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martes, 5 de mayo de 2009

“A San Pedro se entra cantando y se sale chiflando” decían Los Bandoleros

Bueno. Mi abuelo se muere en 1929 o en 1930, en esos días era la guerra de Sandino.
Si hemos leído un poco la historia, sabemos que después de la muerte de Sandino hubo un período de, digamos, anarquía en Nicaragua. La represión sistemática que la Guardia Nacional desató en las Segovias, atacando las cooperativas agrícolas y los asentamientos del Estado libre de Las Segovias, desató la desbandada de los grupos que formaron parte del Ejercito Defensor de la Soberanía Nacional. Esos grupos, sabían que estaban condenados a muerte puesto que sus dirigentes, tanto políticos como militares habían sido asesinados y con ellos toda esperanza de cambio enterrada. Así pues nacen los bandoleros a los que se unieron toda clase de salteadores de camino y de hombres que se sirvieron de esa situación de desorden para satisfacer venganzas personales.

Esta parte de la historia de doña virginia, cuenta la situación de zozobra de esos años.

VM.- cuando quedaron los grupos de bandoleros allí en las Segovias, entonces fue cuando nos quemaron la casa a nosotros. Mi mama la tenía a puerta cerrada con todo: Maíz, frijoles, una olla de ese que antes la gente usaba, así unas ollas de barro para hacer jabón, ella tenía una olla de esas llena de sal que había comprado, que le habían llevado de Choluteca.

Fijate que la sal no se quema, se hace piedra y se pone rojita, rojita, rosadita de viaje se pone la sal. Las botellas no se quiebran sólo se hacen una sola maza, una sola curuncona… El maíz se hace una sola piedra, como piedra de moler, el carbón de puro maicillo, se miraban los granitos enteros pero quemaditos (el basalto, con el que se hacen los metates o piedras de moler, es negro y poroso, la textura del maicillo carbonizado tal parece que se parece al basalto). Los frijoles, sólo se queman también, no se hacen cenizas, sino que negritos, los frijoles. El maíz también, una troja de maíz y un bunque de maíz grueso se quemaron también. Teníamos… mi mamá nos había mandado a cortar guineos en las dos huertas, eran dos solares pegados y los dos estaban cultivados de guineos, y habíamos andado cortando guineos con la Cheva. Había un cuarto onde dormíamos allí lo habíamos llenado de guineos.

DI.- ¿y porqué les quemaron la casa?

VM.- Porque los bandoleros que bajaban quemaban… esa vez quemaron todo las casas del pueblo, hasta la iglesia le metieron fuego y no ardió, y no me acuerdo que otra casa también sólo un pedacito se le quemó. La de nosotros se quemó porqué había un excusado, mirá, abajo de la casa y el techo del excusado era de láminas de zinc, y el zacate que había sobrado de la troja que hicieron, mi mamá lo manda a poner sobre del techo del rancho del excusado, y la cocina, un pedazo que era de rajas de madera, y entonces andaban unos hombres que no querían a mi papá, porque mi papá fue Juez, y un hombre… mi papá había hecho justicia con él… el cuento es que el hombre se había robado un burro y lo mandó a traer mi papá y lo hizo que devolviera el burro y lo metió preso. Otro de los hombres que andaba allí, le había montado el machete a la mamá, lo metió preso también y ellos quedaron enojados con mi papá. Entonces cuando bajaron esos bandoleros, ellos iban, esos hombres. Un muchacho amigo de mi mamá que era de Cinco Pinos, que se llamaba Ramón Maradiaga, él les decía que no le quemaran la casa a mi mamá, y cuando él intentaba apagar el fuego, Ramón, vinieron ellos y le pegaron una pechada y lo volaron patas arriba, porque lo traían preso al muchacho ellos los bandoleros, ya habían pasado por Cinco Pinos. Ese Ramón Cañadas y ese Ángel Cañadas, esos fueron los que le quemaron la casa a mi mamá.

DI.- ¿Pero los sandinistas cuando pasaban molestaban a la gente?

VM.- ¡Si!, ¡No! Perate que no me acuerdo. Yo sólo me acuerdo que allí tenían un campamento en el Zacatón y allí se llevaban bailando y un día llegó la Guardia y los rodeó y les tiró una bomba y los mataron a todos. Allí se terminó la guerra mirá vos. Allí se llevaban bailando y diciendo “Que vivan los placeres de la vida” y llegó la guardia y los bombardeó.

DI.- ¿pero San pedro era mas un campamento de la Guardia?

VM.- ¡No! No había Guardia en San Pedro.

DI.- Y los gringos de los que platica usted…

VM.- Eso fue hasta después (el bombardello) eso había sido antes que estuvieron esos gringos, yo estaba chigüina. Después que estuvieron esos gringos ya llegó la Guardia y estuvo permaneciendo en San Pedro. (Según la historia los gringos permitieron la formación de una guardia nacional que les servia, durante la guerra de Sandino, de carne de cañón. Con la desmovilización de las tropas estadounidenses de Nicaragua y la muerte del general de hombres libres en 1934, la GN asalta y reprime los restos del Ejercito defensor de la soberanía nacional del cual, en su desbandada, muchos de los grupos sin dirigencia ni organización cometieron actos delincuencia que sirvieron a la GN para justificar la muerte y la persecución de los sandinistas).

Pero yo no me acuerdo si la guardia se quedo después de que pasaron los bandoleros o antes de eso. Cuando pasaban los bandoleros no había Guardia ni nada sólo la gente. Pero toda la gente andaba huyendo y sólo nosotras habíamos quedado (el tío Mariano se ponía vestidos en esos días). Mi mamá por no dejar la casa botada no nos habíamos salido, hasta un día que le mataron un tío a José (mi papa)… ¡no! Estoy mintiendo… entró un grupo mirá, de bandoleros a San Pedro, y estábamos en la novena de un hijo de doña Jacinta (mi bisabuela paterna), un tío de José, Ciríaco…llegaron esos bandoleros y nos pusieron a toda la gente que no nos dejaban salir. Cerraron las puertas y había unos cofres así como ese, llenos de hornado y allí llenaron aquellos salbeques que andaban y hicieron a la pobre viejita que les diera café con hornado…y no lo dejaban salir a uno. Este Doroteo Cepeda el hermano de Esteban (el esposo de mi tía Julia) tenía un botiquín de medicina y le robaron toditas las medicinas, cuando venían de viaje ya de Sanpedro por un lugar que le llaman el Pla... (Fin de la primera parte de la cinta) allí estaban tres hombres de apellido Soriano y yo solo del nombre de uno me acuerdo que se llamaba José Soriano, esperando a los bandolero, que eran como diez y los que los mataron eran tres y los han matado a todos y han dejado un indio todo macheteado. Ese no lo mataron y a un Téllez que infundió el terror en San Pedro una vez que estuvo de guardia allí. Allí estaba también ese hombre también macheteado… (El asunto con este Téllez, es que pasó como bandolero, y lo capturaron los Sampedranos no sin haberle hecho unas cuantas carreteras a punta de machete. Los Sampedranos en lugar de cortar el mal por la raíz, lo mandaron a la cárcel de Somotillo, donde extrañamente el hombre se hace GN y de remate lo ponen como guardia de San Pedro. Una vez allí los Sampedranos tuvieron que pagar por cada machetazo que le dieron y por cada herida que le lavaron… Bien decía mamita ¡nadie sabe para quien trabaja!)…el caso es que allí murieron, y ese indio y a Téllez los llevaron al siguiente día preso para San Pedro.

DI.- ¿Quién era ese?

VM.- Era de los de la Segovia, alsaber quien era, un indito chaparro pelo liso de bigote iriso así. Allí le estaban lavando las heridas. Salvador Garache le lavaba las heridas y mi mamá nos mando a dejarle comida. Y le decían al indio: Verdad que ustedes dijeron que a San Pedro se entraba cantando y se salía chiflando, y verdad que no era así como ustedes decían… miren lo que les pasó. Y lo mandaron preso para Somotillo pero no fue la Guardia quien lo capturó.

Después pasó otro grupo y ese fue el que quemó la casa y el pueblo. Esos bandoleros hicieron destrozos en San Pedro. Un señor que se llamaba Guillermo Izaguirre, buena gente el hombre, comerciaba con chanchos por toda Chinandega… le pusieron una tapada allá por el Zacatón al hombre. Lo capturaron y lo llevaron para allí a aquel cerro de La Gallina que queda al frente de San Pedro. Allí lo amarraron en un palo de pino, lo desnudaron y empezaron a cortarle los gonces de los dedos, dedo por dedo, los puños y así todos los miembros del cuerpo por pedazos y después cuando lo mataron lo dejaron allí tirado y le echaron un polvo negro que lueguito le estaban cayendo los Zopilotes. Pero había unos hombres que eran valientes y exponían la vida mira, se fueron a recoger los restos del finado Guillermo. Y sabe como lo recogieron, lo echarían en sacos y a saber como ellos lo llevaron para un lugar que le llaman El Plan Grande y al pié de un palo de coyol hicieron la sepultura, debajo de un palo de coyol pichón que las ramas caían al suelo, y ellos como pudieron hicieron un hoyo allí y allí enterraron al finado Guillermo, y no dejaron que se lo comieran los zopilotes hombre.

Cuando a ese señor lo mataron los Sandinistas, él tenía una hija de crianza que se llamaba Sabina y de allí le vino a ella una gravedad hasta que se murió, de la muerte de Guillermo, del pesar pué, de la muerte del finado Guillermo se murió la muchacha. Ya en esos días ya nosotros estábamos en el Atonal huyendo, ya nos habíamos salido, ya nos habían quemado la casa también. La muchacha se amusepó y se murió. Cuando ella se murió (antes de morirse) dijo que quería que la enterraran con música y que los músicos que ella quería que le tocaran eran unos sobrinos de mi mamá que tocaban el violín, ellos vivían en los Araditos ¿y cómo le iban a traer esos músicos si estábamos en guerra, si estábamos… si nadie pasaba a Nicaragua… si era un solo terror? Pero dicen que cuando la iban a enterrar la gente que vivía entre el panteón los Araditos del lado de San pedro, oían la música pero música no había, se oían los violines que iban tocando.
A los años vinieron las hermanas del finado Guillermo de Chinandega a sacar los restos del finado. Traían un ataúd bien bonito con sábanas, almohadas y todo. Ya San Pedro ya estaba en paz… el poco de gente se fueron a acompañarlas a sacar los restos del finado Guillermo, y ya los echaron en la caja y lo velaron en la casa de nosotros. En la casa de mi mamá allí velaron los restos del finado Guillermo y se los llevaron para Chinandega para enterrarlos allá.

Aquí se termina este corto episodio de la vida de mi mama. En los próximos les contará la muerte de su madre, el casorio con don Joche y una parte de su vida en Honduras. No se preocupen cuando no les escribo seguido, acuérdense que como decía mi papa: “Con paciencia y saliva, un elefante preño a una hormiga”

lunes, 23 de febrero de 2009

Si hay que ir, hay que ir… pero ir para nada es pendejada... ( Y0)

Aquí les va el segundo episodio de la increíble y triste historia de don Joche Izaguirre y su vida de rodadas.

El tiempo en que le robaba los nances a las Martínez había pasado… Bueno, estamos ya cerca de los años 1940. José Ignacio Izaguirre Molina, ya no se pasea cañambuco y hasta sabe leer, escribir y hacer cuentas. ¿Cómo diablos aprendió?

¡Sabe…! por allí dice Dulia (mi hemana Yelva) que fue la Madrina Colacha la que le enseñó las cuatro reglas. Él dice que llego hasta segundo grado, pero una cosa es cierta, nadia engaña a Joche Izaguirre ¡carajo! Lo importante es que no se quedo burro, ni nació para tamal, porque bien sabemos:
que el que nace para tamal del cielo le caen las hojas.

Bueno, el hombre tiene 15 años y está en Managua haciéndole la guerra a su mama para que se regresen a San Pedro.

JI.- ¡Nos vamos!

Se llegaron las cortas de café en las Sierras de Managua… ¿vos haz oído mentar vedá?

DI.- ¡aja, si!

JI.- Fuimos a cortar a las Sierras de Managua. Puesto allá pues, metiéndole manera yo allí a mi mamá para que nos viniéramos para San Pedro. Y es verdad que yo andaba allá… yo andaba a gusto, para como estaba antes allá en San Pedro.

DI.- ¿Y qué era lo que le hacia falta pues?

JI.- ¡Mi abuela!

DI.- ¿Y porqué no se la llevaban pues?

JI.- Era mi agüelita y la querencia a San Pedro. Yo a veces me deseaba ser pajarito, para venirme para San Pedro (ríe a carcajadas) ¡Jobero!

Bueno, al caso que me la traje de allá.

Cuando yo me la treigo para San Pedro… ella me tiene listo… cuando nos venimos de allá… (En esta parte trata de ordenar sus ideas antes de contar su partida hacia su pueblo. Cuenta todas las ventajas que hubiese tenido si se hubiese quedado en Managua y lo que perdió yéndose a San Pedro, y continua…)

Fijate, me metió en una zapatería, como alistador, que juera a aprender… en aquellos tiempos. Era en una Zapatería que se llamaba La
Zapatería Alemán; allí hacían zapatos para exportar, en aquellos tiempos… y casi al frente la teníamos esa zapatería. Los dueños eran parientes del papá de las muchachas, de la Linda y de la Rosa y se me ofrecía.

Había un tallercito mecánico también. Allí podía entrar a trabajar yo también. Pero la cosa es que yo tenía que venirme para San Pedro.

Y me la treigo para San Pedro a mi mama.

Mirá, me dice, te va a pesar después cuando ya estés grande esto que estas haciendo, me dice, te va a pesar.

Y efectivamente, si yo le hago caso y me quedo allá con ella no estuviera aquí… no tuviera los hijos que tengo también. Bueno, al caso que me dijo esas palabras mi mama… y me vine.

Cuando estoy en San Pedro… amigo… yo no hallo para donde coger y me voy otra vez para el interior de Nicaragua y ella se queda allí en San Pedro.

Allá yo me voy a estar como nueve años que nadie sabía donde estaba yo, cuando se dieron cuenta donde estaba yo, fueron onde mi, y me vine… me trajeron pa San Pedro. Pero mientras ellos me van a traer allá, yo ya tenía una mujer allá con un hijo (mi hermano Mayor que no conozco, José Eleuterio Carrión. Aquí no queda claro también si la señora quedaba embarazada o si ya mi segundo hermano Félix Pedro había nacido, este lo conocí en 1978. Creo que los dos aun deben vivir en Chichigalapa).

DI.- Pero ¿Cómo se dieron cuenta de que usted estaba allí pues?

JI.- Se dieron cuenta porque vino un señor y nos miró a nosotros y se dio cuenta bien donde estábamos, como vivíamos y donde estábamos pues y así vinieron directamente donde nosotros, onde yo, pues. Vino la agüelita mía, llegó la agüelita mía onde estábamos nosotros, con mi hermana la Linda (aquí quiere decir que mi tía Erlinda acompañó a mi bisabuela en el viaje para repatriar a mi papa). Allá pues, se vino ella y después fue mi mamá a buscarme y ya me vine con ella para San Pedro.

Pero esos cuatro días (3 años) que pasé en San Pedro los pasé amargos y los que anduve fuera de la casa anduve cuatro días amargos también (9 años), Pero, fijate que cuando llegué de aquí (de San Pedro) yo a ese Chichigalpa, tuve una suerte… Yo no sabía trabajar bien, y cuando vamos al trabajo… las mujeres… nos dejaban así enredados a nosotros…

Di.- ¿Y de que trabajaban pues?

JI.- Al machete, las mujeres… limpiando Maíz. Nosotros pues la manera de trabajar era con machetes pero de taco o pailas (Machete artesanal hecho por los herreros del salvador, del sur de honduras y del noreste de Nicaragua. A diferencia del machete tradicional, largo y flexible, el machete de taco se parece más a la oz. Él es corto y curvo a la extremidad distal y su hoja se acaba en un pedazo largo de aproximadamente 18 pulgadas de madera dura. De allí su nombre machete de taco. En Colombia ale llaman Calabozo)­... y esos machetes largos ni los conocíamos nosotros, allí es donde nos fregaban. Al caso que, allí me estuve yo…

Dos tipos de machete


DI.- ¿Por qué no mandaban a traer machetes tacos a…?

JI.- El hombre, el mandador de allí, me tenía lástima a mí. Porque el compañero mío era Cesar Izaguirre que decía que éramos hermanos, y mentiras…

El mandador me dice:
Hombré vos, me dice, verdad que vos no sos hermano con Cesar.


¿Porqué? Le digo yo


Es que el dice, que son hermanos…


JI.- Si somos medios hermanos, le digo yo, pero mentiras… Fijate que la suerte mía fue allí… ese Cesar era un hombre que no tenia cabida, el hombre parecía que sabia escribir que sabia todo, y no sabia ni firmar. En cambio yo ve, humildito andaba… Habíamos 40 trabajadores allí. En esos 40 trabajadores ninguno sabía leer, ni el mandador.


Di.- ¿Y usted ¿sabia leer?


JI.- Yo sabía leer… Sólo la señora de él, la señora del mandador, sabía leer. Pero la señora hacía la comida para los mozos, le llevaba las planillas al mandador… Pues un día están haciendo la planilla, discutiendo… y me arrimo y me quedo mirando yo lo que estaba escribiendo. Entonces, en una de esas, que está escribiendo la señora, por poner una cantidad, pone otra; entonces, le digo yo: mire, le digo, parece que se equivoco allí le digo, y me queda viendo (con ojos de vaca viendo pasar el tren). ¡Ah! Si es verdad, me dice. Bueno, me dice el mandador, ¿y es que vos sabes leer hombré?

¡Si! Medio puedo, le digo.


Mirá, me dice, de aquí para allá me le vas a ayudar a esta mujer…

Vaya pues, le digo yo, con tal que pueda…

Al siguiente día me dice la señora: bueno, me dice, vamos a…

Mire, le digo yo, ¿quiere que trabajemos de una manera fácil? Mire vamos a rallar un papel… así como ago las planillitas y aquí, es que yo había visto eso más antes… Ya los días miércoles y lunes y todo… y le pongo allí los números. Aquí arriba, le digo yo es el lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado y aquí le vamos a poner el total de los días trabajados.

Aquí al lado vamos a poner los nombres de cada trabajador. Ahora, le digo, aquí el fulano trabajo el lunes, el martes, el miércoles, hasta que lleguemos allá… y usted si algún mozo no viene tal día usted va saber que día fue que no vino, le digo yo. Si no vino… (Aquí la cosa se puso un poco difícil porque mi sobrina Sarela parecía que tenía hormigas en las nalgas y no nos dejaba de molestar, pero se las matamos y seguimos la cosa) pues no marca usted la casilla y así ya sabe que día no vino, por si le reclaman.

Así fue, ya empezamos. El día sábado, ya le corté la planillita, hombre ve, bien cortadita… y se van pal pueblo y le llevan la planilla al patrón, y el patrón era el Juez del crimen allí era un señor allí…

DI.- ¿Se llamaba cómo?

JI.- Andrés Sosa… ya quedó mirando aquello, el trabajo… ¿aja, y esto? Les dice…

(El mandador responde) ¡Si! Esto lo hizo un muchacho que esta allí, un catracho que está allí en la casa, le dice.

DI.- Pero usted no era catracho usted había vivido todo el tiempo en Nicaragua

JI.- Yo les decía que era hondureño, todo el tiempo anduvimos como hondureños nosotros, con Pedro (aquí habla de su hermano-tío, Pedro Izaguirre, Mantequilla y no Morola).

Ya lo quedo viendo… mire aquí está el total de cada quien y esto y esto… hombre si… miren, les dice, póngale cuidado a ese muchacho, que les ayude, esta bueno.

De allí para allá el niño bonito era yo… el sábado tenia mi bestia ensillada que me la mandaba a ensillar el mandador y ya salíamos al cerro (ríe a carcajadas) a capar novillos. En una de esas, ago una chiripa yo, (se emociona) que el hombre creyó que yo era profesional también. Mira ve, arrean una novillada, yo andaba montado y con una pialera también yo por delante. Y va de corretear un novillo y no lo podían lazar, el animal pasa cerca de donde yo, y ya la suerte para que me miraran, y le ago yo así con la pialera (hace el gesto típico del campista que laza) y ¡faa! Lo soco el animal del descuezo y pega el tironazo en el tejuelo… y yo ¡jodido! como gran… pura chiripa y fue lo único que hice (ríe y dice que no lo volvió a hacer. Pero no es cierto mi papa era un buen campista yo lo vi hacerlo). Si este jodido es uñas escondidas, dice el mandador, vos sos una fiera, dice, no jodás , me dice … (toda esa parte la cuenta entre sonrisas y carcajadas).

Pues allí me quede parte de los nueve años que anduve allí botado, Allí me estuve como cuatro años. De allí me saca el mismo Cesar, que nos fuéramos pa los Brasiles que allí estaban ganando no se cuantos cienes de pesos diarios… a comer mierda… no te vayas hombre, me decía el mandador, no te vayas hombre José, no te vayas… pues nos fuimos a llegar a ese tal Brasil (nombre de una hacienda cafetalera) a comer caca (mi hija Gabrielle de 3 años le dice: no se come caca papita jodido) pero para nada, un mal viaje que hicimos ese.

De allí me regreso, allí fue donde vine a parar a ese Torreón que le llaman (pueblito del centro de Nicaragua) donde Salomón Prío…

Algunos de los lugares donde estuvo don Joche


DI.- ¿Y porqué no regresó donde Andrés Sosa?


JI.- Por pena me dio, me dio vergüenza.


DI.- ¿Y donde los Prío, que hacías pues?


JI.- ¿Onde los Prío, que hacía…? Era chofer… chofer de carreta de bueyes por que no habían carros.


DI.- ¿Y onde aprendió a carretiar pues?


JI.- Allí donde Sosa… paradito, fijate que arreaba los bueyes parado en la carreta. Caminaban aquellas… si uno se hace profesional como dicen en las… (Quiere decir al sopapo).

Caminábamos por todo León lo cruzábamos con bueyes fíjate y dos yuntas de bueyes cada carreta. Cuando el buey…veníamos aquí ve (describe una maniobra de carretero complicada de escribir) y queríamos agarrar para allá, sólo picábamos aquel y ya daba la vuelta el buey… pero es que todo mundo parado arreando y dirigiendo los bueyes… así fue como fue patrón mío don Salomón Prío.


DI.- ¿pero dijiste que eras carretero?


JI.- yo era carretero y jefe de las carretas, nueve carretas. Iban cargadas de plátanos, arroz, frijoles, maíz y dulce de rapadura; de todo cosechaba ese hombre allí. Lo sacaban de El Torreón para León, pero nos tardábamos dos días para llegar. Salíamos a las tres de la tarde a dormir al camino… en la madrugada, salíamos otra vez íbamos llegando a León como a estas horas (6 pm). De regreso el viaje lo hacíamos en un día porque ya veníamos vacillitos… ya de regreso veníamos vacíos.

Nosotros nos ayudábamos allí cuando íbamos porque las colas (los restos, fruta o mercancía averiada) de los plátanos que íbamos a descargar, las vendíamos en el camino.

La esposa de él nos daba de comer a nosotros… ¿Sabes quien era la esposa de don Salomón?

La hermana de Leonardo Argüello el candidato que le ganó la presidencia a Somoza una vez, un período… (Leonardo Argüello Barreto - 29 de agosto de 1875 – 15 Diciembre de 1947: fue un político nicaragüense que después de varios intentos logra ganar la presidencia de Nicragua en 1947. Estuvo en el poder del 1 al 27 de mayo de 1947. A este le paso, como diría don chema Baqueano las de Sancredo Nieves (Tancredo Neves) en el Brasil, que sólo estuvo tres días en el poder y se murió del gusto)…Y esa señora nos daba la comida a nosotros. Una mujerona, blanca, bien altísima… caramba… como la tengo tan presente yo… ya a esta fecha, esa gente ya no han de existir… pero eso si que todo el tiempo les dije yo que era hondureño.


DI.- ¿Y donde fue que trabajaste en una molienda pues?


JI.- ¡Allí! Allí también me enferme del baso. Allí es donde echaba sangre de nariz yo día y noche. Y allí no tenía amparo de nadie, pro siempre Dios anda siempre con uno… estaba solo… Me mandaban a trabajar ahí, talvez a hacer un hoyo para sembrar un poste… Allí estaba la sangre. En la noche estaba dormido y allí estaba el sangre de nariz. Y estuve tan decepcionado, que decían que el dulce era malo pal baso, yo me hartaba sólo para que me muriera. Estaba panzón de comer dulce y no me morí el jodido, hombré (ríe y afirma) ¡Si!

Al caso pues que, viene y llega un indio a trabajar allí de pocero, allá los poceros les llaman a los que trabajaban con bueyes para sacar agua con malacates. Arrean aquellos bueyes y van dando vueltas… Y aquel hombre era de aquí de las Segovias, indio. Y ese hombre era tan indio, que ese hombre caminaba con la maleta cruzada, con las cobijas… nunca la dejaba donde dormía, todo lo caminaba con él y trabajando y a nadie le hablaba… un indito bajito.

Allá un día estoy yo sentado así en unos palos que habían botado, unos cocos. Yo sentado con la luna clarita yo solito allí… ¡y no es que llega el indio hombré! A sentarse allí cerca de mí, y me dice: ¡Aja hombé! ¿Estás fresqueando?

Si hombre, Y vos le digo yo, tas con ganas de… – Como allá viejos y jóvenes se tratan de vos y vos y vos. Y vos estás con ganas de fresquear, le digo.

Si, me dice, yo me parece que te miro jodido yo a vos, me dice.

Si hombre, le digo yo, paso bien mal, le digo.

¡Ah! Me pregunta. ¿Y que te pasa pues?

Padezco esto y esto y esto, así y así y así, y ya le expliqué yo el asunto de la sangre de nariz. ¡Jobero! como que Dios me lo mandó allí… me dice:

Mira, me dice, una vez un hermano mío estaba así en esa forma, me dice, ya tenia una bacinilla llena de sangre de nariz y llegó un señor, dice, y nos recetó una medicina.

¡Aja! Le digo yo, ¿y esa medicina, le digo, cual es, se puede comprar?

Si hombre, si no te va a costar nada, me dice, si la conseguís, también.

¿Cómo así?

Pues el hombre nos dijo que fuéramos a buscar una mudada de culebra…

¡Y yo les tenía asco a las mudadas de culebra!

Y ya nos dice que la fuéramos a buscar y que la empapáramos de orines de él mismo y que se la pusiéramos en la frente. Pero nos puso una condición, dice, que no se fuera a bañar tres días. Pues nosotros agarramos una escopeta y salimos… Yo tenía una idea, hombre, de adonde podíamos hallarnos una, dice, y nos fuimos y la hallamos por pura casualidad y fijate que la conseguimos, la trajimos y se la pusimos y no volvió a padecer…

¡Jodido! Y yo… al siguiente día, mirá ve, yo voy con una carreta y unos barriles de agua a regar una caña… a pura mano (ríe) ese era el trabajo que me habían dado… cuando yo voy caminando… una mudada de culebra terciada en el alambre, miré. ¡Mira! Los ejemplos como son ve… en el alambre… y la miro yo y me apello, amigo, a agarrarla y la doblo bien dobladita como que me había hallado un a reliquia y me la echo a la bolsa ¡Jodido! En la noche…

Pues al caso que, al caso que yo la llevo la mudada de culebra… la hallo ensartada en el alambre y me apello de la carreta y pan, pan, pan, la doblo y me la echo a la bolsa de la camisa. En la noche no hallaba como hacer para amarrármela, con una cáscara de guinello, la agarré y la empape de orines y me la pongo en la frente y dormí con ella. Ya en la mañana me la quité… al siguiente día ni echo sangre de nariz ¡hombré!… ¡al tercar día, no echo sangre de nariz, el cuarto día el quinto es sexto y hasta…! Ya cuando ajusté los quince días nada de sangre de nariz hasta hoy en día, hasta hoy. No volví a echar sangre de nariz.


DI.- ¿Y el indio?


JI.- Ya le platiqué yo… vedá ,no te dije, me dice, porque mi hermano así era y esa fue la medicina, me dice. Fijate, y ese hombre no le hablaba a nadie, y como fue a dar allá donde estaba yo para decirme… ¿Verdad? ¡Son casas admirables! Que poniéndoles sentido, tienen… ese hombre que no le hablaba a nadie ¡caramba! Irse a sentar…

A pues de allí para acá, yo me recuperé hombré… mas pollón­... me compuse. Así les platico a muchas gentes de esa cosa ¡es una gran medicina eso! Allí padecía de mal de orín también… ¡Ay! Si me ponía agrave… ¿y con que me curé también? Otra señora me dio otra medicina… la horchata de Guayabillo, de esas guayabas agritas que hay en los montes… la horchata de eso es bueno pal mal de orín…


DI.- Aquí el hombre se levanta y me dice: Bueno hay podemos pasar la semana platicado… y se va, hasta el siguiente día, donde cuenta su venida a El Paraíso





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