jueves, 18 de marzo de 2010

Mezquinos, guarumo y pañuelitos rojos

Como les prometí aquí les cuento una historia que tiene que ver con la cura de verrugas por diferentes medios. Les advierto que las recetas provienen de recuerdos, de tal forma que las dosis y las oraciones pueden estar alteradas, así que no intenten aplicarlas sin antes consultar a su médico.

Allí vivíamos pues, en el Palo Verde. Mi hermana Flora cuando estaba como en tercer o cuarto grado de primaria, comenzó a tener verrugas cutáneas. Tenia un montón: en los dedos, en los brazos, en las rodillas y que se quede el infinito sin estrellas.

Mi mama, un poco menos supersticiosa que el resto de las señoras de la aldea, trataba de curarle las verrugas por medios un poco más científicos que los medios tradicionales. Ya mi mama le decía a mi papa:

José, ahora que vayas al pueblo andá donde Quincho Suazo el de la farmacia San José, y decile que te venda unos cuantos botes de Rábano Yodado para darle a esta chigüina. Mira el poco de verrugas que tiene. Hay que comprar esa pomada que dicen en el radio la tal pomada de la virgen también, porque yo ya no hayo que hacer.

¡Ta bueno virginia! Le decía mi papa.

Mi hermana se bebió cantidad de pastillas sulfatiazol, Rábano Yodado, Vino de carne y hierro, Bacadol, Cerenerbon, etc… y nada mamita, Las verrugas no se iban.

A todos los esfuerzos de mi mama hay que augmentar los esfuerzos que mi hermana ella misma ponía de su parte.

Una vez decidió que se iba a cortar una verruga con una hoja de afeitar. Lo hizo y lo único que logró fue que mi papa la regañara por haber desperdiciado una yiles. Además de haber desperdiciado la Gillette, la tal verruga comenzó a sangrar y tuvieron que ponerle un vendaje y darle caña fístola con leche para que dejara de sangrar.

Otra vez alguien le dijo que si rezaba la oración del puro tirando piedritas para atrás a la orilla de un camino, que eso era bueno. El asunto era que cuando la gente pasara iba a recoger las piedritas blancas que ella arrojara, al recogerlas iba a atrapar los mezquinos de mi hermana.
Y lo hizo. Se contó las verrugas, recogió el numero de piedritas equivalente al numero de verrugas y yo no se por que medios se procuro la oración del puro.

Un buen día, de manera un poco sospechiva, se va por el camino de la finca y se mete en un charral y comienza:

Yo te conjuro puro, en el nombre de Satanás, Luzbel y Lucifer. Alfiler, alfiler, por las virtudes que tú tienes y la de tu amigo Diego hace que los mezquinos se vallan y desaparezcan de mi…

Y comienza a tirar piedritas…

Santa María, reina de maravillas, que en la ciudad de Mangla recoja todos mis mezquinos…

Y otra piedrita más…

Que perros ladren, gatos aúllen, niños lloren; y así como venciste el corazón de tu padre y de tu madre, así los mezquinos se irán de mi, que yo iré cantando por todas las regiones hasta la séptima región…

Y otra piedrita más…

…y todas estas oraciones que he rezado son recomendadas al Diablo, Satanás y Luzbel, etc…

Y otra piedrita más.

Nosotros, los hermanos mas pequeños, nos habíamos escondido y la mirábamos con un miedo caballo. Yelba nos decía:
No tengan miedo cipotes, ya vamos rezar unos padres nuestros para protegernos, y ya le vamos ir a decir a mi mama.

Y allí vamos con el pito y la caja…

Mama, fíjese que la Flora estaba rezando la oración del puro para quitarse las verrugas y decía: puro, puro yo te conjuro…

¡Flora, vení para acá!
¿Qué es esa papada de andar rezando esas brujerías?
¿No sabés que la gente que anda con esas cochinadas se las lleva la venada careta?
¿No sabés que eso es blasfemia contra el Señor?
Vas a tener que irte a confesar, y mientras tanto vení que te haga una cruz de ceniza en la frente y que te frote con agua bendita.

Flora estaba arrecha con nosotros.

Monos viejos, nos decía, por culpa de ustedes no se me van ir estos mezquinos. Van a ver a ustedes se les van a pasar por andar de chismosos. ¡Ay papa! Nosotros con miedo…

Y efectivamente, no se le curaron las verrugas.

Pero ella siguió perseverando en los métodos de curarse los mezquinos.

Por allí una de las Moncada, Alicia la mujer de Beto Aguilar, le dice a mi hermana:
Mire Florita ¿quiere curarse esos mezquinos? Mire, agarré un pañuelito rojo, meta unas piedritas en medio y haga una chuspita con él. Un día 7 cuando, haga luna nueva, en la tardecita váyase solita por un camino y sin mirar para atrás tire la chuspita diciendo: Chuspita, chuspita, por el poder que tú tienes y el que Dios te ha dado hace que mis verrugas desaparezcan. No mire para atrás porque si mira puede ver cosas fellas.

Eso es eficaz, le decía Alicia, dígale a los otros cipotes que no recojan la chuspita, porque si la recogen se les van a pasar les verrugas.

Esta vez, mi hermana tuvo mas cuidado y siguió las instrucciones de Alicia. Sin embargo, no nos dijo nada - al menos a mí – y tiró la chuspita en pleno camino por donde pasábamos. Yo miré la chuspita, la agarré y me fui contento para la casa porque había encontrado algo bueno. Yo pensaba que eran confites o algo de comer. Llego a la casa le digo a mi mama:
mire mama lo que me encontré.

Mi mama se puso pálida y me dice:
Dame esa marranada, que eso es brujería.
Y agarra la chuspita y la tira al fuego diciendo:
Cipota bandida, ya me preguntaba yo donde estaba el trapo rojo que había comprado. ¡No! Voy a tener que platicar en serio con José, esta cipota me va hacer loca.

Yo me quedé pasmado sin mis confites y mi hermana con sus verrugas.

Bueno, la historia no termina allí.

Mi mama terminó contándole a mi papa los episodios del puro y la chuspita. También le dijo que ya estaba desesperada y que tenía miedo que Flora siguiera haciendo tonteras.

Mi papa agarro su caballo “El Moro Azulejo” y se fue.

- ¿
Adonde se fue mi papa, mama? Le preguntábamos nosotros.
-
Se fue a ver a don Manuel para ver si puede tratarle los mezquinos a la Flora, nos respondió mi mama.

Don Manuel, era un señor de origen salvadoreño que trabajaba como mandador en las fincas de mi abuelo después que mi papa se fue de las propiedades de papita Lencho.

Don Manuel había hecho algunos estudios de medicina en el salvador y leía mucho los libros de medicina natural y rosacruz. Ese don curaba mucha gente en la montaña. Recetaba medicinas de botica e inyectaba. También hacia decocciones de hierbas muy eficaces para un buen numero de enfermedades. Él decía también, que un doctor en El Salvador había transplantado los ojos de un cabro en un humano y que eso había dado buenos resultados. El único problema era que el hombre ya no miraba más el fundamento de las muchachas sino que el de las cabras. También decía que un buen remedio contra la tuberculosis era una buena inyección de leche fresca de una vaca completamente negra. Él nunca lo había experimentado pero decía que lo había leído y que era eficaz.

Bueno, mi papa fue donde don Manuel, le presento el asunto de la verrugas y se vino de regreso.
Al llegar a la casa le dice a mi mama.

El sábado vas a tener que matar una gallina y hacer un pollo asado. Don Manual va a venir a tratar la chela.

A nosotros nos gustaba que viniera el don. Era chistoso y sonriente y tenia una cámara Kodak y nos tomaba fotos. Entonces lo esperamos con ansias.

El sábado, don Manuel llega.

¡Buenas doña! ¿Cómo esta?

Y bueno, todas las cortesías del caso……

¿Así es que la Florita esta un poco maleada?

¡Si! Mire don Manuel, viera como hemos hecho todo lo posible por sanarle esas verrugas y nada…

¡No se preocupe doña! El poder de la naturaleza es enorme y el remedio para esas verrugas lo tiene usted en el corredor de la casa.

¡Jesús, Maria y José!

Mi papa que no estaba tan lejos contesta:
Perate ya voy…

Si, le dice don Manuel.
Mire esta receta que le voy a dar consiste en algo que aprendí en uno de los libros que tengo y consiste en el poder elemental del Guarumo, uno de mis maestros, me dijo que el Guarumo servía tanto para lo bueno como para lo malo, y para sanar enfermos. Él me enseñó a curar enfermos a larga distancia, por medio del poder elemental del Guarumo.
¿Mira el palo de guarumo que está allí nomás en la finca? Pues yo me voy a ir hasta él y no quiero que nadie me siga. Cuando regrese le voy a dar las instrucciones.

El Don se fue.

Mi mama le dice a la Flora que se encierre en una pieza y le dice a Yelba que nos cuide y que no sigamos a don Manuel.

Yelba se descuido jugando con Melba yo hice como que me iba a orinar. Me fui quedito para ver el mejunje de don Manuel y de larguito vi como el don bendijo la planta, le pidió curar a mi hermana, puso al pie de la planta un vaso con agua y empezó a moverla con un palito concentrándose en el tronco del árbol. Luego vertió el agua al pie del palo. Después, se levanto y dio tres vueltas al derecho y tres vueltas al revés alrededor del palo rezando oraciones que no pude escuchar.

De regreso a la casa le dice a mi mama:

Doña, traiga la muchachita.

¡Flora vení a ver a don Manuel!

¡Buenos días don Manuel!

¡Buenos días mija! Mire ve, ponga cuidado a lo que le voy a decir. Lo que usted tiene es provocado por la naturaleza y con la naturaleza lo vamos a curar. No tenga miedo, lo que usted necesita es fe y disciplina. Aquí le voy a dar a su mama esta ristra de pastillas de sulfa. Hay 40 y tiene que tomarse una al día. Pero eso no es todo.
Doña, todos los días en ayunas, tiene que darle una buena taza de te de hojas de guarumo. Agarre una hoja del palo de guarumo que fui a bendecir cósala y déle la tizana a la niña durante cuarenta días. Usted mijita, todos los días al mediodía o en la tardecita, antes de que se acueste el sol, tiene que ir solita al palo de guarumo. Cuando llegue allí de tres vueltas al derecho y tres vueltas al revés alrededor del palo diciendo lo siguiente con gran fe: "Ae, Gae, vete verruguita, ya que el sol te quita, OM, OM, OM". Cuando termine acérquese del palo, acarícielo y déle un fuerte abrazo para agradecerle. Yo ya le pedí al palo que la cure.

!Ay don Manuel, yo espero que eso le llegue a mi muchacha! ¡Muchas gracias y que Dios lo bendiga!

Ya se llego la hora del almuerzo. Después de echarse unos cigarritos co mi papa y comerse el pollo asado don Manuel se fue, no sin antes recordarle a mi hermana el ritual antiverrugas.

Mi hermana comenzó el tratamiento el domingo y mire amigo, el poder de la mente es grande.
Cuarenta días y cuarenta noches después de la visita de don Manuel, todas las verrugas de mi hermana desaparecieron. El palo de guarumo se quedo allí durante varios años hasta que se secó y sirvió de leña.

Bueno, aquí los dejo. En el próximo les cuento lo del Cadejo y lo de La Segua.

jueves, 25 de febrero de 2010

LA NOCHE DEL JABALÍ (Alí Primera)

Apaga la radio compañera
hay tantas cosas para conversar
no preguntes cuántas veces por segundo
mueve las alas el colibrí
pregunta por ejemplo
¿qué estamos haciendo por Haití?
¿qué dónde queda?, dices
es un lugar cercado por la noche
en el inmenso cobalto del Caribe

La noche en este caso
es la miseria, es el hambre
es la palabra presa
es negar el camino a la inteligencia
es negar que el obrero es un poeta
es negar que el obrero es un poeta

¿Qué cuántos habitantes tiene?
los que le quedan después de tanta masacre
¿Que si luchan?, además de sobrevivir ¿que si luchan?
Claro que sí, pequeño amor, claro que sí

Los patriotas haitianos
andan con luces y colores en las manos
y andan florecidos
como la tierra regada por lloviznas y por cantos
pero han luchado solos, compañera, solos
aunque andan florecidos
como andan los hombres cuando andan luchando
han luchado solos, compañera
hasta que nuestra conciencia dispare
en la lucha por liberar a Haití
hasta que el mundo se alce en una sola voz
luminosa, solidaria
Y entre todos hagamos posible la mañana
que acabe para siempre
con la noche del jabalí
con la noche del jabalí

Ahora, pongámonos en marcha
que la palabra sin los pasos
es una palabra muerta
Y el tiempo nos dice: ¡avanza!
Alma profunda en llamas, ¡avanza!
Construyamos entre todos la mañana
que acabe para siempre
con la noche del jabalí
con la noche del jabalí

No permitamos que el futuro nos pregunte
¿Qué hicieron ustedes por Haití?
y respondamos bajando la cabeza
los hombres que cayeron
son el número exacto
de las veces que en un siglo
mueve las alas el colibrí
mueve las alas el colibrí
mueve las alas el colibrí
mueve las alas el colibrí

miércoles, 17 de febrero de 2010

Oraciones, Cuentos, fantasmas y agüisotes : volumen 1

Les quiero dedicar un capítulo en el que muchas de las supersticiones (palabra ami modo de ver peyorativa de lo que debería llamarse práctica y saber tradicional) con las que crecí quedaran de manifiesto. Les contaré que increíblemente crecí en un universo de duendes, fantasmas, y fenómenos paranormales que posiblemente tienen una explicación racional.

Abordaremos sujetos que tienen que ver con la felicidad, la tristeza, el amor, la impotencia sexual y otros menesteres. Todo se hará de manera mas o menos seria y haciendo alusión a ciertos datos biográficos. Les advierto que toda similitud real o aparente con personas, perros y gatos vivos o muertos es pura coincidencia.

1.- Mis miedos de niñez.

No insistiré en decirles que en la montaña oscurece mas temprano que en le Puelo. Los árboles que rodeaban la casa ensombrecían el paisaje desde la puesta de sol. Mi mama nos había enseñado a tener miedo de un montón de cosas. Ella nos decía que cuando un pájaro que le decían La guía del león cantaba cerca de la casa era porque el León (jaguar) andaba cerca y que nos podía comer.

También nos hablaba del mal de ojo y a eso le teníamos un miedo horrible. Esto del Ojo es una traición muy antigua que se manifiesta de diversas maneras en la cultura latinoamericana. El Ojo puede causar mucho daño, puede matar personas, árboles, sembradíos, etc. Es provocado por el poder de la vista de ciertas personas quienes no lo usan de manera conciente.

Las personas hacen Ojo, lo hacen sobre las cosas que encuentran bonitas, o que desean. Según la tradición los niños, las plantas y los animales domésticos son los más vulnerables.

En mi aldea había una doña, Chon Merlo se llamaba y ella hacía Ojo. Y no era cuestión que sólo te guiñaba el ojo, ella tenía la reputación de poder causar estragos sobre la persona que sucumbía a su mirada.

Un macho de los de mi papa, El Tango, se salía siempre del potrero. Ese animal era indomable y hasta brujo decían las gentes que era. Ese macho lo encerrábamos en el potrero y al día siguiente lo encontrábamos en la aldea. No había cerco que lo detuviera.

Un día el tal macho fue a visitar los matones de caña piña que tenía doña Chon. Se comió toda la caña y después se echó a dormir sobre los matones. Doña Chon se levanta al siguiente día y mira los estragos que el puto macho había hecho con su caña piña. Y comienza una retahíla de insultos y maldiciones contra el Macho.

Por la sangre de cristo macho mal nacido esa caña te a de dar indigestión.

Macho hijo de la gran puta, que te dio por venir a comerte mi caña …
Y el viejo malvado de tu dueño que no te amarra. Maldito animal por que te comiste mi caña a caso la mía es mas dulce que la del cañal de Joche Izaguirre, ese viejo tiene miles de matones de caña porque te veniste a comer la mía.

El macho se levanta, con mucha paciencia, se tira unos cuantos pedos olorosos a cachaza y queda viendo a Chon.

¡Díos mío! El punto culminante de la cólera de Chon.

¡Pero que animal viejo descarado! Pedorrearse frente a mí y de ribete quedarme viendo.
Yo te maldigo macho bandido, por llagas del peregrino, por la cruz los clavos y las espinas que torturaron a nuestro señor yo te maldigo. Macho maldito, morirás flaco con la carne pegada en los huesos y por mas caña que comás nunca te engordarás.

¡Dicho y hecho!

Mi papa fue a traer el animal y después de haberle aguantado unos cuantos vituperios de la parte de doña Chon, se metió la mano ala bolsa le pago los daños y se fue. El Tango se enflaqueció y por mas inyecciones de Emicina y concentrado y todo lo que mi papa le daba, nunca engordó, se quedo flaco y murió flaco.

Esa doña era poderosa, yo le tenia un miedo Caballo.

Me acuerdo que mi mama tenía un palito de chiles bravos. Bien bonito el palito, verde bien copado y con chiles en todos los estados: verdes, maduros, sazones…
Un día, doña Chon llegó a la casa. Mi mama bien nerviosa la acogió y me dijo que tuviera cuidado de no mirarla mucho y que no me dejara tocar. También me dijo que tenía miedo por su palo de chiles. Todo el rato que Chon estuvo en la casa mi mama se las arregló para que Chon no fuera del lado del palo de chiles, lo que funcionó por un momento.

Los caminos de las tripas son impenetrables, igual que los caminos del Señor. Después de haberse bebido uno cuantos vasos de fresco de tamarindo fermentado, doña Chon decidió de ir a hacer sus necesidades fisiológicas y de paso ir a orinar.
El charral que ella escogió para tales menesteres estaba cerca del palo de chiles y….

Mi mama, se puso con los talones en la nuca. ¡Ay! San Benito, protege mi palito. San Francisquito que Chon no le haga ojito. Virgen de la valija madre de los desmallados, protege mis chiles. Bueno, la doña Virginia bajó todos los santos del cielo, pero…

De regreso, doña Chon le dice a mi mama:
“Díos mío mi lindo, que bonito palo de chiles el que tiene. Me había de dar unos cuantos chiles…”

El cielo entero cayó sobre la cabeza de mi mama: Chon, había visto y posiblemente tocado el palo de chiles.

Mi mama le dice a Chon:
coja todos los que quiera de todos modos hay bastantes.

Chon regresa al palo de chiles…

Otra angustia para mi mama por que esta vez si era cierto, Chon había tocado el palo.

Chon se fue y mi mama quedo preocupada. Eran ya como las 4 de la tarde cuando mi papa regresó de trabajar. Bien sudado venia el viejo.

Mi mama se precipita y le dice:

- José, quitate la camisa rápido.

- ¡Bueno! ¿Qué te pasa mujer?

- La Chon vino y tengo miedo que le haya hecho Ojo al cipote.

Mi papa se quita la camisa mojada de sudor, mi mama la toma y me envuelve en ella. Me restregó toda la cara, la espalda, la panza, los cañifles y al mismo tiempo rezando. Yo ni sabía que pasaba, pero me gustaba el sabor salado que dejaba el sudor de la camisa de mi papa en mi boca.

Cuando termino el ritual mi mama me dijo: Ahora si ya estas protegido, el Ojo de Chon no tendrá efecto en vos, pero quien sabe lo que va a pasar con mi palo de chiles.

Amigo, para no hacerle más larga la historia, al siguiente día, cunado mi mama fue a regar el palito de chiles en la mañana, la sorpresa no fue grande. El palo de chiles estaba marchito y todos los chiles en el suelo. Ni todas la oraciones y las candelas de mi m ama sirvieron de barricada contra el mal de Ojo de doña Chon.

Lastima que ya se haya muerto la doña, sino le hubiera pedido que fuera ha guiñarle el ojo a Micheletti o a Moncho Custodio.

¿Pero sabe qué? Uno no tenía que decir nada, ni enojarse, ni nada, porque no era culpa de la doña ella no pidió nacer con ese asunto.

Esto del Ojo es cosa seria. Si alguien le hecha Ojo usted padece de fiebres, vómito, diarrea verde, tembleque, somnolencia consecuencia de la debilidad producida por la deshidratación, etc. Ningún remedio de botica le funciona. Ni las pastillas de Halloyvan o el jarabe Gargantol le funcionan. El antídoto para la cosa es hacerse rociar con guaro y ruda por la persona que lo ojeó o por una que tenga la reputación de hacer el mismo mal.

El rociado no es nada complicado. La ojeadora o el ojeador tienen que estar en el mismo cuarto que el ojeado, con algunas personas cercanas, la mamá o el papá del niño. La rusiadora, después de haberse echado unas cuantas oracioncitas y haberle pedido perdón y encomendado el ojeado a Díos, se echa un buen pijazo de Yuscarán (Aguardiente), después mastica un pucho de ruda, se llena la boca con guaro y rosea a la victima en el pecho, en la espalda y los pies.
Si es Ojo lo que tiene el paciente, con esa roseadita se sanará; sino, el Gabriela Alvarado no esta lejos del pueblo.

La próxima les cuento otros miedos y un remedito eficaz contra las verrugas.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Si me ven, si me ven voy camino de Belén o navidad en la montaña

En algún lugar de este Blog les dije que nací en una aldea del municipio de El Paraíso. El Palo Verde se llama esa aldea. Allí crecí hasta los 7 años cuando mis padres decidieron que tenían que irse al pueblo porque mis dos hermanas mayores tenían que ir a la escuela secundaria.

Mis dos hermanas mayores Flora y Yelba vivían parte del año en el pueblo donde iban a la escuela, pero durante los meses de octubre, noviembre, diciembre y enero la familia se encontraba toda reunida en la casa de la montaña. Es de aclarar que en esos meses se desarrolla la cosecha de café. Esa actividad hace que los campesinos manoseen un poco mas de dinero que el resto del año y se permitan ciertos lujos.

Así pues, en diciembre estamos en plena cosecha de café, pero ya des de el mes de septiembre aproximadamente los preparativos para la fiesta de navidad comienzan ha hacerse sentir.

Uno de los platos típicos de Navidad son los tamales o nacatamales (http://www.tutifruticonmistela.blogspot.com/) y había que prever ciertos ingredientes desde los meses antes. Así, mi mama le decía a mi papa: Mirá José, cuando pases por donde doña Juana proponele un chumpe pichón. Lo vamos a engordar para los tamales de Noche buena.

Si no mi mama reservaba unas dos gallinas que llegado el tiempo de Navidad estaban suficientemente gordas. La otra alternativa era de verificar quien iba a matar chancho y encargarle la carne de antemano.

Los meses trascurrían y todos teníamos ganas de que la navidad llegara. Todos sabíamos que Navidad era sinónimo de estreno, de melcochas, de confites, tamales, torrijas… Para otros Navidad era el tiempo de ponerse a pichinga gratis, sea con rompopo, mistela, guaro o chicha.

Llegado el mes de diciembre las cosas se ponían mas calientes. Me acuerdo que mi papa me decía: vallase a cortar café con la negrita (mi hermana Melba). Si llena cuatro cumbos diarios le voy a comprar una papada para nochebuena.

Yo agarraba mi cumbito me iba a cortar café con mi hermana Melba y con los mozos. Allí andaban Sofía Moncada con sus chigüines, Santos Hernández y su familia, Zacarías Gutiérrez y su mujer, Felícito, Toño Flores, Pantaleón Mendoza, y otros queridos y recordados viejos. Yo me iba con mi cumbito pero más que cortar café me la pasaba jugando con los cipotes de los trabajadores. Y de vez en cuando le ponía café al cumbito, y llenaba uno o dos. Después me ponía a cantarles canciones rancheras a los mozos quienes me daban una puñada de café y de puñada en puñada llenaba mis cuatro cumbos.

El 23 de diciembre en la mañana mi papa reunía a todos los trabajadores y les decía. Mañana es nochebuena y vamos a tener que parar la corta. Mañana vos Licho y vos Toño se vienen conmigo al pueblo, Vamos ir a dejar un flete de café y vamos a traer provisiones para festejar nochebuena.

Usted Panta, antes de irte a cortar café quiero que valla a cortar hojas de guineo chato y cáscaras de guineo para los tamales de Virginia. Corte bastantes porque la vieja dijo que iba a llenar las tinas para todos.

El 24 de diciembre en la madrugada estábamos ojo al cristo para saber donde chillaba el chancho. Ya mi papa agarraba su mula y se iba a buscar la carne para los tamales. Desde que las gallinas se tiraban del palo mi mama agarraba las gallinas gordas, les retorcía el pescuezo, las metía en agua hirviendo y las desplumaba.
Al regreso de mi papa le daba la carne a mi mama que comenzaba a adobarla y prepararla para los tamales. Mi hermana Melba y yo nos levantábamos e íbamos a buscar los terneros y mi hermano las Vacas. Mientras tanto mi papa se ponía a lavar el café para prepararse para ir al pueblo.

Hacia las ocho de la mañana, después de haber comido, mi papa llenaba los sacos de café (aproximadamente 120 libras de café húmedo por saco) y mi hermano con Licho y Toño preparaban las mulas para ir a dejar el café al pueblo. Cargábamos las mulas (los nombres de las mulas eran : El chingo, el Tango, el renco, el chilindrín, La mula Rocía y otras mulas que le prestaba el compadre Toño Tercero) a veces partíamos con 8 mulas cargadas de café. Mi papa se iba con dos trabajadores y no regresaba hasta la tarde, hacia las 4 de la tarde.

En la cocina era un sólo cachimbello. Las mujeres moliendo el maíz para los tamales, colando la masa, friendo el arroz, cortando las papas, haciendo los tamales y poniéndolos en las tinas a cocer. Eso duraba todo el día. Me acuerdo que ponían a cocer los tamales como a las doce del mediodía para que estuvieran listos cuando todos mozos regresaran del trabajo.

Nosotros con otros cipotes no íbamos a buscar hojas de pacaya y espinas de pino para preparar el Nacimiento. Doña Caya nos hacia unos monigotes de barro que representaban La virgen María, José y los reyes Magos. Y allí poníamos todos los juguetes que teníamos para adornar el nacimiento. La casa olía a pino fresco y a comida.

En lo que menos acordábamos el día había pasado. A las cuatro los primeros trabajadores comenzaban a salir de la finca cargados con sus sacos de café. Comenzábamos a medir el café y a bromear sobre lo que iba pasar después.

- Jodido, decían, hoy si nos ganamos el tamal de la patrona.
- Puta, decía, otro si don Joche no me da una juca (cerveza) hoy, no vuelvo trabajar con él.
- Y para que querés una juca, le contestaba otro, no tenés suficiente con la Marta.
Y todos reían.

Cuando todos los mozos habían terminado de medir, mi mama pagaba las planillas y contrariamente a lo que ocurría todos los días cuando todos los trabajadores se iban a sus casas, el 24 de diciembre todos se quedaban esperando algo.

De repente oíamos un chiflido agudo a unos kilómetros de la casa. Mis hermanas y yo nos poníamos excitados por que sabíamos que mi papa regresaba del pueblo y traía cuetes y chifladores.

Llegaba el patrón con los frescos y la cerveza y el jolgorio comenzaba. Las tinas de tamales se destapaban y mi mama les daba de comer a los mozos mi papa les daba frescos a los chigüines y los viejos una cerveza. Hacia las cinco de la tarde todos se iban y sólo quedábamos en la casa la familia y los trabajadores que vivían con nosotros.

¿Y que me trajo papa? ¿qué me tajo? le preguntábamos todos.
Ya mi papa abría las arganillas y sacaba los estrenos…
Un pantalón y una camisa para mi, zapatos para mis hermanas, cuetes, una pistola de hulea para mi y bueno… un montón de perendengues.

Y bueno, a bañarse con agua tibia para ponerse chulo.
Mi hermano y los hombres mayores se preparaban para ir a bailar al valle.

Valla mijo, me decía mi papa, vengase que nos vamos para donde el compa Moisa. Yo me ponía contento porque me iba con mi papa donde mi madrina Cristina a dejarle tamales y yo sabia que mi madrina me iba a dar un regalito. Llegábamos donde mi madrina y después de jugar con los cipotes (Reinelda, Moisés y Julián) mi madrina me llamaba y me daba algo, a veces cubos de hielo, galletas saladas, confites, tabletas, rosquillas… ya nos montábamos en las mulas… y de regreso a la casa.

En la casa también había vista, doña Emilia Rugamas venía a dar una vuelta, las Moncada, doña Luisa Mendoza, Chinda Arriaza y otra gente que se iban como a las 7 de la noche porque vivían un poco lejos de la casona.

Después cuando todo el mundo se iba, volvíamos a quedar solos. Mi papa prendía su cigarro junto con mi mama, y mi hermana flora prendía el radio para oír música o las aventuras de Kalimán el hombre increíble que pasaba a las ocho y media en radio Paraíso.

Ya como a las nueve y media nos íbamos a acostar, pero seguíamos oyendo, a lo lejos, la música del trocaviscos de las Moncada. Los jóvenes nos dormíamos. Allá como a las once y media oíamos las guitarras y las mandolinas de los Midensce que venían a darnos serenata. Allí oíamos a Cresencio, a Gilberto, a don Goyo… dándole mejengue y cantando.

Titundi, titundi, titundi, tundi, tundi…

Dispertate vida milla dese sueño tan projundo
Quelque te viene a cantar es el que tiama en este mundo…

Titundi, titundi, titundi, tundi, tundi…

Ya oíamos a mi papa que le decía a mi mama: Levantémonos Virginita vamos a tener que recibir la serenata.

Ya mi mama se levantaba y nosotros también.

A comer tamales y dulces y a oír las canciones de los Midence.

A las doce de la noche los cuetes comenzaban a oírse. Ya nosotros sacábamos los nuestros y los reventábamos. Cuando mi papa tenia pistola la sacaba y tiraba unos cuantos tiros al aire y así recibíamos el Nacimiento de Jesús. Felicidades, felices Pascuas, feliz Navidad… Los Midence se iban con sus guitarras cantando y nosotros nos íbamos para la cama.

Al día siguiente mi hermana Griselda nos levantaba un poquito mas tarde y la rutina comenzaba de nuevo… los terneros, las vacas el café… Pero ese día era diferente de los otros, todos teníamos una anécdota que contar y un nuevo recuerdo que conservar como el que les vengo de contar.

Feliz Navidad

viernes, 25 de diciembre de 2009

El Amador se me Rugama de ternura, se Guatemala todo y se me Honduras.... (Daniel Viglietti)


El último episodio de la entrevista de mi mama. En este pedazo de biografía mi mama nos cuenta dos hechos históricos que marcaron la vida de Honduras y Nicaragua.
Los hechos pasan entre 1959 y 1963, en Centro América los primeros brotes revolucionarios organizados comienzan a tomar forma. Así en nicaragua el Partido Socialista Nicaragüense organiza una brigada de guerrilleros que ingresan a honduras por la frontera sur oriental entre Honduras y Nicaragua. En esa brigada se encontraba Carlos Fonseca Amador, fundador del FSLN. Tal parece que mi abuelo los escondió en la casona de La Arabia. Estos guerrilleros fueron emboscados en un punto conocido como El Chaparral. En ese lugar los ejércitos de Honduras y Nicaragua emboscaron los guerrilleros, mataron un buen número de ellos y capturaron a Fonseca. http://en.wikipedia.org/wiki/Carlos_Fonseca

Los cambios políticos en Honduras llevan al poder en esos años al Dr. Ramón Villeda Morales quien impulsó un cierto número de reformas bajo la presión de movimientos sociales hondureños. Estas reformas socializantes constituían un peligro para los grupos patronales de la época. De esta forma en 1963 el ejército da un Golpe de Estado que genera una ola de represión contra los miembros del partido Liberal y de los sectores organizados de Honduras. Es el nacimiento de Los Cabos Cantonales que sembraron el terror en la campiña hondureña.

El pasaje de los guerrilleros de El Chaparral y el golpe de Estado de 1963, son abordados por la doña. Aquí pues les dejo este ultimo capítulo de esta entrevista.

DI.- Yo quiero que me cuente una pasada cuando pasaron unos guerrilleros por allí

VM.- ¡Si! Pasaron, con armas unos rifles llevaban… Los encerramos… los tuvimos encerrados allí en una pieza, escondiéndolos.

DI.- ¿Quienes eran esos hombres?

VM.- Fijate vos que de los nombres de esos hombres no me acuerdo. Pero me parece que uno de ellos era Fonseca. El clavo es que no era yo quien lidiaba con ellos, era más José quien se ocupaba de ellos. Yo lo único que hacia era la comida. Uno de ellos salía y les llevaba la comida a los que estaban adentro. Allí estuvieron dos días y dejaron un poco de rifles.

DI.- ¿Quién fue el que le regaló a usted un estuche de cirugía pues?

VM.- Un doctor que iba allí con ellos, pero yo no se como se llamaba ese doctor, era un gringo, era blanco y no hablaba bien el español y el me regaló el estuche con unas jeringas de vidrio, agujas, unas tijeritas y un poco de gasa y unas ristrotas de pastillas sulfatiacinas (chumpinas) sulfatiasol y una caja de penicilinas. Y se fueron.

DI.- ¿Y para donde se fueron?

VM.- Ellos la salida que dieron fue para ese chaparral (región montañosa del municipio de Las Trojes). Ellos dijeron que se iban para Nicaragua, pero luego dijeron en las noticias que los habían matado a todos allí en el Chaparral.

DI.- ¿Y los rifles que dejaron?

VM.- Los rifles que dejaron los enterraron allí adentro de la casa. José los enterró adentro de la casa en la pieza donde dormían los hombres, a la orilla de la pared. Como el piso era de ladrillos de barro, sacó los ladrillos, hizo el hoyo y allí los enterró. Luego puso el ladrillo de nuevo y no había ni seña de que había algo enterrado allí.

Cuando los militares llegaron las armas ya no estaba allí. Don Lencho las había sacado. De noche los sacó don Lencho.

DI.- ¿Quien le ayudó a mi Abuelo a sacar los rifles? Por que yo me acuerdo que una vez mi papa contó esa historia y contó que otro hombre de allá de la montaña que era amigo de él le ayudo a transportar los rifles. Cubierto con hojas de pacaya.

VM.- Si las sacaron en mulas con angarillas tapadas con hojas de pacaya, para una navidad, y las habían escondido en unos escaños que había donde don Lencho que tenían como una gaveta, allí los escondieron. De allí a saber que hizo tu Papita con ellos.

¿Y cuando fue que usted mando a buscar a los militares debajo de las cacas de gallina?

VM.- Eso fue otra vez, cuando llegaron a rodear la casa, eso fue cuando el golpe de Estado (1963 golpe militar contre Ramón Villeda Morales). Eso fue cuando el golpe de pajarito. Allá estábamos en la Arabia cuando el golpe.
DI.- ¿Ustedes no vivían todavía en el Palo verde?

VM.- No, allí estábamos en La Arabia para el golpe de Estado, y llegaron los soldados y rodearon la casa. Allí llevaron a don Lencho con ellos. Y ya se puso don Lencho recostado en la mula que tenía porque no llegaban carros todavía.

Eso tronaba el tropel de los militares en el contorno de la casa. La mula de don Lencho se metió al corredor de la casa y él se puso a ver los militares lo que hacían en su casa.

Y veo que están desarmando a don Lencho. Entonces me voy por una puerta que daba por detrás hacia la finca, para ir a esconder la pistola de José y metérmela yo en la bolsa del delantal porque la pistola era chiquita.

Yo que entro por la puerta del lado para sacar la pistola de debajo de la almohada y José que sale por la otra puerta para dársela a los militares. Mirá vos ese José a sido miedoso. La perdió la pistola. Si yo la hubiera agarrado no la pierde.

Y entonces registrando todo aquello, levantando cajones, abriendo los armarios, los bunques de maíz que tenia don Lencho. Y me dicen a mí ¡abra ese cofre! Y les digo yo: aquí no les tengo nada yo, aquí sólo cosas privadas tengo yo… mi ropa… y yo no tengo nada… y además aquí no hay adelitados y aquí no hay nada de lo que ustedes buscan. Y entran a la cocina y tratan de abrir un bunque que había allí… uno entra con el rifle y otro lo seguía con una pistola y les digo yo: Allí en ese bunque no hay nada, saben onde hay, les digo yo, Allí debajo del tambo de esta cocina, allí hay algo. Y se van en carrera a buscar debajo de la cocina… y allí sólo mierdas de chancho había… (nos reímos). Y salen los soldados todos llenos de mierda, y les digo yo: Verdad que encontraron lo que buscaban. Mierda buscan, mierda encontraron… Y aquellos hombres bravísimos, se van a registrar la casa de don Alfonso Pagoada…

Allí le rodearon la casa a don Alfonso… y le dicen allí en esa casa de Lorenzo Molina hay una mujer arrechísima que si hubiera tenido rifles se agarra con nosotros.

DI.- Mi papa me dijo que ese do Alfonso fue quien le ayudó a bajar las armas de los guerrilleros a mi papa. El era nicaragüense verdad.

VM.- Si de allí de la Segovia, de Ocotal. El papá de Isacio Pagoada.

Aquí termina esta entrevista con doña Virginia Martínez. Una serie de anécdotas que nos ha llevado por el mundo cambiante de una gran parte del siglo XX. Espero que las historias contadas, tanto por mi padre como por mi madre sirvan a las nuevas generaciones a conocer mejor los orígenes de nuestra familia. Es posible que las historias también tengan parecido con las vividas por otros abuelos y abuelas de otros lectores. Si es el caso compártanlas y coméntenlas.

martes, 22 de diciembre de 2009

El casado, a su casa o a la casa de los suegros.

Pues la Manina que seguimos des de San Pedro del Norte de Potrero Grande, se nos casó. Y se vino para Honduras.
¿Como llegó a pasar este asunto?
Según el testimonio de mi papa, el dandi del pueblo, lo que paso es que a la virginia todos le tenían miedo. Ningún hombre se atrevía a proponerle nupcias. Era un poco como la beata del pueblo. Ella tenia ya como 32 años y nadie se atrevía a echarle el cuento. Si que dice mi papa que se dijo: ¡Que jodido! no debe picar esa culebra, y si pica no mata. Yo me aviento. Y en una desas que voy a San Pedro, en un baile que hicieron la saco a bailar y comienzo a decirle ¡que negros tenés los ojos! (los ojos de mi mama son cafés), y comienzo a contarle de la vacas que no tenía; y a decirle que ya no le robaba los nances porque allí donde yo vivía ahora un solo nance era suficiente para comer una semana.

Le dije que bueno que me gustaba pues, y le dije que si ella me gustaba y yo le gustaba entonces que anduviéramos y así comenzamos a jalar. Comenzamos a jalar hasta que se reventó el mecate y nos casamos y nos venimos para Honduras.

El texto que les entrego cuenta la llegada de mi mama a El paraíso, El Paraíso, Honduras.

DI.- Ahora quiero que me cuente una anécdota. Usted se vino para Honduras, usted se fue a meter a La Arabia (hacienda de mi abuelo)…

VM.- ¡Si! El mismo día que me vine casada… Yo me casé un dos de mayo, del año no me acuerdo. Estuve un mes casada allá ( en San Pedro) antes de venirme. Cuando me vine llegamos aquí temprano (a El Paraíso) y le dice Chepita a José: Dejá a Virginia aquí José, le dice, y mañana en la mañana la venís a llevar, le dice, si no se quedan los dos y se van mañana.

¡Ah, No! Le dice José, es que hoy tengo que estar y allá.

Y nos vamos. Mirá vos, íbamos para La Arabia, allí era donde estaba José, no había carretera, no había nada… Nos fuimos a caballo. Había una bajada donde tenían marcadas las bestias los cascos así ve, como una escalera ve… chacas, chacas, chacas, las mulas en el lodo, en un guindo así paradito como esta pared.
Bueno pues, allí llegamos. Allí estaba Chila Herrera, allí en la casa…bien alegre Chila cuando nos vio. Ella nos dio de comer y todo. Pero la cosa es que Chila no quería que hiciera nada yo. Y que iba a ser eso, yo de niña bonita allí, y Chila dándonos de comer a los dos yo sin hacer nada y dándonos de comer allí a los dos.

Entonces le digo yo a José: Mirá José, yo no estoy acostumbrada a que me den de comer en la mano. Yo voy a comprar la provisión y yo voy ha hacer mi comida… la comida de nosotros los dos, le digo.
Entonces compró la provisión y cuando ya compró la provisión, le digo yo: Y quien nos va a mantener aquí… porque a el no le daban nada. En la planilla de la semana no se ponía ni tres Lempiras peor treinta, a que le saliera a lempira el día de trabajo, nada se ponía en la planilla… No le daba nada don Lencho… Bueno yo voy a cuidar gente le digo yo. Decile a Chila que me de unos tres de los que ella cuida… unos tres o cuatro para darles yo la comida.

Entonces les dice José: ¿Quién de ustedes quiere comer aquí?

Porque Chila cuando llegué yo se apartó a la casa de los trabajadores y a mí me dejaron en la casa grande.

Entonces dijo Santos Zelaya: ¡Yo!
Entonces dijo Luis Lobo: ¡Yo!
Entonces dijo Pedro Cruz: ¡Yo también que me de de comer Virginia! Y del otro no me acuerdo, el caso es que eran cuatro.

Ya me puse a moler yo, a pura piedra, y a puro molino, para darles a comer a aquellos hombres. A cincuenta centavos el día mijito. Y los domingos comían y ese día no me lo pagaban porque así los tenían acostumbrados. Ya a la semana salía yo con 14 Lempiras y con 5 compraba yo la provisión de la semana.

Y así nos fuimos llevando. Luego ya cuidaba más y más hasta que hubo tiempo que cuidaba 30 mozos (trabajadores Agrícolas) a pura piedra y molino. Sin trabajadora, porque las trabajadoras que llegaban allá no aguantaban cando miraban aquellos tonelotes de maíz… que había que molerlos. Eran tres canastos de tortillas los que había que llenar.

Esa historia duró hasta 1962 cuando los viejos decidieron de irse a vivir a El Palo Verde donde habían comprado unas tierritas. Allí fue donde nació su servidor en 1966.

martes, 3 de noviembre de 2009

Esta vez no se trata de salvar un presidente, será el pueblo quien construya una nación diferente.

Ante la posible reinstauración de Zalaya en el poder, el llamado al pueblo hondureño por seguir luchando por una asamblea nacional constituyente cobra aun más valor.

El golpe de estado dado bajo el pretexto de una supuesta intención de violación de la carta magna, no hizo mas que confirmar que la constitución hondureña necesita serias reformas, y es deber del soberano (el pueblo) exigir esas reformas.

Quienes violaron la constitución durante más de tres meses, no tienen el derecho, ni deben frustrar las sanas intenciones de un pueblo que lucha por transformar las estructuras sociales y económicas de un país, que merece cambios radicales en su forma de gobierno. El pueblo, el soberano tiene el derecho y el deber de repudiar los mismos que lo han bofeteado durantes siglos, los mismos que lo único que los diferencía entre elloses la viñeta azul o roja. Ahora nos toca combatir los partidos políticos y los candidatos sin ideología, los partidos sin ideario o a los partidos que sustentan sus luchas en postulados decimonónicos.

No es posible que en países como el nuestro sigamos permitiendo que candidatos presidenciales jueguen con la voluntad ciudadana, Unos pistola en mano amenazando e insultando, otros actuando como buitres y corriendo tras la carroña de lo que ellos mismos han contribuido a aniquilar.

Nuestro país ha dado un paso al frente en su búsqueda de una nueva alborada. La imagen del pueblo cobarde y timorato que perseguía a Honduras, ha sido borrada por los meses aciagos de valerosa resistencia. Esa imagen de valentía y lucha inclaudicable debe persistir y sobrepasar los limites de una restitución presidencial. Esta vez no se trata de salvar un presidente, se trata de salvar Honduras de las garras de los continúan creyendo que en Honduras la gente puede continuar siguiendo partiduchos anacrónicos.

Hermanos hondureños el deber nos llama y ante las múltiples violaciones a nuestra constitución, debemos exigir una asamblea nacional constituyente a corto plazo.

Sigamos en resistencia.

¡Hasta la victoria!

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