miércoles, 7 de abril de 2010

El Judío errante y los tamales pizques

Pues aquí les va otro de los miedos de mi infancia. Esta leyenda nos viene directamente de Europa.

El judío errante es una figura de la mitología cristiana. La leyenda relata que un personaje judío (su caracterización concreta varía según las versiones) negó un poco de agua al sediento Jesús durante el camino hacia la Crucifixión (como si el pobre Cristo hubiese tenido tiempo para pedir agua), por lo que Éste lo condenó a «errar hasta su retorno». Por tanto, el personaje en cuestión debe andar errante por la Tierra hasta la Parusía (la segunda venida de Cristo).

A menudo se ha visto en el judío errante una personificación metafórica de la Diáspora judía, interpretando desde el punto de vista cristiano, que la destrucción de Jerusalén habría sido un castigo divino a todo el pueblo judío por la responsabilidad que algunos de ellos tuvieron en la crucifixión de Jesús; razón por la que se considera una leyenda de origen o naturaleza antisemita.

Como pueden ver, en la introducción del vasto articulo de Wikipedia, se habla únicamente del carácter de la leyenda. Sin embargo, en la versión del Judío errante de ni niñez este individuo no tenía nada que ver con el judío presentado en el artículo. Su viaje por el atlántico le doró u poco más la piel y la convirtió en una historia sincrética donde se mezcla maíz y tradición cristiana.

En la versión de mi mama, el Judío errante se paseaba por los caminos y aparecía sobre todo en Semana Santa. Mi mama decía que era harapiento y que castigaba a los niños que no obedecían a los papás en tiempo de cuaresma y de semana santa. Si rompíamos el ayuno sin pedirle perdón al señor corríamos el riesgo de ser secuestrados y desaparecidos por el judío errante. Ahora ya nadie se acuerda de él porque su trabajo de desparecer y secuestrar lo han agarrado los chafas y los paramilitares.

Bueno, comentario aparte, cuando nosotros nos comíamos los marañones a escondidas de mi mama, le pedíamos perdón a Dios por haber caído en la tentación. Y diosito como es bien cachimbón siempre no escuchó y el Judío errante nunca vino por nosotros. Es decir, que un marañón comido con devoción en Semana Santa, no es pecado.

Mi mama decía también que el viernes santo en la noche había que dejar algo de comer en la cocina. Así, si el Judío pasaba podía comer algo y seguir su camino. Nosotros le preguntábamos:

¿y como sabe usted que es el Judío errante el que se comió la comida de la cocina? ¿Quién le dice a usted que no es Tituy Aguilar quien vino en la noche a comerse los tamalitos pizques que le dejó en el molendero?

Ustedes son unos sacrílegos, nos decía, no ven que esas son cosas misteriosas que sólo el poder de Dios puede explicar. Además, el Judío errante cuando pasa pega unos gritos que te hacen tener frío hasta en los huesos. Grita fuerte como si lo estuvieran mal matando. Esos son los gritos que le provocan el peso de los pecados que arrastra desde el principio de los siglos. No sean malcriados que si no se los lleva.

Pues nosotros en la noche ni dormíamos esperando oír los gritos del Judío errante. Teníamos miedo pero nos quedábamos despiertos para ver si oíamos algo pero nunca pasó, salvo una vez.

Un día, un viernes santo de no me acuerdo que año, nos quedamos despiertos y a eso de la una de la mañana oímos aquellos gritos.

¡Epa! ¡Yo soy hombre!
¡Yo tengo güevos de machetearme con el mero uñudo!
¡A yo me jiede la vida!
¡Viva el partido Nacional, hijos de puta!

Y aquella gritazón.

Nosotros con miedo, ¡ay mama, ahí viene el Judío errante!

Verdad que te dije que no había que comer brejetas, ahí viene ese hombre.

Los gritos se aproximan de la casa, aquí aclaro que nadie nos había dicho que lengua hablaba el judío o que tipo de gritos hacia.

Mi papa que dormía como un trozo no se despertó hasta que mi mama lo despierta y le dice que pare la oreja.

Y ustedes cipotes cállense, no hagan bulla.


A nosotros nos tronaban las tabas del miedo.

Luego, el judío pregunta:

¿Don joche, tiene una tortila que me de?

¡Ay mamita, los tamalitos de la cocina!

¿Y quien es pues? dice mi papa, que ya había sacado su mohosa.

Papa, le decimos nosotros, no ve que es el Judío errante.

¡Hum, cuál Judío ni que mierda! dice el viejo.

¡Viva yo! gritaba el hombre afuera.
¡Viva Ramón Ernesto Cruz!
¡Muera Modestón!

¿Bueno hombré y vos quien putas sos? pregunta mi papa.

¡Soy yo Rogelio Merlo, que aquí estoy con hambre y bien mamado!
¡Yo soy hombre jodido……!

Bueno hombré, si sos tan hombre anda a la cocina. Allí en el tablón hay unos tamales, comete unos cuantos y te sentás allí en la silla del corredor y te dormís, deja de andar desvelando gente.

¡Putala jodido, si todos los liberales jueran como Joche Izaguirre yo …!

Amigo, al siguiente día nos levantamos tempranito y Rogelio aun dormía en el corredor de la casona.

Desde ese día tomábamos el ayuno más en serio porque mi mama nos dijo: Ya vieron, esta vez era Rogelio, pero nadie sabe la próxima vez.

sábado, 3 de abril de 2010

Cuidado con el Judío errante

Semana santa, como dice la compa Mirna Urquía, debería ser una semana para reflexionar, no en la señales del cielo únicamente, sino en las de nuestro pueblo y su realidad. “Hipócritas que no miras las señales de la tierra por estar observando las señales de los cielos” (Mateo, 16:3).
Para ayudarles un poco a esa reflexión tan necesaria les contaré unas cuantas historietas de mi infancia en tiempos de Semana Santa. Esas anécdotas posiblemente les harán retroceder a un tiempo donde las tradiciones aun estaban más vivas y poco matizadas por la carrera incontrolable de la tecnología.
Compartiré con ustedes dos períodos de mi infancia que recuerdo con nostalgia. Mis años en la montaña y mis años de escuela en el pueblo. Y sobretodo un episodio vivido en el barrio El Calvario, o el barrio de los calvos, como le llamábamos nosotros.

La montaña.

Ya canso diciendo donde nací, pero no todos los que visitan este blog lo leen desde el principio. Nací en una aldea cafetalera del municipio de El Paraíso, en el sur oriente de honduras. En esta aldea en los tiempos de Semana Santa era tiempo muerto. La cosecha de café había terminado. Era el tiempo de las chapias de las plantaciones y el número de trabajadores en la casa era reducido.

Mi papa se iba al valle de Jamastrán a preparar tierras para sembrar maíz y frijoles y seguido nos quedábamos solos con mi mama en la casona de la Montaña.
La Semana Santa era menos complicada y más aburrida que la Navidad. Hacía calor, las garrapatas abundaban las vacas se escondían en los lugares más difíciles de encontrar y donde hacia menos calor. Por también ese período tenía sus lados buenos. Las chicharras no paraban de cantar los jocotes estaban sazones y los mangos suficientemente grandes para comerlos con vinagre cominos y sal.

Para Semana Santa, mi mama preparaba tabletas de dulce de leche, mermelada de cáscaras de Naranja agria, rosquetes y tamales pizques. También ponía una chicha de cáscaras de piña a fermentar y nos daba de vez en cuando un guacalito diluido con agua para que no nos emboláramos. Pero todo eso había que ganárselo y eso formaba parte de lo aburrido de la Semana Santa.

Mi mama, religiosa como ella era en esos tiempos, pasaba toda la semana a decirnos que teníamos que reflexionar respecto al comportamiento con nuestros semejantes. Las peleas eran prohibidas y los castigos dos veces mas grandes que de costumbre.
Yo en esos días, allá por 1972, me ponía contento porque mis hermanas mayores que estaban en el pueblo venían a pasar vacaciones con nosotros. Mi hermana Yelba, quien se ocupaba mucho de mí, venía y con ella la felicidad de poderse bañar en las pilas del beneficio de café.

Bueno, los días más difíciles de Semana Santa eran el jueves y el viernes santo. El jueves Mi mama preparaba la tradicional sopa de pescado seco. Aun tengo en mi boca ese sabor único de la sopa de mi mama. El asunto es que aun si la sopa era buena, no teníamos derecho de comer mucho, la gula es un pecado capital, sobre todo en Semana Santa. Los dulces, los rosquetes y la chicha desaparecían de la casa. Era jueves, era el día del suicidio de Judas, de la captura y penitencia del hijo de Dios. Entonces, había que comenzar a sufrir con él.

El viernes, día de penitencia. Todos teníamos que ayunar desde la mañana hasta la crucifixión, algo así como hasta las 2:00 pm. Sólo teníamos que tomar agua. Pero como decía Chespirito, mi mama no contaba con nuestra astucia. Detrás de la cas había un palo de marañón que en general tenía algunos frutos maduros. A escondidas nos íbamos y nos subíamos al palo, con miedo porque mi mama nos decía que era pecado hacer eso y que si desobedecíamos nos iba a llevar el judío errante. También nos decía que si nos andábamos subiendo en los palos que nos podíamos caer y quebrarnos una pata porque el señor era poderoso. ¡Güevos, más poderosa era el hambre!

A las dos de la tarde ya nos llamaba y nos decía: Vengan cipotes para acá. Vamos a rezar.

Y comenzábamos una retahíla de oraciones que ya ni me acuerdo.

Después de haber ayunado, los tamalitos pizques, la sopa de pescado y hasta la chanfaina de la mujer de don Yeyo Oliva, nos parecía el mejor manjar del mundo.

Algo que no les he dicho es que el viernes no teníamos el derecho de hacer una serie de cosas.
¡No corran! si corren están corriendo sobre le espalda mutilada del señor
¡No coman! si comen están comiéndose al señor
¡No insulten! si insultan están insultando al señor
¡No claven! si clavan están clavando al señor
¡No tiren piedras! si…
¡No…!

Les aseguro que al final del día, aun si sabíamos que Cristo había sido crucificado estábamos bien contentos que Pilato se haya lavado las manos.

El domingo la tristeza del verano se mezclaba con la tristeza del final de las vacaciones y la partida de mis dos hermanas. Sabía que no las vería durante semanas o meses. Suerte que tenía mi hermanita Melba, mi hermano José Alberto y mis amigos Cayo y Toño que nos ayudaban con las tareas de todos los días.


El pueblo

No pude escaparme de la migración urbana. Mis papas eran un poco aliruzados y visionarios. Aquellos que han leído las entrevistas que hice con mi padre y mi madre se han dado cuenta que el nivel de instrucción de ambos no era grande. Sin embargo, mi papa se dijo siempre que el le daría educación a sus hijos. Así pues, por allí en 1974 tuvimos que irnos a vivir a la ciudad. Mis dos hermanas mayores comenzaban su escuela secundaria. Dos muchachotas casi adolescentes a las que había que cuidar de las tentaciones de la ciudad. Por otro lado, mi mama comenzaba a sentirse culpable de haberlas mandado a estudiar al pueblo sin haber estado con ellas.

Esa mudanza vino a cambiar toda la dinámica de nuestras vidas. Mi mama se vino a vivir con nosotros al pueblo y mi papa y mi hermano José Alberto se quedaron cuidando de las plantaciones y casi no los veíamos. A mí me hacia mucha falta mi hermano, quien nunca me regañaba y siempre estaba listo a ayudarme en las tareas difíciles que me imponía mi papa.

Bueno, el asunto es que las semanas santas las pasábamos ya en el pueblo. Mi papa venía y me llevaba ala procesiones y a las misas. Allí el tiempo pasaba más rápido y las relaciones entre la religión y mi persona comenzaron a deteriorarse, pero igual la Semana Santa era especial. La comida era la misma lo único que cambio fueron los amigos y las aventuras.

Después de haber vivido un tiempo en la cas de mi padrino Moisés, en la parte noroeste del pueblo, tuvimos que cambiar de casa. Nos pasmos a vivir al barrio El Calvario exactamente en la calle que llevaba de la iglesia al cementerio. Allí nos teníamos al corriente de todo aquel que se moría en el pueblo porque obligatoriamente el entierro tenía que pasar en frente de la casa.

En Semana Santa no podíamos faltar ninguna procesión todas pasaban en frente de mi casa. Las que más me gustaban eran las del domingo de ramos. Toda la gente, los campesinos de los alrededores bajaban de los cerros con palmas tiernas de coyol para hacerlas bendecir por el Capitán ¡Oups! ¡Perdón! Por el cachureco, El Padre Barahona, que en paz descanse.

La otra que me gustaba era la del siguiente domingo. Las carreras de San Juan. En esa, cuatro personas cargaban corriendo la estatua de San Juan desde la iglesia hasta el Cementerio y viceversa, siete veces creo. Los pobres Julia Gallo y Ximeno Salgado que era unos de los que cargaban el santo sudaban la gota gorda. Eso me gustaba porque era bonito ver el santo balancearse sobre las espaldas de los corredores. Además en la noche era noche de fiesta, Cristo había resucitado.

Mi mama continuaba sus prácticas en privado. Mi mama había sido fiestera, bailadora, celebradora de la palabra y cuantas cosas más. Sin embargo, cuando llegamos al pueblo era difícil de hacerla salir. Un día jueves de Semana Santa, yo tenia como 10 años, le digo a mi mama: Mama, vamos a ir a la procesión.

Yo no voy allí, me dice.

Claro que va a ir, le digo yo, por que usted sólo nos vive hablando de Dios y ni a la iglesia va. Mire a doña Maruca y a Chela la de Tito, todos los domingos van a misa y usted nada.

¡Va Pues! me dice, vamos a ir.

Ya en la noche como a las siete, me puse el uniforme de la escuela y le digo a mi mama, bueno mama nos vamos.

Ya llegamos a la iglesia. La procesión sale y nos vamos por la calle del cementerio. Al llegar a la esquina de done don Manuel Sánchez, el Capitán Barahona (Carajo siempre se me olvida que era cura) decide de doblar a la derecha.
Yo me las arreglo para llevar a mi mama cerca de donde va el cura para que escuche bien la homilía. El cura usaba un parlante como el que tenia la radio 11 de junio de la FUR en la UNAH.

Allí iba el cura…
Dios te salve María… Madre misericordiosa…


Y cantando con su voz de pito rajado.

Por los tres clavos que te clavaron
Y las espinas que te punzaron
Perdónales Señor.

De repente, en la cola de la misa…

Pen… Pen… Pen… tres tiros de 38.

La gente comienza a correr y a empujarse y aquel verguello. Yo lo único que miro es un Bus de la empresa EMTRAORIENTE que estaba estacionado en frente de la casa de Miguelito Sevilla. Y agarro a mi mama de la mano y me la llevo a esconder detrás del bus. Allí oíamos al padre Barahona:

Por el poder de Cristo, no corran no empujen banda de sacrílegos.

De pronto, no so oye más la voz del cura. Mi mama temblando de miedo la pobre, ella pensaba que era el fin del mundo. El puto bus se movía como si la tierra estuviera temblando. Los chigüines llorando, las mujeres gritando…

Cuando la masa de gente paso y que todo parecía mas en calma, mi mama y yo salimos de detrás del bus y miramos el producto de la tragedia. Los santos tirados en el suelo. La virgen María media desnuda con la cabeza para abajo. San Juan con la cabeza quebrada, un completo desastre.

Mientras tanto en ceca de la esquina de la casa de doña Chepita Idiaquez, el cura sermoneando con palabras no tan católicas que digamos ya tratando de desenredarse de los alambres del parlante que tenia enredados el la sotana y en la cuerda que le servia de cinturón.

Bueno, le digo a mi mama, y ahora que hacemos.

Yo me voy pa la casa, me dice, y nadie me hacer venir otra vez a las procesiones.

Y en realidad, creo que fue a la única vez que mi mama fue a una procesión.

¿Y que fue lo que paso ese día? Yo nunca supe con exactitud pero tal parece que una muchacha casada se fue a la procesión y por allí un mozo comenzó a echarle el cuento. La chava comenzó a coquetear también. Alguien fue al estanco donde estaba el marido y le dijo que su mujer estaba haciendo de la suyas y de las del otro. El bolo se va y constata por sus propios ojos el hecho, saca su tizón y tira los tres tiros. La gente comienza a correr, al bolo lo agarraron los chafas y de la mujer y el dandy quien sabe lo que paso.

El próximo año les cuento la vez que un doctor del pueblo medio ateo, salió desnudo a insultar al padre en plena procesión. Mientras tanto, que vuestras vacaciones hayan sido menos agitadas que la procesión de 1976, un abrazo fraterno.

viernes, 26 de marzo de 2010

Escoba lisa, camándulas, escapularios y toma tu teta que soy tu nana.

Bueno, siguiendo la misma vena de los sustos, miedos y espantos de ni niñez, les contaré una historia que es parte del patrimonio cultural mesoamericano. Se trata de la Segua.
En todos los países centroamericanos, sobretodo aquellos bajo la influencia mesoamericana circula la leyenda de La Segua. Llamada también Siguanaba o Siguamonta en Guatemala, El Salvador y Nicaragua y Costa Rica. En Honduras es conocida como la Segua o la Sucia.

A continuación les entrego el artículo de la enciclopedia en línea Wikipedia para luego entregarles la versión hondureña de la segua.

La Siguanaba, es un personaje de la mitología de Guatemala y de El Salvador (se les olvidó Honduras). La leyenda de la Siguanaba tiene un origen común y esta relacionado con la leyenda de la Cegua de Nicaragua y Costa Rica.

La Siguanaba (del quiché Siguan barranco, abismo Waná Hermana y B'a Espectro) es un ser mitológico en forma de mujer fantasma de hermoso cuerpo, que al mirarla de cerca tiene el rostro de una yegua; siendo un ser que se les presenta a los hombres que son infieles.

Según el relato cultural, aparece regularmente en las áreas donde no hay mucha infraestructura, especialmente en los basureros y barrancos, a donde lleva a los hombres enamorados de ella y los hace caer haciendo que pierdan la vida y el alma a favor de ella. Es parte importante del folklore y mitología guatemalteca y salvadoreña.

La palabra Siguanaba viene del nahuat cihua que es mujer y nahual que equivale a espíritu, fantasma, alter ego. En esta versión, la aparición se presenta como una bella joven que atrae a los hombres cerca del agua y cuando los tiene a su alcance se transforma en una visión horripilante.
Contenido

La historia

Originalmente llamada Sihuehuet (mujer hermosa), tenía un romance con el hijo del dios Tláloc, del cual resultó embarazada. Ella fue una mala madre, dejaba solo a su hijo para satisfacer a su amante. Cuando Tláloc descubrió lo que estaba ocurriendo maldijo a Sihuehuet llamándola Sihuanaba (mujer horrible). Ella sería hermosa a primera vista, pero cuando los hombres se le acercaran, daría vuelta y se convertiría en un ser horrible.

El dios la condenó a vagar por el campo, apareciéndose a los hombres que viajan solos por la noche. Dicen que es vista por la noche en ríos, lagos así como en otros lugares con agua, lavando ropa y siempre busca a su hijo el Cipitío, al cual le fue concedida la juventud eterna por el dios Tlaloc, como sufrimiento para ella.

La leyenda de la Siguanaba

Según lo que cuenta la leyenda, todos los trasnochadores están propensos a encontrarla. Sin embargo, persigue con más insistencia a los hombres enamorados, a los Don Juanes que hacen alarde de sus conquistas amorosas. A estos, la Siguanaba se les aparece generalmente en cualquier estanque de agua en altas horas de la noche, o a orillas de ríos según otras versiones. La ven bañándose con guacal de oro y peinando su hermoso cabello negro con un peine del mismo metal, su bello cuerpo se trasluce a través del camisón.

Dicen las tradiciones que el hombre que la mira se vuelve loco por ella. Entonces, la Siguanaba lo llama, y se lo va llevando hasta un barranco. Enseña la cara cuando ya se lo ha ganando, su rostro se vuelve como de muerta y putrefacto, sus ojos se salen de sus cuencas y se tornan rojos como si sangraran, su antes tersa y delicada piel se torna arrugada y verduzca, sus uñas crecen y suelta una estridente risa que paraliza de terror al que la escucha.

Protección

Para protegerse de este ser y no perder su alma, se debe morder una cruz o una medallita y encomendarse a Dios. Otra forma de librarse del influjo de la Siguanaba, consistirá en hacer un esfuerzo supremo y acercarse a ella lo más posible, tirarse al suelo cara al cielo, estirar la mano hasta tocarle el pelo, y luego halárselo. Así la Siguanaba se asustaría y se tiraría al barranco. Otras versiones también dicen que debe agarrarse de una mata de escobilla, y así, cuando ella tira de uno, al agarrase la víctima de la escobilla, ella siente que le halan el pelo. Esta última práctica es más efectiva, ya que es el antídoto propio que contrarresta el poder maléfico de esta mujer mágica.

Un método funcional al observar a una mujer en el río sin saber si es la Siguanaba, consistiría en gritar tres veces seguidas: "No te vas a ir María pata de gallina"; si es la Siguanaba se asustará y se lanzará al barranco, si no era ella solo te dirán que sos un loco.

Otro sitio interesante a consultar es, http://leyendas-nicaraguenses.blogspot.com/2007/05/la-mocuana.html. En donde Edgar Escobar Barba, un investigador nicaragüense, nos da también una descripción de la Siguanaba y la asocia a la región de Estelí sobre el nombre de la Mocuana.

La versión de Honduras

En este texto les voy a contar la historia de la Segua haciendo uso de los testimonios de personas que la ha visto y que inclusive han jugado con ella.

Primera quiero aclararles que la versión hondureña de la Segua difiere un poco de aquella propuesta en los textos de Wikipedia y otros textos en Internet. Las descripciones anatómicas de la Segua parecen más consecuentes con la realidad indígena que las descripciones propuestas anteriormente. Los lugares de aparición del espectro son también más consecuentes con las prácticas amorosas de nuestros campesinos y nuestros tunantes.

Como les decía, yo conocí tres personas que me contaron haber visto a la Segua. Los tres eran nocheadores serenateros y mujeriegos. El primero es mi papa.
Él cuenta que cuando estaba joven, cuando vivía en San Pedro del Norte de Potrero Grande, una noche se fue a serenatear, con Arnulfo Corrales, Pedro Mantequilla y otros mozos del pueblo. Por allí, ya tarde en la noche decidieron de irse por la cuesta que bajaba de donde mamita Juana a la casa de Balto Centeno pasando por la quebradita que estaba al fondo. Allí había un pozo donde las muchachas del pueblo iban a lavar ropa, nixtamal, halar agua para las cocinas, etc. Ese pozo era también el lugar donde los hombres hacían sus primeros pasos en las conquistas amorosas.

Mi papa cuenta que el método no era nada complicado. El hombre vigiaba a la muchacha, se fijaba cuando es que la marchanta iba al poso, cuando estaba acompañada y cuando iba sola. Una vez fijado el itinerario, el chavo se escondía en u matorral y cuando la muchacha llegaba al pozo, el jaño le empezaba a tirar piedritas. Si la muchacha era indiferente a las piedras el chavo insistía hasta obtener una reacción de la muchacha. Así pues, al obtener una reacción el hombre salía del matorral y comenzaba a hacharle el cuento. Si la muchacha aceptaba los avances del muchacho el jale comenzaba. La muchacha ya no iba al pozo nada más que a jalar agua.

Bueno el caso, como diría mi papa, es que los serenateros al acercarse al pozo, vieron una hermosa mujer peinándose y acariciándose el pelo en el pozo. Uno de los serenateros que tenía las hormonas en revolución decidió enamorarla y según mi papa comenzó:
¡ay amorcito que linda questas!
Mira mamacita, si aceptas mis palabras te aseguro que ya no vas tener necedad de venir al pozo. Yo te voy a pagar aunque sea las luces.
Mi encanto célico flor de palanca, no te pongas tímida, échame una miradita anque se sella.

Y seguía caminando más rápido para acercase a la muchacha.

Los otros menos excitados que el primero, se dan cuenta que hay algo que no es normal. Es tarde en la noche, las muchachas del pueblo están durmiendo y consecuentemente…

¡Hey hombré! Le comienzan a gritar
¡No te dejes engañar, que eso no es mujer, es la Segua…!


Demasiado tarde. La mujer ya había comenzado a moverse hacia los potreros de mi abuela Juana. Y el hombre comienza seguirla… y allí va…

Nosotros, dice mi papa, comenzamos a seguir al hombre gritándole, venite hombre que si segís te va a llevar putas. Y nada amigo, el hombre no se paraba y corría cada vez más rápido siguiendo al espectro.

Allá vos, dice mi papa, nos cansamos de seguirlo y nos paramos a esperarlo. De todos modos no había manera de pararlo. Y allí nos quedamos en el monte, esperando.
Allá al rato el hombre regresa, todo raspado, arañado por las espinas de zarza y de carbón y hediondo a mierda de gallina y temblando… con fiebre.

Amigo, ya lo agarramos nosotros, lo fuimos a lavar al pozo y lo fuimos a dejar a la casa. A ese lo jugó la Segua. Tuvieron que lavarlo con agua de escoba lisa y rociarlo con agua bendita.

Cuando ya se compuso, dice mi papa, le preguntamos. ¿Y diay hombré que putas te pasó la otra noche?

Y el hombre contesta. Miren hombré, yo a la que vi en el pozo fue a la fulana. Pero esa era la Segua. La seguí y cuando ustedes se pararon ella también. Ella se dio vuelta y comenzó a echar un tufo caballo, sacó una teta bien fella y comenzó a decirme ¡toma tu teta, toma tu teta que soy tu nana! Hasta allí llego el enamoramiento. Me entro un miedo de las once mil putas y me las pelo de huida y allí me agarraron ustedes.

Bueno amigo, dice mi papa, hay que tener cuidado cuando se pasa de noche cerca de los pozos, esos lugares son los preferidos de la Segua.

En esta historia no hay ninguna descripción de la Segua. El amigo de mi papa no le vio la cara solo la teta y el perfume fecal. Sin embargo ella coincide con la segunda historia la que me contaba mi amigo de infancia, Juan Cuchilla.

Juan es un hombre que ahora debe tener unos 52 años. Él creció prácticamente en la casa de mis padres ayudando en las labores agrícolas. Durante un tiempo cuando llegó a los 15 años, lo perdimos de vista. Su Cuñado y su hermana Licha se habían ido para Olancho y Juan los había seguido. Más tarde apareció hecho todo un hombre y había desarrollado otras habilidades. Se las daba de comerciante, tahúr y se conocía unas cuantas oraciones que un día se las voy contar. Alguna gente le tenía miedo porque decían que era capaz de convertirse en mono. Aunque a decir verdad no necesitaba mucho maquillaje.

Bueno, Juan, él había no sólo visto a la Segua sino que había hecho el amor con ella.
Decía que en cierto momento caminando por una montañita llego a un pozo. Y allí estaba la mujer, delgadita de cintura, abultadita del pecho, con unas caderas que para que le escribo si mañana llego, un pelo largo y negro y bueno todas las características de una mujer digna de la portada de una revista Vogue.

Pero yo no era pendejo, dice Juan, en ese verguero las mujeres eran escasas y casas no habían nada cerca. Entonces, me puse a pensar ¿Hummm..., que putas hace esta mujer aquí?
Y me acuerdo allí nomás que mi agüelito Román Ramos me había dicho que la Segua siempre les aparecía a los tunantes o a los hombres solteros y yo era los dos. Y además yo siempre andaba mi protección una oracioncita de Monserrat.

Ya me acerco del pozo.

La mujer me mira, esa mujer era fellísima.Olía a mierda de gallina de esa que parece cachaza, no tenia nariz, la boca era agujero redondo y negro y solo tenia un ojo. De remate cuando ella me vio todo lo bonito que tenía se le jué. Bajé la vista un poquito más para abajo y mire que tenia una sola chiche toda caída y floja. Iba a comenzar a decirme que ¡tomá tu teta! Cuando me tiro al suelo boca arriba. Ella se viene encima de yo y la pesco de la nagua y del pelo y la revuelco.

¡Olvídese! Hay que ser hombre para hacer eso.

Ya cuando la revolqué, se para y sale corriendo gritando ¡tomá tu teta, tomá tu teta!
Yo me quede allí aguantando aquel tufo pero diciéndome yo mismo que agora no habría mujer que se me resistiera porque me había revolcado con la Segua...


Como ven, la descripción de la Segua que nos da Juan no tiene dada que ver con la cara de yegua que propone el artículo de Wikipedia. Su carácter es más humanoide que el espectro propuesto por la versión Guatemalteca. Es de aclarar también que si la historia es de origen Nahuatl, el caballo (la cara de yegua de la Segua) viene a incorporarse como un elemento sincrético, puesto que bien sabemos que los equinos no forman parte del universo zoológico de cultura prehispánica.

La última historia me la contaba Hilario, un puntero que mi papa contrataba para hacer el dulce de rapa en la Finca. Hilario venía de la Unión, una aldea situada al noroeste de El Palo Verde. Hilario era en ese tiempo un hombre de unos 50 años, Liberal de cepa y se alardeaba de haber sido amigo cercano de los hermanos Herrera, mas comúnmente conocidos como los Piña. Él poseía un machete con la cacha de cuerno de buey que decía había pertenecido a Tulin, el menor de Los Piña.

Hilario el también había tenido su experiencia con la Segua. El escenario de la aparición es siempre el mismo. Hilario se jactaba de haber sido un buen mozo y de haber sido faldero.

Un día, nos contaba Hilario al resplandor de le chumacera del horno de cocer el jugo de caña, me voy a parrandear. Después de haber bailado y chupado cususa con güevos, me regreso pa la casa. Allí tenia que pasar por una quebradita un poco escura onde las mujeres siempre iban a lavar ropa. Dende que comencé a bajar la cuesta sentí un frillito en el espinazo. Que putas me pasa, me dije yo. Ya mestoy poniendo cagado como si no juera hombre. Y sigo bajando la cuestecita.

Cuando llego al pozo cerca de la quebrada, vello una muchachona bien bonitilla. La quedo viendo, y como estaba medio a verga me digo yo “bueno Layo aquí te toco la chance. Las mujeres que salen de noche a lavar ropa saben a lo que se atienen”

Y me voy quedito. Ella esta de espaldas sólo se le miraba la espalda, el pelo y el fundamento. Tamaño animalón el que tenia. Bueno pues hay voy despacito y cuado ya estoy cerquita le digo. ¿Entonces mamacita que decís si nos hacemos un solo bojote?
Pues, ella sigue lavando y no me contesta.
Y le digo yo ¿bueno pues, qué te pasa que no me respondes, te comieron la lengua los ratones?

Y no me contesta…

En eso se me viene pegando un frillazo en el lomo y los hijares me comienzan a temblequear. La juma de la cususa se bajó diun solo pijazo y me recuerdo que andaba en la bolsa un escapulario de la virgen de potrerillos. ¡Ay papita! Allí nomacito lo agarro y le digo a la tal mujer. ¡Vos no sos deste mundo cabrona! Pero con yo no podés.

Guarizama en una mano y escapulario en la otra le digo por el poder de Dios y el de la animas del purgatorio dejame pasar.

Aquella mujer bonita comienza a echar un tufo a puro mortorio se da vuelta y me enseña la cara que no se le miraba porque el pelo se le había hecho un solo charral y se caca la teta del vestido que ya eran puros andrajos y comienza a carcajearse y a decirme a yo : ¡Tomá tu teta, Tomá tu teta que soy tu nana!

Que te la chupe tu madre, maldecida le digo yo y le enseño mi escapulario. La maldecida cuando sintió el olor a bendito se jue corriendo y se perdió en el monte, dejando detrás aquella tufalera.

Hilario concluyo su historia diciéndonos que siempre es bueno andar un machete de buen acero y si tiene crucero mejor es. También nos dijo que no es de más andar un crucifijo una medallita o algo divino, un puño de sal, un diente de ajo o algo a lo que el malo le tenga miedo.

En cuanto a mi, que al momento del historia de Hilario tenia algo así como 15 años, les aseguro que no dormí muy bien esa noche y el medio kilómetro entre el trapiche donde dormía Hilario y la casona donde yo dormía con mi papa me pareció una eternidad. Suerte que andaba la Magnifica una oracioncita que mi mama me había comprado en El Sauce, en Nicaragua cuando había ido a ver el Cristo Negro.

La próxima les cuento el Cadejo.




jueves, 18 de marzo de 2010

Mezquinos, guarumo y pañuelitos rojos

Como les prometí aquí les cuento una historia que tiene que ver con la cura de verrugas por diferentes medios. Les advierto que las recetas provienen de recuerdos, de tal forma que las dosis y las oraciones pueden estar alteradas, así que no intenten aplicarlas sin antes consultar a su médico.

Allí vivíamos pues, en el Palo Verde. Mi hermana Flora cuando estaba como en tercer o cuarto grado de primaria, comenzó a tener verrugas cutáneas. Tenia un montón: en los dedos, en los brazos, en las rodillas y que se quede el infinito sin estrellas.

Mi mama, un poco menos supersticiosa que el resto de las señoras de la aldea, trataba de curarle las verrugas por medios un poco más científicos que los medios tradicionales. Ya mi mama le decía a mi papa:

José, ahora que vayas al pueblo andá donde Quincho Suazo el de la farmacia San José, y decile que te venda unos cuantos botes de Rábano Yodado para darle a esta chigüina. Mira el poco de verrugas que tiene. Hay que comprar esa pomada que dicen en el radio la tal pomada de la virgen también, porque yo ya no hayo que hacer.

¡Ta bueno virginia! Le decía mi papa.

Mi hermana se bebió cantidad de pastillas sulfatiazol, Rábano Yodado, Vino de carne y hierro, Bacadol, Cerenerbon, etc… y nada mamita, Las verrugas no se iban.

A todos los esfuerzos de mi mama hay que augmentar los esfuerzos que mi hermana ella misma ponía de su parte.

Una vez decidió que se iba a cortar una verruga con una hoja de afeitar. Lo hizo y lo único que logró fue que mi papa la regañara por haber desperdiciado una yiles. Además de haber desperdiciado la Gillette, la tal verruga comenzó a sangrar y tuvieron que ponerle un vendaje y darle caña fístola con leche para que dejara de sangrar.

Otra vez alguien le dijo que si rezaba la oración del puro tirando piedritas para atrás a la orilla de un camino, que eso era bueno. El asunto era que cuando la gente pasara iba a recoger las piedritas blancas que ella arrojara, al recogerlas iba a atrapar los mezquinos de mi hermana.
Y lo hizo. Se contó las verrugas, recogió el numero de piedritas equivalente al numero de verrugas y yo no se por que medios se procuro la oración del puro.

Un buen día, de manera un poco sospechiva, se va por el camino de la finca y se mete en un charral y comienza:

Yo te conjuro puro, en el nombre de Satanás, Luzbel y Lucifer. Alfiler, alfiler, por las virtudes que tú tienes y la de tu amigo Diego hace que los mezquinos se vallan y desaparezcan de mi…

Y comienza a tirar piedritas…

Santa María, reina de maravillas, que en la ciudad de Mangla recoja todos mis mezquinos…

Y otra piedrita más…

Que perros ladren, gatos aúllen, niños lloren; y así como venciste el corazón de tu padre y de tu madre, así los mezquinos se irán de mi, que yo iré cantando por todas las regiones hasta la séptima región…

Y otra piedrita más…

…y todas estas oraciones que he rezado son recomendadas al Diablo, Satanás y Luzbel, etc…

Y otra piedrita más.

Nosotros, los hermanos mas pequeños, nos habíamos escondido y la mirábamos con un miedo caballo. Yelba nos decía:
No tengan miedo cipotes, ya vamos rezar unos padres nuestros para protegernos, y ya le vamos ir a decir a mi mama.

Y allí vamos con el pito y la caja…

Mama, fíjese que la Flora estaba rezando la oración del puro para quitarse las verrugas y decía: puro, puro yo te conjuro…

¡Flora, vení para acá!
¿Qué es esa papada de andar rezando esas brujerías?
¿No sabés que la gente que anda con esas cochinadas se las lleva la venada careta?
¿No sabés que eso es blasfemia contra el Señor?
Vas a tener que irte a confesar, y mientras tanto vení que te haga una cruz de ceniza en la frente y que te frote con agua bendita.

Flora estaba arrecha con nosotros.

Monos viejos, nos decía, por culpa de ustedes no se me van ir estos mezquinos. Van a ver a ustedes se les van a pasar por andar de chismosos. ¡Ay papa! Nosotros con miedo…

Y efectivamente, no se le curaron las verrugas.

Pero ella siguió perseverando en los métodos de curarse los mezquinos.

Por allí una de las Moncada, Alicia la mujer de Beto Aguilar, le dice a mi hermana:
Mire Florita ¿quiere curarse esos mezquinos? Mire, agarré un pañuelito rojo, meta unas piedritas en medio y haga una chuspita con él. Un día 7 cuando, haga luna nueva, en la tardecita váyase solita por un camino y sin mirar para atrás tire la chuspita diciendo: Chuspita, chuspita, por el poder que tú tienes y el que Dios te ha dado hace que mis verrugas desaparezcan. No mire para atrás porque si mira puede ver cosas fellas.

Eso es eficaz, le decía Alicia, dígale a los otros cipotes que no recojan la chuspita, porque si la recogen se les van a pasar les verrugas.

Esta vez, mi hermana tuvo mas cuidado y siguió las instrucciones de Alicia. Sin embargo, no nos dijo nada - al menos a mí – y tiró la chuspita en pleno camino por donde pasábamos. Yo miré la chuspita, la agarré y me fui contento para la casa porque había encontrado algo bueno. Yo pensaba que eran confites o algo de comer. Llego a la casa le digo a mi mama:
mire mama lo que me encontré.

Mi mama se puso pálida y me dice:
Dame esa marranada, que eso es brujería.
Y agarra la chuspita y la tira al fuego diciendo:
Cipota bandida, ya me preguntaba yo donde estaba el trapo rojo que había comprado. ¡No! Voy a tener que platicar en serio con José, esta cipota me va hacer loca.

Yo me quedé pasmado sin mis confites y mi hermana con sus verrugas.

Bueno, la historia no termina allí.

Mi mama terminó contándole a mi papa los episodios del puro y la chuspita. También le dijo que ya estaba desesperada y que tenía miedo que Flora siguiera haciendo tonteras.

Mi papa agarro su caballo “El Moro Azulejo” y se fue.

- ¿
Adonde se fue mi papa, mama? Le preguntábamos nosotros.
-
Se fue a ver a don Manuel para ver si puede tratarle los mezquinos a la Flora, nos respondió mi mama.

Don Manuel, era un señor de origen salvadoreño que trabajaba como mandador en las fincas de mi abuelo después que mi papa se fue de las propiedades de papita Lencho.

Don Manuel había hecho algunos estudios de medicina en el salvador y leía mucho los libros de medicina natural y rosacruz. Ese don curaba mucha gente en la montaña. Recetaba medicinas de botica e inyectaba. También hacia decocciones de hierbas muy eficaces para un buen numero de enfermedades. Él decía también, que un doctor en El Salvador había transplantado los ojos de un cabro en un humano y que eso había dado buenos resultados. El único problema era que el hombre ya no miraba más el fundamento de las muchachas sino que el de las cabras. También decía que un buen remedio contra la tuberculosis era una buena inyección de leche fresca de una vaca completamente negra. Él nunca lo había experimentado pero decía que lo había leído y que era eficaz.

Bueno, mi papa fue donde don Manuel, le presento el asunto de la verrugas y se vino de regreso.
Al llegar a la casa le dice a mi mama.

El sábado vas a tener que matar una gallina y hacer un pollo asado. Don Manual va a venir a tratar la chela.

A nosotros nos gustaba que viniera el don. Era chistoso y sonriente y tenia una cámara Kodak y nos tomaba fotos. Entonces lo esperamos con ansias.

El sábado, don Manuel llega.

¡Buenas doña! ¿Cómo esta?

Y bueno, todas las cortesías del caso……

¿Así es que la Florita esta un poco maleada?

¡Si! Mire don Manuel, viera como hemos hecho todo lo posible por sanarle esas verrugas y nada…

¡No se preocupe doña! El poder de la naturaleza es enorme y el remedio para esas verrugas lo tiene usted en el corredor de la casa.

¡Jesús, Maria y José!

Mi papa que no estaba tan lejos contesta:
Perate ya voy…

Si, le dice don Manuel.
Mire esta receta que le voy a dar consiste en algo que aprendí en uno de los libros que tengo y consiste en el poder elemental del Guarumo, uno de mis maestros, me dijo que el Guarumo servía tanto para lo bueno como para lo malo, y para sanar enfermos. Él me enseñó a curar enfermos a larga distancia, por medio del poder elemental del Guarumo.
¿Mira el palo de guarumo que está allí nomás en la finca? Pues yo me voy a ir hasta él y no quiero que nadie me siga. Cuando regrese le voy a dar las instrucciones.

El Don se fue.

Mi mama le dice a la Flora que se encierre en una pieza y le dice a Yelba que nos cuide y que no sigamos a don Manuel.

Yelba se descuido jugando con Melba yo hice como que me iba a orinar. Me fui quedito para ver el mejunje de don Manuel y de larguito vi como el don bendijo la planta, le pidió curar a mi hermana, puso al pie de la planta un vaso con agua y empezó a moverla con un palito concentrándose en el tronco del árbol. Luego vertió el agua al pie del palo. Después, se levanto y dio tres vueltas al derecho y tres vueltas al revés alrededor del palo rezando oraciones que no pude escuchar.

De regreso a la casa le dice a mi mama:

Doña, traiga la muchachita.

¡Flora vení a ver a don Manuel!

¡Buenos días don Manuel!

¡Buenos días mija! Mire ve, ponga cuidado a lo que le voy a decir. Lo que usted tiene es provocado por la naturaleza y con la naturaleza lo vamos a curar. No tenga miedo, lo que usted necesita es fe y disciplina. Aquí le voy a dar a su mama esta ristra de pastillas de sulfa. Hay 40 y tiene que tomarse una al día. Pero eso no es todo.
Doña, todos los días en ayunas, tiene que darle una buena taza de te de hojas de guarumo. Agarre una hoja del palo de guarumo que fui a bendecir cósala y déle la tizana a la niña durante cuarenta días. Usted mijita, todos los días al mediodía o en la tardecita, antes de que se acueste el sol, tiene que ir solita al palo de guarumo. Cuando llegue allí de tres vueltas al derecho y tres vueltas al revés alrededor del palo diciendo lo siguiente con gran fe: "Ae, Gae, vete verruguita, ya que el sol te quita, OM, OM, OM". Cuando termine acérquese del palo, acarícielo y déle un fuerte abrazo para agradecerle. Yo ya le pedí al palo que la cure.

!Ay don Manuel, yo espero que eso le llegue a mi muchacha! ¡Muchas gracias y que Dios lo bendiga!

Ya se llego la hora del almuerzo. Después de echarse unos cigarritos co mi papa y comerse el pollo asado don Manuel se fue, no sin antes recordarle a mi hermana el ritual antiverrugas.

Mi hermana comenzó el tratamiento el domingo y mire amigo, el poder de la mente es grande.
Cuarenta días y cuarenta noches después de la visita de don Manuel, todas las verrugas de mi hermana desaparecieron. El palo de guarumo se quedo allí durante varios años hasta que se secó y sirvió de leña.

Bueno, aquí los dejo. En el próximo les cuento lo del Cadejo y lo de La Segua.

jueves, 25 de febrero de 2010

LA NOCHE DEL JABALÍ (Alí Primera)

Apaga la radio compañera
hay tantas cosas para conversar
no preguntes cuántas veces por segundo
mueve las alas el colibrí
pregunta por ejemplo
¿qué estamos haciendo por Haití?
¿qué dónde queda?, dices
es un lugar cercado por la noche
en el inmenso cobalto del Caribe

La noche en este caso
es la miseria, es el hambre
es la palabra presa
es negar el camino a la inteligencia
es negar que el obrero es un poeta
es negar que el obrero es un poeta

¿Qué cuántos habitantes tiene?
los que le quedan después de tanta masacre
¿Que si luchan?, además de sobrevivir ¿que si luchan?
Claro que sí, pequeño amor, claro que sí

Los patriotas haitianos
andan con luces y colores en las manos
y andan florecidos
como la tierra regada por lloviznas y por cantos
pero han luchado solos, compañera, solos
aunque andan florecidos
como andan los hombres cuando andan luchando
han luchado solos, compañera
hasta que nuestra conciencia dispare
en la lucha por liberar a Haití
hasta que el mundo se alce en una sola voz
luminosa, solidaria
Y entre todos hagamos posible la mañana
que acabe para siempre
con la noche del jabalí
con la noche del jabalí

Ahora, pongámonos en marcha
que la palabra sin los pasos
es una palabra muerta
Y el tiempo nos dice: ¡avanza!
Alma profunda en llamas, ¡avanza!
Construyamos entre todos la mañana
que acabe para siempre
con la noche del jabalí
con la noche del jabalí

No permitamos que el futuro nos pregunte
¿Qué hicieron ustedes por Haití?
y respondamos bajando la cabeza
los hombres que cayeron
son el número exacto
de las veces que en un siglo
mueve las alas el colibrí
mueve las alas el colibrí
mueve las alas el colibrí
mueve las alas el colibrí

miércoles, 17 de febrero de 2010

Oraciones, Cuentos, fantasmas y agüisotes : volumen 1

Les quiero dedicar un capítulo en el que muchas de las supersticiones (palabra ami modo de ver peyorativa de lo que debería llamarse práctica y saber tradicional) con las que crecí quedaran de manifiesto. Les contaré que increíblemente crecí en un universo de duendes, fantasmas, y fenómenos paranormales que posiblemente tienen una explicación racional.

Abordaremos sujetos que tienen que ver con la felicidad, la tristeza, el amor, la impotencia sexual y otros menesteres. Todo se hará de manera mas o menos seria y haciendo alusión a ciertos datos biográficos. Les advierto que toda similitud real o aparente con personas, perros y gatos vivos o muertos es pura coincidencia.

1.- Mis miedos de niñez.

No insistiré en decirles que en la montaña oscurece mas temprano que en le Puelo. Los árboles que rodeaban la casa ensombrecían el paisaje desde la puesta de sol. Mi mama nos había enseñado a tener miedo de un montón de cosas. Ella nos decía que cuando un pájaro que le decían La guía del león cantaba cerca de la casa era porque el León (jaguar) andaba cerca y que nos podía comer.

También nos hablaba del mal de ojo y a eso le teníamos un miedo horrible. Esto del Ojo es una traición muy antigua que se manifiesta de diversas maneras en la cultura latinoamericana. El Ojo puede causar mucho daño, puede matar personas, árboles, sembradíos, etc. Es provocado por el poder de la vista de ciertas personas quienes no lo usan de manera conciente.

Las personas hacen Ojo, lo hacen sobre las cosas que encuentran bonitas, o que desean. Según la tradición los niños, las plantas y los animales domésticos son los más vulnerables.

En mi aldea había una doña, Chon Merlo se llamaba y ella hacía Ojo. Y no era cuestión que sólo te guiñaba el ojo, ella tenía la reputación de poder causar estragos sobre la persona que sucumbía a su mirada.

Un macho de los de mi papa, El Tango, se salía siempre del potrero. Ese animal era indomable y hasta brujo decían las gentes que era. Ese macho lo encerrábamos en el potrero y al día siguiente lo encontrábamos en la aldea. No había cerco que lo detuviera.

Un día el tal macho fue a visitar los matones de caña piña que tenía doña Chon. Se comió toda la caña y después se echó a dormir sobre los matones. Doña Chon se levanta al siguiente día y mira los estragos que el puto macho había hecho con su caña piña. Y comienza una retahíla de insultos y maldiciones contra el Macho.

Por la sangre de cristo macho mal nacido esa caña te a de dar indigestión.

Macho hijo de la gran puta, que te dio por venir a comerte mi caña …
Y el viejo malvado de tu dueño que no te amarra. Maldito animal por que te comiste mi caña a caso la mía es mas dulce que la del cañal de Joche Izaguirre, ese viejo tiene miles de matones de caña porque te veniste a comer la mía.

El macho se levanta, con mucha paciencia, se tira unos cuantos pedos olorosos a cachaza y queda viendo a Chon.

¡Díos mío! El punto culminante de la cólera de Chon.

¡Pero que animal viejo descarado! Pedorrearse frente a mí y de ribete quedarme viendo.
Yo te maldigo macho bandido, por llagas del peregrino, por la cruz los clavos y las espinas que torturaron a nuestro señor yo te maldigo. Macho maldito, morirás flaco con la carne pegada en los huesos y por mas caña que comás nunca te engordarás.

¡Dicho y hecho!

Mi papa fue a traer el animal y después de haberle aguantado unos cuantos vituperios de la parte de doña Chon, se metió la mano ala bolsa le pago los daños y se fue. El Tango se enflaqueció y por mas inyecciones de Emicina y concentrado y todo lo que mi papa le daba, nunca engordó, se quedo flaco y murió flaco.

Esa doña era poderosa, yo le tenia un miedo Caballo.

Me acuerdo que mi mama tenía un palito de chiles bravos. Bien bonito el palito, verde bien copado y con chiles en todos los estados: verdes, maduros, sazones…
Un día, doña Chon llegó a la casa. Mi mama bien nerviosa la acogió y me dijo que tuviera cuidado de no mirarla mucho y que no me dejara tocar. También me dijo que tenía miedo por su palo de chiles. Todo el rato que Chon estuvo en la casa mi mama se las arregló para que Chon no fuera del lado del palo de chiles, lo que funcionó por un momento.

Los caminos de las tripas son impenetrables, igual que los caminos del Señor. Después de haberse bebido uno cuantos vasos de fresco de tamarindo fermentado, doña Chon decidió de ir a hacer sus necesidades fisiológicas y de paso ir a orinar.
El charral que ella escogió para tales menesteres estaba cerca del palo de chiles y….

Mi mama, se puso con los talones en la nuca. ¡Ay! San Benito, protege mi palito. San Francisquito que Chon no le haga ojito. Virgen de la valija madre de los desmallados, protege mis chiles. Bueno, la doña Virginia bajó todos los santos del cielo, pero…

De regreso, doña Chon le dice a mi mama:
“Díos mío mi lindo, que bonito palo de chiles el que tiene. Me había de dar unos cuantos chiles…”

El cielo entero cayó sobre la cabeza de mi mama: Chon, había visto y posiblemente tocado el palo de chiles.

Mi mama le dice a Chon:
coja todos los que quiera de todos modos hay bastantes.

Chon regresa al palo de chiles…

Otra angustia para mi mama por que esta vez si era cierto, Chon había tocado el palo.

Chon se fue y mi mama quedo preocupada. Eran ya como las 4 de la tarde cuando mi papa regresó de trabajar. Bien sudado venia el viejo.

Mi mama se precipita y le dice:

- José, quitate la camisa rápido.

- ¡Bueno! ¿Qué te pasa mujer?

- La Chon vino y tengo miedo que le haya hecho Ojo al cipote.

Mi papa se quita la camisa mojada de sudor, mi mama la toma y me envuelve en ella. Me restregó toda la cara, la espalda, la panza, los cañifles y al mismo tiempo rezando. Yo ni sabía que pasaba, pero me gustaba el sabor salado que dejaba el sudor de la camisa de mi papa en mi boca.

Cuando termino el ritual mi mama me dijo: Ahora si ya estas protegido, el Ojo de Chon no tendrá efecto en vos, pero quien sabe lo que va a pasar con mi palo de chiles.

Amigo, para no hacerle más larga la historia, al siguiente día, cunado mi mama fue a regar el palito de chiles en la mañana, la sorpresa no fue grande. El palo de chiles estaba marchito y todos los chiles en el suelo. Ni todas la oraciones y las candelas de mi m ama sirvieron de barricada contra el mal de Ojo de doña Chon.

Lastima que ya se haya muerto la doña, sino le hubiera pedido que fuera ha guiñarle el ojo a Micheletti o a Moncho Custodio.

¿Pero sabe qué? Uno no tenía que decir nada, ni enojarse, ni nada, porque no era culpa de la doña ella no pidió nacer con ese asunto.

Esto del Ojo es cosa seria. Si alguien le hecha Ojo usted padece de fiebres, vómito, diarrea verde, tembleque, somnolencia consecuencia de la debilidad producida por la deshidratación, etc. Ningún remedio de botica le funciona. Ni las pastillas de Halloyvan o el jarabe Gargantol le funcionan. El antídoto para la cosa es hacerse rociar con guaro y ruda por la persona que lo ojeó o por una que tenga la reputación de hacer el mismo mal.

El rociado no es nada complicado. La ojeadora o el ojeador tienen que estar en el mismo cuarto que el ojeado, con algunas personas cercanas, la mamá o el papá del niño. La rusiadora, después de haberse echado unas cuantas oracioncitas y haberle pedido perdón y encomendado el ojeado a Díos, se echa un buen pijazo de Yuscarán (Aguardiente), después mastica un pucho de ruda, se llena la boca con guaro y rosea a la victima en el pecho, en la espalda y los pies.
Si es Ojo lo que tiene el paciente, con esa roseadita se sanará; sino, el Gabriela Alvarado no esta lejos del pueblo.

La próxima les cuento otros miedos y un remedito eficaz contra las verrugas.

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