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domingo, 13 de septiembre de 2009

¡Yo ya me confesé con Dios! (Juana Maria Ecalante Mondragón de Martínez)

Aquí les cuento la muerte de mi abuela. La muerte de Mamita Juana, a quien conocí apenas en 1972. Siempre acostada en una cama, como mi mama actualmente, rezongando contra el primo Gabriel que la cachaba los chelines de debajo de la almohada.

DI.- Mama, mi abuela se murió allí acostada en una cama ¿De que le vino eso?


VM.- De la artritis, de le desperfeccionaron los dedos y le agarro hasta la columna, al punto que la quijada la tenia pegada al pecho y no se podía mover le quebró la columna esa enfermedad. Las canillas se le secaron, se le pusieron bien delgaditas. Por último mi mamá se puso bien delgadita.

DI.- ¿Y a que edad le pegó eso? ¿Cuándo usted se casó ya estaba postrada ella?

VM.- No, estaba buena y sana, Le quedó ayudando a la Concha a criar los hijos. Por último hasta molía mi mamá, hacía tortillas, a veces la Concha se iba sabe para donde y la dejaba con los chigüines, y se ponía ella a moler. Cuando yo me casé mi mama estaba buena y sana. Cuando ya estaba enferma que fui yo una vez à San Pedro, me dice la Benita «Virginia pedile perdón a mi mamá, ya todas nosotras le pedimos perdón y a todas nosotras nos ha perdonado, sólo vos faltas que no le has pedido perdón».

Entonces un día yo me arrodillé a la orilla de de la cama de ella y le dije que me perdonara. «No mijita, me dijo, vos sos la única que no tengo nada que perdonarte levantate, me dijo, ya las peroné a todas y yo a vos no tengo nada que perdonarte, me dijo» y en realidad mi mamá yo la respeté como pude… Mi mamá estuvo como siete años postrada, pero de viaje postrada sólo dilató un año.

Cuando yo fui la última vez para vela a ella es porque soñé que se había muerto y me fui.

Yo le digo a José:

-Fijate José que yo soñé que mi mamá se había muerto

Y me dice José:

- Si tenés güevos te consigo unos cien pesos y te vas, me dice así.

Y me acuerdo yo que antes con cien pesos se iba uno a México. Me consiguió cien pesos y me juí. Cuando llegué al Anonal llegué de noche porque me fui a pié desde San Francisco.

Mirá como es uno vos. Fijate que, esa vez había salido un hombre del hospital, que se había fracturado una mano en el Anonal, y lo habían ido a hospitalizar a Choluteca, y entonces cuando yo llegué a San Francisco La Luvinda me dijo, hay se acaba de ir el fulano que va para el Anonal y él le puede servir de compañía. Y entonces me voy con el hombre vos.

Y me dije yo, este hombre es cierto que va enfermo de una mano pero me puede hacer algo. Entonces agarré un garrote…

DI.- Y le quebró la otra mano

VM.- No… (Ríe y continúa) no, agarré el garrote y dije yo « si algo me quiere hacer este hombre, con este garrote le pego un leñazo en la nuca y me lo vuelo y busco yo donde irme a esconder»

Pues me juí… llegamos como a las siete de la noche al Anonal con el hombre. Ya de allí me dice la Matilde: «¿Te va a ir para San Pedro vos? Me dice».

No, le digo yo, me vua quedar y mañana en la mañana, me voy. En la mañanita se fue la Matilde conmigo.

Cuando yo llegué, hacia tres días que mi mama le había dicho a la Benita que si yo había escrito que si había sabido algo de mi. Y la Benita le dice: «Nos escribió mamá, nos mandó un telegrama y nos dijo que entre tres días viene»

Ya ella alegre porque yo ya iba a llegar, y en realidad llegué.

Cuando llegué, la saludé y ella se desmayó, de viaje se quedo allí…

Entonces yo me fui a llorar a un cuarto y la Benita con la Matilde se quedaron allí haciéndole masajes y poniéndole Agua Florida en la nariz. Ya me dicen: «venite vos, ya mi mama volvió»

Ya la salude de nuevo…y alegre ella conmigo. Pero ya desde ese día, desde que llegué yo ella se empezó a agravar. Cuando… la Mausimina… por eso la Musimina a mí no me quiere, la Mausimina Corrales. Ellos iban a celebrar no se que en la casa de arriba en la casa de Facto Corrales, allá al frente de la de mi mamá… con un parlante a todo mecate y allí llegaron gente de Cinco Pinos, un hijo de don Jorge Urcuyo que era el inspector de la educación publica… Allí estaban en un solo relajo. Y la Benita allí estaba atendiéndolos porque allí llegaron onde la Benita, aquel poco de gente. Yo no me quité de la orilla de la cama, y la Matilde se fue para donde la Matildita y yo me quedé con mi mama. Y llegó la Erlinda Rivera a ver a mi mamá y se sentó a la orilla de la cama ella, y miro yo que mi mama se estaba muriendo y me voy yo en carrera y le digo a la Benita: «Benita, mi mamá se está muriendo».

Entonces la Benita les dice las gentes: «Me van a perdonar, les dice la Benita, pero yo no les puedo atender porque mi mamá se está muriendo». Cuando mi mamá oía aquellos cuetes y aquel anuncio aquel parlante ella se gravo de viaje y se murió mi mamá. Entonces, pero un día antes había venido el padre a confesarla y ella no se quiso confesar, fíjate. El padre vino parquió el Jeep frente de la casa y le dijo: «Juanita te vas a confesar», y no la hizo hablar, y ella que era tan católica… y me dice después que se fue el padre: « ¿porqué no tocaron la campanas cuando se fue el padre?» Como repicaban las campanas cuando se él se iba…

DI.- ¿Y tu mamá hablaba?

VM.- A nadie le había hablado, tenia dos días de no hablar. Pero cuando el padre llegó y se fue me preguntó: ¿Porqué no repicaron las campanas cuando se fue el padre? Me dice. ¡ah! Le digo yo:

- ¿Y usted porqué no se quiso confesar?

- ¡Ah! Me dice ella, yo ya me confesé con Dios, me dice. Yo a Dios ya le confesé todos mis pecados, yo ya me siento sin pecados, me dice, porque yo ya se los confesé mis pecados.

Y no volvió a hablar vos. Y llega la Benita y le digo yo: Fijate que mi mama me platicó, me dijo que porque no habían repicado las campanas cuando se fue le padre.

Pues al siguiente día fue cuando te digo que llegaron con esos parlantes mirá y que pusieron esa fiesta y e ese momento fue cuando ella se murió. Y all­í es cuando yo le dije a la Mausimina: Ustedes que mi mamá a sido segunda madre para ustedes, desde que ustedes quedaron si madre, la madre de ustedes fue mi mama, porque todas sus quejas eran con mi mamá, les digo yo, y como se portaron ustedes con nosotros, poniendo esa fiesta, cuando mi mama estaba en agonía. Y vos, le doy su buena a la Mausimina.

El día que enterramos a mi mama, estábamos con ella en la iglesia y en vez de irme a meter yo a otra parte… no me acuerdo que salí a hacer yo de la iglesia porque el padre estaba celebrando la misa y todas comulgamos, y no me acuerdo que se ofrecía para la caja… yo salgo, yo andaba como loca, salgo a toda carrera de la iglesia y en vez de irme a meter a la casa, me voy a meter onde las corrales, vos, Y encuentro a la Mausimina sentadota allí que ni siquiera nos acompañaron en el entierro de mi mamá.

Pues ya la enterramos a mi mama, ya quedo el padre con nosotras y ya nos dio el pésame a todas.

Así termina la vida de doña Juana Maria Escalante. Orgullosa al punto de confesarse directamente con Dios. Humilde al punto de perdonar a los que les quemaron la casa.

Entre tanto, yo y mis hermanas nos quedamos en el pueblo. Allí vivíamos en la casa de don Moisés Sosa, mi padrino, que nos la había prestado porque mis hermanas comenzaban su secundaria. Allí nos quedamos bajo los cuidados de Lupita Maradiaga, la Esposa de Don Paulino Valladares. También nos cuidaba doña Reina la señora de Chepe Lión y de vez en cuando Gloria la mujer de Carlos pedo, nos venia a ver.

En ese año fue el Huracán Fifí, uno de los más destructores de la historia de Honduras. Me acuerdo que llovió tanto que las lombrices de tierra se salieron de los hoyos e invadieron el corredor de la casa. Los caminos de la montaña estaban intransitables y mi papa no había bajado de la montaña. Cuando recibimos el telegrama que nos mandó mi mama desde San Pedro, la Yelba cogió su cara de llorona, la Flora se encerró en un cuarto y la Melba y yo no sabíamos que hacer. La Yelba tomó en mano la situación y nos dijo: Cipotes mamita Juana se murió. Vengan aquí en esta esquina, nos dijo, agarró una candela y nos pusimos de rodillas a rezar las pocas oraciones que nos sabíamos: Unas cuantas Ave Maria, unas Salves, unos credos, unos yo pecador y hasta la oración de san jorge (san Jorge bendito amarra las serpientes de pico y cola) y la de san Isidro (San isidro labrador quite el agua y ponga el sol) nos echamos. Con mucho fervor por cierto, lloramos los tres y así le dijimos adiós a mi mamita Juana.

Allí esperamos que mi papa bajara de la montaña para que respondiera al telegrama y a esperar la vuelta de mi mama. Entre tanto el profesor Moncho Díaz, había organizado un maratón radial para recaudar fondos para los damnificados de Choloma y los otros pueblos de la costa norte. Mi papa bajó de la montaña con un tercio de frijoles que dio a los recaudadores y me dio un daime (20¢) para que se los diera en mi nombre. Allí pase por primera ves en la hondas de radio Paraíso, con Amaya Flores quien tenia el Microondo como decía Cosme Mendoza.

miércoles, 1 de abril de 2009

Es fácil aprender a enseñar pero es mucho más difícil enseñar a aprender (José Larralde)

Después de unas buenas semanas de silencio el Caitudo ataca de nuevo. Mis más sinceras disculpas por haberlos dejado con los frijoles en el pescuezo pero, a veces, la necesidad su-jeta.


En estos párrafos les obsequio otro episodio de la vida de mi mama. Ya mi abuelo se casó, la doña Jesús se había pelado la tusa para Honduras y don Juan Goyo seguía haciendo pisto (reale, bollo, pué) y (consecuencia del de los milagros de la naturaleza o del cosquilleo nocturno) una camándula de chigüines.


Doña Virginia (mi mama) nos conduce, de la mejor manera posible, por los sinuosos caminos de su dura infancia contándonos sus trabajos, la muerte de su padre y bueno, p’a que les escribo si mañana llego.


Démosle entonces la palabra a la Manina.


DI.- Ahora cuénteme una cosa… del lado de su mamá…


VM.- del lado de mi mamá poco sé. Sólo se que mi abuelo era de Morolica y se llamaba Natividad Escalante Ordóñez. Pero la mamá de mi abuelo yo no supe como se llamaba. Y mi abuela se llamaba Benita Mondragón Olivero, era de El Corpus pero era de origen Italiano, era como ver una gringuita, dicen. Era blanquita, zarca… ¡Bonita, dicen que era! (En la pequeña ciudad de Robassomero, cerca de Torino en Italia, hay muchos que tienen el apellido Olivero y muchos de ellos emigraron hacia América entre otros hacia Argentina)


(Sigo preguntándome porque salimos tan fellos, debe ser culpa de mi papa)


DI.- ¿Esa era su abuela?


VM.- Si ella era mi abuela, la mamá de mi mamá.


DI.- ¿Y la mamá de su abuela como se llamaba?


VM.- ¡No! No se nada, nunca supe como se llamaba mi bisabuela. Nunca me dijo mi mamá, Mi abuelo se llamaba así o asa… porque no los conoció ella, porque ella era de El Corpus y mi abuela con mi abuelo se conocieron en San Pedro (del Norte de Potrero Grande) en una emigración que hubo… Para una escasez que hubo que dicen que la gente hasta raíces comía, y emigraban de un lugar a otro creyendo que iban a hallar tal vez mejor vida… y entonces allí se conocieron en San Pedro (Esto si le metemos la pluma, debió haber pasado hacia fines del siglo XIX, un período de mucha inestabilidad política en Honduras. Habría que ver también, cómo se portaba el clima en ese entonces. Recuerden que durante ese período hubo muchos episodios de langosta que arrasaba con las cosechas).


DI.- El señor que venia de Morolica y señora de El Corpus...


VM.- ¡Si! Es que en ese pueblo… toda la descendencia de San Pedro, todos son de Honduras: Los Mondragón, Los Olivero, Sánchez, Izaguirre… (No es por nada que Luis Enrique Mejía Godoy dice, que Somoto fue el primer territorio libre de Honduras)


DI.- Bueno, mi abuela, Juana María Escalante Mondragón, era hija de Benita Mondragón y de Natividad Escalante. Ahora bien, Benita y Natividad ¿tuvieron más hijos?


VM.- ¡Si! Mi mamá que se llamaba Juana María, Cruz Escalante, Evaristo Escalante, Francisca Escalante, Pánfilo Escalante y la última se llamaba Santos Escalante, ella murió soltera (pero ella decía que la esperanza es lo último que se pierde)


DI.- Juana María se casó…


VM.- …Con Juan Gregorio Martínez. Y con Juan Gregorio Martínez tuvieron varios hijos. La primera (en la frente) Se llama Eusebia (La reina de La Gallina) , La segunda (No hay primera si segunda y patrona de El Anonal) Se llama Matilde, el siguiente (La tercera es la vencida) es Mariano (Santo Patrón de la Paciencia y de El Chaparral), después Virginia (A la cuarta ni los bueyes, sólo Joche Izaguirre), seguido de Virginia; la Concepción (¿queres que te pegue Gabriel?) después de Concepción sigue la Benita (Noble dama de la heroica tierra de Matagalpa). Todos de apellido Martínez Escalante.


DI.- Bueno ¿Eusebia se casó con quién?


VM.- Con Baltasar Centeno y tuvieron a la Disnarda, La Rosaneri, Baltito, Avilio, La Olivia que es hija de Juan Antonio Rodríguez… la esperanza, la Lilian… tiene más de 12 hijos pero no me acuerdo como se llaman todos.


La Matilde se casó con Benigno Rodríguez y tuvieron a la Berarda, Benigno, la Sonia, Leonel, Aníbal, la Matildita y Rolando (que me debe un par de Botas).


Después sigue Mariano que tiene a Mario Antonio, tiene a Moisés (no es cuajada, es pozol), la Auxiliadora, tiene a Denis (ser sin vida) y a la otra que no me acuerdo como se llama.


DI.- ¿Estos son hijos de Mariano con?


VM.- La Ernestina Corrales…


Después sigo yo que me casé con tu papa y tuvimos cuatro hijos: la mayor se llama Flora Mercedes (la Julia chela), la segunda se llama Yelva María (el Ayote), la tercera Melba del Socorro (la Negra, la chaparra, o mujer chiquita y mula baya ábranle la puerta p’a que se vaya) y el cuarto Dario (mi apodo se los daré en otra página, en esta como que se me olvidó.


Después sigue la Concha (Concepción), ella no se casó pero tuvo un poco de hijos: La Anadilia hija de Remberto Garache (Pata Chinga), la Ester que es hija de Alfredo Corrales, la Emelina también de Remberto. Ella tuvo dos hijos con Eleazar, una que no me puedo acordar del nombre y Gabriel, y tuvo a Sergio que es hijo de Pedro Rafael. Esos son todos los hijos de la Concha.


Después sigue la Benita, esa si tuvo una ristra de hijos (no tanto como la tía Cheva) (se ríe y agrega) pobrecita mi hermana… la más chiquita…


Ella se casó con Arnulfo Corrales y tuvo a la Gladis, después Arnulfito, después la Marlene, después la Gloria María (mi prima preferida y el eterno amor del llantas ponchadas de Zavalita), después Byron (mi primo bebedor de te de llantén y jodedor de primera) y La Iliana (la más trompuda de mis primas, dicen que se hizo así de tanto comer bolis). Esos son todos los hijos de la Benita.


DI.- ¿Oy mama y usté conoció a su papá?


VM.- Cuando mi papá murió yo quedé de siete años, pero me acuerdo bien que yo lloraba sobre de él, a la orilla de la cama, y que un señor que se llamaba Juan Bautista Mendoza que era gran amigo de mi papá y que fue jefe expedicionario y general de los de cerro, mucho quería a mi papá y nos pastoreaba a nosotros… me acuerdo que me agarró en los brazos y me fue a acostar en la cama. Pero yo me levanté y me embroqué sobre un saco de frijoles que tenía mi mamá y me puse a llorar.


Después, cuando ya enterraron a mi papá me iba al pie del solar, y había una gran piedra allí en el pie del solar, había también una huerta, y yo me subía a aquella piedra, y de esa piedra se miraban todas las cruces del cementerio, y le gritaba a mi papá que me viniera a llevar allí donde estaba. Le gritaba y lloraba yo a gritos, al punto que en aquellas casas de El Cortezal, me oían que yo lloraba… y mi mamá se iba a pastorearme para hacerme llegar a la casa, y yo no me iba de allí hasta que ya era de noche. Ya llegaba mi mamá a pastorearme a ofrecerme cosas para que yo me fuera para adentro…


DI.- ¿Y sus otras hermanas no lloraban?


VM.- ¡No! Nadie lloraba sólo yo… todas lloraban pero yo iba a gritarlo que viniera a llevarme y nunca vino. Por eso digo yo que los muertos no salen ¡mira vos! Y yo era caprichuda, allí me cogía la noche llorando sobre aquella piedra y mi papá nunca vino a llevarme.


DI.- ¿Mi abuelo murió de que edad?


VM.- Mi papá murió como de setenta y pico de años. Murió ya bastante de edad mi papa pero trabajaba…


DI.- ¿Y de que murió?


VM.- De un… que como él trabajaba bastante en minerales, él se resfrió la vista. Eso le dio dolor en un ojo y nunca quiso que lo trataran. Perdió el ojo, no miraba con el. Y ese señor que te digo yo, ese don Juan Bautista Mendoza, le ofrecía llevarlo donde el quisiera, si a León, a Managua onde él quisiera que le fueran a operar ese ojo y nunca quiso él. Él decía que el doctor de él era Dios y que si Dios quería que él se aliviara, él se iba a aliviar sin necesidad de que lo llevaran donde un doctor. Y tomaba pastillas vos, que era barbaridad. En aquel tiempo salían pastillas en unas tarjetitas y yo me acuerdo que nojotros recogíamos aquellas tarjetitas y las pegábamos en un papel así para jugar. De las pastillas que se tomaba eran de esas Cafeaspirinas o Fenaspirinas eran las pastillas que él tomaba para ese dolor… el lloraba mi papá.


DI.- ¿En que año murió mi abuelo?


VM.- Fijate que no sé


DI.- Si usted nació en 1922 y dice que a la muerte de mi abuelo usted tenia siete años, quiere decir que él murió en 1929


VM.- ¡Si! Yo nací en 1922 y yo tenia siete años, bien me acuerdo yo, pero bien me acuerdo de mi papá como si lo estuviera mirando.


DI.- No hay fotos de mi abuelo ¿verdad?


VM.- Nunca quiso fotografiarse. Sólo con tío Ricardo se fotografió el allí en Tegucigalpa una vez, porque él lo pastoreó que se fotografiaran y otra vez que se tomó una foto, cuando llegó un presidente Pedro Joaquín Chamorro a San Pedro. Un fotógrafo de Managua que venia con él lo fotografió. Pero no era Pedro Joaquín Chamorro, era otro que lo pastoreó para que se fotografiara con él, y mi papá no quería pero por fin aceptó. Lo quiso fotografiar para sacarlo en el periódico pero como a San Pedro no llegaban los periódicos, nunca vimos la foto. (Se trata aquí , posiblemente de Emiliano Chamorro Vargas -1871-1966. Es posible que haya sido durante la campaña electoral de 1925 previo a las elecciones de 1926 y previo al alzamiento de Sandino)


DI.- Quiere decir que si buscamos periódicos de la época…


VM.- Allí está mi papá en esos periódicos… ese Chamorro fue el que lo fotografió y eso lo pastorearon para sacarle esa foto. Y hay otra que se sacó con tío Ricardo en Tegucigalpa.


DI.- ¿Y a usted quién le contó la historia de la vida de mi abuelo?


VM.- Mi mamá. Ella se sabía la historia de mi papá.


DI.- ¿Y cuando mi abuelo se murió de vivían ustedes?


VM.- Durante mi papá existió nosotros no sufrimos de nada. Vivíamos tranquilamente, nada le hacía falta a mi mamá. Porque él hasta ganado tenia, ordeñaba 25 vacas. En la casa no faltaba el queso la cuajada, la mantequilla, los frijoles, el maíz, la carne, él la compraba por arrobas (25 Libras) y si no él mandaba a destazar un torete y allí había carne.


DI.- Eran ricos ustedes pues…


VM.- Pues si, éramos unas de las mejores familias que vivían bien… en mejor posición allí…


DI.- Usted no vivía con las bolsa al aire como pasaba mi papa…


VM.- ¡No! Dios en gloria lo tenga a mi padre. A nosotros no nos faltaba nada. Si es por frutas, nosotros nunca perecimos por una fruta porque él tenía un palo de naranjas en el solar de la casa, y había también una Zompopera (pero no era la de Ada Ponce) y el nunca se dejo comer ese palo de naranjas. Les hizo una pila así de barro, mirá, bien repelladita por dentro y por fuera alrededor del palo. Todas las tardes nos mandaba a traer agua para que llenáramos aquella pila de agua y como no se salía el agua porque era bien lisa por el barro… los zompopos no se subían al palo. Aquel palo de naranjas tenia frutas todo el tiempo mirá. Tenia maduras sazonas tiernas y floreando aquel palo.


DI.- ¿Y tenía un palo de nances también?


VM.- Si tenía unos nances y nancites en el potrero en frente de la casa.


DI.- ¿Y quién se los iba a robar?


VM.- José (mi papa) se los iba a robar (reímos a carcajadas). La Benita lo gritaba de la casa del pie del solar y le decía: ¡Hombre oh, No te comás los nances!


DI.- ¿Y que le respondía don Joche?


VM.- ¡Comé mierda! Le gritaba José (se ríe y agrega con nostalgia) vieras, sólo me acuerdo que mi papá era tan lindo…


DI.- bueno pero después cuando falleció…


VM.- Cuando murió mi papá, ya nosotros sufrimos, llorábamos cuando mi mamá cocía los frijoles y nos echaba talvez u huevo en la sopa de frijoles y ya nos servia en unas tacitas que teníamos… cada quien tenia su taza, de unas tazas que salían antes de china (terracota de tipo Willow típicas de los fines del siglo XIX) no eran ni de porcelana eran un poco gruesas aquellas tazas. Y ya nos servia mi mamá aquella taza de sopa de frijoles y el huevo adentro de la sopa… Y llorando, Y yo no quiero comer frijoles mamá decía yo, y yo no quiero decía la otra, y yo tampoco decía la otra y así… no queríamos comer frijoles mijito, llorábamos porque íbamos a comer frijoles. Entones mi mamá nos decía: Cómanse los frijolitos mijitas, si son buenos (piensen en los muchachitos de Etiopía que no tienen nada que comer) pruébenlos y verán, me acuerdo yo que nos decía ella… y con una cuchara nos daba unos poquitos de sopa en la boca, pruébenlos que ricos que son nos decía.


DI.- Bueno ¿y porqué todo eso? ¿Y las vacas y todo lo demás?


VM.- Es que ya cuando mi papá cuando se enfermó vendió todo. Pero aun así enfermo a mi mamá no le faltaba nada en la casa. Si el vendió todo… Mi mamá lo que tenia es que ella nunca fue dejada… porque mi papá hasta esterlinas de oro tenía. Fijate que como fue mi mamá de secreta, que mientras nosotros fuimos chigüinas nunca nos enseñó una. Mirá como era. En una media de las que se ponen en las canillas, allí había metido las esterlinas y se socava aquella cosa en la cintura, allí andaba aquello amarrado y allí andaba las esterlinas. En el cofre no tenía nada.


DI.- Y no las vendía no hacia nada con ellas


VM.- No las vendía ni nos decía que las tenía. Cuando ya nos quemaron la casa allí fue la cosa…


DI.- Pérese un ratito no me cuente todavía la historia de la quemada de la casa que nuemos llegado ay todavía.


VM.- !Ah bueno! Entonces ella compraba por mayor el maicillo que era bien barato, la fanega que decían antes eran 25 arrobas (625 libras) y hacia unas grandes trojonas de zacate de arroz y las llenaba de maicillo aquellas trojes. Sí, mi mamá compraba maicillo de futuro (o de bejuco, ven que no sólo naranjas ni café de bejuco hay) y nosotros no sabíamos de donde salía la plata. Ella tenía bestias también y en aquellas bestias jalaban el maíz.

Cuando ya le mandaban a avisar los que le debían que ya tenían listo el maíz, ya lo mandaba a traer ella en aquellas bestias que tenia, y ya llenaba también aquellas grandes trojas de maíz que hasta se reventaban por bajo porque eran barbaridades de maíz (en los últimos párrafos creo que habla de maicillo y no de maíz ya verán porque).


Al mismo tiempo compraba el maíz grueso y tenía un bunque que lo llenaba de frijoles… pero trabajábamos porque mirá ve, en el puro patio así que había de pura tierra, nos ponía a que lo barriéramos bien que porque era fina la tierra no era suelta y al barrerlo quedaba limpito aquel patio. Entonces nos ponía a sacar aquellos frijoles con unos canastos y a tirarlos en aquel patio, a asolear aquel macanazo de frijoles, y en la tarde a recogerlos y a echarlos a los sacos. Mi mamá nos saco el aire a nosotros mirá… y ya metíamos aquel poco de frijoles… eran tres días los que asoleaba mi mamá los frijoles, sino se le picaban (se los comían los gorgojos)… sanitos los frijoles todo el tiempo.


La sal, como tenia ella esas bestias, las alquilaba por una arroba de sal fijate. Unos hombres venían a Choluteca a llevar sal y por el alquiler de las mulas le daban una arroba de sal.


DI.- ¿Entonces mi abuelo no vendió todo? Porque le dejo bestias de carga, tierras…


VM.- Sí, le dejó bestias, potreros, buenos potreros…


DI.- Me imagino que lo que vendió fue el ganado porque eso necesita mas trabajo.


VM.- Si, fue el ganado porque no lo tenía allí en San Pedro sino en un lugar que le llamaban El Jocomico. Allí mantenía él el ganado donde un señor que se llamaba Toribio Vílchez, y ese Toribio le robaba el ganado y se lo estaba terminando. Entonces, él lo vendió mejor. Y dejó algunas vacas pero ya allí en los potreros de allí de San Pedro. Suficiente para la leche y la cuajada pero ya quesos ya no se hacía.


Pues aquí paramos la carreta. En el próximo episodio algunos retazos de la guerra de Sandino y la vida sin don Juan.

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