miércoles, 1 de abril de 2009

Es fácil aprender a enseñar pero es mucho más difícil enseñar a aprender (José Larralde)

Después de unas buenas semanas de silencio el Caitudo ataca de nuevo. Mis más sinceras disculpas por haberlos dejado con los frijoles en el pescuezo pero, a veces, la necesidad su-jeta.


En estos párrafos les obsequio otro episodio de la vida de mi mama. Ya mi abuelo se casó, la doña Jesús se había pelado la tusa para Honduras y don Juan Goyo seguía haciendo pisto (reale, bollo, pué) y (consecuencia del de los milagros de la naturaleza o del cosquilleo nocturno) una camándula de chigüines.


Doña Virginia (mi mama) nos conduce, de la mejor manera posible, por los sinuosos caminos de su dura infancia contándonos sus trabajos, la muerte de su padre y bueno, p’a que les escribo si mañana llego.


Démosle entonces la palabra a la Manina.


DI.- Ahora cuénteme una cosa… del lado de su mamá…


VM.- del lado de mi mamá poco sé. Sólo se que mi abuelo era de Morolica y se llamaba Natividad Escalante Ordóñez. Pero la mamá de mi abuelo yo no supe como se llamaba. Y mi abuela se llamaba Benita Mondragón Olivero, era de El Corpus pero era de origen Italiano, era como ver una gringuita, dicen. Era blanquita, zarca… ¡Bonita, dicen que era! (En la pequeña ciudad de Robassomero, cerca de Torino en Italia, hay muchos que tienen el apellido Olivero y muchos de ellos emigraron hacia América entre otros hacia Argentina)


(Sigo preguntándome porque salimos tan fellos, debe ser culpa de mi papa)


DI.- ¿Esa era su abuela?


VM.- Si ella era mi abuela, la mamá de mi mamá.


DI.- ¿Y la mamá de su abuela como se llamaba?


VM.- ¡No! No se nada, nunca supe como se llamaba mi bisabuela. Nunca me dijo mi mamá, Mi abuelo se llamaba así o asa… porque no los conoció ella, porque ella era de El Corpus y mi abuela con mi abuelo se conocieron en San Pedro (del Norte de Potrero Grande) en una emigración que hubo… Para una escasez que hubo que dicen que la gente hasta raíces comía, y emigraban de un lugar a otro creyendo que iban a hallar tal vez mejor vida… y entonces allí se conocieron en San Pedro (Esto si le metemos la pluma, debió haber pasado hacia fines del siglo XIX, un período de mucha inestabilidad política en Honduras. Habría que ver también, cómo se portaba el clima en ese entonces. Recuerden que durante ese período hubo muchos episodios de langosta que arrasaba con las cosechas).


DI.- El señor que venia de Morolica y señora de El Corpus...


VM.- ¡Si! Es que en ese pueblo… toda la descendencia de San Pedro, todos son de Honduras: Los Mondragón, Los Olivero, Sánchez, Izaguirre… (No es por nada que Luis Enrique Mejía Godoy dice, que Somoto fue el primer territorio libre de Honduras)


DI.- Bueno, mi abuela, Juana María Escalante Mondragón, era hija de Benita Mondragón y de Natividad Escalante. Ahora bien, Benita y Natividad ¿tuvieron más hijos?


VM.- ¡Si! Mi mamá que se llamaba Juana María, Cruz Escalante, Evaristo Escalante, Francisca Escalante, Pánfilo Escalante y la última se llamaba Santos Escalante, ella murió soltera (pero ella decía que la esperanza es lo último que se pierde)


DI.- Juana María se casó…


VM.- …Con Juan Gregorio Martínez. Y con Juan Gregorio Martínez tuvieron varios hijos. La primera (en la frente) Se llama Eusebia (La reina de La Gallina) , La segunda (No hay primera si segunda y patrona de El Anonal) Se llama Matilde, el siguiente (La tercera es la vencida) es Mariano (Santo Patrón de la Paciencia y de El Chaparral), después Virginia (A la cuarta ni los bueyes, sólo Joche Izaguirre), seguido de Virginia; la Concepción (¿queres que te pegue Gabriel?) después de Concepción sigue la Benita (Noble dama de la heroica tierra de Matagalpa). Todos de apellido Martínez Escalante.


DI.- Bueno ¿Eusebia se casó con quién?


VM.- Con Baltasar Centeno y tuvieron a la Disnarda, La Rosaneri, Baltito, Avilio, La Olivia que es hija de Juan Antonio Rodríguez… la esperanza, la Lilian… tiene más de 12 hijos pero no me acuerdo como se llaman todos.


La Matilde se casó con Benigno Rodríguez y tuvieron a la Berarda, Benigno, la Sonia, Leonel, Aníbal, la Matildita y Rolando (que me debe un par de Botas).


Después sigue Mariano que tiene a Mario Antonio, tiene a Moisés (no es cuajada, es pozol), la Auxiliadora, tiene a Denis (ser sin vida) y a la otra que no me acuerdo como se llama.


DI.- ¿Estos son hijos de Mariano con?


VM.- La Ernestina Corrales…


Después sigo yo que me casé con tu papa y tuvimos cuatro hijos: la mayor se llama Flora Mercedes (la Julia chela), la segunda se llama Yelva María (el Ayote), la tercera Melba del Socorro (la Negra, la chaparra, o mujer chiquita y mula baya ábranle la puerta p’a que se vaya) y el cuarto Dario (mi apodo se los daré en otra página, en esta como que se me olvidó.


Después sigue la Concha (Concepción), ella no se casó pero tuvo un poco de hijos: La Anadilia hija de Remberto Garache (Pata Chinga), la Ester que es hija de Alfredo Corrales, la Emelina también de Remberto. Ella tuvo dos hijos con Eleazar, una que no me puedo acordar del nombre y Gabriel, y tuvo a Sergio que es hijo de Pedro Rafael. Esos son todos los hijos de la Concha.


Después sigue la Benita, esa si tuvo una ristra de hijos (no tanto como la tía Cheva) (se ríe y agrega) pobrecita mi hermana… la más chiquita…


Ella se casó con Arnulfo Corrales y tuvo a la Gladis, después Arnulfito, después la Marlene, después la Gloria María (mi prima preferida y el eterno amor del llantas ponchadas de Zavalita), después Byron (mi primo bebedor de te de llantén y jodedor de primera) y La Iliana (la más trompuda de mis primas, dicen que se hizo así de tanto comer bolis). Esos son todos los hijos de la Benita.


DI.- ¿Oy mama y usté conoció a su papá?


VM.- Cuando mi papá murió yo quedé de siete años, pero me acuerdo bien que yo lloraba sobre de él, a la orilla de la cama, y que un señor que se llamaba Juan Bautista Mendoza que era gran amigo de mi papá y que fue jefe expedicionario y general de los de cerro, mucho quería a mi papá y nos pastoreaba a nosotros… me acuerdo que me agarró en los brazos y me fue a acostar en la cama. Pero yo me levanté y me embroqué sobre un saco de frijoles que tenía mi mamá y me puse a llorar.


Después, cuando ya enterraron a mi papá me iba al pie del solar, y había una gran piedra allí en el pie del solar, había también una huerta, y yo me subía a aquella piedra, y de esa piedra se miraban todas las cruces del cementerio, y le gritaba a mi papá que me viniera a llevar allí donde estaba. Le gritaba y lloraba yo a gritos, al punto que en aquellas casas de El Cortezal, me oían que yo lloraba… y mi mamá se iba a pastorearme para hacerme llegar a la casa, y yo no me iba de allí hasta que ya era de noche. Ya llegaba mi mamá a pastorearme a ofrecerme cosas para que yo me fuera para adentro…


DI.- ¿Y sus otras hermanas no lloraban?


VM.- ¡No! Nadie lloraba sólo yo… todas lloraban pero yo iba a gritarlo que viniera a llevarme y nunca vino. Por eso digo yo que los muertos no salen ¡mira vos! Y yo era caprichuda, allí me cogía la noche llorando sobre aquella piedra y mi papá nunca vino a llevarme.


DI.- ¿Mi abuelo murió de que edad?


VM.- Mi papá murió como de setenta y pico de años. Murió ya bastante de edad mi papa pero trabajaba…


DI.- ¿Y de que murió?


VM.- De un… que como él trabajaba bastante en minerales, él se resfrió la vista. Eso le dio dolor en un ojo y nunca quiso que lo trataran. Perdió el ojo, no miraba con el. Y ese señor que te digo yo, ese don Juan Bautista Mendoza, le ofrecía llevarlo donde el quisiera, si a León, a Managua onde él quisiera que le fueran a operar ese ojo y nunca quiso él. Él decía que el doctor de él era Dios y que si Dios quería que él se aliviara, él se iba a aliviar sin necesidad de que lo llevaran donde un doctor. Y tomaba pastillas vos, que era barbaridad. En aquel tiempo salían pastillas en unas tarjetitas y yo me acuerdo que nojotros recogíamos aquellas tarjetitas y las pegábamos en un papel así para jugar. De las pastillas que se tomaba eran de esas Cafeaspirinas o Fenaspirinas eran las pastillas que él tomaba para ese dolor… el lloraba mi papá.


DI.- ¿En que año murió mi abuelo?


VM.- Fijate que no sé


DI.- Si usted nació en 1922 y dice que a la muerte de mi abuelo usted tenia siete años, quiere decir que él murió en 1929


VM.- ¡Si! Yo nací en 1922 y yo tenia siete años, bien me acuerdo yo, pero bien me acuerdo de mi papá como si lo estuviera mirando.


DI.- No hay fotos de mi abuelo ¿verdad?


VM.- Nunca quiso fotografiarse. Sólo con tío Ricardo se fotografió el allí en Tegucigalpa una vez, porque él lo pastoreó que se fotografiaran y otra vez que se tomó una foto, cuando llegó un presidente Pedro Joaquín Chamorro a San Pedro. Un fotógrafo de Managua que venia con él lo fotografió. Pero no era Pedro Joaquín Chamorro, era otro que lo pastoreó para que se fotografiara con él, y mi papá no quería pero por fin aceptó. Lo quiso fotografiar para sacarlo en el periódico pero como a San Pedro no llegaban los periódicos, nunca vimos la foto. (Se trata aquí , posiblemente de Emiliano Chamorro Vargas -1871-1966. Es posible que haya sido durante la campaña electoral de 1925 previo a las elecciones de 1926 y previo al alzamiento de Sandino)


DI.- Quiere decir que si buscamos periódicos de la época…


VM.- Allí está mi papá en esos periódicos… ese Chamorro fue el que lo fotografió y eso lo pastorearon para sacarle esa foto. Y hay otra que se sacó con tío Ricardo en Tegucigalpa.


DI.- ¿Y a usted quién le contó la historia de la vida de mi abuelo?


VM.- Mi mamá. Ella se sabía la historia de mi papá.


DI.- ¿Y cuando mi abuelo se murió de vivían ustedes?


VM.- Durante mi papá existió nosotros no sufrimos de nada. Vivíamos tranquilamente, nada le hacía falta a mi mamá. Porque él hasta ganado tenia, ordeñaba 25 vacas. En la casa no faltaba el queso la cuajada, la mantequilla, los frijoles, el maíz, la carne, él la compraba por arrobas (25 Libras) y si no él mandaba a destazar un torete y allí había carne.


DI.- Eran ricos ustedes pues…


VM.- Pues si, éramos unas de las mejores familias que vivían bien… en mejor posición allí…


DI.- Usted no vivía con las bolsa al aire como pasaba mi papa…


VM.- ¡No! Dios en gloria lo tenga a mi padre. A nosotros no nos faltaba nada. Si es por frutas, nosotros nunca perecimos por una fruta porque él tenía un palo de naranjas en el solar de la casa, y había también una Zompopera (pero no era la de Ada Ponce) y el nunca se dejo comer ese palo de naranjas. Les hizo una pila así de barro, mirá, bien repelladita por dentro y por fuera alrededor del palo. Todas las tardes nos mandaba a traer agua para que llenáramos aquella pila de agua y como no se salía el agua porque era bien lisa por el barro… los zompopos no se subían al palo. Aquel palo de naranjas tenia frutas todo el tiempo mirá. Tenia maduras sazonas tiernas y floreando aquel palo.


DI.- ¿Y tenía un palo de nances también?


VM.- Si tenía unos nances y nancites en el potrero en frente de la casa.


DI.- ¿Y quién se los iba a robar?


VM.- José (mi papa) se los iba a robar (reímos a carcajadas). La Benita lo gritaba de la casa del pie del solar y le decía: ¡Hombre oh, No te comás los nances!


DI.- ¿Y que le respondía don Joche?


VM.- ¡Comé mierda! Le gritaba José (se ríe y agrega con nostalgia) vieras, sólo me acuerdo que mi papá era tan lindo…


DI.- bueno pero después cuando falleció…


VM.- Cuando murió mi papá, ya nosotros sufrimos, llorábamos cuando mi mamá cocía los frijoles y nos echaba talvez u huevo en la sopa de frijoles y ya nos servia en unas tacitas que teníamos… cada quien tenia su taza, de unas tazas que salían antes de china (terracota de tipo Willow típicas de los fines del siglo XIX) no eran ni de porcelana eran un poco gruesas aquellas tazas. Y ya nos servia mi mamá aquella taza de sopa de frijoles y el huevo adentro de la sopa… Y llorando, Y yo no quiero comer frijoles mamá decía yo, y yo no quiero decía la otra, y yo tampoco decía la otra y así… no queríamos comer frijoles mijito, llorábamos porque íbamos a comer frijoles. Entones mi mamá nos decía: Cómanse los frijolitos mijitas, si son buenos (piensen en los muchachitos de Etiopía que no tienen nada que comer) pruébenlos y verán, me acuerdo yo que nos decía ella… y con una cuchara nos daba unos poquitos de sopa en la boca, pruébenlos que ricos que son nos decía.


DI.- Bueno ¿y porqué todo eso? ¿Y las vacas y todo lo demás?


VM.- Es que ya cuando mi papá cuando se enfermó vendió todo. Pero aun así enfermo a mi mamá no le faltaba nada en la casa. Si el vendió todo… Mi mamá lo que tenia es que ella nunca fue dejada… porque mi papá hasta esterlinas de oro tenía. Fijate que como fue mi mamá de secreta, que mientras nosotros fuimos chigüinas nunca nos enseñó una. Mirá como era. En una media de las que se ponen en las canillas, allí había metido las esterlinas y se socava aquella cosa en la cintura, allí andaba aquello amarrado y allí andaba las esterlinas. En el cofre no tenía nada.


DI.- Y no las vendía no hacia nada con ellas


VM.- No las vendía ni nos decía que las tenía. Cuando ya nos quemaron la casa allí fue la cosa…


DI.- Pérese un ratito no me cuente todavía la historia de la quemada de la casa que nuemos llegado ay todavía.


VM.- !Ah bueno! Entonces ella compraba por mayor el maicillo que era bien barato, la fanega que decían antes eran 25 arrobas (625 libras) y hacia unas grandes trojonas de zacate de arroz y las llenaba de maicillo aquellas trojes. Sí, mi mamá compraba maicillo de futuro (o de bejuco, ven que no sólo naranjas ni café de bejuco hay) y nosotros no sabíamos de donde salía la plata. Ella tenía bestias también y en aquellas bestias jalaban el maíz.

Cuando ya le mandaban a avisar los que le debían que ya tenían listo el maíz, ya lo mandaba a traer ella en aquellas bestias que tenia, y ya llenaba también aquellas grandes trojas de maíz que hasta se reventaban por bajo porque eran barbaridades de maíz (en los últimos párrafos creo que habla de maicillo y no de maíz ya verán porque).


Al mismo tiempo compraba el maíz grueso y tenía un bunque que lo llenaba de frijoles… pero trabajábamos porque mirá ve, en el puro patio así que había de pura tierra, nos ponía a que lo barriéramos bien que porque era fina la tierra no era suelta y al barrerlo quedaba limpito aquel patio. Entonces nos ponía a sacar aquellos frijoles con unos canastos y a tirarlos en aquel patio, a asolear aquel macanazo de frijoles, y en la tarde a recogerlos y a echarlos a los sacos. Mi mamá nos saco el aire a nosotros mirá… y ya metíamos aquel poco de frijoles… eran tres días los que asoleaba mi mamá los frijoles, sino se le picaban (se los comían los gorgojos)… sanitos los frijoles todo el tiempo.


La sal, como tenia ella esas bestias, las alquilaba por una arroba de sal fijate. Unos hombres venían a Choluteca a llevar sal y por el alquiler de las mulas le daban una arroba de sal.


DI.- ¿Entonces mi abuelo no vendió todo? Porque le dejo bestias de carga, tierras…


VM.- Sí, le dejó bestias, potreros, buenos potreros…


DI.- Me imagino que lo que vendió fue el ganado porque eso necesita mas trabajo.


VM.- Si, fue el ganado porque no lo tenía allí en San Pedro sino en un lugar que le llamaban El Jocomico. Allí mantenía él el ganado donde un señor que se llamaba Toribio Vílchez, y ese Toribio le robaba el ganado y se lo estaba terminando. Entonces, él lo vendió mejor. Y dejó algunas vacas pero ya allí en los potreros de allí de San Pedro. Suficiente para la leche y la cuajada pero ya quesos ya no se hacía.


Pues aquí paramos la carreta. En el próximo episodio algunos retazos de la guerra de Sandino y la vida sin don Juan.

lunes, 16 de marzo de 2009

Desde Yuscarán a San Pedro del Norte de Potrero Grande… El que manda, manda y si se equivoca... vuelve a mandar

Como lo hice con mi papa, ahora les regalo otra Odisea antes de comenzar a contarles la mía. Se trata de la historia de mi mama. Esta historia es un poco diferente de la de mi querido don Joche pero igual contiene matices decimonónicos y olores a pinol y a café caliente. De la misma manera y en la misma época que hice la entre vista de mi papa, hice la de mi mama. La única diferencia es que aquí, la Sarela estaba acostada y la Flora y la Hilda no tenían ningún pijeo en la cocina.

Como en la entrevista de mi papa, cuando yo hablo verán las iniciales DI y cuando es la señora Martínez se verá una V y una M. En el caso de esta entrevista habrán algunos paréntesis en los que yo hago aclaraciones, algunas veces mi viejita pierde el hilo de la cosa y yo me encargo de enhebrar la aguja y de continuar la costura.

Para terminar esta breve introducción, quiero dejar impreso que esta serie de escritos la dedico a todos los boludos y boludas, primos y primas, tíos y tías, trompudos y trompudas descendientes de la cepa Martínez Escalante.

Bueno pues… ay les va, ay les va el romance del amor…

DI.- Perdone con lástima, como dice usted, pero lo que yo quiero saber es ¿cómo se llamaba su papá, de dónde venía…? Entonces… ¿su papá se llamaba…?

VM.- Juan Gregorio Martínez (no confundir con Juan el hijo de Luis Coloradilla) y mi abuelo, Mariano Martínez. Pero mi papá se firmaba Martínez porque mi abuelo lo crió, pero él, directamente era Medina porque mi abuela, que se llamaba Petronila Medina, pero como a mi papá lo criara mi abuelo, Mariano Martínez, entonces se firmaba Martínez, mi papá.

DI.- Entonces ¿Mi abuelo dónde Nació?

VM.- Nació en Danlí, y estando de dos años mi papá, se lo robó mi abuelo, del río de Yuscarán.

DI.- ¿Y qué hacía en Yuscarán?

VM.- Estaba lavando mi abuela en el río de Yuscarán, la ropa de los que trabajaban en los minerales de Yuscarán, y de allí se lo robó y se lo llevó para San Antonio de Oriente. Tenía mi abuelo cinco hermanos y les dijo: ¿Quién de ustedes me va a criar este niño?
¡Yo! Le dijo una de las hermanas que se llamaba Jesús Martínez.

DI.- ¿Y usted conoce el nombre de las otras hermanas de su abuelo?

VM.- ¡No! Sólo de ella, porque ella lo fue a dar casado a mi papá. Entonces mi abuelo se fue para… no se para cuales minerales de Nicaragua… un mineral Santa Rosita que había en Nicaragua, Porque a él le gustaba trabajar en los minerales.

DI.- Y había otro que se llamaba los colorados…

VM.-…Y otro que se llamaba los colorados que era por San Juan de Limay.… tenía veinte años cuando mi papá cuando él dijo que iba venir a conocer a su madre, porque no era posible que se muriera su mama y que él no la conociera. Y se vino a Danlí. Y llegó a la casa de ella y ella lo recibió, le dijo que se sentará y se sentó a platicar con él y le cayó tan bien porque sintió ella, por cuentas, que él era su hijo y le dio de comer, le sirvió comida y le dijo cuando él iba a comer, mi papá: Yo quiero señora, le dijo mi papá, que me acompañe a comer, que comamos juntos, le dijo.

Entonces le dijo mi abuela: ¡No! Le dijo ella, me voy a sentar a acompañarlo, pero almorzar con usted no porque mi marido es delicado y !no!… y si me encuentra comiendo con usted va haber… (yo creo que mi abuela Petronila iba a decir aquí va a haber zangoloteo, pero ella era educada­)

DI.- ¿Y quién era el marido de doña Petronila?

VM.- Se llamaba Joaquín Argueta.­.. Entonces, no comió con él, sólo se sentó a acompañarlo. Allá después que ya almorzó, mi papá le dice: mire señora ¿cuánto le debo, le dice, por el almuerzo?
¡No! Le dijo ella, no me debe nada, le dijo mi abuela.

Pues en gratificación, le dijo mi papá, por este almuerzo que usté me ha dado yo le voy a hacer un regalito, le dice, y le llevaba un poco de cosas mi papá… le traía cosas de las que usaba la gente de antes.

Entonces ¡No! Le dice ella ¿Cómo se pone a creer que me va a regalar tanta cosa, le dice, sólo por ese almuerzo que le he dado? le dice, ¡no! le dice, no se preocupe por eso.

Di.- ¿y por qué no le decía que era el hijo pues?

VM.- ¡Perate! Y así que ella no le asectaba nada porque decía que su marido se iba a enojar si ella agarraba algo de lo que el le daba… ¿Y con quién cree usted que está hablando? Le dijo mi papá.

¡Pues no se! le dijo ella entonces.

Pues esta hablando con su hijo, le dice mi papá.

Pero que ingrato que sos, le dice, como me estabas engañando… y se fue sobre de el a abrazarlo y se pusieron a llorar los dos.
Entonces le dijo él: mire mamá yo no vengo a servirle de llanto yo vengo a servirle de alegría, que nos regocijemos de alegres pero no que lloremos, le dice.

Y se quedo, mirá, allí en Danlí viviendo con ella. Se estuvo un año; en el año, se muere ella, fijate vos, mi abuela… ya Díos lo trajo para que la enterrara, y la enterró. Después que se fue, que ya enterró a mi abuela, y se fue… Llega allá (a Nicaragua) y se había muerto mi abuelo también, allá en ese lugar… en San Pedro (del Norte de Potrero Grande)… porque cuando él (mi bisabuelo) estaba grave en ese lugar que se llama La Palmita, donde él tenía una propiedad, se sintió él enfermo y se vino para donde una señora que se llamaba Felipa Neri . Esa señora decían que era curandera y ella le hacía medicinas… pero se murió y allí en San Pedro lo enterraron.

DI.- ¿Entonces su abuelo está enterrado en San Pedro?

VM.- ¡Si! Está enterrado en San Pedro y, no tan sólo, dicen que sobre la sepultura de él, como antas nadie se preocupaba por limpiar los cementerios, ni nada, nació un palito de guanacaste y aquel palencón de guanacaste que estaba antes en el cementerio de San pedro, dicen que debajo de ese palo mi papá lloraba, por eso mirá, porque debajo de ese palo decían que estaba enterrado mi abuelo.

Bueno, ya quedó mi papá trabajando siempre en los minerales… Se puso a trabajar en la minas de Potosí, en ese cerro que queda al frente de San Pedro, en ese cerro allí era un mineral allí trabajaba mi papá. De allí venía aquí a la Segovia, a un lugar que le llaman Murra, allí se llevaba por todos esos pueblos de la Segovia. Allí conoció él una señora que se llamaba Casilda (como la mona de Cayito Centeno) y esa señora se la llevo él para ese mineral de Potosí. Allí tenia casa él, y allí vivía con él. Allí engordaban cerdos y vivía bonito mi papá. Tenía el su bestia de salir y vivían bien ellos allí trabajando.

Cuando mi abuela Jesús (madre adoptiva de mi abuelo) se dio cuenta que mi papá vivía en ese mineral, entonces se fue ella, mirá, en aquellos tiempos mirá vos, que de Tegucigalpa (es de aclarar que San Antonio de Oriente es otro pueblo minero a proximidades de Tegucigalpa) a allá sólo a caballo se caminaba, porque no había carreteras ni había nada. Y llegó a Potosí, a ese mineral, a estarse con mi papá. Y ya lo halló con esa señora que se llamaba Casilda. Y la señora (Casilda) era casada y por cuentas había dejado al marido para irse con mi papá para ese lugar.

Entonces le dice mi abuela: mirá Juan, le dice, yo vengo a cumplir una promesa, yo me confesé, le dice, antes de venirme para acá. Me pregunto el padre, le dice, que cuantos hijos tenía, yo le dije que tenía dos hijos, uno hijo de mis entrañas y otro adoptivo, le dice. Entonces me preguntó el que si estaban casados. Yo le dije que el hijo de mis entrañas yo lo había dado casado…

DI.- ¿Quíen era ese hijo?

VM.- Él se llamaba Joaquín también, fijate vos, pero del apellido no me acuerdo. Él trabajaba… Él era un gran hombre porque trabajaba de secretario en un Ministerio en Tegucigalpa y allí la mantenía él (a mi bisabuela Jesús). Nada más que, decía ella, que era bien celoso y allí la mantenía a ella sentada en un taburete todo el tiempo al lado de la puerta para estarla viendo él del lado donde trabajaba. Es que dicen que mi abuela Jesús era bonita (yo no me esplico por que nojotros jalimos tan fellos).

Bueno lo que te que te quiero platicar es que le dice: mirá Juan, yo vengo a cumplir esa promesa de darte casado (casi no eran metiches esos curas…bieran aprendido del Padre Barahona, que Dios lo tenga en su reyno … “A Dios rogando y con la pinga abonando”) yo no me voy a ir hasta que te cases, le dice. Repártase todo lo que tiene con la niña Casilda… (la niña Casilda que estaba allí nomás al ladito, muy gentilmente le dice a mi abuela Jesús “Gracias por el remiendo doña Chus”)… niña Casilda le decía ella a la señora de mi papá.

Tenía, decía mi papá, unos chanchos gordos… Dos son de la Casilda y dos son suyos, esta mula es de la Casilda y esta otra es suya, de esa cosecha véndala y le da la mitad a ella… y ya los repartió, y se va usted a dejarla donde la halló. Pues allí fue mi papá a obedecerle las órdenes a mi abuela Jesús. Se fue a Murra a dejar a la señora y se regresó y ya quedó viviendo ella (mi bisabuela) allí con él y con una trabajadora, porque ella era de estimación, ella no era una mujer cualquiera.

Bueno Juan, le dice mi abuela, ahora lo que quiero es que te cases.

Le hizo una casita en San pedro, mi papá, bien arregladita la casa, y le compró todo lo que necesitaba y le puso una trabajadora mi papá a ella y le volaba dinero, mi papá.
Cuando el llegaba le decía: Mirá, Juan, ya mande a repellar este pedacito de una vara en cuadro, puse al fulano de tal a que me hiciera este trabajo por ahorita y ya mañana me va a hacer otro pedacito y hasta que la repelle toda la casa…

¿Y cuanto le cobraron mama Jesús? le decía él.

Pues diez pesos…

¡Iiiii! Mama Jesús déjeme a mi que yo voy a mandar a hacer ese trabajo que usted no sabe de esos trabajos.

¡Ay! Juan no te gustado que te gaste ese dinero, pero yo voy a seguir arreglando la casa. Y en eaquella cosa… Yo quiero que te casés… La trabajadora que tenia allí… Aquí rengo esta trabajadora, ya te le enseñé a cocinar, puede rezar el rosario, sabe lavar, sabe planchar y ya todas mis buenas costumbres… le he enseñado las buenas costumbres para que te cases con ella.

Mama Jesús, espérese un poquito, si yo voy a buscar mi esposa.

Unas indias viejas, decía mi papá, que mantenía de trabajadoras y querría que se casaran conmigo.

Mi mamá estaba cipota, y a mi papá le gustaba hacer pastorelas (aquí nunca quedo claro si se trataba en realidad de pastorelas – el equivalente de las posadas en México – o si en realidad mi abuelo escribía o montaba piezas de teatro), comedias… y a mi mamá la ponía él… cuando ensayaba las comedias, mi mamá era una de las que salía en las comedias que él hacia.

El era ya un señor maduro y ella cipota mi mamá, jovencita pues… se enamora de ella mi papá… se enamoraron, pues los dos, y se casan. Mi mamá de, de… ya te voy a decir… Mi mamá tenia treinta y cinco años cuando se casaron y mi papá tenia no se si serian sesenta o cincuenta cuando se casaron… mi papá era bien mayor de ella. Cuando se casaron, se casaron civil primero.
Mientras, mi abuela la mamá de mi mamá se había muerto, mi abuela Benita… si pues lo que te quiero decir, es que mi mamá se quedo viviendo con mi abuelo, porque estaba viudo mi abuelo.

DI.- pero mi abuela cuando se casó con mi abuelo no estaba tas cipota, porque treita y cinco años…

VM.- Treinta y cinco años, la edad de la que me casé yo… y él estaba viejito, ya estaba bastante sazón mi papá cuando se casó con ella, estaba bien de edad… (pero no había que empujarlo para que prendiera). Y la deja todavía un año con mi abuelo… porque como estaba solito mi abuelo… para que le ayudara a criar los otros hijos de mi abuelo: Mi tío Cruz, mi tía Pancha y todos. Al año de casada civil mi mamá se casó eclesiástico. Ya cuando se casó eclesiástico ya mi papá se la trajo a la casa de él. Y entonces le dice mi abuela en cuanto se casó mi papá que se queria venir ella (Mamita Jesús), pero no la dejó venir mi papá. En un viaje que hizo mi papá a Tegucigalpa donde un hermano que tenía él allá, se le viene a mi mamá la viejita, mirá vos.

Busca un señor que se llamaba Eusebio Maldonado pa’ que la viniera a dejar a San Marcos y de allí de San Marcos… cuando mi papá llegó de Tegucigalpa halla a mi mamá llorando porque se había ido mi abuela.
Yo no espero a Juanque si espero a Juan entonces no me voy porque no me va a dejar ir y yo me voy… y me voy… Y se viene la viejita.

DI.- ¿Y cuantos años vivió allí en San Pedro?

VM.- ¿Ella?

DI.- ¡Si!

VM.- Fijate que llegó cuando mi papá estaba solo, o sea cuando él estaba con aquella señora (Casilda), entonces mi mamá estaba cipota, Jovencita… Que él sacaba pastorelas y todo, y ella se vino hasta que mi papá se casó eclesiástico, porque le dijo que ella no admitía que se quedara casado así nomás por lo civil; y hasta que mi mamá se casó eclesiástico con mi papá se vino ella, cuando mi papá andaba en Tegucigalpa donde el hermano que él tenia allá y cuando regresó ya no estaba allí. Y se viene mi papá a San Marcos a buscarla… Ya no la halló… se había venido para Tegucigalpa y no la volvió a ver mi papá.

DI.- Pero usted no me ha contado una cosa…

VM.- ¡Aja!

DI.- Mi abuelo tenía una hija…

VM.- La Cástula…

DI.- ¿Hija de quién?

VM.- De una señora que se llamaba Pío Carrasco.

DI.- ¿Pía o Pío?

VM.- Pío Carrasco, esa era la mamá de la Cástula, pero mi papá la tuvo antes de casarse con mi mamá. Cuando mi papá se casó con mi mamá, la Cástula estaría como de dos añitos y mi mamá le decía a mi papá que se la quitara a la mamá para criarla ella y la señora nunca se la quiso dar a mi papá, esa Pío nunca se la quiso dar a él. Pero mi papá la reconocía él y le daba, de todo le daba mi papa.

DI.- ¿Y mi abuelo tuvo hermanos?

VM.- ¿Hermanos? ¡Si!… Ese hermano que dejó… ¡No! No tuvo hermanos él…

DI.- O sea que… ¿Su abuelo tuvo hijos?

VM.- Mi abuelo tuvo a Ricardo Pineda. Con una señora en Tegucigalpa que se llamaba Eugenia Gómez…

DI.- ¿Y por qué era Pineda Ricardo?

DI.- A lo que te truje Chencha­... Bueno Aquí se armó el berrinche porque mi mamá se me echibolo toda y confunde dos descendencias que al final logramos aclarar de la manera que sigue:

Primero, mi bisabuelo, Mariano Martínez nunca se casó, y segundo, él tuvo dos hijos Naturales; Juan Gregorio Martínez (hijo de Petronila Medina) y Ricardo Pineda (hijo de una señora, posiblemente doña Eugenia Pineda).

Ricardo tuvo un hijo, José Pineda Gómez (Abogado, notario y por varias veces presidente de la Corte Suprema de Justicia de Honduras en los gobiernos liberales).

En resumen Mi abuelo tuvo dos Hermanos: Un hermano adoptivo (Joaquín el hijo de mamita Jesús) y hermano de sangre (Ricardo Pineda).

VM.- Había un hermano de mi abuelo que se llamaba Expectación ese le vendió la herencia a mi papá. Cuando mi papá llegó de aquí de enterrar a mi abuela (Petronila), ya no halló nada de lo que él había dejado mi abuelo. Expectación le había vendido la propiedad los bueyes todo lo que su papá tenía. Y mi papá nunca, nunca más supo de él, pero se fue para León ese hombre y mi papá nunca supo de él.

DI.- ¿Quién de la familia de nosotros es que tiene ascendencia italiana pues?

VM.- Por mi abuela

DI.- ¿La abuela… quién?

VM.- Benita.

DI.- Bueno esa es otra historia que ya me va a contar. Ahora tengo otra pregunta que hacerle. ¿Sabe usted como se llamaba o quién era el abuelo de su abuelo?

VM.- ¡No! No se. Él solo decía (don Juan Gregorio) que su abuelo era de raza Zambo. Era negro, decía, trompudo pelo charruscado.

DI.- ¿De la parte de quién?

VM.- De la parte de mi papá

DI.- ¡No, no! De la parte de la mamá o del papá.

VM.- Del papá de mi papá… que era zambo, decía, pelo charruscado, trompudo, decía, negro, descendiente de la Mosquitia, como que decía.

DI.- ¿Pero venía de Yuscarán, de Danlí o de donde?

VM.- Eso si yo nunca supe de donde era él. Yo lo que se es que mi papá nació en Danlí y se criaron en San Antonio de Oriente. Pero mi abuela Jesús no era fea, bien bonita decía mi mamá que era…

Bueno aquí vamos a cortar la hebra. Ya nos dimos cuenta porque los Martínez Esacalante somos trompudos y medios fellos. Ya sabemos de donde viene este don Juan Gregorio Martínez. Mi mama no lo dice pero lo deja entender y en otras conversaciones me lo había platicado, este mi abuelo era comerciante, Güirise (Buscador de filones de oro y plata), medio escritor poeta (de todas manera en allí por donde nosotros el que no es pueta, es hijo de pueta) y dramaturgo­... y según vello, dijo el ciego, letrado y sobre todo paciente. Había que ser paciente para aguantarle los caprichitos a la abuela Jesús. Algunos de nosotros deberíamos de aprender de él.

En la próxima­...
¿Tiene ración de Escalante? ¡Si! pues que pase la vara adelante­­­...

martes, 24 de febrero de 2009

Perdiendo aprendí, pero más vale lo que aprendí que lo que perdí­...(Refrán español)


El tercer, pero no el último episodio de la vida de mi papa, se los ofrezco en líneas que siguen.


El hombre pasó de mandadero con el chilillo al aire a arreador de chanchos y enfermero; de eso a casi zapatero; de casi zapatero a cortador de café; de cortador de café obrero agrícola en las plantaciones de caña de azúcar de Chinandega, de obrero agrícola a chofer de carreta de bueyes y de chofer de carreta a agricultor independiente. Él pasó de Honduras a Nicaragua siendo aun chigüín y regresó a Honduras siendo hombre,dejando en Nicaragua 3 hijos, tres muchachos.

Su periplo comienza entre 1922 y 1924 en Las Botijas, Honduras, y se prosigue en Nicaragua. San Pedro del Norte, El Chaparral, Somotillo, Cinco Pinos, Chinandega, El viejo, León, Chichigalpa, Posoltega, Managua, no son que algunos nombres que vienen seguido en la historias de mi papa. Pero el nómada que fue, se hizo sedentario cuando mi abuelo descubrió que tenia las espaldas anchas, los cojones bien puestos y la paciencia de San Francisco.

Bueno pues, como diría Chepón Izaguirre, No le busquemos pelos a la iguana y sigamos el penquello…

JI.- Y me vine… Allá estando en San Pedro, me pongo a sembrar maicito y cuestioncitas allí, para darle de comer a Jaime a la Linda, a todos; pues lo poquito que hacia era para dárselo a mi mamá. En una de esas en 1952 o 51 vengo yo a San Marcos de Colón… yo no conozco a mi papá.

Me dice mi tío Manuel, el doctor Corrales… porque las otras familias de mi papá si me conocían bien a mí… y me dice el doctor Corrales: mira, me dice, allí está tu papá, andá velo hombré.

Vaya pues voy a ir, le digo yo.

Entonces yo no lo conocía… venia mi tía Narda también, la esposa del doctor y me decía: Allí esta, hombre, allí está tu papá, allí esta tu papá… y en aquella cosa.

Al caso pues… me voy. Decía yo “caramba, decía, porqué no me dicen vení hombre te voy a llevar donde tu papá para que lo conozcas, pero llegar yo solo…” eso estaba jodido… como hacia yo para llegar.

Al caso pues que me hicieron echar ganas y me voy a la casa de mi papá.

Me dice mi tío Manuel: mira José, cuando mirés un hombre que viene o que va o que esta allí en la casa y que esta chiflando, cantando, componiéndose el pelo (ríe) ese es tu papá, me dice.


Ya me fui yo, amigo… llego a la casa y no está sólo está Chepita (Josefa Calderón, la esposa de mi abuelo y madre de Saúl, Flora, Reina y Aidé) y le pregunto: Buenos días

Buenos días

¿Allí está don Lorenzo Molina?

¡No! No está, me dice Chepita.

¿Lo ocupaba?

Si es que quería verlo que le traigo una razón.

Yo no hallaba como hacer para… Ya me puse allí, arregostado en un macho que andaba montado, a esperar allí… mirando. Allá al rato venia un hombre… tas, tas, tas chiflando el himno nacional… si es verdad… ¡positivo! Ya luego, tas se metió adentro. Ya se sentó en una su silla que tenía allí con una maquina de escribir allí. ¡Aja! ¿Y entonces pa llegar yo, cómo hacía? Pero vengo yo y ya llegué y le digo yo:

Buenos días.

Buenos dias, me dice.

Yo no hallaba que decirle. Pero entonces le digo: ¿usted es don Lorenzo Molina?

Si, me dice, yo soy ¿que deseaba?

Bueno, le digo, vengo a conocerlo como padre.

¿Vos sos José? Me dice.

Cuando el me dijo vos sos José, a mí se me llenó el espíritu ¿verdad? Porque él sabía que tenia un hijo que se llamaba José.

Si, le digo, yo soy.

Vos sos José el de la Juana Paula.

Si, le digo, yo soy.

A pues, como no, pasá adelante

Y nos saludamos y empezamos a platicar y va de platicar… me dice:

¡Aja! Yo vivo en El Paraíso, ay si vos de repente te dan ganas de ir por esos lados a conocer, pues ya sabes que… vas donde mí… ¿Y te gusta trabajar a vos? ¿sabés trabajar, no sos haragán?

Y le digo, pues mire, no soy gran trabajador pero gano para comer.

¡Ah! Bueno, me dice, y seguimos platicando.


Usted sabe, le digo, que el que no trabaja no come, así pura riata, como el me estaba hablando claro y pelado, yo también le hablé a calzón quitado.

¡Amigo! Me vengo y le digo, Pues hombre yo ya vine a conocerlo, ya me voy.

¡Hombre! Me dice, ya sabés…

Y se mete la mano a la bolsa. Nunca había recibido un regalito de… se saca cien Lempiras y me los da. En aquellos tiempos eran cincuenta y mas Dólares… al uno y medio por dólar fijate… y yo que andaba pero así (gesto de brazos cruzados) aquello me cayó como… ¡Jobero¡

Me jui y ya llegué donde mi tío Manuel y ya le platico que había estado con él, y ya quedamos.

DI.- Bueno, de allí ya iba pensando yo en lo que iba a hacer… No hallaba como hacer (perdí un poco de la entrevista por culpa de un solo verguello que se tenían las mujeres en la cocina. Hilda, la Flora y Gloria estaban lavando trastos y se oye el pelelén pelelelén de los peroles).

JI.- Cuando yo vengo donde él aquí, (a El Paraíso) yo no vengo para acá, yo voy para Guaymaca… ¡no! Para Choloma, allá vivía Chente Corrales. Él era administrador de un aserradero. Para allí iba yo buscando trabajo.

Nos venimos con un hombre que se llama Pedro Mondragón (Morola y no Mantequilla), con el nos venimos.

Cuando llegamos a Tegucigalpa, viene él y quería meterse a la policía. ese era el ejército que había aquí antes, la policía. Entonces el quería que nos metiéramos a la policía, pero a mi no me gustaba esa cosa, porque a mí nunca me a gustado el ejército.

Entonces viene, y nos estuvimos dos días, y yo haciendo el parapeto que estaba esperándolo, pero mentiras. A los dos días le digo a Pedro: “Mire compañero, yo me voy a ir para El Paraíso y usted se queda aquí y cuando ya esté la cosa armada, la solicitud hecha me avisa y si consigo cosa buena yo también la aviso a usted”. Así fue, y ya me vine, me vine para acá. En vez de irme para Guaymaca, me vine para acá.


Hombré, Cuando yo llego aquí Al Paraíso, yo no conozco bien a mi papá. Lo había visto en San Marcos, Pero cuando vine aquí, había un primo mío que se llamaba Paco Molina y tenia un negocio bien bonito, y era el pariente pues que conocía más yo, y para allí fue onde busqué yo, para donde Paco me fui yo cuando llegué aquí a El Paraíso. Cuando llegué onde Paco pues, me dice: mirá José, yo aquí te había de tener a vos, habías de estar con migo porque yo tengo… me dice, a tiempo me hubieras servido, me dice, pero yo se que mi tío Lencho te va a llevar en cuanto nomás… te voy a mandar a dejar mejor.

DI.- ¿Y usted donde había conocido a Paco?

JI.- En San Marcos… Nos conocíamos cipotes, era hijo de mi tío Chente Molina.

¡Ah pues y…! Ya me mandó a dejar y ya le dijeron a don Lencho que iba yo…

¡Aja! Me dice, te dio ganas de venirte, me dice, Porque ya me había visto el a mí…

Si, le digo yo.

Va pues, me dice.

Y allí quedé yo. Allá… nos estuvimos dos días aquí en el pueblo. A los dos días me lleva para la montaña. Y fijate que desde que me lleva pa’ la montaña el propio 27 de junio de 1952, pongo los pies yo en esa montaña, en La Arabia… me lleva, el montado y yo a pié… caminando.


Pues ya, ya cuando llegué allá, pues ya me dice a mí: Mirá, aquí vos vas a estar y el trabajo tuyo va ha ser que les vallas a medir tarellas a estos hombres (Tarella: deformación de tarea: jornada de trabajo que equivale 35 x 35 yardas) y ay las vas apuntando, y la comida aquí te la van a hacer.

Nos mandaba Chepita (esposa de mi abuelo, una señora delgadita como una varilla de cuete, tal vez por eso les mandaba poquitos frijoles) un puñingo de frijoles, un puñito de arroz, y cuando era el viernes, ya no había nada.

Al caso pues, yo me fui y no nos volvimos a ver con Pedro (Pedro Mondragón Morola el que quería hacerse policía) hasta hace poco que vino aquí a la casa, vino con la señora, con la Modesta Montalbán, vinieron aquí y los llevé a la finca. Él esta bien Pedro, bien está.

DI.- ¿Se hizo policía, Pedro?

JI.- ¡No! No entró a la policía, ese anduvo allí, vagando (se ríe y continua). Allá a los días (1952) escribe la señora de él (de Pedro) que la había dejado en San Pedro, llorando que le dijera donde estaba pedro, que no sabía donde estaba Pedro…

DI.- ¿Y cómo ella sabía que usted estaba en El Paraíso?

JI.- Yo le contesté que con Pedro nos habíamos separado en Tegucigalpa pero que de allí no me daba cuenta de su… pues allí me quedé. Y empiezo a trabajar.

Yo llego con unas camisitas de seda, blanquitas y unos pantaloncitos bien bonitos. Cuando eran los dos meses ya yo estaba que parecía “Juan Charrasqueado” con las camisas manchadas y todo… ¿y sin sueldo y sin nada? … Va de trabajar, Jodido, va de trabajar… cuando se llego la corta (recolección del grano de café) a cortar café, jodido, a mulear, a apuntar y a andar de caporal (capataz)… a todo eso me dedicaba yo. También a cosas que no quisiera ni recordar yo… todas las calamidades que pasé yo trabajando para mi papá (es de hacer notar que mi papá trabajo más de 11 años para mi abuelo y durante todo ese tiempo nunca tubo salario. Cuando se fue de las propiedades de mi abuelo, este último le dio dos mulas y una vaca parida. Las tierras que mi papá posee fueron compradas con la herencia que mi mama recibió y con el culo de las gallinas que mis papás criaban. Esfuerzo, privaciones y un poco de ardid son la marca de comercio de mis padres).

DI.- Cuéntelas, porque sus nietos van a tener que saberlas, todas esas calamidades que usted pasó.

JI.- Pues por lo menos para la gente de ahora que todo lo quieren agarrar de un sólo viaje, primero hay que pijiarse… (El tono de voz aquí es un poco colérico y aleccionador y no cuenta nada, creo que prefiere contar las historias de explotación que vivió de manos de otros y no la que sufrió de la parte de su propio padre, he dicho, jodido).

Al caso que, al siguiente año, en abril… Llegué en (cuenta con los dedos) junio, julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre, diciembre, enero, febrero, marzo… en abril, hice viaje para ir a ver a mi mamá. Y me sale don Lorenzo Molina para ese viaje con 300 Lempiras… Allá mi mamá tiene empeñada la casa por 300 Córdobas, pero 100 lempiras eran 350 Córdobas en ese tiempo. Ya iba yo pensando en eso, que tenia que hacer eso con mi mamá yo.

Pues hombre, entonces fue cuando yo me voy, desnudo (harapiento) a vestirme a Choluteca, a mandar a hacer pantalones. Con 100 Lempiras, compré pantalones, camisas, calzonillos, zapatos y me chainié bien. Eso si que estuve que estarme dos días en Choluteca para llegar a San Pedro.

DI.- ¿Y porqué se fue desnudo pues?

JI.- Porque yo… como no ganaba y…

DI.- ¿No le daba ropa don Lencho?

JI.- No te digo pues, que la ropa que me dio fueron unos pantalones de esos de partida. (pantalones comerciales mal cortados. Si te quedaban de largo no te quedaban de la cintura. Con orgullo agrega) Yo nunca me los puse. Bien me acuerdo que así era el pantalón, cafecito (habla del pantalón con el que llego a El Paraíso). Ya lo mandé a lavar y con ese me fui, a estarme a Choluteca dos días.

Ya llegue allá y ya le fui a hacer el mandado a mi mamá (hacerle el mandado aquí, quiere decir pagar la deuda y no en el sentido que se utiliza en Honduras “hacerle el mandado a la muchacha”). Ya le fui a sacar la casa con los 300 Córdobas. Ahora que vino Jaime le acordé de eso yo, porque ellos no sabían de eso. Que si no hubiera sido yo talvez esa casa se hubiera muerto… pero ellos no saben… sin embargo mi mamá… ellos la vendieron la casa y yo nunca les reclamé nada, ¡no! Nunca les reclamé. No sabía Jaime ese royo, pero ahora cuando fui a San Pedro, para que se dieran cuenta, se lo platique a la Corina, delante de mi mamá para que oyera… la vez pasada que fui a San Pedro (1998) les platiqué : Se acuerda mamá…

Si es verdad, dijo ella.

¿Verdad que vos no sabias eso? le digo a la Corina

¡No! No sabíamos eso nosotros, me dice.


¡Aja! Entonces pues para que se den cuenta quien soy yo. Si otro hubiera sido yo hubiera andado reclamando alguna teja vieja pero yo no, le digo. ¡Si! Al caso que la casa es de ellos y quedó en poder siempre de los hermanos y esa vez… (Se termina la primera parte del casete y perdí una parte de la conversación).

DI.- Ya cuando estuvo aquí (me refiero a San Pedro)

JI.- Mira ve, el caso es este, que cuando yo me vine en realidad (a El Paraíso), San Pedro, o sea, la familia de mi casa estaban en una situación tremenda y yo los he sacado de aquella, y sin embargo, yo creo que talvez ellos no lo reconocen eso ese gesto que hice yo. Y los cipotes estos quedaban chiquitos, Jaime con German, no hallaban en que andar montados y aquí, en el primer viaje que fui le consigo a Jaime una yegüita, fiada para pagarla cuando regresara pero la pagué. Se la quité (pedí fiada) a Chimino y se la fui a pagar. Después le compré otra y ya se fueron preparando.

Cuando estoy aquí, vienen unos muchachos de allá de San Pedro a trabajar aquí. Unos hijos de Camilo Mondragón, (hermano de doña Juana Mondragón, madre de Alduvín Mendoza, Nayo, Juancito…) también vino mi hermano Jaime. Uno de ellos no hallábamos como ayudarle, esta virginia tenía una máquina de coser y se la prestó al muchacho y dice a hacer pantalones… fijate que se hacía cinco pantalones diarios… nosotros le ayudamos… él en agradecimiento me le enseña a Jaime a sastre y le compramos una máquina a Jaime allá en San Pedro, para que empezara. Yo no le he preguntado a Jaime si trabaja el ahora esa cosa de la sastrería… Pero, nosotros la ayudamos ya con Virginia a comprar la máquina.

DI.- ¿Pero la primera vez que usted fue a San Pedro usted no se había casado con mi mamá todavía?

JI.- ¡No! La cosa estaba con la Dora Garache todavía, con la mamá de José Alberto (Mi tercer Hermano). Estaba con la Dora pero iyendo de aquí yo allá hallo a José Alberto chiquito, tiernito… porque él nació en enero y yo lo fui a ver en abril. Pues cuando yo llego allá, viene la señora la agüelita de la Dora y me sale diciendo unas cosas a mí que no me gustó...

(Esta señora se llamaba doña Hermenejilda Palma, en el pueblito la apodaban con todo respeto doña Mereja y los que no la respetaban la llamaban La Pitoreta. Este ultimo apodo parece que la venia del hecho de tener la lengua un poco resbalosa. Cuentan que una vez se fue de viaje y que cuando regresó, la gente le decía: ¡Adiós doña Mereja! Y la anciana contestaba ¡Chinandega, León y Corinto! En lugar de responder el habitual adiós, ella quería compartir con el resto del mundo el recorrido de su viaje).

...Allí decía que yo me quería casar con la Dora porque tenia pisto (seguro que la viejita no dijo pisto si no que reales pué) y que como yo no tenia nada… Y el papá de la Dora era el terrateniente de allí. Entonces vine yo y le dije: “Mire pues por eso, por que tiene pisto, no me voy a casar con ella” y hasta allí nomás pues. Así me fui retirando de ella.

DI.- ¿Pero usted reconoció a José Alberto?

JI.- ¿Cómo?

DI.- ¿usted le dio el apellido Izaguirre a mi hermano?

JI.- Yo supongo que si, porque cuando yo llegue allí, el viejito me dice… en realidad le digo yo: Me dijeron a mí que no habían asentado al muchachito en los libros, le digo al viejito, al mero agüelo y era el alcalde. Pues hombre, me dice, no, porque no sabemos si usted lo reconoce. Y yo sólo eso fue lo que le dije: ¡no! Yo se que es mío, le dije.

DI.- ¿Entonces José Alberto se firma Izaguirre Garache?

JI.- Yo creo que si.

DI.- ¿Y entonces, después de que regrsó a San Pedro que hizo?

JI.- ¡Ah! Pues, antes de irme me preguntó mi papá, me dice que si iba a regresar. Bueno, digo yo, si yo le digo que regreso… regreso y si le digo que no pues también… pero bien, le digo yo, vua regresar.

¡Ah! Vaya pues, dice, entonces cuando te vengás le decís a mi hermano Cheto… me avisas para decirle yo a mi hermano Cheto que te de dinero allá (San Marcos de Colón).

Y así fue, allá al mes le digo que me iba a venir. Me avisa él de aquí (El Paraíso) por medio del telegrama que viniera donde Cheto. Y le pido 200 Lempiras a don Cheto Molina. Le dejo 100 a mi mama y con 100 me vengo yo.

Pues cuando regresé aquí ya la cosa fue diferente con migo. Por lo menos en el vestuario y en todo lo que me hiciera falta me dice don Lorenzo: andá, ahora de aquí para allá, todo lo que te haga falta lo que necesités, te vas donde la Florita (hija de mi abuelo, esposa de Tavo Ortega).

Allí venia yo a pedir Zapatos, mi capote, todo, bien equipado.

Y allí esta esa mula y esa montura que te la mandé a componer para que andes montado. Vas a ir de aquí a la Casa de Cinc, al Plan Grande (propiedades de mi abuelo) y eso vos lo vas a manejar allí, me dice. Así vivía yo, encantado… pero eso que, eso era todo lo que… ¿Cómo te dijera?

DI.- No había sueldo…

JI.- En eso era todo lo que lo molestaba yo en sacar la ropa y todo lo que ocupaba. Pero sueldo nada tampoco, pero ya la cosa era distinta. Al siguiente año, vuelvo a ir allá otra vez, ya voy de otro modo… entonces ya llevo unos centavitos, llevo una carga de café (200 libras) que eso era oro allá y así. No, si don José hacia bulla cuando llegaba a San Pedro(reímos los dos) y así seguimos…

En eso pues, ya me casé con Virginia, nos venimos… luego ya hicimos los primeros viajes con ustedes… con vos allá… ya estábamos más… que llegaste allá vos regalando pisto vos a San pedro a todos los chigüines. Le habíamos aliñado una pelota de daimitos nosotros y llegas vos regalando pisto a toda la gente y aquella gente alborotada… Jodido, que había llegado… (Rie y agrega), que bonito, pero todo pasa hombre, (Anécdota de 1972: mi papa me dio algo así como 5 lempiras en monedad de 20 centavos y al llegar a San Pedro me puse a regalarles monedas a todos los chavalitos del pueblo. Fue la primera vez en mi vida que tuve tantos amigos).

JI.- Yo no he vivido casi allá, porque si es esa vez que me fui de 14 años y vine como de 23 años y al venir a San Pedro me estbe 3 años y después me vine para acá… no he vivido casi allá, en cambio aquí tengo como 49 años casi de estar en este Paraíso.

DI.- Lo que sigue no aparece en la entrevista pero sirve para completar la historia dela establecimiento de papa en El Paríso.

Mi Papa se casó en 1957 en San Pedro del Norte, con mi mama se la trajo para Honduras y vivieron en las tierras de don Lorenzo Molina hasta mediados de los años 1960. Dejaron la aldea de Volcancitos y se establecieron el la aldea de Palo Verde. Como dije antes con esfuerzos; mi mama cuidando trabajadores, haciendo pan dulce, criando chanchos y gallinas; mi papa cultivando maíz y frijoles engordando novillos de de vez en cuando; Mis viejos se salieron del atolladero Molina Calderón. Así criaron cuatro hijos que ahora ya medios canosos les da por escribir en Internet.

Flora Mercedes Izaguirre Martínez

Yelva María Izaguirre Martínez

Melba del Socorro Izaguirre Martínez

Y su servidor José Dario Izaguirre Martínez.

Don Joche Izaguirre es el padre también de otros cinco hijos:

José Eleuterio Carrión Izaguirre

Félix Pedro Carrión Izaguirre

José Alberto Izaguirre Garache

Griselda Valdés Izaguirre y

Caridad… mil perdones a mi hermana si no la llamo como se debe, pero no la conozco. Sin embargo, quisiera un día encontrarla y ofrecerle mi mano y mis disculpas. El mismo mensaje se lo dirijo a mi hermano José Eleuterio, a quien aun no he tenido el gusto de encontrar.

Bueno, ¿Y de done viene doña?

Allí vengo de atrás.

¿Y para donde va? Allí voy para adelante.

No se pierda el próximo capítulo… Manina: ¡Se están robando los nances! Chepón: ¡Comé mierda!

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