jueves, 23 de enero de 2014

¡Pun!! Pun! ¿Quién es? ¡Un machete y un Fusil


Los hechos relatados a continuación llegan un poco tarde y con algunas deformaciones debido al paso del tiempo.


Nadie, o casi nadie, ha enfocado la década de los 1950 y principios delos 1960 en Honduras desde el puto de vista de los pobladores y de los opositores al régimen  de la época.

Miles de páginas se han escrito sobre la dictadura de Carias y las guerras civiles que precedieron la dictadura. Los nombres de los líderes «Revolucionarios» son conocidos. Pero como siempre, el actor y autor anónimo de la historia queda tras bambalinas.


Aun ciertos documentos que enfocan el origen de los movimientos de izquierda en Honduras y que denuncian la represión  y la impunidad en ese pequeño país de C.A., no enfocan esa represión y esa impunidad  reinantes antes y después de los años  1950  (ver para el caso: Kirk Bowman (1998) : Militarization and Democracy in Honduras 1954-1963, Georgia Institute of Technology, Atlanta).  Represión que es abonada por las rencillas políticas entre los caudillos locales y que, en la mayoría de los casos, degenera en pura vendetta personal.


Honduras entre  1936  y 1949, vive un periodo de dictadura liderada por el General Tiburcio Carias Andino, el último de los generales de cerro que gobernó al país en representación del Partido Nacional  con la bendición de los EE UU y las compañías bananeras. Es de hacer notar  (Según mi tesis de licenciatura en Historia «En torno a los origines de los partidos políticos en Honduras») que hasta la época los partidos como verdaderas organizaciones políticas,  no existían en Honduras. Había pues, una serie de facciones políticas y partidos de patronazgo que tenían por práctica el caudillismo y el clientelismo político.

La dictadura de Carias se caracterizó por una paz envidiable por otros países según los viejitos. Pero esa paz era un estilo de pax romana: o estas con Roma o contra Roma. Entonces en  honduras se estaba con Carias o contra Carias. Un líder Liberal de la época acuñó la frase que decía que la fórmula de la dictadura era «destierro, encierro o entierro». 


Pasan los años, la experiencia de Nicaragua y su guerra Civil, liderada por Augusto Calderón Sandino, el levantamiento comunista liderado por Farabundo Martí en el salvador en 1933 y otros eventos que hacían reflejar un cierto despertar de los sectores desposeídos, hizo que la  dictadura apretara las tuercas de la represión y aplicara  penas capitales atroces que serán temidas por todos.


Pero como dicen en mi pueblo, a todo chancho le llega su sábado… Y si no pregúntenle a Joaquina.  La dictadura llega a su fin.  Carias, ya cansadito de tanto control y con nostalgia de los berrinches de los años que precedieron su ilustre gobierno,  decide convocar a elecciones.  No sin antes asegurarse una continuidad disfrazada en la persona del Señor Juan Manuel Gálvez.  Pero le salió la venada careta al general La Buchona.  Gálvez se perfiló rápidamente como un gobernante reformista.  Dando origen, a mi modo de ver, al incipiente nacimiento de verdaderos partidos políticos. No sin arrancarse por supuesto, los tintes caudillistas de las facciones del siglo XIX.


La transición entre el periodo de dictadura y el de la nueva época se  ve marcada por una época de calma relativa y de apertura política.  Juan Manuel Gálvez, ex miembro del gobierno Cariista, impulsa reformas que le dan a  Honduras un tinte de modernidad.  Funda el  banco central de Honduras, construye carreteras, incentiva la educación y promueve, con ayuda de los estados unidos,  la profesionalización del ejército, que, según ciertos autores,  hasta la época no existía en honduras.  Por otro lado se vio en el periodo de Gálvez,  un corto periodo de tolerancia política. Líderes políticos exiliados regresan del exilio, ciertos presos políticos son liberados. Así, este receso permite la emergencia de grupos organizados de campesinos, obreros y estudiantes que estuvieron bajo la bota del dictador durante varios años.  Los viejos líderes se eclipsan y nuevas caras aparecen en la arena política de los partidos tradicionales.  Gálvez, Villeda Morales, Rodas Alvarado, Gálvez Barnes, Zúñiga Agustinus, Cruz  y otros que quedan tras el anonimato. Es el caso de esos que participaron en la gran Huelga del 54 y aquellos que fueron víctimas de las venganzas personales y los abusos de poder de los esbirros al servicio del gobierno de turno.


Porque hay que decirlo. Aunque el gobierno central promueve la apertura y la reconciliación, en los pueblos aislados de casi toda comunicación y acostumbrados plegarse a las cuatro voluntades del caudillo local, las cosas no cambiaron mucho.  La denuncia injusta, el orejeo y el chismorreo político siguieron siendo orden del día.  


Pero en Honduras, como nos gusta el pijeo y el molote,  y todos los galafates se quieren llevar un tuco de la tortilla; la relativa apertura política no la supimos aprovechar, salvo los obreros de las bananeras que le dieron una rica bofetada al poderío de estas últimas. 


En resumen Gálvez estuvo en el poder de 1949 a 1954, año en el que deja el poder después de una elección que termina en callejón sin salida.  Toma el poder el vicepresidente Julio Lozano Díaz quien queda en el poder hasta 1956  en el que fue defenestrado por una acción casi suicidaría de civiles y militares quienes toman el poder en 1956 después de poner  en jaque uno de los bastiones principales de la fuerza armada, El cuartel de San Francisco. El gobierno es ejercido desde ese momento por una junta militar que convoca a elecciones en 1957.  Esas elecciones llevan al poder a Ramón Villeda Morales quien es víctima de un golpe de estado militar en 1963.  Reanudándose así otro período de zozobra y persecución. Los antiguos seguidores de Lozano retoman poder y de nuevo todos las vendettas y los abusos continúan.


 Haciendo una lectura rápida de ciertos escritos sobre la historia de honduras de esa época, la mayoría de los autores concuerdan sobre el hecho de que el gobierno de Julio Lozano Díaz desencadenó una ola de represión sin precedentes.  Cerró periódicos, encarcelo líderes de la oposición, adjudicó poder a los cabos cantonales y a los jefes de plaza y la impunidad y la vendetta reinó en muchos lugares de Honduras.  Cosa extraña es que a pesar de sus desmanes y su paranoia política, Lozano impulsó ciertas reformas. Entre otras, permitió y legalizó el voto femenino. Por otro lado Ciertos autores lo proponen como un ferviente nacionalista y autentico defensor de los intereses del País (es el caso de Medardo Mejía quien a pesar de su conocida militancia de izquierda, fue miembro del gobierno de Lozano y redactor de su carta de renuncia en 1956). El hecho es que una cosa es la persona y otra sus acólitos y los hechos que durante su gobierno se dieron.


Ya para 1956, según Medardo Mejía (Historia de Honduras vol. VI, pp  447-448), Lozano emitió una circular que hizo enviar a todas las autoridades del país en la que se ponía termino a todas las consideraciones con los liberales Villedistas, en la que les pedía estar listos para someter cualquier movimiento que estos inicien.


 La circular tomada al pie de la letra y, es más, no se hizo ninguna distinción entre Villedistas o paracaidistas o fetichistas… todo lo que era rojo era liberal.  La justificación necesaria.


MI pueblo no pasó al lado de esos avatares provocados por la sed de poder y en ciertos casos de sed venganza. La cizaña personal se convertía en deber hacia el estado.


Cuenta mi padre que recién llegaba de Nicaragua a vivir en las plantaciones de mi abuelo en 1953, que por ejemplo los liberales, no tenían casi acceso a los puestos públicos. Él fue testigo de las elecciones de 1954, en las cuales no votó pero fue testigo de cómo los liberales que bajaban de las montañas, para ejercer el sufragio eran detenidos y encarcelados o retrasados para que no votaran  y también fue testigo de ciertos abusos de la parte de los militares hacia las propiedades de mi abuelo en donde buscaban armas que supuestamente ni abuelo escondía para promover un levantamiento.  Ya  en las elecciones de 1957 mi papa pudo obtener su tarjeta de identidad que le permitía votar. Bajo al pueblo y se coló en las filas y a pesar de los empujones y el intento de decomiso de su cedula de identidad logro hacerlo.  Mi padre se forjó en ese ambiente de incertidumbre y de agitación  política caudillista. 


1957- 1963 Periodo de gobierno de Ramón Villeda Morales.



Pajarito llega al poder y reestructura el aparato represivo del estado. Separa el ejército de la Policía y crea La guardia Civil. Nombra jefes de guardia a personas que no vienen de las localidades reduciendo así el exceso de poder de los esbirros locales de cualquier color.  Es un periodo de relativa paz en el país con ciertos tintes Reformistas (Instituto Hondureño de seguridad Social, código del trabajo, Reformas al código Civil, Ciertos impulsos de Reforma agraria y otras reformas menores a la estructura social y económica del país). Estas reformas son vistas como demasiado progresistas. En un periodo en el que el fantasma de Cuba, el intento fallido de Arbenz en Guatemala y la proliferación de focos guerrilleros en otros países de América Latina  hacen sonar las campanas del anticomunismo.  Y no se hace esperar la reacción de las capas conservadoras  que ven en la persona de Modesto Rodas Alvarado, candidato predilecto de los hondureños es esa época, una amenaza a sus intereses. Rodas un joven líder liberal impetuoso, mantenía un discurso radical y mal bozaleado que le jugó sucio.  Al punto que el gobierno de Villeda fue víctima de un golpe de estado de la parte del ejército, justo antes de las elecciones, llevando al poder al General Oswaldo López Arellano.

El testimonio de don Joche


Este es el periodo en el que se desata una nueva oleada de represión en contra de los liberales. Desarme selectivo. Encarcelamientos, exilio y zozobra. Esta etapa mi padre la vivió con todos los condimentos y su testimonio el que les quiero regalar hoy.


Como de costumbre, se trata de una entrevista con mi papa (2010) en la que cuenta ciertas anécdotas de ese periodo.  Y como de costumbre también, cada entrada será identificada con una J y una I cuando es mi papa el que habla y con na D y una I cuando es su servidor.


He aquí la entrevista.



DI.- Don Joche cuénteme la historia de los Cabos Cantonales.


JI.- Eso… de eso no hay ni siquiera que acordarse…


Di.- ¿Cómo no? ¡Hay que acordarse!.


JI.- ¡Bueno! ¡Mirá ve!  Primeramente cuando yo vine aquí habían unas elecciones que eran entre Zúñiga Huete (aquí se confunde porque el candidato de las elecciones del PL en el 54 fue Ramón Villeda Morales) que ganó las elecciones pero otro fue el presidente. Julio Lozano Díaz no le dio la presidencia y le dio Golpe allí nomasito, y se apodero Julio Lozano y empezó ¡jodido! a perseguir liberales  y aquella cosa ¡jodido! … un desastre… macaneando liberales… Pero entonces las mismas fuerzas armadas le dieron golpe de Estado,  cuando formaron la Junta militar de gobierno: Roberto Gálvez Barnes, Héctor Caraccioli y Roque J. Rodríguez. Estos le dan paso a la política y convocan a elecciones. Sale candidato (del PL) Ramón Villeda Morales  y gana las elecciones. Empezó Villeda Morales a trabajar con su gabinete. Él lo instaló con Nacionalistas, liberales y de todo.  En Honduras no había código de trabajo, Villeda Morales lo fundó, trajo más hospitales  y muchas de las cosas buenas que hay en Honduras ahora, fueron puestas por Villeda morales y  allí lo han seguido otros. 


Pues, Villeda Morales estaba actuando bien… Se rompen las nuevas propagandas (campaña electoral) y sale… Modesto Rodas Alvarado, pero Villeda tuvo miedo de que mandara Modesto porque en unos discursos, Rodas había dicho que los pinos iban a faltar en Honduras para colgar cachurecos. Y los babosos se la tragan que iba a ser cierto y no… ¡Mentira!  Como iba a ser eso. El hombre era así, impulsivo.


¡Pues hombre! Cuando ya está lista la elección el mero 3 de octubre (de 1963) cuando ya Rodas era ya casi presidente, entonces, se dice: que Villeda Morales aceptó el golpe de estado porque tenía miedo que llegara Modesto Rodas al poder. Eso se dice, a mí no me consta, pero eso se dice. Entonces pidió el golpe de Estado Villeda Morales. Villeda comienza a desarmar a la Guardia Civil para facilitar el golpe de estado. 


¡Mire! Nosotros… Yo nunca he pensado sacar los pies de mi casa, ese día (el 3 de octubre de 1963) los saqué. Le eché la bendición a ustedes, bueno, vos no habías nacido. Entonces se las eché a los demás cipotes y me vine dispuesto a ver que decían aquí (a la ciudad). Porque de todas maneras van a venir aquí y me van a hacer a saber cuántas cosas y allá pues las voy a sufrir con todos los liberales. Nos venimos… nos ajuntamos con el compadre Moisés Sosa y con don Pedro Sosa los tres veníamos dispuestos a quedarnos. Pero ya cuando llegamos, aquí ya habían desarmado a los civiles y a la casa de mi papá la gente llegaba y le decía:


-  Bueno don Lencho, le decían, ataquemos estos pendejos, no nos dejemos

- ¡No! Contestaba mi papá. Aquí nadie se mueve. Esperemos la orden de nuestro jefe que es el presidente, esperemos

- Arriémole, don Lencho, montémoles verga… y ríe

- ¡No, no, no! No vayan a hacer eso…



Y el jefe de la Guardia Civil también era buena gente y les decía también:


- No muchachos, hay que atender,  yo de parte mía ya estuviera volándoles maceta a estos jodidos pero tenemos que esperar. 


Al caso es que ya luego Villeda Morales ordenó que todos nos quedáramos tranquilos y hasta allí nomás, y ahora pues cada quien a su casa y a ver que va a pasar. Y quedan los militares persiguiendo a los liberales. Dando órdenes de que todo el que tuviera su pistola su rifle que lo vinieran a entregar inmediatamente. Yo tenía dos pistola y un rifle. 


¡Jobero! Y entonces, la casa en El Palo Verde, en la casa vieja, llenita de nacionalistas oyendo… que los radios eran escasos y nosotros teníamos uno. Y aquel poco de gente pegados allí oyendo las ordenes.  Entonces, le digo yo a Virginia:  


- Virginia (delante de aquella gente) yo me voy a entregar estas armas. Yo no quiero que vayan a venir a molestarnos aquí por estas armas.


- No don José, me decían, no las lleve ¡hombre! nosotros se las vamos a tener no se preocupe.


- ¡No hombre! Es que yo no quiero que les vayan a hacer problemas a ustedes por culpa mía, mejor las voy a dejar y vamos a quedar tranquilos. Yo soy amigo de ustedes y ustedes también y me lo están demostrando, les digo yo, puesto que quieren que yo deposite mis prendas en poder de ustedes.


- ¡No, pero que mire don José….!


- ¡No! Ya me voy….



Y hago viaje para entregarlas aquí al pueblo. Pero en solo la salida en aquel robledal allá cerca dela quebrada de la jilguera, habían unos horascales tremendos…  allí las metí, las escondí bien. Meto el rifle, las pistolas y todo y me vengo pa’l pueblo.


Pero ve hombre, Cuando y salgo allí a Granadillos, allí donde don Felipe González, ¿Ya conocés verdad?  Allí, encuentro una patrulla Jodido… y  ¡ras!


-  ¡Párese allí! ¡A ver! ¡Sus armas!


-  ¡No! Si a mí ya me las quitaron, les digo yo


-  Ah vaya pues 


Y me dejan pasar.


Cuando llego onde mi papá me dice el jefe de la Guardia Civil:


- Hombre, me dice, verdad que ya lo jodieron. Ya se las quitaron sus pistolas, me dice. Aquí ya nos desarmaron a todos.


Y le platico: Mire yo hice esto y esto y así y asa… Y me vine y allí  las tengo, le digo yo. Y suerteramente encontré una patrulla y les dije que ya me las habían quitado.


- Jodido me dice, ta bueno allí téngalas.


En la tarde que vengo, allí estaban los hombres, los nacionalistas y me dicen:


-¿Y entonces don José?


-¡Ay! Les digo yo, en solo la entrada al pueblo, allí nomas me las quitaron, allí las dejé les digo. Ya estoy tranquilo ya nadie me va andar molestando.


Cuando ya se fueron, en la tardecita, ya me vengo a sacar las papadas que había escondido y las escondí en la troja de maíz. Allí me quedé armadito.


Pero siempre hay amigos que dicen que lo son y mentiras, no lo son. Fijate que Norman Molina me pide el rifle, que allí me lo iba a tener porque él era nacionalista, y como era el hijo de Chendo, se lo di que me lo tuviera. Me lo dio por perdido el rifle. Y el rifle yo lo hubiera salvado de todas maneras, porque cuando yo lo tenía en poder mío, yo se los prestaba, y eso me valió de mucho, a los nacionalistas se los prestaba yo el rifle. Por allí andaban tirando y cuando acordaba, allí me traían pedazos de venado y comida así pues. Y los Aroca Henrique Aroca y a los Hernández que tenían pul en el partido nacional, allí se los prestaba. Allí también se los prestaba en el palo verde. A los Aguilar, a Goyo González. Eso me valió de mucho. 


Bueno, allí quedamos amigo. Allí se forman los cantonales. Y comienzan a molestar gente y allí andaban para arriba y para abajo. Allí pasaban por ese Sauce (un potrero enorme en unos cerros que pertenecían a mi abuelo, ahora a Nelson Paguaga). Los niños de escuela, allí los miraban a los cantonales, escondidos en las zacateras. A mi papá lo vigiaban y a mí. A veces me mandaban a avisar a mí que me andaban preguntando por mí. Y aquel Ángel Barahona del Palo Verde, que en paz descanse, me mandaba a avisar.  Don Joche no salga a tal lugar que lo están vigiando los Cantonales. Y como él estaba casado con Chila Merlo, y los Merlo, eran los líderes de los nacionalistas, de seguro ella le decía a Ángel. Porque los hombres, los Merlo, Rogelio, Tunino,  se llevaban bien conmigo, entonces me avisaban.


Y había un hombre, que en paz descanse, me decía:


-Don Joche, me decía, vamos a encajarnos en un palo y los venadeamos esos jodidos, me decía. Y ríe.

Era don pedro Sosa, pero yo no le acepté y él tampoco lo hizo. Era  un buen amigo don Pedro, todos esos Sosa, Bacho, Tulio, Lencho. 


DI. Paréntesis. Aquí cuenta una anécdota de las sacadas de don Pedro Sosa. Don pedro era cómico dulce y juguetón. Yo lo conocí muy bien porque cuando me llevaba con los hijos de mi padrino, Moisés y Julián, don Pedro siempre andaba por allí vigilándonos y ayudándonos a salir de malos trancos. Recuerdo que una vez, Moy tenía un rifle 22 y le dice a don Pedro: 


- Tío Pedro yo pego con este chopo. 


Don pedro le dice: 


- Que vas a pegar.  


Estaban en una loma donde mi padrino tiene un beneficio de café en las Champas. De allí se miraba el campo de pelota de El Palo Verde, una meseta intramontana en uno de los potreros de mi abuelo. Allí había unos burros y machos y palenques probablemente de mi abuelo. Entonces don Pedro le dice a Moy:


-Si es cierto que pegas con ese rifle, miras aquel burro que esta allá (a unos 200 metros)  si es verdad que pegas, bájatelo, le dice.


Todo esto creyendo que dos cosas: primero que Moy no lo iba a hacer y segundo que si lo hacía Moy no tendría la puntería para bajárselo.


Antes de que don Pedro terminara,  Moy apunta y deja ir el balazo. Coincidencia o realidad el burro cayó muerto. Don Pedro se puso bravísimo por que ahora había que pagar el burro y  porque Moy no había esperado que terminara la broma. Pero cerró su arrechura diciendo: “es vegdad que pegás pego agoga le debes un un bugo a don Gencho” 


Bueno, otra sacada don Pedro la cuanta mi papa en su entrevista:


JI.- Cuando se murió Lencho el hermano de don pedro, porque le cayó un palo encima. Allí fuimos a enterrarlo a Los Hurracos (el cementerio comunal de las aldeas de San Antonio, Granadillos, Las Flores y Palo Verde) pues que llegados allí don pedro no quería que enterramos a Lencho.  Y como andaba bolo, no paraba de decir:


- Yo me quiego ig ag goyo con mi hegmano (don Joche lo imita)


- Yo me quiego ig ag goyo con mi hegmano


- Yo me quiego ig ag goyo con mi hegmano


Y aquel joder, desde que agarramos la pala para echarle tierra a la sepultura don Pedro empezaba.


-Yo me quiego ig ag goyo con mi hegmano, jogigo, déjenme igme ag goyo con mi hegmano.


Entonces le digo yo a Goyo González y a Mundo Sevilla


- Agarremos este hombre y démole Gusto.


-A ver don Pedro, venga para acá.


Y les digo a los hombres “a ver muchachos démosle gusto a don Pedro, y lo agarramos y hacemos como que lo vamos echar en la sepultura. Cuando don Pedro siente que la cosa va en serio comienza a gritar.


-No honbgre, mejor después. Ya no quiego igme ag goyo con gencho. 


Y lo enterramos a Lencho, amigo…Buena amigo mío fue don Pedro.


DI.- Luego de esta anécdota don Joche hace un resumen de los procesos electorales hasta los ochenta, pero eso es historia conocida y  se desvía de muestro sujeto principal. Momentos después  lo hago retornar al punto donde don pedro quería venadear a los cantonales.


JI.- Allí anduvieron esas manchas bravas. Les decían así porque a cualquiera mandaban a la chingada, maltrataban la gente, o mataban y ellos eran los….


DI.- ¿Y porque les decían La Mancha Brava?


Porque se organizaban en bandas y al que les caía mal le echaban la vaca, lo golpeaban o lo asesinaban. Cualquier cosa hacían.


Yo caminaba con los pelos dela espalda irizos. Porque parecía que iban a hacer algo. Cuando iba a ordeñar mi vaquita yo estaba mirando para allá y para acá y aquella cosa. Pero no, a mí nadie me molestó pero me asustaron sí. Y cuando uno está nervioso hasta una hoja seca lo pone del güevo y lo asusta a uno.

Fíjate que a mí me llegan a decir que me alistara que iba a llegar. Pero no me salí me quede en la casa.  Pues una noche, tarde en la noche, llega un hombre a buscar cuajada a la casa. Yo conocí la voz del hombre, y ya le dijimos que no había. 


- Si es que mire que tenemos un enfermo y necesitamos..

- Si pero no hay. Y si hubiera pues te venderíamos o te la regalábamos, pero no hay.

Se fueron no les abrí. Era  que andaban el hombre de cebo. Porque no rompían las casas hacían salir la gente y los mataban así podían decir que había sido la culpa delos ocupantes de la casa pero si rompían no podían justificar. Así Mataron a mi compadre Pedro Soriano en Jamastrán. Pero no le hicieron nada a la comadre Cándida.


Otra vez estamos acostados, toditos durmiendo ya. Y a media noche oímos la puerta: Tan, tan, tan. ¡Puta! Tan, tan, tan. Pero clarito como si estuvieran tocando la puerta.

- Hay madre, le digo a Virginia, vienen por nosotros. Ahora sí.


Pero yo me resolví, entonces le digo. 


- Meté a los cipotes allá.


Y los enchurucó detrás de un bunque. 


-Y vos también te metés y aquí me voy a poner al lado de la puerta con la pistola en la mano. Aquí me voy a morir. De todas maneras me van a matar y si me matan pues tal vez no me voy solo ¡jodido! 


-¡No! Me dice Virginia, yo aquí estoy con vos también…


¡Fijate hombré!  Las palabras de esa mujer.


Pues me arrimo a la puerta con la pistola en la mano y Virginia con un machete de taco.


¿Y qué había de ser pues? No contestaban cuando les preguntábamos quien era. Solo tocaban la puerta. Entonces me decido y abro la puerta ¿y qué era, crees vos?


Un perro que estaba dormido rascándose las pulgas y golpeaba duro la puerta como si le dieran patadas en lo bajo.  Y le digo a Virginia


- Si es Terri, el perro tarantoso. Anda trae los chigüines y sigamos durmiendo (y se rie)


Y eso siguió, los cantonales solo orejeando, a ver quién tenía un rifle, una pistola y denunciando matando y aquel joder y ellos mandaban. Pero sin buscar el progreso de la comunidad. 


Bueno una pausa en los avatares de don Joche espero les guste este retazo de historia que les he regalado.  Dentro de poco, otras anécdotas de don joche sobre del mismo tema.






lunes, 14 de octubre de 2013

José Izaguirre y José Hernández.

Ataques de nostalgia literaria y de nostalgia pura, eso es lo que me llevó a escribir esta líneas.
Escuchando mi música, los registros númericos cayeron en una  plática que mi viejo papa tubiese con mi hija hace unos tres años.  En ella el viejo le da una série de consejos a mi hija que me hicieron recordar los consejos que Martín Fierro da a sus hijos y al de Cruz Fierro antes de separarse de ellos.

Corrí al libro que guardo conmigo desde mis años de colegio, recorrí sus amarillentas páginas hasta encontrar esos consejos.  Los leí y puse en ellos la voz de Papita Joche, mi querido viejo. Durante los minutos que duro la lectura me embriagué de su voz e hice suyos los simples consejos de Martín.
Entre otros este que les dedico a mis hermanas pelionas y que me aplico a mi mismo,

Los hermanos sean unidos,
porque esa es la ley primera;
tengan union verdadera
en cualquier tiempo que sea,
porque si entre ellos pelean
los devoran los de ajuera.

Sea pues!
Algunos de los  que leerán este texto lo conocen mejor que yo, pero estoy seguro que los que no lo conocen tienen dos opociones : o les gusta y sacan provecho de él (esto epero les pase a mis sobrinos e hijos)  o se aburren encontrandolo cursi, avejentado y ridículo. Los de la segunda opción sólo ven pa arriba y se les endurecerá el pescuezo, como dice otro gaucho apreciado, José Larralde.

Mire nomas!!

Estos Josés como que se saben las de ellos y la agenas!!!

Consejos del Martin Fierro a sus hijos y al de Cruz


Un padre que dá consejos
mas que Padre es un amigo;
ansi, como tal les digo
que vivan con precaucion:
naide sabe en qué rincon
se oculta el que es su enemigo.

Procuren de no perder
ni el tiempo ni la vergüenza;
como todo hombre que piensa
procedan siempre con juicio,
y sepan que ningun vicio
acaba donde comienza.

Ave de pico encorvado
le tiene al robo aficion;
pero el hombre de razon
no roba jamas un cobre,
pues no es vergüenza ser pobre
y es vergüenza ser ladron.

El hombre no mate al hombre
ni pelee por fantasia;
tiene en la desgracia mia
un espejo en qué mirarse:
saber el hombre guardarse
es la gran sabiduria.

La sangre que se redama
no se olvida hasta la muerte;
la impresion es de tal suerte,
que á mi pesar, no lo niego,
cai como gotas de fuego
en la alma del que la vierte.

Es siempre, en toda ocasion,
el trago el pior enemigo;
con cariño se los digo,
reacuerdenló con cuidado;
aquel que ofiende embriagado
merece doble castigo.

Si se arma algun revolutis
siempre han de ser los primeros;
no se muestren altaneros
aunque la razon les sobre:
en la barba de los pobres
aprienden pa ser barberos.

Si entregan su corazon
a alguna muger querida,
no le hagan una partida
que la ofienda á la muger:
siempre los ha de perder
una muger ofendida.

Procuren, si son cantores,
el cantar con sentimiento,
no tiemplen el estrumento
por solo el gusto de hablar,
y acostumbrense á cantar
en cosas de jundamento.

Y les doy estos consejos,
que me ha costado alquirirlos,
porque deseo dirijirlos;
pero no alcanza mi cencia
hasta darles la prudencia
que precisan pa seguirlos.

Estas cosas y otras muchas,
medité en mis soledades;
sepan que no hay falsedades
ni error en estos consejos:
es de la boca del viejo
de ande salen las verdades.

Yo nunca tuve otra escuela
que una vida desgraciada;
no estrañen si en la jugada
alguna vez me equivoco,
pues debe saber muy poco
aquel que no aprendió nada.

Hay hombres que de su cencia
tienen la cabeza llena;
hay sabios de todas menas
mas digo, sin ser muy ducho:
es mejor que aprender mucho
el aprender cosas buenas.

No aprovechan los trabajos
si no han de enseñarnos nada;
el hombre, de una mirada
todo ha de verlo al momento:
el primer conocimiento
es conocer cuando enfada.

Su esperanza no la cifren
nunca en corazon alguno;
en el mayor infortunio
pongan su confianza en Dios;
de los hombres, sólo en uno,
con gran precaucion, en dos.

Las faltas no tienen límites
como tienen los terrenos,
se encuentran en los mas buenos,
y es justo que les prevenga:
aquél que defetos tenga
disimule los agenos.

Al que es amigo, jamas
lo dejen en la estacada;
pero no le pidan nada
ni lo aguarden todo de él:
siempre el amigo mas fiel
es una conduta honrada.

Ni el miedo ni la codicia
es bueno que á uno lo asalten,
ansi, no se sobresalten
por los bienes que perezcan;
al rico nunca le ofrezcan
y al pobre jamas le falten.

Bien lo pasa hasta entre Pampas
el que respeta á la gente;
el hombre ha de ser prudente
para librarse de enojos;
cauteloso entre los flojos,
moderado entre valientes.

El trabajar es la ley,
porque es preciso alquirir;
no se espongan á sufrir
una triste situacion:
sangra mucho el corazon
del que tiene que pedir.

Debe trabajar el hombre
para ganarse su pan;
pues la miseria en su afan
de perseguir de mil modos,
llama en la puerta de todos
y entra en la del haragan.

A ningun hombre amenacen
porque naides se acobarda;
poco en conocerlo tarda
quien amenaza imprudente,
que hay un peligro presente
y otro peligro se aguarda.

Para vencer un peligro,
salvar de cualquier abismo,
por esperencia lo afirmo:
mas que el sable y que la lanza
suele servir la confianza
que el hombre tiene en si mismo.

Nace el hombre con la astucia
que ha de servirle de guia;
sin ella sucumbiria,
pero, sigun mi esperencia,
se vuelve en unos prudencia
y en los otros picardia.

Aprovecha la ocasion
el hombre que es diligente;
y tenganló bien presente
si al compararla no yerro:
la ocasion es como el fierro,
se ha de machacar caliente.

Muchas cosas pierde el hombre
que á veces las vuelve á hallar;
pero les debo enseñar,
y es bueno que lo recuerden:
si la vergüenza se pierde
jamas se vuelve á encontrar.

Los hermanos sean unidos,
porque esa es la ley primera;
tengan union verdadera
en cualquier tiempo que sea,
porque si entre ellos pelean
los devoran los de ajuera.

Los hermanos sean unidos,
porque esa es la ley primera;
tengan union verdadera
en cualquier tiempo que sea,
porque si entre ellos pelean
los devoran los de ajuera.

Respeten á los ancianos
el burlarlos no es hazaña;
si andan entre gente estraña
deben ser muy precabidos,
pues por igual es tenido
quien con malos se acompaña.

La cigüeña, cuando es vieja
pierde la vista, y procuran
cuidarla en su edá madura
todas sus hijas pequeñas:
apriendan de las cigüeñas
este ejemplo de ternura.

Si les hacen una ofensa,
aunque la echen en olvido,
vivan siempre prevenidos;
pues ciertamente sucede
que hablará muy mal de ustedes
aquel que los ha ofendido.

El que obedeciendo vive
nunca tiene suerte blanda;
mas con su soberbia agranda
el rigor en que padece:
obedezca el que obedece
y será bueno el que manda.

Procuren de no perder
ni el tiempo ni la vergüenza;
como todo hombre que piensa
procedan siempre con juicio,
y sepan que ningun vicio
acaba donde comienza.

Ave de pico encorvado
le tiene al robo aficion;
pero el hombre de razon
no roba jamas un cobre,
pues no es vergüenza ser pobre
y es vergüenza ser ladron.

El hombre no mate al hombre
ni pelee por fantasia;
tiene en la desgracia mia
un espejo en qué mirarse:
saber el hombre guardarse
es la gran sabiduria.

La sangre que se redama
no se olvida hasta la muerte;
la impresion es de tal suerte,
que á mi pesar, no lo niego,
cai como gotas de fuego
en la alma del que la vierte.

Es siempre, en toda ocasion,
el trago el pior enemigo;
con cariño se los digo,
reacuerdenló con cuidado;
aquel que ofiende embriagado
merece doble castigo.

Si se arma algun revolutis
siempre han de ser los primeros;
no se muestren altaneros
aunque la razon les sobre:
en la barba de los pobres
aprienden pa ser barberos.

Si entregan su corazon
a alguna muger querida,
no le hagan una partida
que la ofienda á la muger:
siempre los ha de perder
una muger ofendida.

Procuren, si son cantores,
el cantar con sentimiento,
no tiemplen el estrumento
por solo el gusto de hablar,
y acostumbrense á cantar
en cosas de jundamento.

Y les doy estos consejos,
que me ha costado alquirirlos,
porque deseo dirijirlos;
pero no alcanza mi cencia
hasta darles la prudencia
que precisan pa seguirlos.

Estas cosas y otras muchas,
medité en mis soledades;
sepan que no hay falsedades
ni error en estos consejos:
es de la boca del viejo
de ande salen las verdades.

José Hernández  (El Gaucho Marin Fierro)

viernes, 11 de enero de 2013

Bueno mijitos… ¡Ya me jui! voy ver si ya volvió la bola chata, N° 2



Para los que visitan por primera vez este sitio no olviden de leer la primera parte de la entrevista así entenderán mejor.

Como les prometí aquí les dejo las ultimas líneas de esta entrevista hecha a doña Anita.

Espero la disfruten.

Mis agradecimientos a todos los que dejaron un comentario y sobretodo a mi primo Byron que también estuvo a punto de ver al duende allí en las dificultades.

AV.- Otra vez este Raúl (su hijo) si no hubiera sido Margarita… se lo llevan también los malos. Fíjese que había agarrado una gran junta con un mentado… un hijo de don Ricardo, que se murió hace poco… que mato a la mujer en Tegucigalpa… ya no me acuerdo del nombre.  Pues allí caminaban con Raúl y ese señor le gustaba practicar cosas fellas … y se ajuntaban con Raúl y platicando papadas y preguntándole por la mujer, que ya se le había ido. Allá tardísimo, venia Raúl, aja usté y no ve que allí por donde son las rockolas (los prostíbulos de Lupe Pastor y Claudina Díaz)  un montón de lechuzas blancas  y allí lo treiban pepenadito y el venía corriendo y aquellos animales detrás de el y el con la caldereta… ay ay, ay  y gritando  y se levanta Margarita cuando oye los gritos  y lo mete a la casa y allí en el mero postesito estaba una mujer de vestido blanco y ya lo iba a agarrar a Raúl… no si vea salen cosas fellas aquí, ni quiera Dios.

Aquí en este barrio (Barrio Santa Clara), me contó un muchacho, aquel Mallillo el que vende perendengues, que dice que una vez venia el de arriba (barrios El centro, Las Flores…) bien tarde, dice, y en esa esquina (entre la séptima avenida y la novena calle) una chanchona que así era (hace el gesto de aproximadamente un metro de alto) con aquel poco de chanchitos y que se viene sobre mí. Me puse las canillas en la nuca corriendo para abajo. Llegué a mi casa, dice,  yo  me dije que aquella chancha debe ser aquella señora que se lleva pidiendo de casa en casa con aquel montón de chigüines.

Es bien chistoso ese muchacho… pues así fue, dice el muchacho, Allí me salio esa puta chancha que mal rayo la parta… con aquel poco de chanchitos y como esa señora camina con el montón de chigüines, ya me dije yo que se hizo chancha la doña.


No pues yo aquí para que le voa decir, yo aquí no he visto nada pero en aquel barrio si.

YI.- ¿Pero en que Barrio vivía usted?

Allá, allá por onde Paco Tractor, allá por la Cruz Roja (Barrio las flores).

Después de una pausa Mama Anita continua su historia y sigue contando episodios vividos con Manuelito. Algunos se repiten pero las notas humorísticas de nuestra querida abuela le dan otro matiz al suceso.

AV.- …Fíjese que a aquel Elías, Manuelito le leyó el destino..

JC.- Cual Elías

AV.- Elías, aquel de Cuyalí…

-          Elías, le dice.

-          Que Manuelito, le dice Elías.

-          Allí en aquel montón de café te deje una carta le dice Manuelito.

Pues nosotros pensamos que era una carta de papel, Y no, fíjese que era una hoja de guinello (guineo, Hoja de plátano) bien hechitas las letras sobre la hoja de guinello, bien… como con una astillita en el modo, bien hecha la carta... y allí le leía el destino.

Allí le decía que un día  se iba a levantar en la madrugada y que al levantarse iba a ver pasar una estrella, que se iba a cruzar para abajo. Y le decía que a partir de ese momento que se cuidara le decía… Cuidate, le decía, tené mucho cuidado… le leyó el destino… y fíjese que le paso la cosa.

JC.- ¿Y  Cómo murió él?

AV.-  Y no fue él el primero que mataron los Pina… le pegaron 27 machetazos… murió de noche… y ya le digo que si Manuelito hubiera estado Cuando a Román lo mataron no lo hubieran matado. Es que a Román toda la vida le tenía envidia la gente… y Manuelito lo cuidaba. No vayas al pueblo, le decía. Quédate acostado que te están vigiando… y fíjese que él le creía, porque Román era indomable… Ese no le creía nada a nadie. Porque el día que lo mataron, fíjese que le fueron a avisar a la casa. Y el decía no es cierto, son papadas, son puros cuentos. Pero a Manuelito si le hacia caso. 

Pues ahora allí esta en el Crique de oro,  Manuelito…


Mire usté, ese Manuelito nos traía fósforos a nosotros, por que hay veces que a uno en la montana, se le terminan los fósforos, entonces le decíamos.

-          Ay, Manuelito fíjese que no tenemos fósforos para mañana.

-          No tienen? Ya les vuir a trer decía.

Y ya regresaba y nos tirana la caja de fósforos, y fíjese que a la comadre Juana le trajo hasta una virgencita del Perpetuo Socorro.

- Hay te traje esa virgencita para que te acompañe, le dice.

Y la vez que me tocó a mi me dio ataque… me toco con aquellas manitos chiquitillas así… ¡ayyyyy! Aquí anda la chula… y pulungún caigo… y más que ni pulpería había allí y este Juan sale corriendo a buscar agua florida allá por Buenos Aires. (Las fincas de los productores de  la aldea de Las Dificultades tienen nombre de lugares de América del sur Brasil, Colombia, Buenos Aires…) Y Manuelito llorando,

¡Ayyyyyyyy! Decía si yo no soy el diablo, soy un espíritu ambulante por malcriado con mi madre.

YI.- y de aquí de El Paraíso hay gente que lo a idi a visitar?

AV.- de aquí solo dona Blanca ha ido (Dona Blanca la esposa de don Pituro Córdoba) de las que yo conozco y otro señor fue pero…

JC.- ¿Y cómo es él? ¿Alguien lo ha visto?

Unos hombres dicen que es como una sombra que no se distingue bien. Chévez decía él había visto una cosa como un Gatillo, decía Chévez, Hay andaba ese jodido decía Chévez (Chévez seguramente vio una ardilla voladora y pensó que era Manuelito)

 Pero nosotros nunca lo viamos en el día Solo en la noche y en la madrugada. Llegada la oración (a eso de las 6:00 pm), ya andaba sacudiendo el capotillo.

Allí anda, decíamos nosotros) 

-          Cállense decía el, Porque a él la bulla no le gusta.

Y a esta Angélica la cuerió cuando estaba cipotona (adolescente) porque era bien malcriada, era bien desbocada. Entonces le dice Román.

Y le pego unos fajazos, juaz, juaz… con la faja de Román.


Hay te dejo esa faja le dice Román pa que verguies estas putas malcriadas, le dice Román, como era bien bocón. (Todo el mundo se rie)

Y Manuelito le decía…

-     Román no andes ocupando muchas mujeres en la cocina, le decía, que onde hay muchas mujeres es como un gallinero, solo ocupa dos en la cocina, le decía, y las otras las ocupas como mozas.

Y fíjese que así nos tenía Román. Yo y la comadre en la Cocina y las otras como gallinas (trabajadoras) las otras halaban el agua, barrían, lavaban ropa pero oficio en la cocina no porque Manuelito decía que muchas mujeres juntas era como un gallinero, mucha mierda había .

DI.- ¿Pero Manuelito no es un duende?


AV.- No el duende es otra cosa, ese lo vi yo con Macario mi hermano. Íbamos un día por la una cuesta allí en Cuyalí, yo adelante y Macario detrás. En eso vi un muchachito meciéndose en una cuerda y le digo:


- Mira Macario ese muchachito que chiquito en esa cuerda le digo y meciéndose… Trajecito rojo gorrito rojo… y nos venimos locos para la casa.


Y le contamos a mi tío y el nos dijo ese es el duende rojo que les salio, dice mi tío…

Chiquitito así…  Entonces ese es el duende pero ese Manuelito es otra cosa.  


AV.- No mijitos ya me jui…

Todos,- aya pues dona Anita, Pase buenas noches

AV.- Gracias vos vimos…


Bueno, así  termina esta entrevista con Anita. Sin embargo, no los puedo dejar sin explicarles el título de esta.

Anita tenía una manera particular de expresarse. Nadie podía quedarse con la boca cerrada ante ella. Anita poseía una serie de expresiones propias lo mismo que onomatopeyas que podrían ser patentadas. Tenía también una capacidad imaginativa enorme y una capacidad para las figuras de estilo única.  Cuando se despedía nunca decía ya me voy o tengo que irme. Siempre decía ya me fui. Y el resto del titulo, lo de la bola chata, es una anécdota que sucedió con una de sus nietas, Selma.  Selma era una adolescente muy inquieta y media parrandera, le gustaban las fiestas. Por un tiempo ella vivió en la casa de su abuela Anita y mientras estuvo allí la doña la mantenía, como decimos, a mecate corto. Un día  Selma le suplico a Anita de dejarla ir a una fiesta con las muchachas Ponce.  Anita le dio permiso pero le dijo que la quería a las 10 de la noche en la casa. Evidentemente, a Selma se le fue el santo al cielo y en el jolgorio se le olvidó la hora y apareció en la casa como a eso de las dos de la mañana.  Esa hora es la hora en que los hombres entraban a casa sin dar razones pues, naturalmente eran hombres.  El órgano genital de los hombres es comúnmente llamado en Honduras, bola, entonces la madrugada es la hora en que las bolas entran de parranda. Selma, siendo mujer, entra alas dos de la mañana, toca la puerta, y ¿Quién la recibe? Su abuela hecha una furia y le dice Miren quien llega «La bola chata» y la pesca de las orejas y la entra ala casa. Selma creo que ni lloro, porque al siguiente día nos contó el pase y se quedo con el apodo.


Bueno hasta nuestra próxima entrada caituda

martes, 13 de noviembre de 2012

Bueno mijitos… ¡Ya me jui! voy ver si ya volvió la bola chata

Muchas son las tradiciones que están perdiéndose en nuestros países. El celular y la televisión toman el lugar de la fogata y el cuento diario en la oscurana. Los perreros son vistos como viejos ridículos  y locos que creen aun en el duende. Pero que hermosos momentos aquellos de mi infancia en que nos reuníamos al rededor de la radio en la montaña a oír cuentos y leyendas de Honduras con el Cuadro Artístico de Emisoras Unidas.

Esos cuentos y esas leyendas, en su mayoría, eran enviados por oyentes del programa y Jorge Montenegro los ponía en guiones.  Pero uno que nunca fue dramatizado ni puesto en escena es el de Manuelito de Jesús. Un personaje propio de la región  de El Paraíso y Nueva Segovia. Manuelito es uno de esos seres sobrenaturales que encarnan el bien y el mal dependiendo del lado que se mire. Manuelito protege las personas de su elección y cambia de tendencia política dependiendo de las circunstancias.  Por ejemplo, en los años 1950, Manuelito era liberal pero en los 1980 era contrarrevolucionario y anticomunista. Nadie lo ha visto  pero muchos lo han oído y sentido.
Una de esas personas, que se puede decir, convivieron con Manuelito fue una de mis muchas abuelas, doña Anita Vallejo, a quien, dicho sea de paso, quiero dedicar esta página.

Anita, una señora a quien la suerte no favoreció con riquezas ni lujos pero si con una fertilidad legendaria,  era la madre de Ramiro,  Antonio, Miguel, Rafael,  Raúl, Donato, María Cristina y la abuela abnegada de una marimba de nietos que la lista es tan larga que espacio me faltaría par nombrarlos. Anita crió esos hijos sola, trabajando en las haciendas ganaderas de los alrededores de Cuyalí, aldea vecina a El Paraíso, de donde ella era originaria. En los tiempos de cosecha de café se iba a las montanas de las dificultades con todos sus hijos a trabajar. Mientras ella trabajaba en las cocinas con Chila Herrera, Juana Díaz y otras señoras, sus hijos cortaban el precioso grano.  Anita era fiel y leal a sus empleadores, aunque ellos no lo fueron necesariamente con ella. Fiel también a sus convicciones políticas, Anita era liberal de cepa  y creo que, sin temor a equivocarme, ninguno de sus hijos salio cachureco.

Anita entonces fue la empleada de Román Zelaya, líder liberal de los años 1950 en El Paraíso, fue también empleada de mi abuelo Lorenzo Molina en las plantaciones de café.
Anita al igual que su sudor estuvo a la base de la fortuna de esos señores. Pero como decía antes, ella, además de la fortuna  de sus hijos, tenía otra aun más grande. Su espiritualidad y una memoria prodigiosa que no supimos aprovechar para hace la historia de nuestro pueblo. Ella creció prácticamente con el pueblo y sufrió los embates de las guerras civiles, las sososobras de los cabos cantonales y cuantas miserias más Tatachú le quiso mandar. Sin embargo, ella siempre le estuvo agradecida con él y en su casa siempre hubo un altar con imágenes de santos de cristo y de la virgen con candelas encendidas.  Murió mi abuela Anita hace casi un año y por un pelo no toca los 100 años,  al igual que su mamá, doña Lencha, que vivió más de cien.

Después de la muerte de esa señora excepcional  a la que recuerdo con mucho cariño y quien mas de una vez me dio de comer en su limpia cocina, quien siempre me tenía lista una melcocha, un pan dulce o una de sus tabletas, después de su muerte me permito regalarles ese un testimonio oral  que me acompaña desde el mismo momento en que la entrevistamos. Contado en ese lenguaje florido propio de dona Anita, con sus expresiones y su entusiasmo, quiero, en esta página, poner a vuestra disposición el testimonio de esta abuela y su vivencia con Manuelito de Jesús. 

Se trata de una entrevista que allá por 1989 hiciéramos mi hermana Yelba, Juan Cárcamo (el alistador, ahora reportero)  y yo. La hicimos en el marco de un trabajo de investigación sobre la historia oral del pueblo nunca fue difundida completamente sino solamente la interpretación del fenómeno como expresión de la cultura popular hecha en el cuadro del trabajo antes mencionado.

Como en las otras entrevistas,  las iniciales muestran quien habla. En este caso DI corresponde a Darío Izaguirre, AV a  Anita Vallejo, JC a Juan Cárcamo y YI a Yelba Izaguirre.

Aquí les dejo pues la transcripción integral de ese agradable encuentro con Mamanita como siempre la llamo Cristina. Aclaro que para mi esta es  una de las mas grandes herencias que me ha dejado una de mis abuelas adoptivas y por grande que es la comparto con ustedes.

DI.- Una de las expresiones del folklore en Honduras el la leyenda. En esta ocasión nos va ser narrada una leyenda que nosotros intitulamos Manuelito de Jesús. Es una leyenda muy peculiar que se da en el municipio de El paraíso en Honduras, allí por los años 1960, esta narración la hace la señora Anita Vallejo, ya de edad y quien vivió en carne propia este hecho. Con ustedes, Manuelito de Jesús.

La cinta comienza sin la primera pregunta que le hiciéramos a Anita. Pasa que no la queríamos intimidar con la presencia de la grabadora, entonces comenzamos a hablar así como si nada y luego pusimos a funcionar el aparato. No me acuerdo que fue lo que le preguntamos ni como la hicimos abordar el sujeto de Manuelito pero bien esto fue lo que dio…

AV.-  Yo le tenía miedo. Yo no lo he visto, porque uno no lo mira ¿verdad?  Uno lo siente por el silbido. Él cantaba el ave María, le decía a uno  que el no era el Animal sino que era un espíritu castigado por dios  y que hasta que fuera el día del juicio volvería  a las manos de Dios, decía el.  Pues yo le tenía miedo cuando íbamos a… las mujeres cuando estamos en la montaña acostumbramos ir de noche, así verdad, afuera.  Y a veces cuando estábamos, allí orinando, él nos tiraba cajas de fósforos, bolsas de pan… Allí les va, nos decía.

¡Ay no! Le decía yo a la comadre Juana (Juana Díaz), no agarremos eso que esa es la chula.
¡Ay, ay,  ay  noooo! Si yo no soy la chula decía él, yo no soy el diablo, yo soy un espíritu de Dios que hasta el día del juicio voy a ver los ojos de Dios, decía.

Pues en aquello…fíjese que una vez me toco aquí mire ( muestra su hombro) … una manito chiquitiilla… y me dio ataque, me dio el patatús, y me frotanaban con agua florida y me hacían cosas por si pensaban que era cosa mala.

A pues, él con Román (Román Zelaya) si era cosa seria. Cuando Román iba a hacer un viaje, él le decía, no vayas mañana Román, le decía,  que tenés peligro.  Al otro día llegaba y le decía: mañana si anda que te están esperando con pan y café, andate mañana que mañana si… y ya Román vivía al tanto de eso.

A Nosotros pues… este Chévez se había hecho de una mujer, una tal Moncha Rodríguez y había dejado a la comadre y el se había ido… y ese día nos vamos pa' juera y entonces le dice la comadre… y como todos los días nos salía Manuelito… le dice: si es verdad que sos bueno, le dice, y me tenés aprecio, andá metele una cueriada a Ramona y me traes a Chévez.  Y se fue.

Allá a otro día viene y le dice a la comadre: Fíjate que anoche pijié a esa vieja puta, le dice, y el jodido de Chévez, mañana viene con el saco, le tenés café, le dice, mañana se viene ese pendejo. Trae un saco de ropa sucia se la vas a tener que lavar (nos reímos todos)
Voy a ver si es verdad, le dice,  la comadre Juana. A pues, después cuando nos levantamos en la madrugada, lueguito allí venia Chévez con el saco de ropa.

Y viera como era con Román… con Román si era… Cuando iba a ganar el partido liberal que nos íbamos a venir de la montaña para el voto. Le dice a Román: Román no tengas miedo que este año la ganamos nosotros los liberales.

Cuando ya se acercaban las elecciones le dice: Andate el viernes y me listas el cuarto, ya vos sabes que me gusta un cuarto solo, que no hayga nadie, le dice, y el domingo cuando sean las 7 de la noche estamos ganando. Allí voy a estar yo contando los votos y bueno no vayas a tener miedo. Allí van a pasar, le dice, haciéndote tiros, pero no tengas miedo que no te va pasar nada.
Así fue, Román se vino adelante y Manuelito se vino el sábado en la noche. Ah pues así fue, El domingo cuando eran las 10 estaba ganando Villeda Morales. Pues al otro día como los otros sabían que Manuelito estaba allí, porque se regó la bulla de que estaba. Pues al otro día de las elecciones, cuando ya se sabía que ya habían ganado, él se iba. Pero él va caminando y va chiflando y aquellos hombres (los nacionalistas) allí iban y va tiros… lo fueron a dejar hasta Las Moras a Manuelito…. Y lo iban siguiendo y el chiflando y los hombres ¡pun! ¡pun!  Va tiro… hasta que lo fueron a dejar hasta Las Moras. Entonces Manuelito se perdió, hasta ahora que dicen que esta allí en el Crique de Oro.

Yo le mandé razón una vez  de que quería que me ayudara, que no se que… le mande a decir yo. Porque el es bien bueno para cuerear, para eso es buenísimo. Pues me mando decir que fuera yo que él afuera no salía que el le gustaba que la gente fuera... (nota del traductor: más bien creo que a Manuelito le daba miedo de que lo sacaran a balzos otra vez de El Paraíso, como lo hicieron en los 1960) pero es larguísimo y hay que caminar a pie.

JC.- ¿Pero se acordara de usted?

AV.- ¡Ah!  Pero si él se cuerda de uno, si es vivísimo. Pero yo le tenía miedo cuando estaba joven.

JC.- ¿Y la voz de él como era?

AV.- Si eran como silbidos.

JC.- ¿Pero cuando a usted le decía algo….?

AV.- Si a todos les hablaba pero yo casi no le entendía por que yo no se leer, pero los que sabían leer bien le entendían, porque por el silbido les decía. Porque yo lo oía cuando platicaban y cuando cantaba el ave María allí si le entendía. Entonces cuando ya se paraba en el tabique de la casa, ya sacudía el capotillo, y decía mi comadre Juana “allí anda”… y sacudía el capotillo así (y hace el gesto como si sacude algo)  y decía la comadre “allí  anda Manuelito”  y si pues, no ve que era un espíritu ambulante.

JC ¿Y nunca les dijo el porque andaba ambulante?

AV.- ¡Como no! Dijo que por malcriado…. Que por malcriado dijo, pero que él no era el diablo sino que Dios lo castigó.

YI.- ¿Y como se supone que es él, Qué edad tiene?

AV.- Es chiquito

JC.- ¿Y cómo cuantos años tendría más o menos?

AV.- Dijo que él el Señor lo había mandado ambulante desde el 1912, desde entonces andaba ambulante y que tenia no se cuantos años.

YI.- ¿Y de donde es?

AV.- Pues como que es de Nicaragua, así dicen que de Nicaragua es él. Porque de allí viene él, porque él salio allí por las Dificultades… Porque como nosotros estuvimos en El bosque, en El Delirio en la Bisinia que le dicen... pero donde nos visitaba mas era allí en la Arabia.

JC.- ¿Y ese espíritu de Manuelito Hace medicinas a la gente?

AV.- Adivina cosas pero medicinas no.  Mire, hace poco a un señor se le habían perdido unos bueyes y fue el señor ¿verdá?  Y el le dijo: los bueyes te los tienen en tal parte, allí te los tienen amarrados. Búscate un compañero y vas y te metes y los soltás. ¡No! Le dice el hombre, que me van a matar… ¡No! Le dice Manuelito, no te atracés, metele…
Ah, pues allí fue el hombre y  entro y allí los trajo los bueyes.

Allá en agradecimiento, el hombre se fue para pagarle a Manuelito, iba a darle el dinero. Entonces le dijo Manuelito que no. Que él no agarraba dinero de nadie por que el no lo ocupaba para nada y que él a nadie le ganaba. Entonces el en agradecimiento le dejo treinta Lempiras en un vasito pero le aparecieron de vuelta debajo de la almohada.

Él (Manuelito)  dice que aquí viene (a El Paraíso). Yo ya voy a misa, dice. Así decía que el venia a misa alas 8.  A pues le digo yo a una señora, si lo ve dígale que venga pa’ que nos ayude. Y dice la señora que le dijo que a él no le gustaba aquí  porque lo habían corrido.

“Me corrieron” dice “yo aquí no vuelvo por esos cachurecos”

Y fájese que ahora que iba ganar esa cuestión de Nicaragua (el gobierno de la Unión Nacional  Opositora) el ya se los había dicho que iba a ganar… si es bien bueno Manuelito pero yo le tenia miedo.

Aquí Doña Anita bifurca del tema de Manuelito y nos cuenta otros espantos de El Paraíso, sobretodo del Barrio La flores donde vivía su hermana Priscila.

AV.- Como Miguel tomaba bastante, pues una vez como el vivía con esas decepciones de él,  a dishoras de la noche yo me desvelaba por que me parecía que ya le iba a pasar algo malo. Pues un día él veía y decía: yo quiero que me maten  venía diciendo. De esas rockolas (nombre comus que scon el que los  viejos paraiseños se refieren a los prostíbulos) él se venía y venía rumbo abajo él. Entonces vengo yo y me levanto así en camisón y salgo y le digo a Cristina: Ay cristina allí viene rumbo abajo. Me lo van a matar. Y se viene cristina detrás de mí y detrás de Cristina Rafael  y nos poníamos adelante de Miguel para atajarlo y él intentando pasar y diciendo: ¡No! Allí voy a que me maten. Cuando llegamos al portón, allí donde hay esa ladrillera (La fabrica de tubos y mosaicos de Javier Padilla)  voltié a ver yo allí para la esquina de donde Tavo Ortega (el marido de mi tía Flora)  y allí vi un camastro como de esos carros  lecheros pero grande (ella habla de los coches tirados por caballos)  llenito de hombres de mudadas negras pecheras blancas y dos padres y una mujer de blanco, como vestida de novia, empujaban el carro y no treiba ruedas sino que aquellos rempujaban el camastro.
¡Ay bonita! !Ay miguel! Le digo, mira que ya nos van a ganar los malos, mira le digo yo, por andar vos con tus cosas… Adiós la juma. Se le fue a Miguel la bolencia y ellos se quedaron parados.

Viera Florita (se confunde de nombre) nos morimos nosotros. !Ni quiera Dios! Que susto el que nos dieron.

Allí agarramos a Miguel y salimos a toda virolella  y lo llevamos de vuelta a la casa. Ya cuando llegamos nos pusimos a regar agua bendita y asta una banca parada puse en la puerta porque me parecía que ya se iban a meter. Ese fantasma era horrible y suerte que yo volteé a ver porque estaba la luna clarita, y entonces venia aquel carro pero sin chofer sino que solo así caminando llenito de hombres mudadas negras pecheras blancas.

Otra vez Cuando yo no sabía que habían esas papadas de café (secadoras de café) pues yo cuidaba como seis hombres. Y en eso yo oigo popopopopopopoooooo, pues me digo: ya prendieron el molino (molino para moler el maíz cosido para hacer las tortillas) en el mero silencio de la noche. Entonces ya vine y me levanté, prendí el fuego y me voy con el nixtamal, me vengo para donde don Tin (propietario de un molino) pen, pen, pen  toco la puerta, y en la esquina… un hombre de mudada kaki con una mecha que así era de grande, así agachado y el pelo le pegaba al suelo. ¡Ay Dios mío! Que me viene entrando un miedo que sentía que me jalaban para atrás de la cola… y pun, pun, tocándole a don Tin y nada de don Tin.

Agarro rumbo arriba. Iba para onde tenia aquel de Concha Molina que tenia un molino. En aquella puerta done es aquellos billares de Nano Godoy,  allá estaba el hombre y yo lo había dejado abajo… la misma mudada y la misma mecha. Y yo dando grandes zancos por aquel parque… me voy pa' onde concha… nada de molino, vuelvo para abajo… me vuelvo a venir para abajo  a buscar otro molino que era allí por donde don Ruperto Espinoza…. Me voy para el molino de Armando… Allí estaba el bajalmache… yo ya no hallaba pa’ onde agarrar y ay vengo pengue, pengue,  pegando brincos por esa calle… Me vuelvo a venir pa’ onde don Tin,  allí estaba el hombre otra vez el la esquina donde están ahora esos carros  (la antigua terminal de la empresa Discua, en frente de la Librería Dario) y yo solo pegué una carrera y comienzo a darle con el puño a la puerta de Toña espinal (Doña Toña la pelona)  y tan, tan , tan, tan … que fue, me dice Toña.
Ábrame la puerta, le digo yo.

¿Que es? me dice.

Ábrame le digo (aclara) yo vivía donde Priscila (a unas 6 cuadras de donde Toña)  y me meto donde Toña. Allá Priscila debía estar rezando, pensando que ya me habían matado, porque era tardísimo como las 12 de la noche. Ya de madrugada yo me levanté  donde Toña y me fui al molino (que esta vez si estaba encedndido)…
No si aquí salen cosas Fellas… ¿verdad que es de morirse?


Sobre esta nota mezclada de humor y parazón de pelos, los dejo queridos lectores, recordándoles que hay una segunda parte de este relato que sin duda se los ofreceré en los días a venir. ¡Ah! Me olvidaba, algunos y tal vez la mayoría dirán que el titulo no tiene nada que ver con el texto pero ya les explicaré en el segundo texto.

Hasta más ver.



martes, 29 de mayo de 2012

El que agarra consejo no se hace pendejo y llega a viejo


De nuevo les entrego otro capítulo de la vida de mi viejo. Esta tiene que ver con una cicatriz que él tiene en el pecho.  Esa cicatriz atraviesa su pecho desde la tetilla izquierda hasta cerca del ombligo. La parte superior tiene algo así como un centímetro de ancho y disminuye a medida que desciende hacia el ombligo. Ese surco  bien clarito como diría Mejía Godoy, es uno de los recuerdos probablemente más negros de la vida de mi papa, pero para mi es uno de los mas gratos.  Sí, parece contradictorio, pero los recuerdos que yo tengo de esa cicatriz es la  de las tardes en la montaña cuando después de la jornada mi padre se quitaba la camisa y  se quedaba sentado en su silla verde en  el corredor de la casona. Yo me sentaba en sus piernas y jugaba con la vellosidad de su pecho siguiendo la huella de esa cicatriz hasta dormirme.

Bueno pues aquí les dejo con don Joche

Cuénteme la historia de la cicatriz que tiene en el pecho

Esas cosas… eso fue… ¡Mira ve! Francamente yo estoy vivo porque de verdad Dios… Pero esa cosa que hizo ese hombre… Que en paz descanse ¡Carajo! Andar yo cubierto con una chumpa, con camisa, camiseta y me a traspasado…  Pero te voy a contar desde el principio…
Pues ese hombre, era el mozo (peon) más de confianza que había allí. Cuando yo llegué  en 1953, allí lo hallé,  él y otro peón… Elías Vásquez y Colacho (Nicolás) Mejía. Con ese Colacho Mejía hicimos ese cofre que esta allí… ( muestra el cofre de cedro del cuarto de mi mamá)
A pues y  allí se llevaba el hombre, Maximino se llamaba, trabajando y ya cuando se llegole día de… un 19 de marzo, decidieron de festejar ese día, no a nombre mío, hicieron un rezo porque era el día de San José…
Bueno, yo estaba allí viéndolos el movimiento, estaban rezando, luego comiendo  y luego con unos violines tocando allí. Estaba bien bonita  la reunión. Entonces digo yo luego… yo pues me voy a ir a acostar dije yo. Me fui para dentro donde dormía yo. Ya me quité la faja de la pistola y  ya la puse así en la cabecera de la cama me desvestí y me acosté. Todo quedaba en calma.

Al momento de estar acostado se alborota aquel hombre (Maximino) y oigo la bulla… enojado con la señora y gritando y …
¡jobero…! ¡Vaya caramba!  Dije, tan bonito que estaba eso. Yo me voy a levantar y me visto otra vez y me fajo la pistola. Entonces salgo yo à hablarle al hombre y le digo: ¡Hombre Chimino! mirá como estaba de bonito el rezo, Vos mismo estabas llamando a la gente que vinieran a comer… y ahora esta corrompiendo… arruinando la fiesta… 
Chimino seguía revuelto, y en eso que yo le estoy hablando, otro bolo que venia abajo por el camino real gritando… y se  reconocen los dos bolos y se contestan unos y otros, insultándose y aquel venía bolo también…

¡Y juep…! ¡Vaya pues! Entonces, vengo  yo y dejo de atender a Chimino y abro el portón del camino real y salgo a hablarle al hombre que venia, a decirle que no le hiciera caso y bueno un poco de cosas pensaba yo decirle para evitar el pleito. Entonces detrás de mi sale Maximino también a encontrar al otro hombre que venía por el camino real. Cuando yo siento que Chimino se venía, entonces me regreso y ya no busco hablar con el hombre que venía, sino que trato de atender a Chimino que venía loco buscando pleito, volando machete.

Entonces me regreso… yo llevaba foco también pero lo tenía apagado. Cuando me doy vuelta y que iba a decirle ¡Hombre muchacho,  Chimino no te salgás¡  a decirle eso iba yo cuando sentí el tarrajazo que pego en un travesaño de la puerta  y  a pesar de eso me a garro el pecho la punta del machete. Me hubiera sacado el corazón si me hubiera agarrado de lleno. ¡Ay hombre! Y me miro  el chorro de sangre… ¡Ay Caramba!  y le digo: ¡ya me mataste hijueputa!  Y le pongo el foco  y le pongo la pistola por un claro de la puerta ¡Jodido! Era un cuete que tenia yo… y el hombre se queda parado… Yo no hallaba que hacer, mirando al hombre.
Pensando  que lo iba a matar y que me iba a ir y que mis familias en Honduras me conocían poco, iban a decir que yo era un hombre malo y que aquí y que allá… en un momentito le di vuelta al mundo e hice maletas, pero en segundos… hombre mira, hice maletas, y pensé todo eso… Entonces dije yo ¡voy a pensar!  Le voy a ordenar que vote el machete si no vota el machete lo soco. Y le digo: ¡Votá ese machete! Y lo ha votado, amigo.
¿Verdad que no lo podía matar?  Pero si hubiera sido otro lo mata. Porque así me decían muchos… Yo lo hubiera matado…

A pues y le digo: ¡vota ese machete!  y lo ha votado y en eso que venia el mandador que tenía yo allí que se llamaba don Salomón Salgado y le digo: ¡Recoja ese machete y amaren a ese hombre! Y no lo podían amarrar y así herido votando sangre tuve que ayudarles a amarrar a Chimino.  En eso viene el mismo señor (don Salomón) y deshoja una navaja y se iba ir por detrás a  degollar al hombre  y le ordeno yo ¡No! Le digo  yo, así herido ¡No lo mate Jodido! No lo mate yo y usted lo va hacer ¡No! ¡Vote esa navaja! Y me hizo caso el hombre.
Entonces amarramos a Chimino al pie de un pilar, allí bien amarrado.

Después le mandé hablar al alcalde auxiliar para que se hiciera cargo de él. Yo me fui a acostar y ya corrieron y la mujeres me untaron unas cosas allí y en la mañana me vengo, bueno me traen al pueblo… y aquella cosa y ya luego pues  llevaron al juez a periciarme a mi. Y  ya me inspeccionó y todo y ya le platiqué yo el  asunto que no lo había matado. Por eso si no vota el machete creo que lo hubiera matado y a saber donde estuviera ahora y el estuviera muerto. Pero se me vino a la mente de ordenarle al hombre que votara el machete porque lo tenía  encañonado. Pero lo voto. El juez me abrazo y me dice: Lo felicito, me dice  eso es de hombre me dice…
Imaginate, bueno allí ya me estuvieron mediqueando allí donde mi papá y me atendieron y ya cuando me mejoré bien mejoradito  me fui otra vez para la montaña.
Entonces el hombre cayo preso de oficio, porque yo no pedí nada contra él (el hombre estuvo preso varios meses). Entonces me venían a decir a mi que decía Chimino que sola mente que no saliera de la cárcel no se desquitaba esa carcelada  ¡jodido decía yo!
¿Ya me entendés que quería decir con eso verdad?
Que saliendo de la cárcel me iba a hacer algo…
Ah pues allí estuvo y estuvo preso… 6 meses estuvo.

Allá al tiempo se llego el momento que  salio, y yo no me doy cuenta. El terreadero de él era por el lado de El Chorro (otra hacienda de mi abuelo, distante de la hacienda donde vivía mi papa).
Un día me toca ir a ver un ganado al Chorro y miro un hombre que viene caminando a mi encuentro.  Pero antes  de  toparme con el, ese día yo traía la pistola camiseada y no al cinto. La mula se había pegado un embrocón  y allí se me cae la pistola y no me di cuenta.

Entonces  acolumbro al hombre come a cien varas ¡ay jodido!  Y el hombre venia con el machete cruzado sobre la nuca. ¡Jodido! digo yo, allí viene ese hombre y me toco la cintura  buscando la pistola y nada… Arriendo la mula y doy la vuelta para atrás a recoger la pistola. Este jodido va decir que me corro yo  (ríe) pero yo voy a ir a buscar esa pistola.  Me regreso, y cuando llegue el punto allí estaba la pistola. Me apeo de la mula y me la camiseo y me regreso a encontrar al hombre.  Entonces cuando iba a cierta distancia  le hablo… Como a unas 15 varas antes de encontrarlo. Y le hablo:

- Aja hombré  y me paré. ¿Así es que ya saliste?
- Ya Salí me dice
- Hombre pues fijate le digo que aquí me han venido a decir, que vos decís,  que solamente que no salieras no te desquitabas esa carcelada. Pues aquí va ser el punto, le digo, que te vas a desquitar, le digo yo. Y ay vos sabés.
Pero por favor no te vayas a arrimar más. Aquí estamos, bueno y sano estas vos y yo también.
- No, me dice, si yo no he dicho nada ni tengo nada pensado de malo para usted. más bien, me dice, si me da trabajo otra vez, yo voy a trabajar para usted.
Te doy, le digo, te doy. Si es así que lo pensás.  Pero eso si, que no te voy a querer ver bolo, con esa condición. Si eso prometes llegue a trabajar el lunes.

Pues así fue, llego el lunes  (ríe). Y cuando llega el lunes,  lo mira mi papá y me dice: ¿Bueno, y ese hombre?
Allí, vino, yo le di trabajo, le digo yo.
¡Jodido! Me dice mi papá ¡Tenés güevos vos! Pero no te confiés, me dice.
No, si ya le hablé y todo  y él sabe.

Pues se portó bien el hombre conmigo, bien pero bien, bien, bien, bien se portó conmigo.

Pues hombre… Allá en una de esas me fui a dar una vuelta allá por Nicaragua a ver la familia. En esos medios le pega Chimino una cinchoneada aun  cipote, jovencito aquel chigüín. Isidoro se llamaba el muchacho.  El cipote se dejo pegar pero la cosa no se quedo así. El muchacho afiló la guarizama  en una piedra y la afila bien afiladita.
Y dice el muchacho: Hoy lo vigeo.
Y así fue. Le salio  por el camino por donde venia Chimino, cuando lo vio le dice:
¡Aja  hombré! ¿No estás enojado por lo que te hice?
¡No hombre le dice!  No estoy enojado.
Pues vení para acá le dice  vamos a echarnos un trago.
Y agarran… cada quien con su machete,  platicando en el camino. Aquel cipote le iba vigiando y le iba vigiando, hasta que llego al punto. Y en un descuido de Chimino le apeo la cabeza de un solo machetazo.
Así terminó Chimino.
A mi regreso ya llegué donde mi papá y allí estaba la mujer de Chimino  que se llamaba Chila herrera. Y le digo aja Chila.
Pues mire lo que nos pasó hace poco venimos de enterrar a Chimino, lo mataron.

Por eso yo siempre les digo. Es malo maltratar a los cipotes… Con una mala mirada que le pegue uno a un cipote, esa mirada lo puede marcar y ponerle ideas en la cabeza.
Mi abuelita ami nunca me pego y me pego una vez, injustamente me pego. Yo tenia un compañero y vivíamos allí cerquita, y había un muchacho  que tenia una propiedad y al pie de la propiedad había un pozo donde íbamos a traer agua y detrás del cerco el hombre tenia una mata de maíz y esa mata de maíz echó un elote y ese elote a saber quien se lo desgajo y se lo robó. Entonces el propietario Juan José Macareño me echa el muerto ami que yo me había comido el elote. Le pone la queja a mi mamita. Entonces mi mamita me dice: Venga para acá. ¿Por qué ha hecho eso y por qué anda tocando lo ajeno? Y me soca… injustamente… 
Yo con ese hombre nos hablamos pero todo el tiempo le tuve aquel rencorcito  de esa cosa  que me arrimo, de haberme comido ese elote.

Allí pues tienen ustedes la historia  y es a ustedes de sacar la moraleja, la mía ya la pus en el título.

Un abrazo.

jueves, 15 de marzo de 2012

Así recuerdo a mi madre

Hoy, hace un año ya que murió mi mama. Si porque para nosotros esa palabra nunca respetó las reglas de la acentuación. Ella no era mamá como la mayoría de los hondureños llaman a su madre. Ella era mi mama.

Hoy mis pensamientos se volcaron hasta esos días de campiña en que el contacto con ella era como el contacto con la tierra fresca. A esos días en que la teníamos para nosotros; cuidándonos, queriéndonos, regañándonos. Porque si algo sabía hacer mi mama era eso, regañar. Cuantas veces no me mandó de rodillas porque había hecho alguna mala jugada o porque le había hablado fuerte a mis hermanas mayores. Cuantas también se levantó a media noche a sanar mis dolores, mis ataques de fiebre o de tos.

Esa era mi madre. Una mujer forjada por la dureza de la vida. Huérfana de padre cuando aun era una niña lloró, ella también, a su padre hasta el cansancio. Mi mama fue también la mama de los primos más cercanos. Muchos venían a parar donde ella en sus momentos difíciles. Mi mama esa señora que tras su caparazón de frialdad, escondía una enorme ternura que cuando la daba la daba de completo.

Mi mama, hondureña de descendencia, nicaragüense de adopción, hondureña readoptada, raptada por el amor o la conveniencia, que se yo, nunca nos lo dijo, pero fiel a su manera de ser, a su manera de ver las cosas.

Mi mama, mujer de pelo en pecho, como decimos por allá. Valiente, temeraria…
A los patudos de mis sobrinos les recordaré hoy quien era su abuela, y los amigos les presento a mi madre en dos anécdotas.

Doña Modesta.

Quien no conoce la reputación legendaria de don José Izaguirre. Este hombre, quien es mi padre, tiene dos reputaciones que le siguen aun ahora que ya esta en el ocaso de sus años. Mi padre siempre fue honrado y mujeriego. Justo antes de que se casara con mi madre tenia el por allí un metedero, como decía él mismo. No un metedero en el sentido en que se lo están imaginando pero en el otro. Un lugar donde meterse a pasar el agua cuando llovía fuerte.

Ese metedero era allí en las Dificultades donde tenía la propiedad mi abuelo. Por allí vivía una señora alta que, me imagino, no era tan fea. Pues mi papa le echo el caballo. Si, doña modesta se convirtió en la amante de mi papa.

La tratamos aquí con respeto pero cariñosamente la llamábamos La Mosestona. Era el apodo que mi mama le había dado.

Cuando mi papa se casó con mi mama, la llevó a vivir en la casona de la Arabia, la finca de café de mi abuelo. Allí mi mama pasaba los días haciéndole como cocinera de los más de 40 trabajadores que tenía Don Lorenzo.

Don José, mi papa, se la pasaba en los campos supervisando los trabajos y cuando llovía fuerte pues allí iba a su metedero, digo, a visitar a doña Modestona.
La susodicha Modesta ya se miraba como la señora Izaguirre. Así que cuando supo de la existencia de mi mama decidió pasar todos los días por la cuesta, cerca de la casona, montada en una mula. Se paraba en la loma donde había una puerta de golpe y comenzaba a gritarle sandeces a mi mama. Mi mama, ya cansada de tanto fregar, un día le dijo ami papa que le dejara una pistola porque le daba miedo quedarse sola en la casa sin protección. Mi papa le dejó entonces una pistola 22.

Al día siguiente, mi mama se fue a esconder cerca de lugar donde doña Modesta se paraba para insultarla.

Doña Modesta, puntual, llega al punto y comienza a insultar. Mi mama la dejó insultar todo lo que quiso. Cuando doña Modesta estaba por irse mi mama salió, tomó la mula por el fiador del freno y con la pistola en la mano le dijo.

Mire señora yo no la conozco y usted no me conoce. Lo que si se es que usted se acuesta con mi marido, así que la puta aquí no soy yo. Que sea la ultima vez que usted me insulta! No vuelva ni a pasar por aquí porque la próxima vez la quemo!

Doña Modesta estaba blanca como la mula que montaba y no dijo una palabra. Mi mama soltó la rienda de la mula y la dejo ir. Cuando la doña picó la mula y que le dio la espalda mi mama, ella disparo la pistola al aire lo que espanto más a la mula y casi vota a doña Modesta.

Mi mama bajo a la casa con una sonrisa de oreja a oreja.

En la tarde, cuando mi papa llegó, le diceé: "aja Virginia, parece que le asustaste los pelos a la Modesta"

Mi mama le contestó: "Yo no se si la asusté, pero como no paraba de insultarme y vos no le decías nada, pues decidí de buscar la solución sola. Y si no dejas de irla a ver tu matrimonio te durara poco."


Así terminó el idilio de doña Modestona con don José.


El Zompopo cirujano.


Médicos siempre harán falta en estos países dejados de la mano de Dios. Pero la rebusca y la imaginación para sanar nuestros males nos sobran. Doña Chavela, una viejita que vivía con nosotros en el campo, en la montaña, me decía cada mañana cuando me levantaba. Venga mijito, ya iba yo con la purrunquita bien paradita de las ganas de orinar de la mañana. Doña Chavela tomaba una taza y me decía: ¡Orine aquí papa!

Yo le echaba todos mis orines en la taza y luego la Doña se los bebía. Decía que eran buenos para prevenir la gripe y las enfermedades. Pero igual se murió la doña.

Pues en ese universo crecimos, viendo las cosas más insólitas posibles.Una de esas cosas tiene que ver con mi mama.

Bueno, mi papa después de la cosecha de café se iba al valle de Jamastrán a sembrar frijoles y maíz en las tierras de José María Tercero. Mientras que mi mama se encargaba de cultivar los frijolares en las tierras de mi papa. Cuando mi papa se iba para cosechar en Jamastrán, los frijoles en las vainas quedaban casi de punto para arrancarlos. Así que mi mama y uno o dos trabajadores se encargaban de eso y de secarlos.

Para mis amigos de América del sur que talvez no saben como se hace la extracción de los granos de frijol de manera artesanal se los explicaré en pocas líneas.

La planta de frijol se arranca con todo y hojas, se hacen manojos que se amarran con las guías de ellos mismos y se ponen al sol a secar. Una vez secos y crujientes, se hace un bulto con ellos y con dos garrotillos o con una vara grande se golpea el bulto hasta que no queda ni un solo grano en las vainas.

Pues ese era el trabajo de mi mama. Secar los frijoles, cubrirlos para que no se mojaran cuando llovía y una vez listos, aporrearlos.

Ese año la cosecha fue buena mi papa hubo que llevarse todos los trabajadores y mi mama con sus hijas y otros niños de la vecindad arrancaron los frijoles de la tierra de mi papa. Luego los seco, y cuando estuvieron listos la doña decidió aporrearlos. Pasó varios días en este ajetreo estaba molida de cansancio al punto que bajo la axila comenzó a formársele una especie de tumor. Una protuberancia rojiza llena de pus y dolorosa. Estaba sola, y sin medios para consultar un medico o trasladarse al pueblo en busca de ayuda. Mi papa habiéndose llevado todas las mulas.

Estaba desesperada. Ella lo que hacia era hacerse baños de agua con sal para desinflamar la carne dañada por el esfuerzo. Comenzaba a tener fiebre y solo estaba con sus dos hijas más pequeñas del momento.

En un acto desesperado, se puso a pensar como hacia para destriparse el absceso. Le dio vueltas al asunto y pensó en afilar un cuchillo y sajarse eso ella misma. Probó todos los cuchillos de cocina pero ninguno de ellos tenia el filo suficientemente bueno para hacerse la operación. Entonces pensó en los medios que le brindaba la naturaleza. Una espina de naranjo se dijo. ¡No! Es ponzoñosa y se me va infectar más esto. ¡Una aguja! ¡No! Tampoco, el agujero seria muy pequeño y no podría sacar la pus.

Entonces pensó en los zompopos Soldados.
En una zompopera cuando se le dan golpes fuertes, los primero que salen son los soldados, unos enormes zompopos cabezones con unas quijadas enromes. Estos atacan al invasor y si te llegan a morder te arrancan el pedazo, te hieren pero sin ponzoña.

Entonces mi mama fue a la zompopera y la aporreó hasta que los animales estos salieron de su guarida. Esperó a que salieran los más grandes que siempre salen por último y atrapó dos con un pañuelo. Se fue a la casa y allí tomó una botella de alcohol y se desinfecto la chibola que ya estaba roja purulenta y del tamaño de un limón grande. Tomó un espejo y se colocó de manera a poder ver bien el tumor. Luego tomó uno de los zompopos que estaban furiosos de haber estado atrapados, lo tomó por el abdomen y le desinfecto las quijadas con un algodón y alcohol. Se puso en posición y puso el zompopo en lo parecía era la boca del absceso. El zompopo furioso no dudó y comenzó a morder enterrando las quijadas en la piel de mi mama. Lo hizo tan bien que le abrió una pequeña incisión y la pus comenzó a salir. El animal a pesar de eso seguía mordiendo y yendo más profundamente hasta traspasar la epidermis.

Mi madre soltó al animal que murió de cólera y comenzó a apretar y a apretar hasta que lo que salio por la boba del tumor fue sangre limpia. Se lavó la herida con alcohol, molió algunas pastillas de sulfa, se colocó eso en la cicatriz se vendó la herida y ¡san se acabo!

Varios días después la herida sanó y mi mama continuaba agradeciendo al zompopo.

Esa era mi madre, así la recuerdo.

Luego les cuento otra,

¡Que en paz descanse mi mama!

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