña. Y comienza una retahíla de insultos y maldiciones contra el Macho.

Por la sangre de cristo macho mal nacido esa caña te a de dar indigestión.

Macho hijo de la gran puta, que te dio por venir a comerte mi caña …
Y el viejo malvado de tu dueño que no te amarra. Maldito animal por que te comiste mi caña a caso la mía es mas dulce que la del cañal de Joche Izaguirre, ese viejo tiene miles de matones de caña porque te veniste a comer la mía.

El macho se levanta, con mucha paciencia, se tira unos cuantos pedos olorosos a cachaza y queda viendo a Chon.

¡Díos mío! El punto culminante de la cólera de Chon.

¡Pero que animal viejo descarado! Pedorrearse frente a mí y de ribete quedarme viendo.
Yo te maldigo macho bandido, por llagas del peregrino, por la cruz los clavos y las espinas que torturaron a nuestro señor yo te maldigo. Macho maldito, morirás flaco con la carne pegada en los huesos y por mas caña que comás nunca te engordarás.

¡Dicho y hecho!

Mi papa fue a traer el animal y después de haberle aguantado unos cuantos vituperios de la parte de doña Chon, se metió la mano ala bolsa le pago los daños y se fue. El Tango se enflaqueció y por mas inyecciones de Emicina y concentrado y todo lo que mi papa le daba, nunca engordó, se quedo flaco y murió flaco.

Esa doña era poderosa, yo le tenia un miedo Caballo.

Me acuerdo que mi mama tenía un palito de chiles bravos. Bien bonito el palito, verde bien copado y con chiles en todos los estados: verdes, maduros, sazones…
Un día, doña Chon llegó a la casa. Mi mama bien nerviosa la acogió y me dijo que tuviera cuidado de no mirarla mucho y que no me dejara tocar. También me dijo que tenía miedo por su palo de chiles. Todo el rato que Chon estuvo en la casa mi mama se las arregló para que Chon no fuera del lado del palo de chiles, lo que funcionó por un momento.

Los caminos de las tripas son impenetrables, igual que los caminos del Señor. Después de haberse bebido uno cuantos vasos de fresco de tamarindo fermentado, doña Chon decidió de ir a hacer sus necesidades fisiológicas y de paso ir a orinar.
El charral que ella escogió para tales menesteres estaba cerca del palo de chiles y….

Mi mama, se puso con los talones en la nuca. ¡Ay! San Benito, protege mi palito. San Francisquito que Chon no le haga ojito. Virgen de la valija madre de los desmallados, protege mis chiles. Bueno, la doña Virginia bajó todos los santos del cielo, pero…

De regreso, doña Chon le dice a mi mama:
“Díos mío mi lindo, que bonito palo de chiles el que tiene. Me había de dar unos cuantos chiles…”

El cielo entero cayó sobre la cabeza de mi mama: Chon, había visto y posiblemente tocado el palo de chiles.

Mi mama le dice a Chon:
coja todos los que quiera de todos modos hay bastantes.

Chon regresa al palo de chiles…

Otra angustia para mi mama por que esta vez si era cierto, Chon había tocado el palo.

Chon se fue y mi mama quedo preocupada. Eran ya como las 4 de la tarde cuando mi papa regresó de trabajar. Bien sudado venia el viejo.

Mi mama se precipita y le dice:

- José, quitate la camisa rápido.

- ¡Bueno! ¿Qué te pasa mujer?

- La Chon vino y tengo miedo que le haya hecho Ojo al cipote.

Mi papa se quita la camisa mojada de sudor, mi mama la toma y me envuelve en ella. Me restregó toda la cara, la espalda, la panza, los cañifles y al mismo tiempo rezando. Yo ni sabía que pasaba, pero me gustaba el sabor salado que dejaba el sudor de la camisa de mi papa en mi boca.

Cuando termino el ritual mi mama me dijo: Ahora si ya estas protegido, el Ojo de Chon no tendrá efecto en vos, pero quien sabe lo que va a pasar con mi palo de chiles.

Amigo, para no hacerle más larga la historia, al siguiente día, cunado mi mama fue a regar el palito de chiles en la mañana, la sorpresa no fue grande. El palo de chiles estaba marchito y todos los chiles en el suelo. Ni todas la oraciones y las candelas de mi m ama sirvieron de barricada contra el mal de Ojo de doña Chon.

Lastima que ya se haya muerto la doña, sino le hubiera pedido que fuera ha guiñarle el ojo a Micheletti o a Moncho Custodio.

¿Pero sabe qué? Uno no tenía que decir nada, ni enojarse, ni nada, porque no era culpa de la doña ella no pidió nacer con ese asunto.

Esto del Ojo es cosa seria. Si alguien le hecha Ojo usted padece de fiebres, vómito, diarrea verde, tembleque, somnolencia consecuencia de la debilidad producida por la deshidratación, etc. Ningún remedio de botica le funciona. Ni las pastillas de Halloyvan o el jarabe Gargantol le funcionan. El antídoto para la cosa es hacerse rociar con guaro y ruda por la persona que lo ojeó o por una que tenga la reputación de hacer el mismo mal.

El rociado no es nada complicado. La ojeadora o el ojeador tienen que estar en el mismo cuarto que el ojeado, con algunas personas cercanas, la mamá o el papá del niño. La rusiadora, después de haberse echado unas cuantas oracioncitas y haberle pedido perdón y encomendado el ojeado a Díos, se echa un buen pijazo de Yuscarán (Aguardiente), después mastica un pucho de ruda, se llena la boca con guaro y rosea a la victima en el pecho, en la espalda y los pies.
Si es Ojo lo que tiene el paciente, con esa roseadita se sanará; sino, el Gabriela Alvarado no esta lejos del pueblo.

La próxima les cuento otros miedos y un remedito eficaz contra las verrugas.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Si me ven, si me ven voy camino de Belén o navidad en la montaña

En algún lugar de este Blog les dije que nací en una aldea del municipio de El Paraíso. El Palo Verde se llama esa aldea. Allí crecí hasta los 7 años cuando mis padres decidieron que tenían que irse al pueblo porque mis dos hermanas mayores tenían que ir a la escuela secundaria.

Mis dos hermanas mayores Flora y Yelba vivían parte del año en el pueblo donde iban a la escuela, pero durante los meses de octubre, noviembre, diciembre y enero la familia se encontraba toda reunida en la casa de la montaña. Es de aclarar que en esos meses se desarrolla la cosecha de café. Esa actividad hace que los campesinos manoseen un poco mas de dinero que el resto del año y se permitan ciertos lujos.

Así pues, en diciembre estamos en plena cosecha de café, pero ya des de el mes de septiembre aproximadamente los preparativos para la fiesta de navidad comienzan ha hacerse sentir.

Uno de los platos típicos de Navidad son los tamales o nacatamales (http://www.tutifruticonmistela.blogspot.com/) y había que prever ciertos ingredientes desde los meses antes. Así, mi mama le decía a mi papa: Mirá José, cuando pases por donde doña Juana proponele un chumpe pichón. Lo vamos a engordar para los tamales de Noche buena.

Si no mi mama reservaba unas dos gallinas que llegado el tiempo de Navidad estaban suficientemente gordas. La otra alternativa era de verificar quien iba a matar chancho y encargarle la carne de antemano.

Los meses trascurrían y todos teníamos ganas de que la navidad llegara. Todos sabíamos que Navidad era sinónimo de estreno, de melcochas, de confites, tamales, torrijas… Para otros Navidad era el tiempo de ponerse a pichinga gratis, sea con rompopo, mistela, guaro o chicha.

Llegado el mes de diciembre las cosas se ponían mas calientes. Me acuerdo que mi papa me decía: vallase a cortar café con la negrita (mi hermana Melba). Si llena cuatro cumbos diarios le voy a comprar una papada para nochebuena.

Yo agarraba mi cumbito me iba a cortar café con mi hermana Melba y con los mozos. Allí andaban Sofía Moncada con sus chigüines, Santos Hernández y su familia, Zacarías Gutiérrez y su mujer, Felícito, Toño Flores, Pantaleón Mendoza, y otros queridos y recordados viejos. Yo me iba con mi cumbito pero más que cortar café me la pasaba jugando con los cipotes de los trabajadores. Y de vez en cuando le ponía café al cumbito, y llenaba uno o dos. Después me ponía a cantarles canciones rancheras a los mozos quienes me daban una puñada de café y de puñada en puñada llenaba mis cuatro cumbos.

El 23 de diciembre en la mañana mi papa reunía a todos los trabajadores y les decía. Mañana es nochebuena y vamos a tener que parar la corta. Mañana vos Licho y vos Toño se vienen conmigo al pueblo, Vamos ir a dejar un flete de café y vamos a traer provisiones para festejar nochebuena.

Usted Panta, antes de irte a cortar café quiero que valla a cortar hojas de guineo chato y cáscaras de guineo para los tamales de Virginia. Corte bastantes porque la vieja dijo que iba a llenar las tinas para todos.

El 24 de diciembre en la madrugada estábamos ojo al cristo para saber donde chillaba el chancho. Ya mi papa agarraba su mula y se iba a buscar la carne para los tamales. Desde que las gallinas se tiraban del palo mi mama agarraba las gallinas gordas, les retorcía el pescuezo, las metía en agua hirviendo y las desplumaba.
Al regreso de mi papa le daba la carne a mi mama que comenzaba a adobarla y prepararla para los tamales. Mi hermana Melba y yo nos levantábamos e íbamos a buscar los terneros y mi hermano las Vacas. Mientras tanto mi papa se ponía a lavar el café para prepararse para ir al pueblo.

Hacia las ocho de la mañana, después de haber comido, mi papa llenaba los sacos de café (aproximadamente 120 libras de café húmedo por saco) y mi hermano con Licho y Toño preparaban las mulas para ir a dejar el café al pueblo. Cargábamos las mulas (los nombres de las mulas eran : El chingo, el Tango, el renco, el chilindrín, La mula Rocía y otras mulas que le prestaba el compadre Toño Tercero) a veces partíamos con 8 mulas cargadas de café. Mi papa se iba con dos trabajadores y no regresaba hasta la tarde, hacia las 4 de la tarde.

En la cocina era un sólo cachimbello. Las mujeres moliendo el maíz para los tamales, colando la masa, friendo el arroz, cortando las papas, haciendo los tamales y poniéndolos en las tinas a cocer. Eso duraba todo el día. Me acuerdo que ponían a cocer los tamales como a las doce del mediodía para que estuvieran listos cuando todos mozos regresaran del trabajo.

Nosotros con otros cipotes no íbamos a buscar hojas de pacaya y espinas de pino para preparar el Nacimiento. Doña Caya nos hacia unos monigotes de barro que representaban La virgen María, José y los reyes Magos. Y allí poníamos todos los juguetes que teníamos para adornar el nacimiento. La casa olía a pino fresco y a comida.

En lo que menos acordábamos el día había pasado. A las cuatro los primeros trabajadores comenzaban a salir de la finca cargados con sus sacos de café. Comenzábamos a medir el café y a bromear sobre lo que iba pasar después.

- Jodido, decían, hoy si nos ganamos el tamal de la patrona.
- Puta, decía, otro si don Joche no me da una juca (cerveza) hoy, no vuelvo trabajar con él.
- Y para que querés una juca, le contestaba otro, no tenés suficiente con la Marta.
Y todos reían.

Cuando todos los mozos habían terminado de medir, mi mama pagaba las planillas y contrariamente a lo que ocurría todos los días cuando todos los trabajadores se iban a sus casas, el 24 de diciembre todos se quedaban esperando algo.

De repente oíamos un chiflido agudo a unos kilómetros de la casa. Mis hermanas y yo nos poníamos excitados por que sabíamos que mi papa regresaba del pueblo y traía cuetes y chifladores.

Llegaba el patrón con los frescos y la cerveza y el jolgorio comenzaba. Las tinas de tamales se destapaban y mi mama les daba de comer a los mozos mi papa les daba frescos a los chigüines y los viejos una cerveza. Hacia las cinco de la tarde todos se iban y sólo quedábamos en la casa la familia y los trabajadores que vivían con nosotros.

¿Y que me trajo papa? ¿qué me tajo? le preguntábamos todos.
Ya mi papa abría las arganillas y sacaba los estrenos…
Un pantalón y una camisa para mi, zapatos para mis hermanas, cuetes, una pistola de hulea para mi y bueno… un montón de perendengues.

Y bueno, a bañarse con agua tibia para ponerse chulo.
Mi hermano y los hombres mayores se preparaban para ir a bailar al valle.

Valla mijo, me decía mi papa, vengase que nos vamos para donde el compa Moisa. Yo me ponía contento porque me iba con mi papa donde mi madrina Cristina a dejarle tamales y yo sabia que mi madrina me iba a dar un regalito. Llegábamos donde mi madrina y después de jugar con los cipotes (Reinelda, Moisés y Julián) mi madrina me llamaba y me daba algo, a veces cubos de hielo, galletas saladas, confites, tabletas, rosquillas… ya nos montábamos en las mulas… y de regreso a la casa.

En la casa también había vista, doña Emilia Rugamas venía a dar una vuelta, las Moncada, doña Luisa Mendoza, Chinda Arriaza y otra gente que se iban como a las 7 de la noche porque vivían un poco lejos de la casona.

Después cuando todo el mundo se iba, volvíamos a quedar solos. Mi papa prendía su cigarro junto con mi mama, y mi hermana flora prendía el radio para oír música o las aventuras de Kalimán el hombre increíble que pasaba a las ocho y media en radio Paraíso.

Ya como a las nueve y media nos íbamos a acostar, pero seguíamos oyendo, a lo lejos, la música del trocaviscos de las Moncada. Los jóvenes nos dormíamos. Allá como a las once y media oíamos las guitarras y las mandolinas de los Midensce que venían a darnos serenata. Allí oíamos a Cresencio, a Gilberto, a don Goyo… dándole mejengue y cantando.

Titundi, titundi, titundi, tundi, tundi…

Dispertate vida milla dese sueño tan projundo
Quelque te viene a cantar es el que tiama en este mundo…

Titundi, titundi, titundi, tundi, tundi…

Ya oíamos a mi papa que le decía a mi mama: Levantémonos Virginita vamos a tener que recibir la serenata.

Ya mi mama se levantaba y nosotros también.

A comer tamales y dulces y a oír las canciones de los Midence.

A las doce de la noche los cuetes comenzaban a oírse. Ya nosotros sacábamos los nuestros y los reventábamos. Cuando mi papa tenia pistola la sacaba y tiraba unos cuantos tiros al aire y así recibíamos el Nacimiento de Jesús. Felicidades, felices Pascuas, feliz Navidad… Los Midence se iban con sus guitarras cantando y nosotros nos íbamos para la cama.

Al día siguiente mi hermana Griselda nos levantaba un poquito mas tarde y la rutina comenzaba de nuevo… los terneros, las vacas el café… Pero ese día era diferente de los otros, todos teníamos una anécdota que contar y un nuevo recuerdo que conservar como el que les vengo de contar.

Feliz Navidad

viernes, 25 de diciembre de 2009

El Amador se me Rugama de ternura, se Guatemala todo y se me Honduras.... (Daniel Viglietti)


El último episodio de la entrevista de mi mama. En este pedazo de biografía mi mama nos cuenta dos hechos históricos que marcaron la vida de Honduras y Nicaragua.
Los hechos pasan entre 1959 y 1963, en Centro América los primeros brotes revolucionarios organizados comienzan a tomar forma. Así en nicaragua el Partido Socialista Nicaragüense organiza una brigada de guerrilleros que ingresan a honduras por la frontera sur oriental entre Honduras y Nicaragua. En esa brigada se encontraba Carlos Fonseca Amador, fundador del FSLN. Tal parece que mi abuelo los escondió en la casona de La Arabia. Estos guerrilleros fueron emboscados en un punto conocido como El Chaparral. En ese lugar los ejércitos de Honduras y Nicaragua emboscaron los guerrilleros, mataron un buen número de ellos y capturaron a Fonseca. http://en.wikipedia.org/wiki/Carlos_Fonseca

Los cambios políticos en Honduras llevan al poder en esos años al Dr. Ramón Villeda Morales quien impulsó un cierto número de reformas bajo la presión de movimientos sociales hondureños. Estas reformas socializantes constituían un peligro para los grupos patronales de la época. De esta forma en 1963 el ejército da un Golpe de Estado que genera una ola de represión contra los miembros del partido Liberal y de los sectores organizados de Honduras. Es el nacimiento de Los Cabos Cantonales que sembraron el terror en la campiña hondureña.

El pasaje de los guerrilleros de El Chaparral y el golpe de Estado de 1963, son abordados por la doña. Aquí pues les dejo este ultimo capítulo de esta entrevista.

DI.- Yo quiero que me cuente una pasada cuando pasaron unos guerrilleros por allí

VM.- ¡Si! Pasaron, con armas unos rifles llevaban… Los encerramos… los tuvimos encerrados allí en una pieza, escondiéndolos.

DI.- ¿Quienes eran esos hombres?

VM.- Fijate vos que de los nombres de esos hombres no me acuerdo. Pero me parece que uno de ellos era Fonseca. El clavo es que no era yo quien lidiaba con ellos, era más José quien se ocupaba de ellos. Yo lo único que hacia era la comida. Uno de ellos salía y les llevaba la comida a los que estaban adentro. Allí estuvieron dos días y dejaron un poco de rifles.

DI.- ¿Quién fue el que le regaló a usted un estuche de cirugía pues?

VM.- Un doctor que iba allí con ellos, pero yo no se como se llamaba ese doctor, era un gringo, era blanco y no hablaba bien el español y el me regaló el estuche con unas jeringas de vidrio, agujas, unas tijeritas y un poco de gasa y unas ristrotas de pastillas sulfatiacinas (chumpinas) sulfatiasol y una caja de penicilinas. Y se fueron.

DI.- ¿Y para donde se fueron?

VM.- Ellos la salida que dieron fue para ese chaparral (región montañosa del municipio de Las Trojes). Ellos dijeron que se iban para Nicaragua, pero luego dijeron en las noticias que los habían matado a todos allí en el Chaparral.

DI.- ¿Y los rifles que dejaron?

VM.- Los rifles que dejaron los enterraron allí adentro de la casa. José los enterró adentro de la casa en la pieza donde dormían los hombres, a la orilla de la pared. Como el piso era de ladrillos de barro, sacó los ladrillos, hizo el hoyo y allí los enterró. Luego puso el ladrillo de nuevo y no había ni seña de que había algo enterrado allí.

Cuando los militares llegaron las armas ya no estaba allí. Don Lencho las había sacado. De noche los sacó don Lencho.

DI.- ¿Quien le ayudó a mi Abuelo a sacar los rifles? Por que yo me acuerdo que una vez mi papa contó esa historia y contó que otro hombre de allá de la montaña que era amigo de él le ayudo a transportar los rifles. Cubierto con hojas de pacaya.

VM.- Si las sacaron en mulas con angarillas tapadas con hojas de pacaya, para una navidad, y las habían escondido en unos escaños que había donde don Lencho que tenían como una gaveta, allí los escondieron. De allí a saber que hizo tu Papita con ellos.

¿Y cuando fue que usted mando a buscar a los militares debajo de las cacas de gallina?

VM.- Eso fue otra vez, cuando llegaron a rodear la casa, eso fue cuando el golpe de Estado (1963 golpe militar contre Ramón Villeda Morales). Eso fue cuando el golpe de pajarito. Allá estábamos en la Arabia cuando el golpe.
DI.- ¿Ustedes no vivían todavía en el Palo verde?

VM.- No, allí estábamos en La Arabia para el golpe de Estado, y llegaron los soldados y rodearon la casa. Allí llevaron a don Lencho con ellos. Y ya se puso don Lencho recostado en la mula que tenía porque no llegaban carros todavía.

Eso tronaba el tropel de los militares en el contorno de la casa. La mula de don Lencho se metió al corredor de la casa y él se puso a ver los militares lo que hacían en su casa.

Y veo que están desarmando a don Lencho. Entonces me voy por una puerta que daba por detrás hacia la finca, para ir a esconder la pistola de José y metérmela yo en la bolsa del delantal porque la pistola era chiquita.

Yo que entro por la puerta del lado para sacar la pistola de debajo de la almohada y José que sale por la otra puerta para dársela a los militares. Mirá vos ese José a sido miedoso. La perdió la pistola. Si yo la hubiera agarrado no la pierde.

Y entonces registrando todo aquello, levantando cajones, abriendo los armarios, los bunques de maíz que tenia don Lencho. Y me dicen a mí ¡abra ese cofre! Y les digo yo: aquí no les tengo nada yo, aquí sólo cosas privadas tengo yo… mi ropa… y yo no tengo nada… y además aquí no hay adelitados y aquí no hay nada de lo que ustedes buscan. Y entran a la cocina y tratan de abrir un bunque que había allí… uno entra con el rifle y otro lo seguía con una pistola y les digo yo: Allí en ese bunque no hay nada, saben onde hay, les digo yo, Allí debajo del tambo de esta cocina, allí hay algo. Y se van en carrera a buscar debajo de la cocina… y allí sólo mierdas de chancho había… (nos reímos). Y salen los soldados todos llenos de mierda, y les digo yo: Verdad que encontraron lo que buscaban. Mierda buscan, mierda encontraron… Y aquellos hombres bravísimos, se van a registrar la casa de don Alfonso Pagoada…

Allí le rodearon la casa a don Alfonso… y le dicen allí en esa casa de Lorenzo Molina hay una mujer arrechísima que si hubiera tenido rifles se agarra con nosotros.

DI.- Mi papa me dijo que ese do Alfonso fue quien le ayudó a bajar las armas de los guerrilleros a mi papa. El era nicaragüense verdad.

VM.- Si de allí de la Segovia, de Ocotal. El papá de Isacio Pagoada.

Aquí termina esta entrevista con doña Virginia Martínez. Una serie de anécdotas que nos ha llevado por el mundo cambiante de una gran parte del siglo XX. Espero que las historias contadas, tanto por mi padre como por mi madre sirvan a las nuevas generaciones a conocer mejor los orígenes de nuestra familia. Es posible que las historias también tengan parecido con las vividas por otros abuelos y abuelas de otros lectores. Si es el caso compártanlas y coméntenlas.

martes, 22 de diciembre de 2009

El casado, a su casa o a la casa de los suegros.

Pues la Manina que seguimos des de San Pedro del Norte de Potrero Grande, se nos casó. Y se vino para Honduras.
¿Como llegó a pasar este asunto?
Según el testimonio de mi papa, el dandi del pueblo, lo que paso es que a la virginia todos le tenían miedo. Ningún hombre se atrevía a proponerle nupcias. Era un poco como la beata del pueblo. Ella tenia ya como 32 años y nadie se atrevía a echarle el cuento. Si que dice mi papa que se dijo: ¡Que jodido! no debe picar esa culebra, y si pica no mata. Yo me aviento. Y en una desas que voy a San Pedro, en un baile que hicieron la saco a bailar y comienzo a decirle ¡que negros tenés los ojos! (los ojos de mi mama son cafés), y comienzo a contarle de la vacas que no tenía; y a decirle que ya no le robaba los nances porque allí donde yo vivía ahora un solo nance era suficiente para comer una semana.

Le dije que bueno que me gustaba pues, y le dije que si ella me gustaba y yo le gustaba entonces que anduviéramos y así comenzamos a jalar. Comenzamos a jalar hasta que se reventó el mecate y nos casamos y nos venimos para Honduras.

El texto que les entrego cuenta la llegada de mi mama a El paraíso, El Paraíso, Honduras.

DI.- Ahora quiero que me cuente una anécdota. Usted se vino para Honduras, usted se fue a meter a La Arabia (hacienda de mi abuelo)…

VM.- ¡Si! El mismo día que me vine casada… Yo me casé un dos de mayo, del año no me acuerdo. Estuve un mes casada allá ( en San Pedro) antes de venirme. Cuando me vine llegamos aquí temprano (a El Paraíso) y le dice Chepita a José: Dejá a Virginia aquí José, le dice, y mañana en la mañana la venís a llevar, le dice, si no se quedan los dos y se van mañana.

¡Ah, No! Le dice José, es que hoy tengo que estar y allá.

Y nos vamos. Mirá vos, íbamos para La Arabia, allí era donde estaba José, no había carretera, no había nada… Nos fuimos a caballo. Había una bajada donde tenían marcadas las bestias los cascos así ve, como una escalera ve… chacas, chacas, chacas, las mulas en el lodo, en un guindo así paradito como esta pared.
Bueno pues, allí llegamos. Allí estaba Chila Herrera, allí en la casa…bien alegre Chila cuando nos vio. Ella nos dio de comer y todo. Pero la cosa es que Chila no quería que hiciera nada yo. Y que iba a ser eso, yo de niña bonita allí, y Chila dándonos de comer a los dos yo sin hacer nada y dándonos de comer allí a los dos.

Entonces le digo yo a José: Mirá José, yo no estoy acostumbrada a que me den de comer en la mano. Yo voy a comprar la provisión y yo voy ha hacer mi comida… la comida de nosotros los dos, le digo.
Entonces compró la provisión y cuando ya compró la provisión, le digo yo: Y quien nos va a mantener aquí… porque a el no le daban nada. En la planilla de la semana no se ponía ni tres Lempiras peor treinta, a que le saliera a lempira el día de trabajo, nada se ponía en la planilla… No le daba nada don Lencho… Bueno yo voy a cuidar gente le digo yo. Decile a Chila que me de unos tres de los que ella cuida… unos tres o cuatro para darles yo la comida.

Entonces les dice José: ¿Quién de ustedes quiere comer aquí?

Porque Chila cuando llegué yo se apartó a la casa de los trabajadores y a mí me dejaron en la casa grande.

Entonces dijo Santos Zelaya: ¡Yo!
Entonces dijo Luis Lobo: ¡Yo!
Entonces dijo Pedro Cruz: ¡Yo también que me de de comer Virginia! Y del otro no me acuerdo, el caso es que eran cuatro.

Ya me puse a moler yo, a pura piedra, y a puro molino, para darles a comer a aquellos hombres. A cincuenta centavos el día mijito. Y los domingos comían y ese día no me lo pagaban porque así los tenían acostumbrados. Ya a la semana salía yo con 14 Lempiras y con 5 compraba yo la provisión de la semana.

Y así nos fuimos llevando. Luego ya cuidaba más y más hasta que hubo tiempo que cuidaba 30 mozos (trabajadores Agrícolas) a pura piedra y molino. Sin trabajadora, porque las trabajadoras que llegaban allá no aguantaban cando miraban aquellos tonelotes de maíz… que había que molerlos. Eran tres canastos de tortillas los que había que llenar.

Esa historia duró hasta 1962 cuando los viejos decidieron de irse a vivir a El Palo Verde donde habían comprado unas tierritas. Allí fue donde nació su servidor en 1966.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Que no les dijimos: Bandidos, perros viejos… (Virginia Martínez)

La doña que no tenía más que contarnos, nos regala aquí una de sus primeras aventuras en oposición a la autoridad militar. Una anécdota que tiene como protagonista a mi tío Mariano y a Benigno Rodríguez.

Por ay dicen que mi tío era mosquita muerta, pero parece que con unos buenos tapirulazos entre pecho y espalda le daba por hacer travesuras. Bien sabemos que le gastaba los cerillos a mi abuela matando sapos con Chente Izaguirre, pero esa es otra historia…

DI.- ¿Y que más tiene que contarme pues?

VM.- Nada, ya te las conté toditas.

DI.- ¿No se le olvida nada?

VM.- ¡No!

DI.- ¿No se le olvidan ni las putiadas que les pegaba a los guardias?

VM.- ¡Ah! (nos reímos a carcajadas y continua) Bandidos que traían a Mariano preso. Era el entierro de no me acuerdo quien, no me acuerdo quien fue, y andaban ellos en el entierro y de allá venían y se embolaron. Entonces encontraron a Salomón Cañadas y Benigno lo agarró de una canilla, lo bajó del macho y lo tiró al suelo y se fue corriendo y Mariano iba con él. Entonces salieron corriendo con Mariano huyéndole a los guardias.

Di.- ¿y porque andaban huyéndole a los guardias?

VM.- porque los iban a capturar, porque los iban a echar presos porque andaban bolos.
Benigno se logró pasar allá por el lado de la Montaña de la Olla para Honduras, y el Mariano como iba tan bolo, se cae debajo de un palito que había así, de uva. Allí se metió el y se durmió.

(De repente la historia no esta completa. Es de notar que el contrabando de Cususa entre San Pedro y Honduras era fuerte. Y es por eso que los guardias eran poco tolerantes. Por allí cuentan que don Esteban Cepeda, el marido de mi tía Julia, se dedicaba de vez en cuando a estas actividades. Un día, lo agarraron los Guardias en una tapada, con la arganillas llenas de botellas de cususa. El guardia que lo paro lo conocía, y le dice:

- ¡Parece allí don Esteban!

Don Esteban asustado no encontró otra solución que hacerse el loco y se paró. Aquí el dialogo entre don Esteban y el Guardia:

GN.- ¡Parece allí don Esteban!
EC.- ¡Parece allí don Esteban!

GN.- ¿Para donde va don Esteban?
EC.- ¿Para donde va don Esteban?

GN.- ¿Qué lleva allí don Esteban?
EC.- ¿Qué lleva allí don Esteban?

GN.- ¿Cususa verdad?
EC.- ¿Cususa verdad?

GN.- Bueno don Esteban lo vamos a meter preso
EC.- Bueno don Esteban lo vamos a meter preso

GN.- Bájese de la mula
EC.- Bájese de la mula

GN.- Este viejo baboso está loco
EC.- Este viejo baboso está loco

GN.- Quítenle las arganillas y déjenlo ir
EC.- Quítenle las arganillas y déjenlo ir

GN.- Esta vez lo vamos a dejar ir, pero si lo volvemos a ver con esa mierda, lo vamos joder don Esteban
EC.- Esta vez lo vamos a dejar ir, pero si lo volvemos a ver con esa mierda, lo vamos joder don Esteban

El tío Esteban creo que no volvió a contrabandear con Gato de monte)

VM.-… y cuando los guardias pasan ¿verdad? Detrás de Benigno, no lo agarraron, de regreso hayan a Mariano dormido y nosotras íbamos detrás, yo y la Benita como que era la otra o la Cheva, no me acuerdo bien… al caso que cuando lo estaban sacando a Mariano de debajo del palo de uva, bien bolo. ¿Qué es lo que pasa pues? Les dice mariano bien bolo ¿Qué es lo que pasa pues? ¿Qué es lo que pasa pues? ¿Qué es lo que pasa pues?
¡Eh! Tal por cual (hijo de puta) no sabes todavía lo que pasa, ustedes acaban de escapar de matar un muchacho, ay lo bajaron de la bestia y lo mal mataron y todavía no te das cuenta de lo que pasa.

Entonces nosotras agarramos a Mariano y les decimos a los guardias.


- Ustedes no se llevan a Mariano preso.

- Como que no lo llevamos preso, aquí no lo llevamos pues. ¿Quién manda aquí?
- Pues nostras lo llevamos ustedes no lo llevan, ustedes no lo van a tocar a Mariano

Y lo agarramos de un brazo y de otro y ya nos lo llevamos a Mariano. Cuando íbamos a llegar a la fortaleza porque según ellos eran ellos quienes lo llevaban pero éramos nosotras la que lo llevábamos y según ellos nos llevaban presas a nosotras también.

Al llegar a la fortaleza, nos dice Facto Corrales que era el alcalde:

- ¿Qué es lo que pasa pues?


- Que estos hombres traen a Mariano preso, le decimos nosotras, y a Mariano no lo estan echando preso.

Entonces nos dice él:

- Lleven a acostar a mariano y déjenme a mi arreglar este asunto.


Pero en todo el trayecto nosotras les habíamos dicho negruras a los soldados. Que no les dijimos: Bandidos, perros viejos… y cuando llegamos a la fortaleza les dijimos:
Se acordarán que a Mariano no lo van a echar preso ustedes. Y en realidad… allí estaba Fausto Corrales y nos fuimos con Mariano y allí se quedo él con los guardias.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Por no conocer la letras algunos me han criticado (José de Molina)

Hay algunos que no conocen ni la O por lo cuadrado. Pero parece ser que en la familia de mi mama las cosas eran diferentes. En estas líneas la Manina nos cuenta un poco de su grado de educación y el de sus hermanas y hermano. Así pues, ella relata como aprendió a leer y a escribir silabeado y como se convirtió en institutriz a temprana edad.

DI.- ¿Y usted fue a la escuela?

VM.- Yo estuve en la escuela con una profesora que se llamaba Nicolasa Briceño. Después ella fue mi madrina, porque ella fue madrina de confirma mía. Ella no era una profesora titulada sino una profesora que talvez había pasado la primaria, mejor dicho. Así pues, esa era la profesora que teníamos nosotros. La asistencia de alumnos que ella tenía eran mas de cien…
DI.- ¿Cien…?

VM.- ¡Si! Y ella solita… Y entonces las que aprendíamos primero, por ejemplo, a leer y a escribir… venia ella y nos ponía a nosotros a que les enseñáramos en una pizarra a los que no sabían. Entonces a mí me tocaban diez. A no me acuerdo a quien era la otra, con quien aprendimos primero a leer y a escribir, le tocaban otros diez. Entonces nosotros después eramos las profesoras de de todos aquellos… No si yo solo aprendí a leer y a escribir y a conocer los números. (Según lo que cuentan los viejos los niños aprendían a leer silabeado por ejemplo, el profesor les decía: J O; jo, D E R; der = Piedra de Moler, TA, TA, SI, MI, SI, MI, SI, A, CA = Siríaco Ordóñez).

DI.- ¿Y Cuantos grados hizo usted?

VM.- Allí no le daban a uno certificados. Ya cuando uno aprendía a leer, a escribir, a sumar, restar y multiplicar, ya le decía a uno que había pasado la primaria, decían. Decían que ya tenia uno el sexto grado, que ya había pasado las cuatro reglas le decían a uno.

DI.- ¿pero usted no hizo 6 años de escuela?

VM.- ¡No!

DI.- ¿Cuántos años hizo usted?

VM.- Tres años, pero en los tres años yo no pasaba a más, sólo aprender a leer, a escribir, a sumar, restar y multiplicar eso era lo que nos enseñaban… y hasta eso que yo multiplicar no sabia, sabia más restar que multiplicar porque la tablas nunca me las aprendí. (Póngale cuidao, Cuando nosotros estábamos en la escuela doña Virginia nos arrodillaba una esquina a rescatar las tablas, y no nos levantábamos de allí hasta saberlas de memoria, si no me creen, pregúntenle a la negra que a pesar de los castigos nunca se las aprendió, yo tampoco me las aprendí)

DI.- Dígame, Y don Prudencio (Mi papa), don Joche…

VM.- Ese Nunca estuvo en la escuela hasta ya grande, tuvo un profesor que se llamaba Rómulo Sáenz que era el marido de una profesora titulada que vino de Chinandega y el les daba clases a todos los varones allí en San Pedro, en la noche. Hasta entonces estuvo el en la escuela.
Yo no se nada vos, yo solo aprendí…

DI.- ¿pero usted escribe bien?

VM.- Yo aprendí a escribir porque esa señora, esa madrina mía tenia una letra pero bonita. Los cuadernos que nos hacían eran de papel de oficio y los reglábamos para hacer la letra del ancho del espacio. Para que la letra fuera pareja, que no juera pues… así nos enseñaban a nosotros y escribir, en una pizarra también nos enseñaban.

DI.- ¿y de sus hermanas…?

VM.- La Benita fue la pasó el sexto grado con una profesora titulada que vino de Chinandega.

DI.- ¿Pero mi tía fue profesora de San Pedro?

DI.- Fue profesora y fue directora de la escuela…

DI.- ¿Sólo con el sexto grado?

VM.- Sólo con el sexto grado y tenia más de treinta alumnos y talvez de treinta alumnos talvez se le quedaba sólo uno sin pasar el grado.

DI.- ¿Pero las otras hermanas suyas saben leer y escribir?

VM.- Todas

DI.- ¿Y mi tío Mariano también?

VM.- Mariano tuvo buenos profesores, uno se llamaba Antenor Rojas, era bachiller el hombre y mi mamá le pagó para que le enseñara a Mariano a leer y a escribir.

DI.- ¿Y el hermano de mi abuelo que vivía en Tegucigalpa…?

VM.- Ese le pidió a mi papa que… Mira Juan, le dijo, yo
quiero pagarte lo que hiciste vos conmigo, le dice, que yo mi mamá me platicaba, que vos los primeros uniformes y todos mis libros y cuadernos, y todo, me los diste vos cuando empecé a estudiar, le dice, y entonces yo quiero pagarte a vos con el hijo varón que tenés, le dijo el, quiero darle la educación. Él mando tres hombres expresamente a convencer a mi papá. Primero fue don Evangelisto Arce que estaba en Tegucigalpa y lo mando mi tío a traer a Mariano. Después mandó a Polito Aguirre que vivía también en Tegucigalpa pero era sampedrano. Lo mandó para que fuera a traer a Mariano. Después mandó a Juan Capiz Mondragón, un diputado que era familia de mi mamá y que era de allí del Corpus, lo mandó a traer a Mariano. Y mi mamá no se lo quiso dar. Cuando se lo mandó mi mamá, lo mando con Benigno vos, con benigno Rodríguez, Guayabon viejo que nunca dio con la casa de mi tío Ricardo…

DI.- ¿pero ese tío Ricardo era conocido en Tegucigalpa?

VM.- Si era conocido.

DI.- ¿Y cual era su profesión?

VM.- Era abogado notario público y tenedor de libros y tenía una gran biblioteca. Era el papa de José Pineda Gómez, de Maria de la luz, de Ricardo que se murió y que tal parece diseño en los años 40 la principal calle de México. Allá murió él, en México.

DI.- ¿Y este José Pineda Gómez tuvo hijos?

VM.- Si tiene, pero a saber como se llaman. El que sabe como se llaman porque allí vivió fue Sergio, el hijo de la Concha. Bandido malilla que vieras como lo querían allí, sólo porque era hijo de una hija de mi papá, de una hija del tío de él, lo apreciaron. Lo tenia de recepcionista, recibiendo la gente que venia al consultorio de él, solo eso era el oficio de que tenia allí y el bandidísimo, bruto, no se portó bien.

Después de esta historieta mi mamá dice que no tiene nada que contarme, que ya me las contó toditas, pero no es cierto porque en la aproximas páginas verán otra faceta de la vida de doña virginia, una mujer güevona, una mujer de pelo en pecho como no la parido otra madre… bueno un poco anticomunista, pero en posición a loa chafas.

domingo, 13 de septiembre de 2009

¡Yo ya me confesé con Dios! (Juana Maria Ecalante Mondragón de Martínez)

Aquí les cuento la muerte de mi abuela. La muerte de Mamita Juana, a quien conocí apenas en 1972. Siempre acostada en una cama, como mi mama actualmente, rezongando contra el primo Gabriel que la cachaba los chelines de debajo de la almohada.

DI.- Mama, mi abuela se murió allí acostada en una cama ¿De que le vino eso?


VM.- De la artritis, de le desperfeccionaron los dedos y le agarro hasta la columna, al punto que la quijada la tenia pegada al pecho y no se podía mover le quebró la columna esa enfermedad. Las canillas se le secaron, se le pusieron bien delgaditas. Por último mi mamá se puso bien delgadita.

DI.- ¿Y a que edad le pegó eso? ¿Cuándo usted se casó ya estaba postrada ella?

VM.- No, estaba buena y sana, Le quedó ayudando a la Concha a criar los hijos. Por último hasta molía mi mamá, hacía tortillas, a veces la Concha se iba sabe para donde y la dejaba con los chigüines, y se ponía ella a moler. Cuando yo me casé mi mama estaba buena y sana. Cuando ya estaba enferma que fui yo una vez à San Pedro, me dice la Benita «Virginia pedile perdón a mi mamá, ya todas nosotras le pedimos perdón y a todas nosotras nos ha perdonado, sólo vos faltas que no le has pedido perdón».

Entonces un día yo me arrodillé a la orilla de de la cama de ella y le dije que me perdonara. «No mijita, me dijo, vos sos la única que no tengo nada que perdonarte levantate, me dijo, ya las peroné a todas y yo a vos no tengo nada que perdonarte, me dijo» y en realidad mi mamá yo la respeté como pude… Mi mamá estuvo como siete años postrada, pero de viaje postrada sólo dilató un año.

Cuando yo fui la última vez para vela a ella es porque soñé que se había muerto y me fui.

Yo le digo a José:

-Fijate José que yo soñé que mi mamá se había muerto

Y me dice José:

- Si tenés güevos te consigo unos cien pesos y te vas, me dice así.

Y me acuerdo yo que antes con cien pesos se iba uno a México. Me consiguió cien pesos y me juí. Cuando llegué al Anonal llegué de noche porque me fui a pié desde San Francisco.

Mirá como es uno vos. Fijate que, esa vez había salido un hombre del hospital, que se había fracturado una mano en el Anonal, y lo habían ido a hospitalizar a Choluteca, y entonces cuando yo llegué a San Francisco La Luvinda me dijo, hay se acaba de ir el fulano que va para el Anonal y él le puede servir de compañía. Y entonces me voy con el hombre vos.

Y me dije yo, este hombre es cierto que va enfermo de una mano pero me puede hacer algo. Entonces agarré un garrote…

DI.- Y le quebró la otra mano

VM.- No… (Ríe y continúa) no, agarré el garrote y dije yo « si algo me quiere hacer este hombre, con este garrote le pego un leñazo en la nuca y me lo vuelo y busco yo donde irme a esconder»

Pues me juí… llegamos como a las siete de la noche al Anonal con el hombre. Ya de allí me dice la Matilde: «¿Te va a ir para San Pedro vos? Me dice».

No, le digo yo, me vua quedar y mañana en la mañana, me voy. En la mañanita se fue la Matilde conmigo.

Cuando yo llegué, hacia tres días que mi mama le había dicho a la Benita que si yo había escrito que si había sabido algo de mi. Y la Benita le dice: «Nos escribió mamá, nos mandó un telegrama y nos dijo que entre tres días viene»

Ya ella alegre porque yo ya iba a llegar, y en realidad llegué.

Cuando llegué, la saludé y ella se desmayó, de viaje se quedo allí…

Entonces yo me fui a llorar a un cuarto y la Benita con la Matilde se quedaron allí haciéndole masajes y poniéndole Agua Florida en la nariz. Ya me dicen: «venite vos, ya mi mama volvió»

Ya la salude de nuevo…y alegre ella conmigo. Pero ya desde ese día, desde que llegué yo ella se empezó a agravar. Cuando… la Mausimina… por eso la Musimina a mí no me quiere, la Mausimina Corrales. Ellos iban a celebrar no se que en la casa de arriba en la casa de Facto Corrales, allá al frente de la de mi mamá… con un parlante a todo mecate y allí llegaron gente de Cinco Pinos, un hijo de don Jorge Urcuyo que era el inspector de la educación publica… Allí estaban en un solo relajo. Y la Benita allí estaba atendiéndolos porque allí llegaron onde la Benita, aquel poco de gente. Yo no me quité de la orilla de la cama, y la Matilde se fue para donde la Matildita y yo me quedé con mi mama. Y llegó la Erlinda Rivera a ver a mi mamá y se sentó a la orilla de la cama ella, y miro yo que mi mama se estaba muriendo y me voy yo en carrera y le digo a la Benita: «Benita, mi mamá se está muriendo».

Entonces la Benita les dice las gentes: «Me van a perdonar, les dice la Benita, pero yo no les puedo atender porque mi mamá se está muriendo». Cuando mi mamá oía aquellos cuetes y aquel anuncio aquel parlante ella se gravo de viaje y se murió mi mamá. Entonces, pero un día antes había venido el padre a confesarla y ella no se quiso confesar, fíjate. El padre vino parquió el Jeep frente de la casa y le dijo: «Juanita te vas a confesar», y no la hizo hablar, y ella que era tan católica… y me dice después que se fue el padre: « ¿porqué no tocaron la campanas cuando se fue el padre?» Como repicaban las campanas cuando se él se iba…

DI.- ¿Y tu mamá hablaba?

VM.- A nadie le había hablado, tenia dos días de no hablar. Pero cuando el padre llegó y se fue me preguntó: ¿Porqué no repicaron las campanas cuando se fue el padre? Me dice. ¡ah! Le digo yo:

- ¿Y usted porqué no se quiso confesar?

- ¡Ah! Me dice ella, yo ya me confesé con Dios, me dice. Yo a Dios ya le confesé todos mis pecados, yo ya me siento sin pecados, me dice, porque yo ya se los confesé mis pecados.

Y no volvió a hablar vos. Y llega la Benita y le digo yo: Fijate que mi mama me platicó, me dijo que porque no habían repicado las campanas cuando se fue le padre.

Pues al siguiente día fue cuando te digo que llegaron con esos parlantes mirá y que pusieron esa fiesta y e ese momento fue cuando ella se murió. Y all­í es cuando yo le dije a la Mausimina: Ustedes que mi mamá a sido segunda madre para ustedes, desde que ustedes quedaron si madre, la madre de ustedes fue mi mama, porque todas sus quejas eran con mi mamá, les digo yo, y como se portaron ustedes con nosotros, poniendo esa fiesta, cuando mi mama estaba en agonía. Y vos, le doy su buena a la Mausimina.

El día que enterramos a mi mama, estábamos con ella en la iglesia y en vez de irme a meter yo a otra parte… no me acuerdo que salí a hacer yo de la iglesia porque el padre estaba celebrando la misa y todas comulgamos, y no me acuerdo que se ofrecía para la caja… yo salgo, yo andaba como loca, salgo a toda carrera de la iglesia y en vez de irme a meter a la casa, me voy a meter onde las corrales, vos, Y encuentro a la Mausimina sentadota allí que ni siquiera nos acompañaron en el entierro de mi mamá.

Pues ya la enterramos a mi mama, ya quedo el padre con nosotras y ya nos dio el pésame a todas.

Así termina la vida de doña Juana Maria Escalante. Orgullosa al punto de confesarse directamente con Dios. Humilde al punto de perdonar a los que les quemaron la casa.

Entre tanto, yo y mis hermanas nos quedamos en el pueblo. Allí vivíamos en la casa de don Moisés Sosa, mi padrino, que nos la había prestado porque mis hermanas comenzaban su secundaria. Allí nos quedamos bajo los cuidados de Lupita Maradiaga, la Esposa de Don Paulino Valladares. También nos cuidaba doña Reina la señora de Chepe Lión y de vez en cuando Gloria la mujer de Carlos pedo, nos venia a ver.

En ese año fue el Huracán Fifí, uno de los más destructores de la historia de Honduras. Me acuerdo que llovió tanto que las lombrices de tierra se salieron de los hoyos e invadieron el corredor de la casa. Los caminos de la montaña estaban intransitables y mi papa no había bajado de la montaña. Cuando recibimos el telegrama que nos mandó mi mama desde San Pedro, la Yelba cogió su cara de llorona, la Flora se encerró en un cuarto y la Melba y yo no sabíamos que hacer. La Yelba tomó en mano la situación y nos dijo: Cipotes mamita Juana se murió. Vengan aquí en esta esquina, nos dijo, agarró una candela y nos pusimos de rodillas a rezar las pocas oraciones que nos sabíamos: Unas cuantas Ave Maria, unas Salves, unos credos, unos yo pecador y hasta la oración de san jorge (san Jorge bendito amarra las serpientes de pico y cola) y la de san Isidro (San isidro labrador quite el agua y ponga el sol) nos echamos. Con mucho fervor por cierto, lloramos los tres y así le dijimos adiós a mi mamita Juana.

Allí esperamos que mi papa bajara de la montaña para que respondiera al telegrama y a esperar la vuelta de mi mama. Entre tanto el profesor Moncho Díaz, había organizado un maratón radial para recaudar fondos para los damnificados de Choloma y los otros pueblos de la costa norte. Mi papa bajó de la montaña con un tercio de frijoles que dio a los recaudadores y me dio un daime (20¢) para que se los diera en mi nombre. Allí pase por primera ves en la hondas de radio Paraíso, con Amaya Flores quien tenia el Microondo como decía Cosme Mendoza.

miércoles, 1 de abril de 2009

Es fácil aprender a enseñar pero es mucho más difícil enseñar a aprender (José Larralde)

Después de unas buenas semanas de silencio el Caitudo ataca de nuevo. Mis más sinceras disculpas por haberlos dejado con los frijoles en el pescuezo pero, a veces, la necesidad su-jeta.


En estos párrafos les obsequio otro episodio de la vida de mi mama. Ya mi abuelo se casó, la doña Jesús se había pelado la tusa para Honduras y don Juan Goyo seguía haciendo pisto (reale, bollo, pué) y (consecuencia del de los milagros de la naturaleza o del cosquilleo nocturno) una camándula de chigüines.


Doña Virginia (mi mama) nos conduce, de la mejor manera posible, por los sinuosos caminos de su dura infancia contándonos sus trabajos, la muerte de su padre y bueno, p’a que les escribo si mañana llego.


Démosle entonces la palabra a la Manina.


DI.- Ahora cuénteme una cosa… del lado de su mamá…


VM.- del lado de mi mamá poco sé. Sólo se que mi abuelo era de Morolica y se llamaba Natividad Escalante Ordóñez. Pero la mamá de mi abuelo yo no supe como se llamaba. Y mi abuela se llamaba Benita Mondragón Olivero, era de El Corpus pero era de origen Italiano, era como ver una gringuita, dicen. Era blanquita, zarca… ¡Bonita, dicen que era! (En la pequeña ciudad de Robassomero, cerca de Torino en Italia, hay muchos que tienen el apellido Olivero y muchos de ellos emigraron hacia América entre otros hacia Argentina)


(Sigo preguntándome porque salimos tan fellos, debe ser culpa de mi papa)


DI.- ¿Esa era su abuela?


VM.- Si ella era mi abuela, la mamá de mi mamá.


DI.- ¿Y la mamá de su abuela como se llamaba?


VM.- ¡No! No se nada, nunca supe como se llamaba mi bisabuela. Nunca me dijo mi mamá, Mi abuelo se llamaba así o asa… porque no los conoció ella, porque ella era de El Corpus y mi abuela con mi abuelo se conocieron en San Pedro (del Norte de Potrero Grande) en una emigración que hubo… Para una escasez que hubo que dicen que la gente hasta raíces comía, y emigraban de un lugar a otro creyendo que iban a hallar tal vez mejor vida… y entonces allí se conocieron en San Pedro (Esto si le metemos la pluma, debió haber pasado hacia fines del siglo XIX, un período de mucha inestabilidad política en Honduras. Habría que ver también, cómo se portaba el clima en ese entonces. Recuerden que durante ese período hubo muchos episodios de langosta que arrasaba con las cosechas).


DI.- El señor que venia de Morolica y señora de El Corpus...


VM.- ¡Si! Es que en ese pueblo… toda la descendencia de San Pedro, todos son de Honduras: Los Mondragón, Los Olivero, Sánchez, Izaguirre… (No es por nada que Luis Enrique Mejía Godoy dice, que Somoto fue el primer territorio libre de Honduras)


DI.- Bueno, mi abuela, Juana María Escalante Mondragón, era hija de Benita Mondragón y de Natividad Escalante. Ahora bien, Benita y Natividad ¿tuvieron más hijos?


VM.- ¡Si! Mi mamá que se llamaba Juana María, Cruz Escalante, Evaristo Escalante, Francisca Escalante, Pánfilo Escalante y la última se llamaba Santos Escalante, ella murió soltera (pero ella decía que la esperanza es lo último que se pierde)


DI.- Juana María se casó…


VM.- …Con Juan Gregorio Martínez. Y con Juan Gregorio Martínez tuvieron varios hijos. La primera (en la frente) Se llama Eusebia (La reina de La Gallina) , La segunda (No hay primera si segunda y patrona de El Anonal) Se llama Matilde, el siguiente (La tercera es la vencida) es Mariano (Santo Patrón de la Paciencia y de El Chaparral), después Virginia (A la cuarta ni los bueyes, sólo Joche Izaguirre), seguido de Virginia; la Concepción (¿queres que te pegue Gabriel?) después de Concepción sigue la Benita (Noble dama de la heroica tierra de Matagalpa). Todos de apellido Martínez Escalante.


DI.- Bueno ¿Eusebia se casó con quién?


VM.- Con Baltasar Centeno y tuvieron a la Disnarda, La Rosaneri, Baltito, Avilio, La Olivia que es hija de Juan Antonio Rodríguez… la esperanza, la Lilian… tiene más de 12 hijos pero no me acuerdo como se llaman todos.


La Matilde se casó con Benigno Rodríguez y tuvieron a la Berarda, Benigno, la Sonia, Leonel, Aníbal, la Matildita y Rolando (que me debe un par de Botas).


Después sigue Mariano que tiene a Mario Antonio, tiene a Moisés (no es cuajada, es pozol), la Auxiliadora, tiene a Denis (ser sin vida) y a la otra que no me acuerdo como se llama.


DI.- ¿Estos son hijos de Mariano con?


VM.- La Ernestina Corrales…


Después sigo yo que me casé con tu papa y tuvimos cuatro hijos: la mayor se llama Flora Mercedes (la Julia chela), la segunda se llama Yelva María (el Ayote), la tercera Melba del Socorro (la Negra, la chaparra, o mujer chiquita y mula baya ábranle la puerta p’a que se vaya) y el cuarto Dario (mi apodo se los daré en otra página, en esta como que se me olvidó.


Después sigue la Concha (Concepción), ella no se casó pero tuvo un poco de hijos: La Anadilia hija de Remberto Garache (Pata Chinga), la Ester que es hija de Alfredo Corrales, la Emelina también de Remberto. Ella tuvo dos hijos con Eleazar, una que no me puedo acordar del nombre y Gabriel, y tuvo a Sergio que es hijo de Pedro Rafael. Esos son todos los hijos de la Concha.


Después sigue la Benita, esa si tuvo una ristra de hijos (no tanto como la tía Cheva) (se ríe y agrega) pobrecita mi hermana… la más chiquita…


Ella se casó con Arnulfo Corrales y tuvo a la Gladis, después Arnulfito, después la Marlene, después la Gloria María (mi prima preferida y el eterno amor del llantas ponchadas de Zavalita), después Byron (mi primo bebedor de te de llantén y jodedor de primera) y La Iliana (la más trompuda de mis primas, dicen que se hizo así de tanto comer bolis). Esos son todos los hijos de la Benita.


DI.- ¿Oy mama y usté conoció a su papá?


VM.- Cuando mi papá murió yo quedé de siete años, pero me acuerdo bien que yo lloraba sobre de él, a la orilla de la cama, y que un señor que se llamaba Juan Bautista Mendoza que era gran amigo de mi papá y que fue jefe expedicionario y general de los de cerro, mucho quería a mi papá y nos pastoreaba a nosotros… me acuerdo que me agarró en los brazos y me fue a acostar en la cama. Pero yo me levanté y me embroqué sobre un saco de frijoles que tenía mi mamá y me puse a llorar.


Después, cuando ya enterraron a mi papá me iba al pie del solar, y había una gran piedra allí en el pie del solar, había también una huerta, y yo me subía a aquella piedra, y de esa piedra se miraban todas las cruces del cementerio, y le gritaba a mi papá que me viniera a llevar allí donde estaba. Le gritaba y lloraba yo a gritos, al punto que en aquellas casas de El Cortezal, me oían que yo lloraba… y mi mamá se iba a pastorearme para hacerme llegar a la casa, y yo no me iba de allí hasta que ya era de noche. Ya llegaba mi mamá a pastorearme a ofrecerme cosas para que yo me fuera para adentro…


DI.- ¿Y sus otras hermanas no lloraban?


VM.- ¡No! Nadie lloraba sólo yo… todas lloraban pero yo iba a gritarlo que viniera a llevarme y nunca vino. Por eso digo yo que los muertos no salen ¡mira vos! Y yo era caprichuda, allí me cogía la noche llorando sobre aquella piedra y mi papá nunca vino a llevarme.


DI.- ¿Mi abuelo murió de que edad?


VM.- Mi papá murió como de setenta y pico de años. Murió ya bastante de edad mi papa pero trabajaba…


DI.- ¿Y de que murió?


VM.- De un… que como él trabajaba bastante en minerales, él se resfrió la vista. Eso le dio dolor en un ojo y nunca quiso que lo trataran. Perdió el ojo, no miraba con el. Y ese señor que te digo yo, ese don Juan Bautista Mendoza, le ofrecía llevarlo donde el quisiera, si a León, a Managua onde él quisiera que le fueran a operar ese ojo y nunca quiso él. Él decía que el doctor de él era Dios y que si Dios quería que él se aliviara, él se iba a aliviar sin necesidad de que lo llevaran donde un doctor. Y tomaba pastillas vos, que era barbaridad. En aquel tiempo salían pastillas en unas tarjetitas y yo me acuerdo que nojotros recogíamos aquellas tarjetitas y las pegábamos en un papel así para jugar. De las pastillas que se tomaba eran de esas Cafeaspirinas o Fenaspirinas eran las pastillas que él tomaba para ese dolor… el lloraba mi papá.


DI.- ¿En que año murió mi abuelo?


VM.- Fijate que no sé


DI.- Si usted nació en 1922 y dice que a la muerte de mi abuelo usted tenia siete años, quiere decir que él murió en 1929


VM.- ¡Si! Yo nací en 1922 y yo tenia siete años, bien me acuerdo yo, pero bien me acuerdo de mi papá como si lo estuviera mirando.


DI.- No hay fotos de mi abuelo ¿verdad?


VM.- Nunca quiso fotografiarse. Sólo con tío Ricardo se fotografió el allí en Tegucigalpa una vez, porque él lo pastoreó que se fotografiaran y otra vez que se tomó una foto, cuando llegó un presidente Pedro Joaquín Chamorro a San Pedro. Un fotógrafo de Managua que venia con él lo fotografió. Pero no era Pedro Joaquín Chamorro, era otro que lo pastoreó para que se fotografiara con él, y mi papá no quería pero por fin aceptó. Lo quiso fotografiar para sacarlo en el periódico pero como a San Pedro no llegaban los periódicos, nunca vimos la foto. (Se trata aquí , posiblemente de Emiliano Chamorro Vargas -1871-1966. Es posible que haya sido durante la campaña electoral de 1925 previo a las elecciones de 1926 y previo al alzamiento de Sandino)


DI.- Quiere decir que si buscamos periódicos de la época…


VM.- Allí está mi papá en esos periódicos… ese Chamorro fue el que lo fotografió y eso lo pastorearon para sacarle esa foto. Y hay otra que se sacó con tío Ricardo en Tegucigalpa.


DI.- ¿Y a usted quién le contó la historia de la vida de mi abuelo?


VM.- Mi mamá. Ella se sabía la historia de mi papá.


DI.- ¿Y cuando mi abuelo se murió de vivían ustedes?


VM.- Durante mi papá existió nosotros no sufrimos de nada. Vivíamos tranquilamente, nada le hacía falta a mi mamá. Porque él hasta ganado tenia, ordeñaba 25 vacas. En la casa no faltaba el queso la cuajada, la mantequilla, los frijoles, el maíz, la carne, él la compraba por arrobas (25 Libras) y si no él mandaba a destazar un torete y allí había carne.


DI.- Eran ricos ustedes pues…


VM.- Pues si, éramos unas de las mejores familias que vivían bien… en mejor posición allí…


DI.- Usted no vivía con las bolsa al aire como pasaba mi papa…


VM.- ¡No! Dios en gloria lo tenga a mi padre. A nosotros no nos faltaba nada. Si es por frutas, nosotros nunca perecimos por una fruta porque él tenía un palo de naranjas en el solar de la casa, y había también una Zompopera (pero no era la de Ada Ponce) y el nunca se dejo comer ese palo de naranjas. Les hizo una pila así de barro, mirá, bien repelladita por dentro y por fuera alrededor del palo. Todas las tardes nos mandaba a traer agua para que llenáramos aquella pila de agua y como no se salía el agua porque era bien lisa por el barro… los zompopos no se subían al palo. Aquel palo de naranjas tenia frutas todo el tiempo mirá. Tenia maduras sazonas tiernas y floreando aquel palo.


DI.- ¿Y tenía un palo de nances también?


VM.- Si tenía unos nances y nancites en el potrero en frente de la casa.


DI.- ¿Y quién se los iba a robar?


VM.- José (mi papa) se los iba a robar (reímos a carcajadas). La Benita lo gritaba de la casa del pie del solar y le decía: ¡Hombre oh, No te comás los nances!


DI.- ¿Y que le respondía don Joche?


VM.- ¡Comé mierda! Le gritaba José (se ríe y agrega con nostalgia) vieras, sólo me acuerdo que mi papá era tan lindo…


DI.- bueno pero después cuando falleció…


VM.- Cuando murió mi papá, ya nosotros sufrimos, llorábamos cuando mi mamá cocía los frijoles y nos echaba talvez u huevo en la sopa de frijoles y ya nos servia en unas tacitas que teníamos… cada quien tenia su taza, de unas tazas que salían antes de china (terracota de tipo Willow típicas de los fines del siglo XIX) no eran ni de porcelana eran un poco gruesas aquellas tazas. Y ya nos servia mi mamá aquella taza de sopa de frijoles y el huevo adentro de la sopa… Y llorando, Y yo no quiero comer frijoles mamá decía yo, y yo no quiero decía la otra, y yo tampoco decía la otra y así… no queríamos comer frijoles mijito, llorábamos porque íbamos a comer frijoles. Entones mi mamá nos decía: Cómanse los frijolitos mijitas, si son buenos (piensen en los muchachitos de Etiopía que no tienen nada que comer) pruébenlos y verán, me acuerdo yo que nos decía ella… y con una cuchara nos daba unos poquitos de sopa en la boca, pruébenlos que ricos que son nos decía.


DI.- Bueno ¿y porqué todo eso? ¿Y las vacas y todo lo demás?


VM.- Es que ya cuando mi papá cuando se enfermó vendió todo. Pero aun así enfermo a mi mamá no le faltaba nada en la casa. Si el vendió todo… Mi mamá lo que tenia es que ella nunca fue dejada… porque mi papá hasta esterlinas de oro tenía. Fijate que como fue mi mamá de secreta, que mientras nosotros fuimos chigüinas nunca nos enseñó una. Mirá como era. En una media de las que se ponen en las canillas, allí había metido las esterlinas y se socava aquella cosa en la cintura, allí andaba aquello amarrado y allí andaba las esterlinas. En el cofre no tenía nada.


DI.- Y no las vendía no hacia nada con ellas


VM.- No las vendía ni nos decía que las tenía. Cuando ya nos quemaron la casa allí fue la cosa…


DI.- Pérese un ratito no me cuente todavía la historia de la quemada de la casa que nuemos llegado ay todavía.


VM.- !Ah bueno! Entonces ella compraba por mayor el maicillo que era bien barato, la fanega que decían antes eran 25 arrobas (625 libras) y hacia unas grandes trojonas de zacate de arroz y las llenaba de maicillo aquellas trojes. Sí, mi mamá compraba maicillo de futuro (o de bejuco, ven que no sólo naranjas ni café de bejuco hay) y nosotros no sabíamos de donde salía la plata. Ella tenía bestias también y en aquellas bestias jalaban el maíz.

Cuando ya le mandaban a avisar los que le debían que ya tenían listo el maíz, ya lo mandaba a traer ella en aquellas bestias que tenia, y ya llenaba también aquellas grandes trojas de maíz que hasta se reventaban por bajo porque eran barbaridades de maíz (en los últimos párrafos creo que habla de maicillo y no de maíz ya verán porque).


Al mismo tiempo compraba el maíz grueso y tenía un bunque que lo llenaba de frijoles… pero trabajábamos porque mirá ve, en el puro patio así que había de pura tierra, nos ponía a que lo barriéramos bien que porque era fina la tierra no era suelta y al barrerlo quedaba limpito aquel patio. Entonces nos ponía a sacar aquellos frijoles con unos canastos y a tirarlos en aquel patio, a asolear aquel macanazo de frijoles, y en la tarde a recogerlos y a echarlos a los sacos. Mi mamá nos saco el aire a nosotros mirá… y ya metíamos aquel poco de frijoles… eran tres días los que asoleaba mi mamá los frijoles, sino se le picaban (se los comían los gorgojos)… sanitos los frijoles todo el tiempo.


La sal, como tenia ella esas bestias, las alquilaba por una arroba de sal fijate. Unos hombres venían a Choluteca a llevar sal y por el alquiler de las mulas le daban una arroba de sal.


DI.- ¿Entonces mi abuelo no vendió todo? Porque le dejo bestias de carga, tierras…


VM.- Sí, le dejó bestias, potreros, buenos potreros…


DI.- Me imagino que lo que vendió fue el ganado porque eso necesita mas trabajo.


VM.- Si, fue el ganado porque no lo tenía allí en San Pedro sino en un lugar que le llamaban El Jocomico. Allí mantenía él el ganado donde un señor que se llamaba Toribio Vílchez, y ese Toribio le robaba el ganado y se lo estaba terminando. Entonces, él lo vendió mejor. Y dejó algunas vacas pero ya allí en los potreros de allí de San Pedro. Suficiente para la leche y la cuajada pero ya quesos ya no se hacía.


Pues aquí paramos la carreta. En el próximo episodio algunos retazos de la guerra de Sandino y la vida sin don Juan.

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