viernes, 11 de enero de 2013

Bueno mijitos… ¡Ya me jui! voy ver si ya volvió la bola chata, N° 2



Para los que visitan por primera vez este sitio no olviden de leer la primera parte de la entrevista así entenderán mejor.

Como les prometí aquí les dejo las ultimas líneas de esta entrevista hecha a doña Anita.

Espero la disfruten.

Mis agradecimientos a todos los que dejaron un comentario y sobretodo a mi primo Byron que también estuvo a punto de ver al duende allí en las dificultades.

AV.- Otra vez este Raúl (su hijo) si no hubiera sido Margarita… se lo llevan también los malos. Fíjese que había agarrado una gran junta con un mentado… un hijo de don Ricardo, que se murió hace poco… que mato a la mujer en Tegucigalpa… ya no me acuerdo del nombre.  Pues allí caminaban con Raúl y ese señor le gustaba practicar cosas fellas … y se ajuntaban con Raúl y platicando papadas y preguntándole por la mujer, que ya se le había ido. Allá tardísimo, venia Raúl, aja usté y no ve que allí por donde son las rockolas (los prostíbulos de Lupe Pastor y Claudina Díaz)  un montón de lechuzas blancas  y allí lo treiban pepenadito y el venía corriendo y aquellos animales detrás de el y el con la caldereta… ay ay, ay  y gritando  y se levanta Margarita cuando oye los gritos  y lo mete a la casa y allí en el mero postesito estaba una mujer de vestido blanco y ya lo iba a agarrar a Raúl… no si vea salen cosas fellas aquí, ni quiera Dios.

Aquí en este barrio (Barrio Santa Clara), me contó un muchacho, aquel Mallillo el que vende perendengues, que dice que una vez venia el de arriba (barrios El centro, Las Flores…) bien tarde, dice, y en esa esquina (entre la séptima avenida y la novena calle) una chanchona que así era (hace el gesto de aproximadamente un metro de alto) con aquel poco de chanchitos y que se viene sobre mí. Me puse las canillas en la nuca corriendo para abajo. Llegué a mi casa, dice,  yo  me dije que aquella chancha debe ser aquella señora que se lleva pidiendo de casa en casa con aquel montón de chigüines.

Es bien chistoso ese muchacho… pues así fue, dice el muchacho, Allí me salio esa puta chancha que mal rayo la parta… con aquel poco de chanchitos y como esa señora camina con el montón de chigüines, ya me dije yo que se hizo chancha la doña.


No pues yo aquí para que le voa decir, yo aquí no he visto nada pero en aquel barrio si.

YI.- ¿Pero en que Barrio vivía usted?

Allá, allá por onde Paco Tractor, allá por la Cruz Roja (Barrio las flores).

Después de una pausa Mama Anita continua su historia y sigue contando episodios vividos con Manuelito. Algunos se repiten pero las notas humorísticas de nuestra querida abuela le dan otro matiz al suceso.

AV.- …Fíjese que a aquel Elías, Manuelito le leyó el destino..

JC.- Cual Elías

AV.- Elías, aquel de Cuyalí…

-          Elías, le dice.

-          Que Manuelito, le dice Elías.

-          Allí en aquel montón de café te deje una carta le dice Manuelito.

Pues nosotros pensamos que era una carta de papel, Y no, fíjese que era una hoja de guinello (guineo, Hoja de plátano) bien hechitas las letras sobre la hoja de guinello, bien… como con una astillita en el modo, bien hecha la carta... y allí le leía el destino.

Allí le decía que un día  se iba a levantar en la madrugada y que al levantarse iba a ver pasar una estrella, que se iba a cruzar para abajo. Y le decía que a partir de ese momento que se cuidara le decía… Cuidate, le decía, tené mucho cuidado… le leyó el destino… y fíjese que le paso la cosa.

JC.- ¿Y  Cómo murió él?

AV.-  Y no fue él el primero que mataron los Pina… le pegaron 27 machetazos… murió de noche… y ya le digo que si Manuelito hubiera estado Cuando a Román lo mataron no lo hubieran matado. Es que a Román toda la vida le tenía envidia la gente… y Manuelito lo cuidaba. No vayas al pueblo, le decía. Quédate acostado que te están vigiando… y fíjese que él le creía, porque Román era indomable… Ese no le creía nada a nadie. Porque el día que lo mataron, fíjese que le fueron a avisar a la casa. Y el decía no es cierto, son papadas, son puros cuentos. Pero a Manuelito si le hacia caso. 

Pues ahora allí esta en el Crique de oro,  Manuelito…


Mire usté, ese Manuelito nos traía fósforos a nosotros, por que hay veces que a uno en la montana, se le terminan los fósforos, entonces le decíamos.

-          Ay, Manuelito fíjese que no tenemos fósforos para mañana.

-          No tienen? Ya les vuir a trer decía.

Y ya regresaba y nos tirana la caja de fósforos, y fíjese que a la comadre Juana le trajo hasta una virgencita del Perpetuo Socorro.

- Hay te traje esa virgencita para que te acompañe, le dice.

Y la vez que me tocó a mi me dio ataque… me toco con aquellas manitos chiquitillas así… ¡ayyyyy! Aquí anda la chula… y pulungún caigo… y más que ni pulpería había allí y este Juan sale corriendo a buscar agua florida allá por Buenos Aires. (Las fincas de los productores de  la aldea de Las Dificultades tienen nombre de lugares de América del sur Brasil, Colombia, Buenos Aires…) Y Manuelito llorando,

¡Ayyyyyyyy! Decía si yo no soy el diablo, soy un espíritu ambulante por malcriado con mi madre.

YI.- y de aquí de El Paraíso hay gente que lo a idi a visitar?

AV.- de aquí solo dona Blanca ha ido (Dona Blanca la esposa de don Pituro Córdoba) de las que yo conozco y otro señor fue pero…

JC.- ¿Y cómo es él? ¿Alguien lo ha visto?

Unos hombres dicen que es como una sombra que no se distingue bien. Chévez decía él había visto una cosa como un Gatillo, decía Chévez, Hay andaba ese jodido decía Chévez (Chévez seguramente vio una ardilla voladora y pensó que era Manuelito)

 Pero nosotros nunca lo viamos en el día Solo en la noche y en la madrugada. Llegada la oración (a eso de las 6:00 pm), ya andaba sacudiendo el capotillo.

Allí anda, decíamos nosotros) 

-          Cállense decía el, Porque a él la bulla no le gusta.

Y a esta Angélica la cuerió cuando estaba cipotona (adolescente) porque era bien malcriada, era bien desbocada. Entonces le dice Román.

Y le pego unos fajazos, juaz, juaz… con la faja de Román.


Hay te dejo esa faja le dice Román pa que verguies estas putas malcriadas, le dice Román, como era bien bocón. (Todo el mundo se rie)

Y Manuelito le decía…

-     Román no andes ocupando muchas mujeres en la cocina, le decía, que onde hay muchas mujeres es como un gallinero, solo ocupa dos en la cocina, le decía, y las otras las ocupas como mozas.

Y fíjese que así nos tenía Román. Yo y la comadre en la Cocina y las otras como gallinas (trabajadoras) las otras halaban el agua, barrían, lavaban ropa pero oficio en la cocina no porque Manuelito decía que muchas mujeres juntas era como un gallinero, mucha mierda había .

DI.- ¿Pero Manuelito no es un duende?


AV.- No el duende es otra cosa, ese lo vi yo con Macario mi hermano. Íbamos un día por la una cuesta allí en Cuyalí, yo adelante y Macario detrás. En eso vi un muchachito meciéndose en una cuerda y le digo:


- Mira Macario ese muchachito que chiquito en esa cuerda le digo y meciéndose… Trajecito rojo gorrito rojo… y nos venimos locos para la casa.


Y le contamos a mi tío y el nos dijo ese es el duende rojo que les salio, dice mi tío…

Chiquitito así…  Entonces ese es el duende pero ese Manuelito es otra cosa.  


AV.- No mijitos ya me jui…

Todos,- aya pues dona Anita, Pase buenas noches

AV.- Gracias vos vimos…


Bueno, así  termina esta entrevista con Anita. Sin embargo, no los puedo dejar sin explicarles el título de esta.

Anita tenía una manera particular de expresarse. Nadie podía quedarse con la boca cerrada ante ella. Anita poseía una serie de expresiones propias lo mismo que onomatopeyas que podrían ser patentadas. Tenía también una capacidad imaginativa enorme y una capacidad para las figuras de estilo única.  Cuando se despedía nunca decía ya me voy o tengo que irme. Siempre decía ya me fui. Y el resto del titulo, lo de la bola chata, es una anécdota que sucedió con una de sus nietas, Selma.  Selma era una adolescente muy inquieta y media parrandera, le gustaban las fiestas. Por un tiempo ella vivió en la casa de su abuela Anita y mientras estuvo allí la doña la mantenía, como decimos, a mecate corto. Un día  Selma le suplico a Anita de dejarla ir a una fiesta con las muchachas Ponce.  Anita le dio permiso pero le dijo que la quería a las 10 de la noche en la casa. Evidentemente, a Selma se le fue el santo al cielo y en el jolgorio se le olvidó la hora y apareció en la casa como a eso de las dos de la mañana.  Esa hora es la hora en que los hombres entraban a casa sin dar razones pues, naturalmente eran hombres.  El órgano genital de los hombres es comúnmente llamado en Honduras, bola, entonces la madrugada es la hora en que las bolas entran de parranda. Selma, siendo mujer, entra alas dos de la mañana, toca la puerta, y ¿Quién la recibe? Su abuela hecha una furia y le dice Miren quien llega «La bola chata» y la pesca de las orejas y la entra ala casa. Selma creo que ni lloro, porque al siguiente día nos contó el pase y se quedo con el apodo.


Bueno hasta nuestra próxima entrada caituda

martes, 13 de noviembre de 2012

Bueno mijitos… ¡Ya me jui! voy ver si ya volvió la bola chata

Muchas son las tradiciones que están perdiéndose en nuestros países. El celular y la televisión toman el lugar de la fogata y el cuento diario en la oscurana. Los perreros son vistos como viejos ridículos  y locos que creen aun en el duende. Pero que hermosos momentos aquellos de mi infancia en que nos reuníamos al rededor de la radio en la montaña a oír cuentos y leyendas de Honduras con el Cuadro Artístico de Emisoras Unidas.

Esos cuentos y esas leyendas, en su mayoría, eran enviados por oyentes del programa y Jorge Montenegro los ponía en guiones.  Pero uno que nunca fue dramatizado ni puesto en escena es el de Manuelito de Jesús. Un personaje propio de la región  de El Paraíso y Nueva Segovia. Manuelito es uno de esos seres sobrenaturales que encarnan el bien y el mal dependiendo del lado que se mire. Manuelito protege las personas de su elección y cambia de tendencia política dependiendo de las circunstancias.  Por ejemplo, en los años 1950, Manuelito era liberal pero en los 1980 era contrarrevolucionario y anticomunista. Nadie lo ha visto  pero muchos lo han oído y sentido.
Una de esas personas, que se puede decir, convivieron con Manuelito fue una de mis muchas abuelas, doña Anita Vallejo, a quien, dicho sea de paso, quiero dedicar esta página.

Anita, una señora a quien la suerte no favoreció con riquezas ni lujos pero si con una fertilidad legendaria,  era la madre de Ramiro,  Antonio, Miguel, Rafael,  Raúl, Donato, María Cristina y la abuela abnegada de una marimba de nietos que la lista es tan larga que espacio me faltaría par nombrarlos. Anita crió esos hijos sola, trabajando en las haciendas ganaderas de los alrededores de Cuyalí, aldea vecina a El Paraíso, de donde ella era originaria. En los tiempos de cosecha de café se iba a las montanas de las dificultades con todos sus hijos a trabajar. Mientras ella trabajaba en las cocinas con Chila Herrera, Juana Díaz y otras señoras, sus hijos cortaban el precioso grano.  Anita era fiel y leal a sus empleadores, aunque ellos no lo fueron necesariamente con ella. Fiel también a sus convicciones políticas, Anita era liberal de cepa  y creo que, sin temor a equivocarme, ninguno de sus hijos salio cachureco.

Anita entonces fue la empleada de Román Zelaya, líder liberal de los años 1950 en El Paraíso, fue también empleada de mi abuelo Lorenzo Molina en las plantaciones de café.
Anita al igual que su sudor estuvo a la base de la fortuna de esos señores. Pero como decía antes, ella, además de la fortuna  de sus hijos, tenía otra aun más grande. Su espiritualidad y una memoria prodigiosa que no supimos aprovechar para hace la historia de nuestro pueblo. Ella creció prácticamente con el pueblo y sufrió los embates de las guerras civiles, las sososobras de los cabos cantonales y cuantas miserias más Tatachú le quiso mandar. Sin embargo, ella siempre le estuvo agradecida con él y en su casa siempre hubo un altar con imágenes de santos de cristo y de la virgen con candelas encendidas.  Murió mi abuela Anita hace casi un año y por un pelo no toca los 100 años,  al igual que su mamá, doña Lencha, que vivió más de cien.

Después de la muerte de esa señora excepcional  a la que recuerdo con mucho cariño y quien mas de una vez me dio de comer en su limpia cocina, quien siempre me tenía lista una melcocha, un pan dulce o una de sus tabletas, después de su muerte me permito regalarles ese un testimonio oral  que me acompaña desde el mismo momento en que la entrevistamos. Contado en ese lenguaje florido propio de dona Anita, con sus expresiones y su entusiasmo, quiero, en esta página, poner a vuestra disposición el testimonio de esta abuela y su vivencia con Manuelito de Jesús. 

Se trata de una entrevista que allá por 1989 hiciéramos mi hermana Yelba, Juan Cárcamo (el alistador, ahora reportero)  y yo. La hicimos en el marco de un trabajo de investigación sobre la historia oral del pueblo nunca fue difundida completamente sino solamente la interpretación del fenómeno como expresión de la cultura popular hecha en el cuadro del trabajo antes mencionado.

Como en las otras entrevistas,  las iniciales muestran quien habla. En este caso DI corresponde a Darío Izaguirre, AV a  Anita Vallejo, JC a Juan Cárcamo y YI a Yelba Izaguirre.

Aquí les dejo pues la transcripción integral de ese agradable encuentro con Mamanita como siempre la llamo Cristina. Aclaro que para mi esta es  una de las mas grandes herencias que me ha dejado una de mis abuelas adoptivas y por grande que es la comparto con ustedes.

DI.- Una de las expresiones del folklore en Honduras el la leyenda. En esta ocasión nos va ser narrada una leyenda que nosotros intitulamos Manuelito de Jesús. Es una leyenda muy peculiar que se da en el municipio de El paraíso en Honduras, allí por los años 1960, esta narración la hace la señora Anita Vallejo, ya de edad y quien vivió en carne propia este hecho. Con ustedes, Manuelito de Jesús.

La cinta comienza sin la primera pregunta que le hiciéramos a Anita. Pasa que no la queríamos intimidar con la presencia de la grabadora, entonces comenzamos a hablar así como si nada y luego pusimos a funcionar el aparato. No me acuerdo que fue lo que le preguntamos ni como la hicimos abordar el sujeto de Manuelito pero bien esto fue lo que dio…

AV.-  Yo le tenía miedo. Yo no lo he visto, porque uno no lo mira ¿verdad?  Uno lo siente por el silbido. Él cantaba el ave María, le decía a uno  que el no era el Animal sino que era un espíritu castigado por dios  y que hasta que fuera el día del juicio volvería  a las manos de Dios, decía el.  Pues yo le tenía miedo cuando íbamos a… las mujeres cuando estamos en la montaña acostumbramos ir de noche, así verdad, afuera.  Y a veces cuando estábamos, allí orinando, él nos tiraba cajas de fósforos, bolsas de pan… Allí les va, nos decía.

¡Ay no! Le decía yo a la comadre Juana (Juana Díaz), no agarremos eso que esa es la chula.
¡Ay, ay,  ay  noooo! Si yo no soy la chula decía él, yo no soy el diablo, yo soy un espíritu de Dios que hasta el día del juicio voy a ver los ojos de Dios, decía.

Pues en aquello…fíjese que una vez me toco aquí mire ( muestra su hombro) … una manito chiquitiilla… y me dio ataque, me dio el patatús, y me frotanaban con agua florida y me hacían cosas por si pensaban que era cosa mala.

A pues, él con Román (Román Zelaya) si era cosa seria. Cuando Román iba a hacer un viaje, él le decía, no vayas mañana Román, le decía,  que tenés peligro.  Al otro día llegaba y le decía: mañana si anda que te están esperando con pan y café, andate mañana que mañana si… y ya Román vivía al tanto de eso.

A Nosotros pues… este Chévez se había hecho de una mujer, una tal Moncha Rodríguez y había dejado a la comadre y el se había ido… y ese día nos vamos pa' juera y entonces le dice la comadre… y como todos los días nos salía Manuelito… le dice: si es verdad que sos bueno, le dice, y me tenés aprecio, andá metele una cueriada a Ramona y me traes a Chévez.  Y se fue.

Allá a otro día viene y le dice a la comadre: Fíjate que anoche pijié a esa vieja puta, le dice, y el jodido de Chévez, mañana viene con el saco, le tenés café, le dice, mañana se viene ese pendejo. Trae un saco de ropa sucia se la vas a tener que lavar (nos reímos todos)
Voy a ver si es verdad, le dice,  la comadre Juana. A pues, después cuando nos levantamos en la madrugada, lueguito allí venia Chévez con el saco de ropa.

Y viera como era con Román… con Román si era… Cuando iba a ganar el partido liberal que nos íbamos a venir de la montaña para el voto. Le dice a Román: Román no tengas miedo que este año la ganamos nosotros los liberales.

Cuando ya se acercaban las elecciones le dice: Andate el viernes y me listas el cuarto, ya vos sabes que me gusta un cuarto solo, que no hayga nadie, le dice, y el domingo cuando sean las 7 de la noche estamos ganando. Allí voy a estar yo contando los votos y bueno no vayas a tener miedo. Allí van a pasar, le dice, haciéndote tiros, pero no tengas miedo que no te va pasar nada.
Así fue, Román se vino adelante y Manuelito se vino el sábado en la noche. Ah pues así fue, El domingo cuando eran las 10 estaba ganando Villeda Morales. Pues al otro día como los otros sabían que Manuelito estaba allí, porque se regó la bulla de que estaba. Pues al otro día de las elecciones, cuando ya se sabía que ya habían ganado, él se iba. Pero él va caminando y va chiflando y aquellos hombres (los nacionalistas) allí iban y va tiros… lo fueron a dejar hasta Las Moras a Manuelito…. Y lo iban siguiendo y el chiflando y los hombres ¡pun! ¡pun!  Va tiro… hasta que lo fueron a dejar hasta Las Moras. Entonces Manuelito se perdió, hasta ahora que dicen que esta allí en el Crique de Oro.

Yo le mandé razón una vez  de que quería que me ayudara, que no se que… le mande a decir yo. Porque el es bien bueno para cuerear, para eso es buenísimo. Pues me mando decir que fuera yo que él afuera no salía que el le gustaba que la gente fuera... (nota del traductor: más bien creo que a Manuelito le daba miedo de que lo sacaran a balzos otra vez de El Paraíso, como lo hicieron en los 1960) pero es larguísimo y hay que caminar a pie.

JC.- ¿Pero se acordara de usted?

AV.- ¡Ah!  Pero si él se cuerda de uno, si es vivísimo. Pero yo le tenía miedo cuando estaba joven.

JC.- ¿Y la voz de él como era?

AV.- Si eran como silbidos.

JC.- ¿Pero cuando a usted le decía algo….?

AV.- Si a todos les hablaba pero yo casi no le entendía por que yo no se leer, pero los que sabían leer bien le entendían, porque por el silbido les decía. Porque yo lo oía cuando platicaban y cuando cantaba el ave María allí si le entendía. Entonces cuando ya se paraba en el tabique de la casa, ya sacudía el capotillo, y decía mi comadre Juana “allí anda”… y sacudía el capotillo así (y hace el gesto como si sacude algo)  y decía la comadre “allí  anda Manuelito”  y si pues, no ve que era un espíritu ambulante.

JC ¿Y nunca les dijo el porque andaba ambulante?

AV.- ¡Como no! Dijo que por malcriado…. Que por malcriado dijo, pero que él no era el diablo sino que Dios lo castigó.

YI.- ¿Y como se supone que es él, Qué edad tiene?

AV.- Es chiquito

JC.- ¿Y cómo cuantos años tendría más o menos?

AV.- Dijo que él el Señor lo había mandado ambulante desde el 1912, desde entonces andaba ambulante y que tenia no se cuantos años.

YI.- ¿Y de donde es?

AV.- Pues como que es de Nicaragua, así dicen que de Nicaragua es él. Porque de allí viene él, porque él salio allí por las Dificultades… Porque como nosotros estuvimos en El bosque, en El Delirio en la Bisinia que le dicen... pero donde nos visitaba mas era allí en la Arabia.

JC.- ¿Y ese espíritu de Manuelito Hace medicinas a la gente?

AV.- Adivina cosas pero medicinas no.  Mire, hace poco a un señor se le habían perdido unos bueyes y fue el señor ¿verdá?  Y el le dijo: los bueyes te los tienen en tal parte, allí te los tienen amarrados. Búscate un compañero y vas y te metes y los soltás. ¡No! Le dice el hombre, que me van a matar… ¡No! Le dice Manuelito, no te atracés, metele…
Ah, pues allí fue el hombre y  entro y allí los trajo los bueyes.

Allá en agradecimiento, el hombre se fue para pagarle a Manuelito, iba a darle el dinero. Entonces le dijo Manuelito que no. Que él no agarraba dinero de nadie por que el no lo ocupaba para nada y que él a nadie le ganaba. Entonces el en agradecimiento le dejo treinta Lempiras en un vasito pero le aparecieron de vuelta debajo de la almohada.

Él (Manuelito)  dice que aquí viene (a El Paraíso). Yo ya voy a misa, dice. Así decía que el venia a misa alas 8.  A pues le digo yo a una señora, si lo ve dígale que venga pa’ que nos ayude. Y dice la señora que le dijo que a él no le gustaba aquí  porque lo habían corrido.

“Me corrieron” dice “yo aquí no vuelvo por esos cachurecos”

Y fájese que ahora que iba ganar esa cuestión de Nicaragua (el gobierno de la Unión Nacional  Opositora) el ya se los había dicho que iba a ganar… si es bien bueno Manuelito pero yo le tenia miedo.

Aquí Doña Anita bifurca del tema de Manuelito y nos cuenta otros espantos de El Paraíso, sobretodo del Barrio La flores donde vivía su hermana Priscila.

AV.- Como Miguel tomaba bastante, pues una vez como el vivía con esas decepciones de él,  a dishoras de la noche yo me desvelaba por que me parecía que ya le iba a pasar algo malo. Pues un día él veía y decía: yo quiero que me maten  venía diciendo. De esas rockolas (nombre comus que scon el que los  viejos paraiseños se refieren a los prostíbulos) él se venía y venía rumbo abajo él. Entonces vengo yo y me levanto así en camisón y salgo y le digo a Cristina: Ay cristina allí viene rumbo abajo. Me lo van a matar. Y se viene cristina detrás de mí y detrás de Cristina Rafael  y nos poníamos adelante de Miguel para atajarlo y él intentando pasar y diciendo: ¡No! Allí voy a que me maten. Cuando llegamos al portón, allí donde hay esa ladrillera (La fabrica de tubos y mosaicos de Javier Padilla)  voltié a ver yo allí para la esquina de donde Tavo Ortega (el marido de mi tía Flora)  y allí vi un camastro como de esos carros  lecheros pero grande (ella habla de los coches tirados por caballos)  llenito de hombres de mudadas negras pecheras blancas y dos padres y una mujer de blanco, como vestida de novia, empujaban el carro y no treiba ruedas sino que aquellos rempujaban el camastro.
¡Ay bonita! !Ay miguel! Le digo, mira que ya nos van a ganar los malos, mira le digo yo, por andar vos con tus cosas… Adiós la juma. Se le fue a Miguel la bolencia y ellos se quedaron parados.

Viera Florita (se confunde de nombre) nos morimos nosotros. !Ni quiera Dios! Que susto el que nos dieron.

Allí agarramos a Miguel y salimos a toda virolella  y lo llevamos de vuelta a la casa. Ya cuando llegamos nos pusimos a regar agua bendita y asta una banca parada puse en la puerta porque me parecía que ya se iban a meter. Ese fantasma era horrible y suerte que yo volteé a ver porque estaba la luna clarita, y entonces venia aquel carro pero sin chofer sino que solo así caminando llenito de hombres mudadas negras pecheras blancas.

Otra vez Cuando yo no sabía que habían esas papadas de café (secadoras de café) pues yo cuidaba como seis hombres. Y en eso yo oigo popopopopopopoooooo, pues me digo: ya prendieron el molino (molino para moler el maíz cosido para hacer las tortillas) en el mero silencio de la noche. Entonces ya vine y me levanté, prendí el fuego y me voy con el nixtamal, me vengo para donde don Tin (propietario de un molino) pen, pen, pen  toco la puerta, y en la esquina… un hombre de mudada kaki con una mecha que así era de grande, así agachado y el pelo le pegaba al suelo. ¡Ay Dios mío! Que me viene entrando un miedo que sentía que me jalaban para atrás de la cola… y pun, pun, tocándole a don Tin y nada de don Tin.

Agarro rumbo arriba. Iba para onde tenia aquel de Concha Molina que tenia un molino. En aquella puerta done es aquellos billares de Nano Godoy,  allá estaba el hombre y yo lo había dejado abajo… la misma mudada y la misma mecha. Y yo dando grandes zancos por aquel parque… me voy pa' onde concha… nada de molino, vuelvo para abajo… me vuelvo a venir para abajo  a buscar otro molino que era allí por donde don Ruperto Espinoza…. Me voy para el molino de Armando… Allí estaba el bajalmache… yo ya no hallaba pa’ onde agarrar y ay vengo pengue, pengue,  pegando brincos por esa calle… Me vuelvo a venir pa’ onde don Tin,  allí estaba el hombre otra vez el la esquina donde están ahora esos carros  (la antigua terminal de la empresa Discua, en frente de la Librería Dario) y yo solo pegué una carrera y comienzo a darle con el puño a la puerta de Toña espinal (Doña Toña la pelona)  y tan, tan , tan, tan … que fue, me dice Toña.
Ábrame la puerta, le digo yo.

¿Que es? me dice.

Ábrame le digo (aclara) yo vivía donde Priscila (a unas 6 cuadras de donde Toña)  y me meto donde Toña. Allá Priscila debía estar rezando, pensando que ya me habían matado, porque era tardísimo como las 12 de la noche. Ya de madrugada yo me levanté  donde Toña y me fui al molino (que esta vez si estaba encedndido)…
No si aquí salen cosas Fellas… ¿verdad que es de morirse?


Sobre esta nota mezclada de humor y parazón de pelos, los dejo queridos lectores, recordándoles que hay una segunda parte de este relato que sin duda se los ofreceré en los días a venir. ¡Ah! Me olvidaba, algunos y tal vez la mayoría dirán que el titulo no tiene nada que ver con el texto pero ya les explicaré en el segundo texto.

Hasta más ver.



martes, 29 de mayo de 2012

El que agarra consejo no se hace pendejo y llega a viejo


De nuevo les entrego otro capítulo de la vida de mi viejo. Esta tiene que ver con una cicatriz que él tiene en el pecho.  Esa cicatriz atraviesa su pecho desde la tetilla izquierda hasta cerca del ombligo. La parte superior tiene algo así como un centímetro de ancho y disminuye a medida que desciende hacia el ombligo. Ese surco  bien clarito como diría Mejía Godoy, es uno de los recuerdos probablemente más negros de la vida de mi papa, pero para mi es uno de los mas gratos.  Sí, parece contradictorio, pero los recuerdos que yo tengo de esa cicatriz es la  de las tardes en la montaña cuando después de la jornada mi padre se quitaba la camisa y  se quedaba sentado en su silla verde en  el corredor de la casona. Yo me sentaba en sus piernas y jugaba con la vellosidad de su pecho siguiendo la huella de esa cicatriz hasta dormirme.

Bueno pues aquí les dejo con don Joche

Cuénteme la historia de la cicatriz que tiene en el pecho

Esas cosas… eso fue… ¡Mira ve! Francamente yo estoy vivo porque de verdad Dios… Pero esa cosa que hizo ese hombre… Que en paz descanse ¡Carajo! Andar yo cubierto con una chumpa, con camisa, camiseta y me a traspasado…  Pero te voy a contar desde el principio…
Pues ese hombre, era el mozo (peon) más de confianza que había allí. Cuando yo llegué  en 1953, allí lo hallé,  él y otro peón… Elías Vásquez y Colacho (Nicolás) Mejía. Con ese Colacho Mejía hicimos ese cofre que esta allí… ( muestra el cofre de cedro del cuarto de mi mamá)
A pues y  allí se llevaba el hombre, Maximino se llamaba, trabajando y ya cuando se llegole día de… un 19 de marzo, decidieron de festejar ese día, no a nombre mío, hicieron un rezo porque era el día de San José…
Bueno, yo estaba allí viéndolos el movimiento, estaban rezando, luego comiendo  y luego con unos violines tocando allí. Estaba bien bonita  la reunión. Entonces digo yo luego… yo pues me voy a ir a acostar dije yo. Me fui para dentro donde dormía yo. Ya me quité la faja de la pistola y  ya la puse así en la cabecera de la cama me desvestí y me acosté. Todo quedaba en calma.

Al momento de estar acostado se alborota aquel hombre (Maximino) y oigo la bulla… enojado con la señora y gritando y …
¡jobero…! ¡Vaya caramba!  Dije, tan bonito que estaba eso. Yo me voy a levantar y me visto otra vez y me fajo la pistola. Entonces salgo yo à hablarle al hombre y le digo: ¡Hombre Chimino! mirá como estaba de bonito el rezo, Vos mismo estabas llamando a la gente que vinieran a comer… y ahora esta corrompiendo… arruinando la fiesta… 
Chimino seguía revuelto, y en eso que yo le estoy hablando, otro bolo que venia abajo por el camino real gritando… y se  reconocen los dos bolos y se contestan unos y otros, insultándose y aquel venía bolo también…

¡Y juep…! ¡Vaya pues! Entonces, vengo  yo y dejo de atender a Chimino y abro el portón del camino real y salgo a hablarle al hombre que venia, a decirle que no le hiciera caso y bueno un poco de cosas pensaba yo decirle para evitar el pleito. Entonces detrás de mi sale Maximino también a encontrar al otro hombre que venía por el camino real. Cuando yo siento que Chimino se venía, entonces me regreso y ya no busco hablar con el hombre que venía, sino que trato de atender a Chimino que venía loco buscando pleito, volando machete.

Entonces me regreso… yo llevaba foco también pero lo tenía apagado. Cuando me doy vuelta y que iba a decirle ¡Hombre muchacho,  Chimino no te salgás¡  a decirle eso iba yo cuando sentí el tarrajazo que pego en un travesaño de la puerta  y  a pesar de eso me a garro el pecho la punta del machete. Me hubiera sacado el corazón si me hubiera agarrado de lleno. ¡Ay hombre! Y me miro  el chorro de sangre… ¡Ay Caramba!  y le digo: ¡ya me mataste hijueputa!  Y le pongo el foco  y le pongo la pistola por un claro de la puerta ¡Jodido! Era un cuete que tenia yo… y el hombre se queda parado… Yo no hallaba que hacer, mirando al hombre.
Pensando  que lo iba a matar y que me iba a ir y que mis familias en Honduras me conocían poco, iban a decir que yo era un hombre malo y que aquí y que allá… en un momentito le di vuelta al mundo e hice maletas, pero en segundos… hombre mira, hice maletas, y pensé todo eso… Entonces dije yo ¡voy a pensar!  Le voy a ordenar que vote el machete si no vota el machete lo soco. Y le digo: ¡Votá ese machete! Y lo ha votado, amigo.
¿Verdad que no lo podía matar?  Pero si hubiera sido otro lo mata. Porque así me decían muchos… Yo lo hubiera matado…

A pues y le digo: ¡vota ese machete!  y lo ha votado y en eso que venia el mandador que tenía yo allí que se llamaba don Salomón Salgado y le digo: ¡Recoja ese machete y amaren a ese hombre! Y no lo podían amarrar y así herido votando sangre tuve que ayudarles a amarrar a Chimino.  En eso viene el mismo señor (don Salomón) y deshoja una navaja y se iba ir por detrás a  degollar al hombre  y le ordeno yo ¡No! Le digo  yo, así herido ¡No lo mate Jodido! No lo mate yo y usted lo va hacer ¡No! ¡Vote esa navaja! Y me hizo caso el hombre.
Entonces amarramos a Chimino al pie de un pilar, allí bien amarrado.

Después le mandé hablar al alcalde auxiliar para que se hiciera cargo de él. Yo me fui a acostar y ya corrieron y la mujeres me untaron unas cosas allí y en la mañana me vengo, bueno me traen al pueblo… y aquella cosa y ya luego pues  llevaron al juez a periciarme a mi. Y  ya me inspeccionó y todo y ya le platiqué yo el  asunto que no lo había matado. Por eso si no vota el machete creo que lo hubiera matado y a saber donde estuviera ahora y el estuviera muerto. Pero se me vino a la mente de ordenarle al hombre que votara el machete porque lo tenía  encañonado. Pero lo voto. El juez me abrazo y me dice: Lo felicito, me dice  eso es de hombre me dice…
Imaginate, bueno allí ya me estuvieron mediqueando allí donde mi papá y me atendieron y ya cuando me mejoré bien mejoradito  me fui otra vez para la montaña.
Entonces el hombre cayo preso de oficio, porque yo no pedí nada contra él (el hombre estuvo preso varios meses). Entonces me venían a decir a mi que decía Chimino que sola mente que no saliera de la cárcel no se desquitaba esa carcelada  ¡jodido decía yo!
¿Ya me entendés que quería decir con eso verdad?
Que saliendo de la cárcel me iba a hacer algo…
Ah pues allí estuvo y estuvo preso… 6 meses estuvo.

Allá al tiempo se llego el momento que  salio, y yo no me doy cuenta. El terreadero de él era por el lado de El Chorro (otra hacienda de mi abuelo, distante de la hacienda donde vivía mi papa).
Un día me toca ir a ver un ganado al Chorro y miro un hombre que viene caminando a mi encuentro.  Pero antes  de  toparme con el, ese día yo traía la pistola camiseada y no al cinto. La mula se había pegado un embrocón  y allí se me cae la pistola y no me di cuenta.

Entonces  acolumbro al hombre come a cien varas ¡ay jodido!  Y el hombre venia con el machete cruzado sobre la nuca. ¡Jodido! digo yo, allí viene ese hombre y me toco la cintura  buscando la pistola y nada… Arriendo la mula y doy la vuelta para atrás a recoger la pistola. Este jodido va decir que me corro yo  (ríe) pero yo voy a ir a buscar esa pistola.  Me regreso, y cuando llegue el punto allí estaba la pistola. Me apeo de la mula y me la camiseo y me regreso a encontrar al hombre.  Entonces cuando iba a cierta distancia  le hablo… Como a unas 15 varas antes de encontrarlo. Y le hablo:

- Aja hombré  y me paré. ¿Así es que ya saliste?
- Ya Salí me dice
- Hombre pues fijate le digo que aquí me han venido a decir, que vos decís,  que solamente que no salieras no te desquitabas esa carcelada. Pues aquí va ser el punto, le digo, que te vas a desquitar, le digo yo. Y ay vos sabés.
Pero por favor no te vayas a arrimar más. Aquí estamos, bueno y sano estas vos y yo también.
- No, me dice, si yo no he dicho nada ni tengo nada pensado de malo para usted. más bien, me dice, si me da trabajo otra vez, yo voy a trabajar para usted.
Te doy, le digo, te doy. Si es así que lo pensás.  Pero eso si, que no te voy a querer ver bolo, con esa condición. Si eso prometes llegue a trabajar el lunes.

Pues así fue, llego el lunes  (ríe). Y cuando llega el lunes,  lo mira mi papá y me dice: ¿Bueno, y ese hombre?
Allí, vino, yo le di trabajo, le digo yo.
¡Jodido! Me dice mi papá ¡Tenés güevos vos! Pero no te confiés, me dice.
No, si ya le hablé y todo  y él sabe.

Pues se portó bien el hombre conmigo, bien pero bien, bien, bien, bien se portó conmigo.

Pues hombre… Allá en una de esas me fui a dar una vuelta allá por Nicaragua a ver la familia. En esos medios le pega Chimino una cinchoneada aun  cipote, jovencito aquel chigüín. Isidoro se llamaba el muchacho.  El cipote se dejo pegar pero la cosa no se quedo así. El muchacho afiló la guarizama  en una piedra y la afila bien afiladita.
Y dice el muchacho: Hoy lo vigeo.
Y así fue. Le salio  por el camino por donde venia Chimino, cuando lo vio le dice:
¡Aja  hombré! ¿No estás enojado por lo que te hice?
¡No hombre le dice!  No estoy enojado.
Pues vení para acá le dice  vamos a echarnos un trago.
Y agarran… cada quien con su machete,  platicando en el camino. Aquel cipote le iba vigiando y le iba vigiando, hasta que llego al punto. Y en un descuido de Chimino le apeo la cabeza de un solo machetazo.
Así terminó Chimino.
A mi regreso ya llegué donde mi papá y allí estaba la mujer de Chimino  que se llamaba Chila herrera. Y le digo aja Chila.
Pues mire lo que nos pasó hace poco venimos de enterrar a Chimino, lo mataron.

Por eso yo siempre les digo. Es malo maltratar a los cipotes… Con una mala mirada que le pegue uno a un cipote, esa mirada lo puede marcar y ponerle ideas en la cabeza.
Mi abuelita ami nunca me pego y me pego una vez, injustamente me pego. Yo tenia un compañero y vivíamos allí cerquita, y había un muchacho  que tenia una propiedad y al pie de la propiedad había un pozo donde íbamos a traer agua y detrás del cerco el hombre tenia una mata de maíz y esa mata de maíz echó un elote y ese elote a saber quien se lo desgajo y se lo robó. Entonces el propietario Juan José Macareño me echa el muerto ami que yo me había comido el elote. Le pone la queja a mi mamita. Entonces mi mamita me dice: Venga para acá. ¿Por qué ha hecho eso y por qué anda tocando lo ajeno? Y me soca… injustamente… 
Yo con ese hombre nos hablamos pero todo el tiempo le tuve aquel rencorcito  de esa cosa  que me arrimo, de haberme comido ese elote.

Allí pues tienen ustedes la historia  y es a ustedes de sacar la moraleja, la mía ya la pus en el título.

Un abrazo.

jueves, 15 de marzo de 2012

Así recuerdo a mi madre

Hoy, hace un año ya que murió mi mama. Si porque para nosotros esa palabra nunca respetó las reglas de la acentuación. Ella no era mamá como la mayoría de los hondureños llaman a su madre. Ella era mi mama.

Hoy mis pensamientos se volcaron hasta esos días de campiña en que el contacto con ella era como el contacto con la tierra fresca. A esos días en que la teníamos para nosotros; cuidándonos, queriéndonos, regañándonos. Porque si algo sabía hacer mi mama era eso, regañar. Cuantas veces no me mandó de rodillas porque había hecho alguna mala jugada o porque le había hablado fuerte a mis hermanas mayores. Cuantas también se levantó a media noche a sanar mis dolores, mis ataques de fiebre o de tos.

Esa era mi madre. Una mujer forjada por la dureza de la vida. Huérfana de padre cuando aun era una niña lloró, ella también, a su padre hasta el cansancio. Mi mama fue también la mama de los primos más cercanos. Muchos venían a parar donde ella en sus momentos difíciles. Mi mama esa señora que tras su caparazón de frialdad, escondía una enorme ternura que cuando la daba la daba de completo.

Mi mama, hondureña de descendencia, nicaragüense de adopción, hondureña readoptada, raptada por el amor o la conveniencia, que se yo, nunca nos lo dijo, pero fiel a su manera de ser, a su manera de ver las cosas.

Mi mama, mujer de pelo en pecho, como decimos por allá. Valiente, temeraria…
A los patudos de mis sobrinos les recordaré hoy quien era su abuela, y los amigos les presento a mi madre en dos anécdotas.

Doña Modesta.

Quien no conoce la reputación legendaria de don José Izaguirre. Este hombre, quien es mi padre, tiene dos reputaciones que le siguen aun ahora que ya esta en el ocaso de sus años. Mi padre siempre fue honrado y mujeriego. Justo antes de que se casara con mi madre tenia el por allí un metedero, como decía él mismo. No un metedero en el sentido en que se lo están imaginando pero en el otro. Un lugar donde meterse a pasar el agua cuando llovía fuerte.

Ese metedero era allí en las Dificultades donde tenía la propiedad mi abuelo. Por allí vivía una señora alta que, me imagino, no era tan fea. Pues mi papa le echo el caballo. Si, doña modesta se convirtió en la amante de mi papa.

La tratamos aquí con respeto pero cariñosamente la llamábamos La Mosestona. Era el apodo que mi mama le había dado.

Cuando mi papa se casó con mi mama, la llevó a vivir en la casona de la Arabia, la finca de café de mi abuelo. Allí mi mama pasaba los días haciéndole como cocinera de los más de 40 trabajadores que tenía Don Lorenzo.

Don José, mi papa, se la pasaba en los campos supervisando los trabajos y cuando llovía fuerte pues allí iba a su metedero, digo, a visitar a doña Modestona.
La susodicha Modesta ya se miraba como la señora Izaguirre. Así que cuando supo de la existencia de mi mama decidió pasar todos los días por la cuesta, cerca de la casona, montada en una mula. Se paraba en la loma donde había una puerta de golpe y comenzaba a gritarle sandeces a mi mama. Mi mama, ya cansada de tanto fregar, un día le dijo ami papa que le dejara una pistola porque le daba miedo quedarse sola en la casa sin protección. Mi papa le dejó entonces una pistola 22.

Al día siguiente, mi mama se fue a esconder cerca de lugar donde doña Modesta se paraba para insultarla.

Doña Modesta, puntual, llega al punto y comienza a insultar. Mi mama la dejó insultar todo lo que quiso. Cuando doña Modesta estaba por irse mi mama salió, tomó la mula por el fiador del freno y con la pistola en la mano le dijo.

Mire señora yo no la conozco y usted no me conoce. Lo que si se es que usted se acuesta con mi marido, así que la puta aquí no soy yo. Que sea la ultima vez que usted me insulta! No vuelva ni a pasar por aquí porque la próxima vez la quemo!

Doña Modesta estaba blanca como la mula que montaba y no dijo una palabra. Mi mama soltó la rienda de la mula y la dejo ir. Cuando la doña picó la mula y que le dio la espalda mi mama, ella disparo la pistola al aire lo que espanto más a la mula y casi vota a doña Modesta.

Mi mama bajo a la casa con una sonrisa de oreja a oreja.

En la tarde, cuando mi papa llegó, le diceé: "aja Virginia, parece que le asustaste los pelos a la Modesta"

Mi mama le contestó: "Yo no se si la asusté, pero como no paraba de insultarme y vos no le decías nada, pues decidí de buscar la solución sola. Y si no dejas de irla a ver tu matrimonio te durara poco."


Así terminó el idilio de doña Modestona con don José.


El Zompopo cirujano.


Médicos siempre harán falta en estos países dejados de la mano de Dios. Pero la rebusca y la imaginación para sanar nuestros males nos sobran. Doña Chavela, una viejita que vivía con nosotros en el campo, en la montaña, me decía cada mañana cuando me levantaba. Venga mijito, ya iba yo con la purrunquita bien paradita de las ganas de orinar de la mañana. Doña Chavela tomaba una taza y me decía: ¡Orine aquí papa!

Yo le echaba todos mis orines en la taza y luego la Doña se los bebía. Decía que eran buenos para prevenir la gripe y las enfermedades. Pero igual se murió la doña.

Pues en ese universo crecimos, viendo las cosas más insólitas posibles.Una de esas cosas tiene que ver con mi mama.

Bueno, mi papa después de la cosecha de café se iba al valle de Jamastrán a sembrar frijoles y maíz en las tierras de José María Tercero. Mientras que mi mama se encargaba de cultivar los frijolares en las tierras de mi papa. Cuando mi papa se iba para cosechar en Jamastrán, los frijoles en las vainas quedaban casi de punto para arrancarlos. Así que mi mama y uno o dos trabajadores se encargaban de eso y de secarlos.

Para mis amigos de América del sur que talvez no saben como se hace la extracción de los granos de frijol de manera artesanal se los explicaré en pocas líneas.

La planta de frijol se arranca con todo y hojas, se hacen manojos que se amarran con las guías de ellos mismos y se ponen al sol a secar. Una vez secos y crujientes, se hace un bulto con ellos y con dos garrotillos o con una vara grande se golpea el bulto hasta que no queda ni un solo grano en las vainas.

Pues ese era el trabajo de mi mama. Secar los frijoles, cubrirlos para que no se mojaran cuando llovía y una vez listos, aporrearlos.

Ese año la cosecha fue buena mi papa hubo que llevarse todos los trabajadores y mi mama con sus hijas y otros niños de la vecindad arrancaron los frijoles de la tierra de mi papa. Luego los seco, y cuando estuvieron listos la doña decidió aporrearlos. Pasó varios días en este ajetreo estaba molida de cansancio al punto que bajo la axila comenzó a formársele una especie de tumor. Una protuberancia rojiza llena de pus y dolorosa. Estaba sola, y sin medios para consultar un medico o trasladarse al pueblo en busca de ayuda. Mi papa habiéndose llevado todas las mulas.

Estaba desesperada. Ella lo que hacia era hacerse baños de agua con sal para desinflamar la carne dañada por el esfuerzo. Comenzaba a tener fiebre y solo estaba con sus dos hijas más pequeñas del momento.

En un acto desesperado, se puso a pensar como hacia para destriparse el absceso. Le dio vueltas al asunto y pensó en afilar un cuchillo y sajarse eso ella misma. Probó todos los cuchillos de cocina pero ninguno de ellos tenia el filo suficientemente bueno para hacerse la operación. Entonces pensó en los medios que le brindaba la naturaleza. Una espina de naranjo se dijo. ¡No! Es ponzoñosa y se me va infectar más esto. ¡Una aguja! ¡No! Tampoco, el agujero seria muy pequeño y no podría sacar la pus.

Entonces pensó en los zompopos Soldados.
En una zompopera cuando se le dan golpes fuertes, los primero que salen son los soldados, unos enormes zompopos cabezones con unas quijadas enromes. Estos atacan al invasor y si te llegan a morder te arrancan el pedazo, te hieren pero sin ponzoña.

Entonces mi mama fue a la zompopera y la aporreó hasta que los animales estos salieron de su guarida. Esperó a que salieran los más grandes que siempre salen por último y atrapó dos con un pañuelo. Se fue a la casa y allí tomó una botella de alcohol y se desinfecto la chibola que ya estaba roja purulenta y del tamaño de un limón grande. Tomó un espejo y se colocó de manera a poder ver bien el tumor. Luego tomó uno de los zompopos que estaban furiosos de haber estado atrapados, lo tomó por el abdomen y le desinfecto las quijadas con un algodón y alcohol. Se puso en posición y puso el zompopo en lo parecía era la boca del absceso. El zompopo furioso no dudó y comenzó a morder enterrando las quijadas en la piel de mi mama. Lo hizo tan bien que le abrió una pequeña incisión y la pus comenzó a salir. El animal a pesar de eso seguía mordiendo y yendo más profundamente hasta traspasar la epidermis.

Mi madre soltó al animal que murió de cólera y comenzó a apretar y a apretar hasta que lo que salio por la boba del tumor fue sangre limpia. Se lavó la herida con alcohol, molió algunas pastillas de sulfa, se colocó eso en la cicatriz se vendó la herida y ¡san se acabo!

Varios días después la herida sanó y mi mama continuaba agradeciendo al zompopo.

Esa era mi madre, así la recuerdo.

Luego les cuento otra,

¡Que en paz descanse mi mama!

lunes, 5 de septiembre de 2011

Semblanza de mi madre

Bueno pues, era ya tiempo de romper el silencio. Tal parece que la desaparición física de mi madre me condujo a encerrarme en mi mismo y olvidarme un poco de ustedes. Sin embargo, estoy aquí de nuevo y en los días que siguen les regalaré algunos de los recuerdos de que me quedaron de esa señora que atravesó fronteras geográficas, temporales, psicológicas y hasta paranormales.

Como ya he dicho antes, mis padres son dos campesinos que apenas pasaron algunos años en la escuela. Pero, a pesar de eso eran visionarios y dieron lo que pudieron por que sus hijos no fueran tamales, aun si el refrán popular dice que el que nació p’a tamal, del cielo le caen la hojas.

Mi mama aprendió muchas cosas de la vida y de las demás personas con las que convivió. Ella se empeñó también a transmitir esos conocimientos à aquellos que se interesaron en aprenderlos. Su cultura fue nutrida por el rose con gentes físicas que tenían una cierta apertura hacia el mundo en diferentes ramas del conocimiento. Sus referencias mas frecuentes eran el doctor Contorosqui, el Padre Orcullo, Don Manuel Barrera, Joaquín Suazo (el de la farmacia Sn José) y otros que por el momento sus nombres se me escapan.

Otras personas, más virtuales que físicas, contribuyeron también a la construcción de su cultura. Ella creció escuchando los discos de Carlos Gardel, del El Indio Pan de Rosa, de Paladino, de Pedro Infante, de Jorge Negrete, de Libertad Lamarque y de María Félix entre otros. También la radio puso su grano de arena. Así, las radionovelas mexicanas (Chucho el roto, Rayo de plata, Kalimán) y los programas de la radio (Casos cosas de casa, el profesor Onordún (me estás escuchando!!!!) y las pencadas de Tres Patines, Margarito el guardia y Pancho madrigal, entre otros) nutrieron su bagaje cultural.

No debemos olvidar que era una devota del noticiero del mediodía, de La Gaceta informativa (bien me acuerdo que el lema decía: La libertad de prensa es el más grande valuarte de la libertad y no puede ser restringida más que por gobiernos despóticos… Gaceta informativa…) y de Andrés a las diez. Eso le permitía mantenerse al corriente del acontecer político y social del país y del mundo.

Su perfil político fue muy interesante. La Manina fue conservadora. Con esto quiero decir militante del Partido Conservador Nicaragüense que se oponía a los liberales liderados por la Familia Somoza, al contrario, la Manina fue oponente de la guardia Nacional y crítica acérrima de los bandoleros quienes le quemaron su casa.

Una vez casada con mi papa la Manina se convirtió en una liberal hondureña de cepa. En honduras el Partido liberal se oponía a la dictadura Cariista y a sus descendientes. Ella adoptó la fe política de su marido y colaboró con él a esconder perseguidos, tanto de la represión cachureca como a revolucionarios opositores a la dictadura de Somoza.

Durante los años 1960 y 1970, Manina vivió la zozobra provocada por Cabos Cantonales, Un episodio negro en la historia de Honduras.

El tiempo paso y los procesos políticos también. La inestabilidad política en Nicaragua le hizo tomar partido o renovar sus convicciones antisomocistas. Se convirtió en simpatizante de la causa del FSLN y en defensora y guardiana de los sobrinos que, por circunstancias evidentes, se encontraron refugiados en Honduras.

Pero hubo un cambio en sus opiniones políticas. El triunfo de la Revolución Sandinista trajo consigo un viraje posiblemente inesperado por mi mama. La revolución era una Socialista y socialismo para mi mama era igual a ateismo, ha hacer jabón con los viejitos y vender los niños a Fidel Castro. Así, ayudada por las campañas de desprestigio llevadas a cabo por Moisés Ulloa Duarte, La radio clandestina de la contra (Radio 15 de septiembre) y evidentemente por la noticias tergiversadas de diario La Tribuna y La prensa, la Manina se convirtió en enemiga política de los Sandinistas. Los argumentos de mi mama junto con los de mi primo Plutarco eran invencibles. Y cuando los argumentos no funcionaban, una amenaza de baño de agua caliente ahuyentaba a cualquiera que le dijera que Tomas Borge Martínez era su primo.

Ella creía en Dios y como buena creyente, creía en lo que le transmitían los sermones del cura y los sermones de los fieles periodistas católicos. Pero hubo ciertos fenómenos que vinieron socavar las sólidas bases ideológicas. Su hijo menor, un flaco desgreñado y rebelde, decidió que era tiempo de explorar algo nuevo que era tiempo de explorar nuevos planteamientos. Este flaco comenzó a estudiar los escritos de Marta Hernaker, Gregorio Seltzer, las novelas de Márquez y otros escritos que en ese tiempo eran clandestinos en honduras. Mis dos hermanas mayores se hicieron protestantes, un insulto a su fe católica, u su hija menor se casó. A pesar de todo eso, nunca nos dejo de querer y de darnos su apoyo.

Esa fue mi mama. Una mujer polifacética forjada por los cambios y la edad.

Este escrito refleja un poco quien era mi madre:

Panfleto a mi madre

Ella vio morir países dando a luz

Ella vio países cansados levantarse del polvo

Ella vivió guerras de trincheras

Ella combatió en batallas por amores que a veces no eran suyos

Ella siguió varias guerras a través del telégrafo

Siguió otras por el milagro de Marconi

Y vio otras en esas cajas mágicas vendedoras de ilusión

Ella triunfó en la batalla de su vida

Ella vio diluirse la justicia divina

Ella vio sotanas cambiarse por fusiles

Unos de justicia otros de represión

Ella vio el refran

Dominus vobiscum....

Et cum spiritu tuo....

Cambiarse por este otro

Globalization vobiscum

Et spiritus pecunia

Ella comió en la plenitud de la pobreza de los veinte

Ella vivió y durmió al resplandor de la oscuridad

Y se despertó un día bajo la sombra de la energía nuclear

Ella festejo el triunfo de los barbudos del mar Caribe

Ella los fustigó cuarenta años después

Ella se crió entre la frontera del rojo libertador

Y la del azul masacrarte del odio

Ella me crió temiéndole a Dios y al Socialismo

Y ese fue su único fracaso

Ella me crió cantándole al olvido

Y yo ahora le canto a su recuerdo

Ella me dio a su modo todo lo que poseyó

Yo le quité más de una vez sus esperanzas

Ella era mi madre

Yo el hijo que le extraña.

Dario Izaguirre Val-d’Or 19-04-2011

Ahora que ella se fue, en los días a venir, les contaré una serie de episodios que ella me contó cuando era un chigüín.

Por ahora los dejo,

Un abrazo.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Oraciones, Cuentos, fantasmas y agüizotes: volumen 2 (el gato negro)

Siguiendo la línea de mis escritos sobre el folklore y las tradiciones de nuestra tierra centroamericana, les quiero dejar hoy una serie de párrafos en donde les hablaré de un amigo de infancia. Pero no puedo comenzar a hablarles de ese amigo sin antes introducirles a ese universo místico y prohibido de la magia negra.

Todos los que hemos vivido en la campiña alguna vez hemos oído hablar de gente que practica la brujería. Algunos de esas gentes se han apropiado libros o fragmentos de libros susodichos mágicos, libros prohibidos a los que, antaño, sólo los iniciados tenían acceso.

¿Quién no ha oído hablar de la famosa oración del gato negro o de la oración de Monserrat o de pociones hechas con el hueso del pene de ciertos animales, o de ritos hechos con gallinas negras o con cabras negras? Todos esos hechizos, por así decirlo toman sus orígenes en libros como El libro de San Cipriano, o en
El Gran Grimorio del Papa Honorio, o en Las Clavículas de Salomón, o en La Biblia Satánica de Anton Szandor LaVey, entre otros. O en tradiciones milenarias que no tienen origen preciso. Ya en otro texto les hablé del moco de jolote y otras friegas que toman su origen en prácticas o ritos precolombinos.

Los libros prohibidos de hechicería siempre estuvieron al margen del común de las personas, la iglesia en su afán protector de la fe se encargó de quemarlos, perseguirlos y utilizarlos par infundir miedo a los feligreses ávidos de historias y de hechos sobrenaturales. Sobretodo en una época en donde la televisión, Internet y el correo electrónico no existian.



Pero siempre hubo marginales que decidieron esconder obras preciosas a sus ojos. De la misma manera en que yo escondía El breve diccionario de sociología Marxista de la Colección 70 o El pequeño ejercito loco de Gregorio Seltzer. así otros escondieron esos libros que ahora se pueden encontrar sin problema en red.

Bueno, ese amigo de quien les quiero hablar, era uno de esos iniciados. Nació en los años 1960 en la misma aldea que yo. A temprana edad perdió a su padre y fue criado por su madre y su abuelo quien en otros tiempos había sido soldado del General Carias.

Lo conocimos en mi casa porque mi padre, un hombre de muchas iniciativas y siempre listo a ayudar al desvalido, lo acogió como trabajador al igual que sus hermanos cuando aun era un niño.

Cuenta mi papa que este gallo llego por la primera vez al la casona de la montaña una mañana del mes de enero. Mi papa estaba en el corral donde el ordeñaba sus vacas y, desde lejos, Cantarranas (El nombre verdadero lo omitiremos por ahora, pero seguro que algunos de mis lectores sabrán de quien hablo. Por ahora le llamaremos Cantarranas) le gritó:

- Don Joche, manda decir mi mama que le venda una botella de leche.

Mi papa le contestó:

- Ta bueno pues, vení pasame la cumba para que te la llene.

- ¡Güevos! le dice Cantarranas, mi mama me dijo que no juera meter las patas onde estaban esos animales. Me dijo que me podían joder.

- Ve hombré, le dice mi papa, acercándose donde estaba el amigo este, si no entras al corral te vas a ir sin leche.

Mi papa sabía que las vacas no le harían ningún daño. Eran vacas mansas y dóciles. Al mismo tiempo, mi papa necesitaba un muchacho que le ayudara en sus quehaceres cotidianos puesto que en ese tiempo sólo tenía sus tres hijas, el raquítico de yo no había visto aun la luz del sol.

- ¡Güevos! yo no entro allí, le dice Cantarranas.

En lo que menos esperó se encontró dentro del corral, mi papa lo tomo en sus brazos y lo metió. El chigüín lloraba y maldecía a mi papa.

Mi papa le lleno la cumba y le dijo que no le costaba nada, que se la llevara, y que si quería otra que volviera mañana.

Al día siguiente no fue él quien vino sino su madre, hecha una furia.

Desde que mi papa la vio supo que una camándula de insultos se aproximaba.

- ¡Buenas doña! le dice mi papa ¿viene a buscar su cumbita de leche?

- Cómete una carretada de la que comió Torres viejo pendejo, le dice la doña, vos, viejo hijo de la setenta mil pares de zapatos, ¿crees que a todos nojotros nos parió una vaca? Mis hijos no han nacido en un corral como vos, mis hijos se han criado…

- Mire doña, le dice mi papa, antes de siga con su retahíla quiero decirle que lo que hice ayer sólo fue para probar a tu hijo. Ese güevoncito es fuerte y puede serte útil si deja que yo le enseñe a trabajar. Su marido ya no está, dejalo que venga y que se acostumbre. Si le gusta lo voy a ocupar como arriero.

- Ya te dije viejo maldito que mis chigüines nos van a crecer oliéndole el culo a tus vacas.

- No te digo que va a pasar su vida en el corral sólo te digo que puede aprender y de algo le servirá después. Entre tanto, pasame tu cumba que te la voy a llenar.

Los días siguientes fue Cantarranas quien vino a buscar la leche, efectivamente, poco a poco fue entrando al corral y terminó ayudándole a mi papa en las labores de ordeño y cuidado del ganado. Aprendió a montar, a fletar con mulas y a ganar un salario como todos los otros trabajadores. Siempre fue rebelde, cotestón, mal bosaleado y autónomo. Cuando cogió alas se fue a descubrir otras tierras. Por allí volvió hecho todo un hombre cuando yo tenía unos 14 años. Casado y hasta donde le seguí la pista, tenía 3 hijos donde uno de ellos, Jaimito, tenía su mismo carácter.

Cuando regresó, mi papa lo contrató y lo puso à cargo de la compra de café ya no ganaba salario sino que cobraba comisión. En eso trajines yo lo acompañaba y fue así como supe que en sus andanzas había aprendido algunas cosas que, al chigüín que era yo en ese entonces, daban miedo.

Cantarranas, según él y personas de la aldea donde nací, controlaba ciertos poderes que la permitían volverse invisible, trasformarse en mono, conquistar mujeres y otras prácticas esotéricas. Era temido y respetado por todos y, al mismo tiempo, un jugador compulsivo. Podía dejar todo su dinero en una jugada de dados o de naipes y en eso las brujerías que sabía no le ayudaban de mucho.

Durante nuestros viajes de compra de café platicábamos de toda cosa. Yo le hablaba de política y del hecho de que habían injusticias pero que también habían esperanzas. Pero mi trabajo de concientización caía al lado cuando él comenzaba a hablar de sus dones y de sus aprendizajes de hechicero.

Casi en cada aldea por la que pasábamos tenia una movida, una mujer que se derretía ante sus miradas de matarrata, como decía don Félix Cachaza. Alguna gente se apartaba del camino cuando lo miraban pasar.

Un día le pregunté:
- ¿por qué la gente te tiene miedo, vos?

- No se, respondió.

- Mira vos, le digo yo, por allí la gente dice que sos brujo. El otro día el compa Andrés me dijo había pasado por el pozo de la Tina la de Mundo ya de tardecita. Tina estaba allí y se pusieron a platicar. De repente, un mono comenzó a pasearse de rama en rama y a hacerles muecas (aclaro que en esa región de mi país no hay monos). Tina ni se asustó y lo único que le dijo fue – Mire Andresito, ese es su compa Cantarranas que nos quiere asustar. Cuando Tina le dijo eso, el mono se fue y dejo de joder.

Con una sonrisa esquinera, Cantarranas respondió.

- ¡Esos son papos!

- Bueno le digo yo ¿pero eras vos o no?

- Mira, me dice, te voy a contar una cosa pero no se la digas a nadie. Si lo contás eso va jugar en mi contra y me puede pasar algo.

Yo también era miedoso y le prometí de nunca decir nada. Sin embargo con el paso del tiempo Cantarranas se hizo cristiano y ferviente practicante, por lo tanto creo que ahora no le pasará nada.

- Bueno, le digo, no te preocupés, no le voy a contar a nadie.

- Mirá, me dice, cuando me fui a vagar por Olancho, conocí un jodido que tenia unos libros de magia negra y, como vos, yo no paraba de hacerle preguntas. Un día me dice: vení que te voy a enseñar algo.
El tipo me enseño el libro infernal, el libro de San Cipriano. Con ese libro me enseño unos cuantos pases.

- Aja ¿y que te enseño?

- Entre otras cosas me enseño a hacerme invisible, a conquistar mujeres y otras cositas.

- Hacerte invisible, esas son puras pajas tuyas para hacerme miedo.

- ¡No jodas! me dice, ¿si no me crees pa que putas me preguntás?

- Calmate hombre, le digo yo, es que eso de hacerse invisible es difícil de tragárselo.

- En el libro de san Cipriano me dice hay varios encantos que se hacen con un gato negro y uno de esos es el que te permite de hacerte invisible.

- ¿Y vos lo hiciste?

- ¡Si! y te digo que es vergueado, tenés que tener güevos. Porque te podes hacer loco haciendo el rito.

- Haber contame, le digo yo.

- Mira, me dice, yo lo hice en la montañita entre la finca de tu abuelo y las propiedades de Pancho Romero. Allí no va nadie y es pijiado que alguien te encuentre.
Tenés que encontrar un gato negro, me dice, negrito, sin una pizca de blanco. Lo tenés que engordar bien durante 7 meses, después, al séptimo mes cuando la luna esta llena te vas al lugar del ritual.

Tenés que llevar un a chalina fina de seda negra, un cuchillo virguito de crucero, una olla o tinaja tamaña pipa y un espejo nuevo en el que no te ayas visto, un haz de ocote fino rojito y leña de corazón de roble bien sequita. Si no tenés leña de roble podes utilizar otra clase de leña de palo duro, Trotón, encino, guayacán, quebracho, por ejemplo.

Bueno, una vez en el puesto prendés el fuego lo atizas y pones la olla con agua y la haces hervir y esperás hasta las doce de la noche. A las doce en punto te haces una heridita con el puñal y le hechas unas gotitas de tu sangre al agua. Después, agarrás el gato, que tenés en un costal de manta, y lo zambullís vivo en la olla. Allí tenés cuidado de que no te aruñe porque si te aruña te lleva el diablo. Allí esperas y seguís atizando el fuego hasta que los huesos se del gato se separen de la carne, cuando esto pase sacas los huesos y los ponés sobre la chalina, al mismo tiempo pones el espejo en el suelo al lado de los huesos, te apucuyas y cuando los huesos aun están calientes comenzás a ponerte los huesos uno por uno en la boca, pero preparate.

Aquí comienza lo bueno. Cuando te comenzás a poner los huesos en la boca el aire se pone fuerte al punto que puede apagar el fuego y comenzás a oír los maullidos de todos los gatos negros que han sido sacrificados por otros. Al mismo tiempo, recordá que te estas viendo en el espejo, pero lo que ves no es tu cara sino que todos los ejércitos de diablos que desfilan ante vos. Si tenés güevos y aguantas, en determinado momento te meterás uno de los huesos que hará desaparecer todas las imágenes del espejo, aun tu cara. El espejo no refleja nada. Cuando esto pase sabes que tenés el hueso que querés. Agarralo envolvelo en un pañuelo y metételo a la bolsa. El resto de los huesos y todo lo demás enterralo y andate de allí.

Ami se me ponían los pelos de punta, pero al mismo tiempo me daba gusto oír esas cosas. En le fondo sabía que eso formaba parte del la cultura de mi país. No obstante, siempre me pregunté si lo que Cantarranas me contaba era cierto, o si simplemente se trataba de inventos para hacerme miedo y hacerle miedo a la gente. Una cosa es cierta, Cantarranas practicaba sus ritos y sabía dominar ciertos aspectos de las tradiciones de brujería circulantes en América Latina desde hace siglos.

Un día pasábamos con Cantarranas al ladode una cantina del otro lado del río Conchagua. Allí, se encontraban un cachimbo de hombres bebiendo guaro y jugando naipes. Cantarranas me dice:

- Perate voy a ver si puedo jugar una mano.

- ¡no jodas! No gastés tu pisto en esa pendejada. Antes de jugar, comprale comida a tus hijos.

- Hombre, me dice, tenés razón, pero vamos a echarnos un fresco.

Nos bajamos de las mulas y desde que nos bajamos los otros hombres que estaban allí comenzaron a hacerle guasa a Cantarranas.

- Aquí esta el brujo
- Vení jugá con nosotros, te vamos a pagar una juca
Cantarranas repondia:

- Hoy no muchachos no tengo pisto.

Uno de los presentes, un tal Chepe Fajardo le dice:

- ¡No jodas cantarranas! ¿Qué putas te pasa hoy? Tas aguachento. Si no tenés pisto yo te doy 50 pesos, me los acabo de ganar herrándole las mulas a Canacho. Pero me tenes que probar primero que sos brujo y que te sabes las del uñudo.

- ¡No! Le dice Cantarranas, las cosas que se no son para venderlas y mucho menos para ganar pisto con bolos como vos.

- No seas Culero, le dice Chepe, si sos hombre tenés que hacerlo.

Los otros hombres comienzan a uchar a Cantarranas.

- Dale hombre, mostrale a ese jodido que las podés.

- Aquí todos sabemos quien sos, sólo ese papo es el único que quiere perder su pisto.

- Hacete mono o desparece para que se le quite la jodedera este.

Chepe lo urgaba tambien.


- Mirá, le digo yo, te dije que no viniéramos aquí.

- Callate, me dice. ya vas a ve como se las pongo estos pendejos.
Hombre Chepe, le dice, te voy a dar gusto. Primero dale los 50 pesos a Dario y luego te vas a buscar afuera un tuco de cascajo de unas 20 pulgadas de largo.

- Ta bueno pues, le dice Chepe.

Chepe me dio los 50 pesos y se fue a buscar la piedra.

Entretanto al interior de la cantina el silencio era uno de catedral al medio día.
Cuando Chepe regresó con la piedra, Cantarranas le dice:

- Tas seguro que me queres dar esos 50 pesos.

- Claro le dice Chepe de todos modos no te los vas a ganar porque ni brujo sos. Esas pendejadas que dicen de vos son puras pajas. Yo me meo en los brujos.

- Bueno, venite para acá le dice Cantarranas. Dame la piedra y ponete de espaldas a mí.

Chepe obedece y lo hace.


- Ahora abrí las piernas, le dice.

Silencio total en la cantina…


Cantarranas introdujo la piedra entre las piernas de Chepe y comienza a rezar una retahíla en una especie de glosolalia que nadie entendió. Teniendo la piedra con una mano comenzó a suspender a Chepe. Los pies de Chepe estaban a unos 50cm del suelo cuando empezó a gritar.

-¡Brujo hijueputa! bajame de allí. Ya te creo, bajame.

Cantarranas no paraba y lo iba subiendo más y más hasta que los pies de Chepe se encontraron a un metro del suelo. Cantarranas lo tuvo allí durante más de un minuto y no parecía ni hacer fuerza. La cantina se vació y las doñas comenzaron a rezar y sacar sur ramitas de ruda.

Cantarranas salió del trance y bajo a Chepe diciéndole:

- ¿Y ahora me crees?

Chepe con unos ojos de vaca viendo pasar el tren le respondió.

- Brujo pendejo, te ganaste los cincuenta pesos ya no te acerqués a mi ni a mi familia.

- Te recuerdo, le dice Cantarranas, que vos me pediste que hiciera eso, sólo tenías que dejarme en paz.

La cantina volvió a llenarse de nuevo y nosotros continuamos nuestro viaje en silenció yo quedé completamente impresionado.

Como les dije antes yo perdí contacto con Cantarranas. Me fui a estudiar a la capital pero el recuerdo de este brujo me siguió toda mi vida. Un día decidí de verificar si en realidad esas oraciones y sortilegios existen de verdad. Hice una investigación rápida sobre los sujetos de conversación que entreteníamos con mi amigo y encontré algunas pistas.

Para comenzar me pregunte ¿quien era san Cipriano?

Existen varios y dos de ellos son confundidos. El primero es el San Cipriano de Cartago. Este último
“nació hacia el año 200, probablemente en Cartago, de familia rica y culta. Se dedicó en su juventud a la retórica. En 248 y fue elegido obispo de Cartago. Al arreciar la persecución de Decio, en 250, juzgó mejor retirarse a un lugar apartado, para poder seguir ocupándose de su grey. Algunos juzgaron esta actitud como una huida cobarde, y Cipriano hubo de explicar su conducta. Unos años después, en la persecución de Valeriano, Cipriano no huyó, fue primero desterrado y luego, llamado del destierro, vuelto a juzgar y decapitado en el año 258.

El segundo es San Cipriano de Antioquia a quien se le atribuye el librito de Cantarranas. Poco se sabe de este santo y lo poco que se sabe viene lo pone en relación con otra santa, Santa Justina. Lo poco que se encuentra en las enciclopedias viene supuestamente de una compilación de tratados sobre la vida de los santos llamada el Flos Sanctorum donde según parece padre jesuita Pedro de Ribadeneyra en 1599-1601, publica datos biográficos de este Santo.

Según la edición del libro de San Cipriano que se encuentra en la biblioteca digital de la Universidad te Toronto, encontramos que “
San Cipriano es Nacido en Antioquia, entre Siria y Arabia, de padres muy ricos y poderosos, venció todas las artes mágicas hasta la edad de 30 años en que se convirtió a la religión de Cristo. Dejó escritos infinidad de libros de hechicería, producto de sus muchos conocimientos y de las propias maravillas que ejecutó en su época de mago, y que causaron la admiración de todas las gentes” (Jonás Surfino (traductor): El libro de San Cipriano, Monasterio del Brooken. Año de Gracia, 1001, Nueva edición mexicana sin, fecha. Pagina 11).



Este Cipriano se convierte al cristianismo se hace obispo y muere a manos de los persecutores de los cristianos. A notar que es coetáneo del primero.

Así pues, la primera pregunta consigue respuesta.

Ahora me quedaba otra pregunta. ¿El ritual descrito por Cantarranas es en verdad uno de los descritos por San Cipriano?



Salvo algunas variantes probablemente regionales o simplemente para acentuar el carácter horrifico de la cosa, el ritual de Cantarranas sigue casi al pie de la letra las instrucciones del libro.

Según el libro de Cipriano la cosa va como sigue:

“MAGIA DE UN HUESO DE LA CABEZA DE UN GATO NEGRO
Pon a hervir un caldero de agua con leña de vides blancas (vid, uva blanca) y de sauce, y cuando vaya a romper el hervor mete dentro de ella un gato negro, vivo, dejándole cocer hasta que se aparten los huesos de la carne (Deberá tenerse el gato metido en un saco o en una cesta bien atada para zambullirlo). Realizada esta operación, sácanse todos los huesos con un paño de hilo y colócase la persona que está haciendo esta suerte delante de un espejo, metiéndose hueso por hueso en la boca hasta que la imagen de la persona que realiza esta operación desaparezca del espejo, lo que supondrá que ese es el hueso que tiene la virtud de hacer invisible a la persona que lo llevare en la boca. Cuando quisiereis ir a alguna parte sin ser visto os meteréis el hueso en la boca y diréis:
‘Quiero estar en tal parte por el poder de la magia negra.’
Es de advertir que no hay necesidad de introducirse en la boca todo el hueso para hacer la prueba del espejo, basta apretarle un poco con los dientes”. (Jonás Surfino (traductor): El libro de San Cipriano, Monasterio del Brooken. Año de Gracia, 1001, Nueva edición mexicana sin, fecha. Pagina 149).

Así pues una practica milenaria del viejo mundo sigue probablemente vigente en nuestros días.
Nunca sabré si Cantarranas había leído el libro pero si es cierto que por la vía de la tradición oral se pueden transmitir conocimientos de generación en generación.

Si nota que los gatos negros comienzan a desaparecer en su vecindario, no me eche la culpa. En otras páginas les contaré otros hechizos que me transmitió Cantarranas.

Saludos y que disfruten.

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