domingo, 4 de enero de 2009

La ruta de Las Dificultades

Cuando el indio caga y la chancha chilla, es que es de día.

Levántese compa.


Ya es tiempo de irnos.

Desde luego, no sin antes comernos una tortilla caliente, bien empollada, con mantequilla, frijoles y una buena taza de café.

Que jodida la que nos llevamos con la muerte de Pedro. Pero bueno, que le vamos a hacer.

Hoy lo voy a sacar del pueblo por las rondas, de la casa de mi papa hasta la pulpería de doña Isaura.

¿Qué le parecen las tortillas de Hilda?

¿Son buenas, verdad?

Esa negra tiene manos de oro para el asunto de la palmeada y el lavado de ropa.

Bueno, ¿ta listo?

¡Fíjese bien!

Mi casa se encuentra en la décima calle, séptima avenida.

Pero es más fácil encontrarla si se baja en el Recreo, camina dos cuadras al oeste y atraviesa una de las obras arquitecturales más impresionantes de El Paraíso. Me refiero al puente seco, ese mismo que hizo perder valor a varias casas. Al nomás cruzar el muro, usted ve mi casa. Ella se encuentra, frente a la zapatería Nelson, pegado a la casa de Molina el chiquero, esquina opuesta a la pulpería Melisa y en frente de donde doña Cheñolla o Chinola, como decía Molina. Bueno, Doña Paula Gaitán.

De mi casa vamos a caminar quince cuadras hacia el sur. Allí vamos.

Mire que hermosa casa la de don Jando Pastor, dos pisos, nada menos.

¡Adios Clemen, guárdeme el 81 y unos elotes para el regreso!

¡Hola Toya! ¿Cómo le va?

Sígamele para arriba. Allí en la esquina vive Chico Lagos y si seguimos vamos a pasar por la casa del profe Donald y la casa de don Oscar Vallejo. Madre de casa la de don Oscar, dos pisos, piso arriba y piso abajo.

Justo en frente, esta el casi hotel de don Víctor Merlo, el papá de Flamenco y de Bartolo.

Otra esquina más y veremos las antiguas instalaciones del taller Káiser, la casa de don Chendo Molina y Mariíta y el Chiken o el Chicle, como decía Consuelo.

¡Adiós don Ismael! Dicen que ese señor lo golpeo un rayo cuando era joven.

Aquí en esta calle están varios de los personajes conocidos de este pueblo:

Don Chelino Padilla, Alduvín Mendoza y Zulema Cerrato, Don Francho Vallecillo, Mario el Guapo y Toñita (seguro que le hubiera gustado ver los ojos de Toñita).

Más para arriba está una cuartería donde Lencho Gómez (almágana) tenía su taller en los años 1970.

Más arribita, justo en la esquina, tiene la pulpería de dono Bocho y Lucita, del otro lado la de don Gabriel y del otro la bodega de don Pancho y doña Rosa.

Puesto en esa esquina, verá hacia su derecha, al fondo, las puertas del cementerio municipal y a media cuadra, siempre a su derecha, verá el cuartel de la Josefa, la Chepa, la Jura o de la Fuerza de Seguridad Pública (antes el CES ahora la Policía Nacional). Ese cuartel fue construido en el mismo lugar donde años atrás se encontraba la lujosa cantina de Martina, frente a la carnicería de Tito Mendoza.

Sigamos que se nos va a hacer tarde.

Aquí nomás a su izquierda está la casa de doña Toya la mamá de Moncho el atleta y allí pegado la casa de don Julio Vargas, el propietario de los camiones El Canario.

Allí sentados en la acera están Oscar Borrador, Danilo Platano, Carlos María, Julito y Tacón.

¡Nos vemos muchachos! Aquí haciéndole de guía turístico.

Allí enfrente de la casa de don Julio estaba antes el rastro municipal. Los destazadores eran Juan Tuerto, el papá de rastro, y Miguel Ronrón.

Entre esta y la siguiente esquina se encuentran las casas de don Sotero Ferrufino, la de Julián Polvo de Gallo y la de Rubén Amador. Mas arriba, antes de doblar a la izquierda, estaba la trilladora de Joaquín Mendoza.

Doblemos a la izquierda, de todas maneras no tenemos elección.

Aquí vamos a pasar por un comercio indispensable en todo lugar, la funeraria. Esa funeraria es propiedad de don Cruz Arias (Crucito) quien tanto le sirvió a ese pueblo.

La casa de Crucito está como por coincidencia en un hoyo, todo un ingenio de arquitectura.

A su derecha tiene la fortaleza de Chico López que ocupa toda la cuadra hasta dar directo en frente de la panadería Suyapa. De allí hasta la otra esquina están las casas de Don Abel Talavera, la de Luis Sevilla (Sinusitis) y, en la esquina de la izquierda, la casa de don Luis Cerrato, el radiotécnico.

Ya casi llegamos a la salida.

En la esquina, al nomás subir la cuesta, están las casas de don Salvador Ferrufino y la de mi tío Emilio.

Más adelante están los negocios de don Martín Rodríguez y Toñita, el de Manuelita y David Martínez y el de doña Liliana Oseguera. Mire hacia la izquierda y verá la casa de dos pisos de construyó don Joche Claveles en 1951. Entre las dos últimas esquinas están el taller de Goyo Arguijo, el hermano de don Tito Viernes, las pulperías de Manuel Rodríguez y la de mí querida y respetada doña Isaura.

¡Venga! Vamos a saludarla.

Nos vamos a tomar un fresco, o una bebida refrigerada, gaseosa, con alto tenor en compuestos de sodio y sacarosa, con sabor agridulce, como diría Petilla el hijo de la doña.

- Bueno Doña, ya la saludamos.

- Adiós doña.

- Adiós mijo que te valla bien.

La última vez cuando hicimos el trayecto de Las Selvas, lo saqué por el desvío de Río Arriba. Hoy le vamos a dar recto, porque le quiero enseñar los restos de la represa hidroeléctrica que generaba la energía durante los años 1950 y 1960.

Allí nomás está, cerca de la casa de Peche y de Jochito, al pasar la quebrada de los Pericos

Tiempos atrás, al pasar la quebrada, no habían casas, sólo el Campo de los Pericos, donde el equipo de fútbol, El Municipal de El Paraíso hacía sus prácticas. Además del campo, estaban los potreros de don Hernán Moncada y los terrenos que Goyito Zelaya cedió para la construcción de la colonia San Juan. Era agradable caminar por aquí, siempre había sombra y casi nadie pasaba.

Este sendero se termina, cuando él se une a la carretera de la montaña, exactamente donde don Emilio Zúniga tiene su casa y frente al viejo plantel donde vivía Moncho Pirilanga.

De aquí para allá hasta done Juancito el de Maria la Chaparra, usted conoce el camino.

Lo único que tengo que mostrarle en la cuesta son las cruces de descanso de Helio Escoto, quien murió en un accidente automovilístico, y las de don Enrique Hernández y su chofer que murieron venadeados.

Eso paso justo antes de pasar entre los grandes cafetales de don Avelino “el maestro” Galindo.

Bueno, aquí estamos.

Esa cuesta le quema unas cuantas calorías a uno.

Pero ya no se preocupe, por un buen rato nos toca sólo de bajada.

Aquí comienza nuestro periplo rumbo a la Finca la Esperanza de don Joche Izaguirre, “El Cimarrón” como le decía Toñón Molina, mi tío.

Mientras avanzamos, verá que el terreno es diferente. Aquí a su derecha tiene una parte de montaña que hasta no hace mucho tiempo era virgen. Esa tierra pertenecía a doña Regina Lardizábal.

A su izquierda son tierras que pertenecieron a la familia Salgado. De ves en cuando, recojo a Vladimiro Salgado que viene a ver lo que les queda de esas tierras.

La mayoría de esas tierras ahora pertenece a don Goyo Zelaya o a sus herederos.

Mire, ponga cuidado.

De aquí donde estamos, frente a la tierra de los Salgado, cuente tres vueltas más y llegaremos a la vuelta de Celia.

Celia era una loquita que, en los años 1960, se paseaba entre las posesiones de Román Zelaya, en Las Dificultades, y el pueblo. Era un poco como Pabicha, la otra loquita del pueblo.

Un día, Celia se vino de la montaña hacia el pueblo y, al nomás llegar a esa vuelta, un desagraciado si corazón la violó, y después de violarla la hizo picadillos con un machete.

A ese delincuente nunca lo agarraron y el crimen de Celia se quedó impune.

Los vecinos de Volcancitos la enterraron y muchos de ellos la lloraron, entre otros mi mama que la quería mucho.

Bueno, sigamos el camino.

Como le decía la otra vez, por este trayecto no hay muchas cosas que ver, aparte la exuberancia de los cafetales que rodean el camino y la belleza de las estribaciones de la cordillera de Dipilto. Como ve, no hay muchas casas a la orilla de este camino, sólo algunas sin ocupante fijo, pertenecientes a la familia Zelaya.

Al llegar al desvío hacia Volcancitos, la cosa se pone buena.

Del desvío, mire a la derecha y verá la hacienda la Arabia. Una vieja casa de adobe perteneciente en aquellos tiempos a don Lencho Molina, mi abuelo.

En esa casona nacieron mis hermanas Ramona (que en paz descanse), Flora, Yelva y Melba. Era una casa lujosa para esos tiempos. Don Lencho había instalado servicios sanitarios de porcelana, un generador eléctrico y había embaldosado el piso.

Mi papa cuenta que el día que los albañiles terminaron de construir la casa, mi abuelo con su esposa (doña Chepita Calderón) llegaron en la tardecita y se quedaron durmiendo en la casona. En lugar de dormir en un cuarto, durmieron en el servicio de tan orgullosos que estaban de eso.

Tacaño pero orgulloso, así era don Lencho.

Este don Lencho tenía un buen amigo, don José Maria Tercero. Esos dos se pasearon por toda Honduras y Nicaragua compartiendo penas, alegrías y faldas. Donde comía el uno comía el otro, a tal grado que, cuando don Lencho compraba una Coca-Cola, agarraba dos vasos, dividía el contenido en dos partes iguales y le decía a Chon, la madre de todos nosotros y la doméstica para don Lencho y sus hijos, de poner dos partes iguales de agua en cada vaso. Así, Chema y Lencho tenían la impresión de haberse tomado una Coca-cola cada uno.

Bueno, dejemos jugar a radio bemba y sigamos adelante.

Mire para arriba a su izquierda y verá la casa de don Alejandro Cáceres, uno de los mandadores de Goyito Zelaya. Allí nomás, a su derecha, tiene las tierras de don Máximo Cruz.

Aquí vamos a bajar la cuestecita y al llegar al plan, vamos a llegar a centro de la aldea de Volcancitos, una línea de casas de un lado y otro de la carretera. Esas casas pertenecen, entre otros, a Panchito Romero, un señor pistudo del pueblo que, según las malas lenguas y la mía que no se queda atrás, era pautado, como decía Aniceto Prieto.

Entre las casas de Panchito y la casa de don Manuel Gallardo, se encuentra la escuela de Volcancitos. Esa escuela fue construida en los años 1970, por iniciativa de vecinos como Don Alejandro Gaitán, Alejandro Cáceres, Marcial el yerno de don Alejo Gaitán y don Moisés Sosa. Es de hacer notar que Reynelda, la hija mayor de don Moisa, hizo sus primeros años de escuela en esa escuelita rural.

Aquí vamos a pasar a saludar a don Alejo Gaitan, el padrino de mi hermana Melba. Es un señor muy gentil y pausado, exactamente como su hijo Sixto. Se acuerda de él, allí fuimos a tomarnos un cafecito después de haber atravesado el puente Calzón Blanco.

Más abajito vive otra hija de don Alejo, la esposa de Marcial.

Al nomás atravesar la quebrada, prepárese porque vamos a trepar una cuesta. Aquí vamos a pasar al lado de la choza de don Colacho Oseguera, un señor misterioso y sin orígenes conocidos. Vivía solo con su hijo y no se metía con nadie. Yo le tenía miedo cuando era niño y, antes de pasar por allí me rezaba unas cuatro ave marías, unos cuantos credos y tres oraciones a San Jorge. Todo eso con el fin de protegerme de la brujería que don Colacho podría hacerme.

¿Éramos papos, verdad?

Antes de terminar la cuesta, a su izquierda, están los potreros de don Carlos Rivas, el papá de Marcos el de Hilda.

Párese allí y dele un ojo al paisaje.

Desde allí puede ver la carretera de Las Selvas y los caseríos de la Cascada, El Portillo, y Granadillos. Fíjese bien y si se acuerda, puede ver claramente las casas de Don Juan Sánchez y de la de don Cayo Rodríguez.

Esta cuesta lo hace sudar a uno. Pero no se preocupe que dentro de un rato vamos a llegar donde mi padrino Moisés y va a ver como es de atenta doña Cristina.

Antes de llegar a la casa de mis padrinos, vamos que tener que hacer bulla. Porque si no ese perro jodido… Conder creo que se llama, nos puede morder.

Doña Luisa siempre le dice a mi padrino que cape a ese perro porque es muy bravo, pero mi padrino dice que es mejor así, porque así el perro cuida mejor.

Ya casi llegamos.

Ponga cuidado.

Tiruliruli tiruli tiruli

Tiruliruli tiruli tiruli

Tiruliruli tiruli tiruli tiruli

Me caí de las nubes que andaba

Como a veinte mil metros de altura

Por poquito que pierdo la vida

Y esa fue mi mejor aventura.

¡Ya vio!

Ese perro pendejo ya comenzó a latir.

-Y diay perro bandido, no mordás a los muchachos.

Mauro, agarrá el perro y amarralo.

- Verdad que le dije.

- Buenas Madrina

- Buenas mijo, y en que vueltas anda?.

- Aquí enseñándole a este alero los caminos de cuando era chigüín… huele a sopa de gallina.

- Si, estoy cocinando una sopa para cuando regrese Moisés.

- Mire compa, ese es Moisesito, el hijo menor de mi padrino.

- ¿Cómo estas hombré?

- Yo eftoy bien y vof. Ya vifte la fopa quefta cofinando Criftina.

- Si la vi.

- Puef tené cuidado, que efe pechuguo queftay es de Moifés.

- No te preocupes hermano, que sólo voy de pasada.

- Bueno madrina, gracias por todo, me le da saludes a mi padrino.

- Adios muchachos, que les vaya bien, pasen de regreso, hay les voy a tener unas rosquillas para que le lleven a la comadre.

Verdad que le dije ¡esa es calidad de gente, no se pierda!

Aquí nomás, vamos a pasar esta quebradita y luego vamos a llegar a uno de los lugares que me empujaron a amar las piedras.

Mire que lindos peñascos.

Puro cuarzo macizo.

De allí le viene el nombre a este lugar. Las Piedras Blancas.

Lindo lugar, y es aun más hermoso cuando los heliotropos están florecidos al mismo tiempo que las orquídeas. El perfume de esas flores es más poderoso que el Macuá.

Y viera usted que belleza cuando en el guayabillo, que ve usted más adelante, las oropéndolas hacen sus nidos. Que maravilla de lugar.

Aquí en la quebrada, va a ver el canal de lavar café que don Pedro Sosa construyó al final de los años 1960. Si le damos directo por en medio de la finca, llegaremos mas rápido a la casa del don. Alli vamos a ver a Petrona, a Hector y los otros hijos de don Pedro.

Pero mejor le vamos a dar por la carretera.

Allí le voy a enseñar el pasadero que lleva a la hacienda de don Nacho López y doña Eva de López. Tal vez miremos a don Carmelo Castro y a doña Trina. Muy buena gente esos señores.

- Adiós don Pedro

- Adiós mijo, salúdeme a don Joche.

- Bueno.

Esta carretera es plana, desde Piedras Blancas hasta El Palo Verde. Fue mi papa quien la trazó a mediados de los años 1960, antes de mi nacimiento.

Después de la apertura de la carretera, se construyeron algunas casas. Así pues, Maria Inés Espinal tenía la suya. Allí vivía con sus hijos que desgraciadamente no me acuerdo de sus nombres. Del único que me acuerdo es de Teyo (Doroteo). Ese muchacho quedo casi invalido a causa de la poliomielitis. Y según cuenta mi mama, ella lo ayudó a rehabilitarse con baños de agua caliente y sal de purga.

Ese Teyo era malillo y hacía seguido cosas que desagradaban a mi mama.

Mi mama le decía:

- Teyo, si no dejas de molestar te voy a penquear.

Y Teyo seguía con el mejengue.

- Bueno Teyo, no me vas ha hacer caso, ya vas a ver.

- Virginia, le respondía Teyo, usted solo es pedos y nada que caga.

Y que quería que hiciera mi mama ante una respuesta tan elocuente como esa…ponerse a reír.

Bueno, como le decía, algunas casas se construyeron cerca de la carretera y, más delante de la casa de Maria Inés, había la casa de don Marcelino Corleto y de Lencha.

Esos señores no los conocí, pero mis hermanas visitaban esas casas junto con mi papa. Ellas cuentan que allí había una lora que hablaba y que cuando ellas llegaban, la señora decía a la lora:

- Lorita, Salude à las muchachas

La lora respondia ¸

- Guevos

- Lorita, no sea malcriada, salude a las muchachas.

- Guevos

Y al final nunca saludó.

De esa casa sólo quedan las ruinas en medio de un viejo cafetal.

Más adelante estaba la casa de Constantino Corleto, hijo de don Marcelino, otro que se fue a buscar fortuna a Las Trojes.

Ya casi llegamos. De este roble en la esquina de las tierras de Tano Espinal hasta los límites de las tierras de mi papa, nos queda algo así como un Kilómetro.

Echele mejenga que ya llegamos.

Aquí en este pino encontramos a Roque el Chele bien a maceta, dormido bien socado a ronquido y pedo. Mi papa decidió que esa vuelta la íbamos a llamar la vuelta de Roque. Esa vuelta marca el inicio de la bajada hacia la casona donde yo nací. Allí en el plancito, al nomás bajar la cuesta, va a ver la pilota de cemento que don Cornelio Bustamante construyó para recoger el agua que mi papa hacia bajar por canales de Guarumo desde la fuente.

Mi papa estaba orgulloso de su obra porque decía que su mujer nunca se iba a poner una tina en la cabeza para acarrear el agua.

Al mismo tiempo que la pila, mi papa construyó también unos servicios de cemento para ir a hacer las necesidades fisiológicas y de paso ir a mear.

Así mismo, puso en el servicio un canasto de olotes (sin h como me corrigió Dulia) y un gancho con papel periódico.

Bueno mijo, ya llegamos. Siéntese allí en el corredor a descansar mientras nos comemos la burra de frijoles fritos, tortillas, sal y huevo en torta que nos aliño la Flora.

La próxima… Los habitantes de la aldea

¡Ay nos vemos Güicho oh!

lunes, 15 de diciembre de 2008

¡Adiós Pedro, las cosas no serán iguales sin ti !

¡Adiós Pedro, las cosas no serán iguales sin ti!

Así decía un viejo anuncio de Colgate, en el que Pedro, un diente cariado (negro), se iba y se despedía de los otros dientes sanos.

Hoy, no es un diente sino un amigo, Pedro Rodríguez, que nos ha dicho adiós. El también era negro, pero su gentileza sobrepasaba la mejor blancura.
A Pedro lo conocí en 1972, cuando yo bajaba de la montaña con mi papa. Pedro manejaba en esos tiempos la volqueta Fargo, la azul de la Alcaldía Municipal de El Paraíso.
Debido al color de su piel y a mi corta edad, le tenia miedo, pero con el tiempo me di cuenta que era igual a los demás.
Preguntándole a mi papa quién era ese señor negro, mi papa decía: ese es Pedro Saranda, un buen chofer. Fue uno de los primeros chóferes de don Lencho Molina.
Jobero, decía mi papa, ese bandido le gusta el guaro pero nunca falta al trabajo y tiene más vidas que un gato.
Fijate hombré, que te voy a contar una historia.
Allá por 1968, Pedro tomó un carro y se fue para la montaña, iba bolo, bien bolo. No se como diablos hizo para pasar todas las vueltas de la cuesta de Los Robles pero las pasó.
Atravesó todas los lodazales de El Portillo, y justo antes de tomar la cuesta de la Cascada, Pedro se durmió, el perol que él conducía se desvió y se precipito en un guindo. No hubo muertos, sólo que cuando los vecinos de la cascada y otras personas se pusieron a buscar sobrevivientes no encontraron a nadie.
Pedro había desaparecido. Lo buscaron por todos lados y no lo hallaron, todo el mundo pensaba que se había dado la guinda de miedo de ser juzgado por la pérdida de carro.
Por allí, unos cuatro días después del accidente, Juancito Mondragón un vecino de granadillos, decidió ir a cusuquiar con sus cuatro galgos. Agarró su 22 y se fue. Entró por el sitio La Abisinia de don Juan Benito Mendoza, allí cerca de la casa de don Juan Sánchez. Caminó y caminó siguiendo los perros que tufeaban buscando cusucos. De repente, aquellos chuchos comienzan a latir en el fondo de la cañada. Juancito se dijo “púctala, ese cusuco debe ser tamaña verga” y comienza a correr hacia el lugar donde estaban los perros latiendo.
¡Jodido! Ese fue pedo el que se llevo juancito. Cuando llego al fondo de la cañada no fue cusuco lo que vio. Lo que vio fue un hombre negro herido, y en mal estado. Al principio le dio miedo porque pensaba que eran los Cabos Cantonales que habían hecho la cosa.
Pero agarro valor y se acercó del hombre. Lo toco, y se dio cuenta que estaba vivo y respiraba. Estaba boca abajo y decidió que le iba a dar vuelta.
¡Jodido! Antes de darle vuelta, Juancito se acuerda del accidente de Pedro y allí nomacito se dice. ¡A la gran puta, si este es Pedro hombré! Y efectivamente era Pedro.
¡Lo sacaron de allí amigo! ¡En hamaca! Pedro estaba mal herido y sus heridas habían comenzado a infectarse y en el berenjenal, había perdido algunos de los dedos de uno de sus pies.
¿Y como llego allí Pedro papa?
¡Mirá, el guaro es jodido!
Parece que cuando el carro se fue al guindo, pedro quiso salir hasta la carretera, pero como estaba bolo, en lugar de eso, caminó o se arrastro en dirección contraria y así fue como se encontró posiblemente inconsciente en el fondo de la cañada.
¡Tamaño cusucón el que se hallo Juancito!

Yo creo que después de eso Pedro paró de beber y allí continuo trabajando como conductor de la alcaldía, de don Juan Díaz, de Lencho Molina, de Roberto Martínez y de Joche Izaguirre entre otros.
Por allí en los años 1980 decidió que se iba comprar una Willis un perol viejo de los años 1950. Con ese chunche trabajó acarreando leña para las secadoras de café y leña de ocote del Aserradero Lardizabal , tierra para los viveros, barro para las tejeras, mudando vecinos y vecinas. Ese trajín duró hasta en 1989 o 90 cuando la Willis cansada y Pedro viejo, decidieron que era tiempo de pasar a otra cosa. Esto fue justo después que, bajando la cuesta de Los Tres Pasos, la caja de cambios de la Willis se desajusto y el perol comenzó a bajar la cuesta precipitadamente. Hasta que pedro y su basta experiencia lo hicieron enterrar la nariz en el puente.
En ese tiempo Omar el de Hilda era el ayudante de Pedro.
Ese fregado llego con los pelos mas parados de lo que los tiene, a decirle a Javier (Chito) Méndez, el Hijo de pedro, que había pasado un accidente y que había que ir a sacar la Willis de donde estaba. Chito vino a mi casa y con el perol de mi papa lo fuimos a sacar. Creo que fue el último viaje de café en la Willis achotada de Pedro.

Así pues, con esta anécdota le digo adiós a Pedro.
Pedro de quien yo no se que año nació
Del que no se de donde venía
El que me contó que había sido mulero de Pedro Sabla y de Abel Valladares
El que pasó de mulero a conductor
El que bebió guaro y amó el Fútbol
El padre de Juan Cuco, Toño Mogo, Chito, Chita, Franklin, Mario, Dilcia, Marta, Maritza…
El Marido de Carlota Merlo.
El hombre que siempre encontró algo que hacer de mulero a conductor y de conductor a vendedor de ropa (a bugonero como decía Carlota).

¡Adiós pedro, Las cosas no serán iguales sin ti!

miércoles, 3 de diciembre de 2008

¿Un cuentecito antes de irnos?

Venga hombre, hágase para acá…

¡Mirá chigüina! Anda comprate un pan cuco y decile a tu tía que ponga el café.

Este mi alero, tiene que probar la invención de Juan el de Carlota Merlo.

¡Andá, apurate!

Ya va ver, una buena tasa de café caliente y unos cuantos panes de la panadería Tábora “onde el pan es más mejor” le va a caer bien. Eran caballos esos locutores de la Paraíso para decir pencadas.

¿Entonces primo?… ¿Nos peinamos o nos hacemos rulos?

Espero que no esté cansado de tanto caminar y que haya disfrutado del trayecto de la carretera de Las Selvas.

Lo llevé rápido, y no tuvimos tiempo de visitar a Nayo y doña Rosa. Otra vez que vayamos lo voy a llevar por allí.

También espero que el perro de doña Tona no lo haya visto pasar. Ese chucho hijo de 70 mil pares de zapatos es feróstico, como decía Tunino Merlo.

Ahora que está de regreso en el pueblo y que sus pulmones comienzan a estar llenos de polvo, le propongo que vayamos mañana a dar una vuelta por el lado de Las Dificultades. ¡Lindo nombre!...

Ese nombre, viene posiblemente de la dificultad de acceso que otrora experimentaba esa región de Honduras. Es un terreno quebrado de tierras arenosas, poco fértiles y aptas para las actividades silvícolas.

¡Putala! No le digo pues, a veces me da por hablar como Petilla Martínez.

Como le iba diciendo…

El paisaje es diferente al de Granadillos, hay mucha más vegetación, las cuestas son menos inclinadas y hay menos casas a la orilla de la carreta.

Mi papa y mi abuelo fueron unos de los que llegaron un poco después de los pioneros. Mi abuelo se había comprado unas tierras al mismo tiempo que algunos de sus hermanos y amigos, allí nomás en los Volcanes, una aldeita entre Los volcancitos y Las Dificultades.

Así pues, las fincas de La Arabia, La casa de Zinc y los sitios de El Sauce, Los mangos y otros pertenecían a mi abuelo. El Brasil, pertenecía a su hermano Emilio, El plan grande a don Alfonso Paguaga y otros dominios pertenecían a hermanos o primos de mi abuelo o a otros propietarios, como don Pablo Irías, Daniel Salinas, Miguel Becerra o a la Excao entre otros.

La Finca la Esperanza, en el Palo Verde… si la misma de don Joche, mi papa, partencia à Rafael Molina, un primo de mi abuelo.

Hasta tarde en los años 1950, ninguna carretera comunicaba el pueblo con las Dificultades. La gente se movilizaba a pié o a caballo, utilizando las veredas abiertas por los Pioneros durante la primera mitad del siglo XX o posiblemente antes. Esas veredas en general eran llamadas Caminos Reales, puesto que aún si atravesaban tierras privadas, ellos no pertenecían a nadie. En general eran suficientemente anchos, donde el terreno lo permitía, y podían pasar una mula cargada y uno de a pié al mismo tiempo.

Mi papa cuenta que allá por los años 1950, en la época de lluvia, y sobre todo los sábados, mucha gente bajaba al pueblo desde la montaña. Mucha de esa gente bajaba a pié, y según dice mi papa, la gente y sobretodo las mujeres, se echaban unos tapirulazos de cususa o de chicha con puro mascado y calzón de vieja, para agarrar valor y entrar en los lodazales que habían en los caninos. Los caminos eran transitados también por recuas de mulas cargadas que hacían fangales en los senderos.

Dice mi papa que los que tenían dos mudadas ponían una limpia en el saco y se iban con la vieja para el pueblo. Al nomás llegar a los Tres Pasos, se lavaban las patas y la güevera, sacaban su mudadita limpia y se cambiaban de ropa. Así, cuando llegaban a la pulpería de doña Isaura Rodríguez o a la Fronteriza de Tito Alemán, la gente se miraba más limpia.

Las mujeres, además de llevar en el canasto calaches a vender (pollos, gallinas, huevos y otros perendengues) también llevaban sus trapitos limpios.
Los hombres que no tenían más que un chiringo, según lo que cuenta mi papa, se quitaban el pantalón, los zapatos o los caites y se metían al camino, chuña y en calzonillos (no en calzoncillos).

De regreso a la montaña, no había ningún problema. La gente, después de haber recibido el pago de la semana o de haber vendido la gallina, se guardaba un pistillo para ir a comprarse unos cuantos cachimbazos de yuscatonic donde Toña la Pelona, donde Lupe Pastor o donde Martina, allá por el barrio de los calvos. Una vez medios a maceta, tomaban el camino de regreso. Algunos, que habían empinado mucho el codo, perdían todas las compras en el camino, y los otros se decían que era la última vez que bajaban al pueblo.

¡Esos días eran perros!

Suerteros los que “eran preparados y tenían su pistola, su caballo o su diente de oro” como decía don Pedro Sosa.

Ahora tenemos suerte porque podemos viajar en carro. No se quien viaja ahora por esos lados, pero en los años 1980 se podía ir a esos cachimberos en el carro de mi Abuelo, que conducía Moncho el de Chon, o en el Kiamaster achotado de Rafael el Muco, o en el Daihatsu con retorno del agua de Adán Pimpinela, o en la Toyota de Loño Rodríguez el hermano de Marcos Escoba, o en el Ford de Rosona, o en el GMC rojo de don Canacho Sosa, o en el camión de Manuel Calunga.

La última vez que fui por esos lados en 2005, el único chunche que ví, fue el de Juan Gallina el hijo de Coloradilla.

Pero le aseguro que la única manera de apreciar mejor la papada, es caminando y “gastando… gastando plantilla de zapatos” como decía Toñito Tercero…

Bueno, ya no lo molesto más. Tómese su cafecito y haga sus maletas, que mañana me lo llevo por la ruta de Las dificultades.

jueves, 27 de noviembre de 2008

El itinerario del la carretera de Las Selvas


La carretera de la montaña es el único camino para comenzar este viaje. Esta ruta comienza a la salida del pueblo, allí nomás en la ENEE (Empresa Nacional de Energía Eléctrica). Sólo que en lugar de tomar rumbo a Río Arriba, agarre a la izquierda y siga derecho por los Tres Pasos, pasando por la colonia San Juan. Con seguridad pasará frente a la casa de don Emilio Zúniga y verá las ruinas de la casa de Moncho Pirilanga.
Atraviese el puente de los Tres Pasos y siga la carretera hasta el final de la cuesta de los robles.
Allí, tenga cuidado porque la cosa se pone difícil.
Justo antes de terminar la cuesta, llegue donde Juancito (el de Maria La Chaparra) y pregúntele por donde es más fácil de llegar al árbol color de clorofila. Porque, como le dije, a partir de allí puede coger la carretera que va para Las Dificultades (otro itinerario que le contare mas tarde) o la que va para Las Selvas. Si es liberal y que admira a pajarito, (Ramón Villeda Morales) seguro que se va ir por las Dificultades, pues fue pajarito quien abrió la carretera a petición, según dicen, de mi abuelo.
Hoy tomaremos el itinerario de la carretera de Las Selvas. Esta lo llevará hasta le desvió del camino construido en los años 1980, a partir de la idea de mi papa, y la colaboración de todos los miembros de la comunidad paloverdeña.
Antes de llegar a ese desvió, pasará por lugares paradisíacos, El Portillo por ejemplo, de donde puede divisar la polvareda del Pueblo de un lado, y los vestigios de la casa de Moncha la Negra y de Chelinno, del otro.



Luego, bajando la Cuesta de la Cascada, puede divisar las plantaciones de café y los destrozos que los ganaderos y los explotadores del bosque han hecho a las montañas.
Los desastres más impresionantes son los sufridos por los de los cerros que se encuentran a su derecha, en las estribaciones de la sierra de Dipilto. Algunos de ellos obra y gracia de mi querido abuelo.
Bueno, siga bajando la cuesta, después de la gran curva, y al final del plan, verá la vieja casa de doña Mirtala Mendoza. ¡Deténgase allí! Mire lejos a su izquierda y verá las casas de Lucas Moncada y de Chinda, así como la finca de don Chendo Molina.
Después de haberse refrescado la vista con tan hermosos paisajes, siga su ruta y prepárese a pasar primero por la casa de Juancito Sánchez y luego por las casas del Ojo de Agua de Beto Duarte y de Juancito Mondragón. Un poco más lejos verá la casa de Don Cayo Rodríguez. Como guía, le recomiendo que se de una pasadita por allí y talvez Polín y su hermano Blaz le interpretaran un arranca pezuñas con guitarra y mandolina.
Siga bajando la cuesta hasta encontrar la vieja casa de don Felipe Gonzáles (donde vivían Amparo, Cristina -la novia de Tano Mendoza- y sus hermanos).
Allí tiene que pararse.
Baje la cuestecita y mire a su derecha. Allí verá la vieja casa de Don Toño Mendoza y de doña Juana Mondragón, señores que son parte de mis recuerdos de infancia, y de los cuales les prometo hablar un día.


Pero lo más importante, es que de allí puede ver la Finca la Esperanza, propiedad de José Izaguirre, donde su servidor vino al mundo.
¡Oy usté, ponga cuidado!
Lo maravilloso de este viaje es que usted tiene varias vías para acceder al mismo lugar. Todas parten de un mismo punto…la hermosísima ciudad de El Paraíso, fundada en el último cuarto del siglo XIX.
¡Pélele el ojo a don Tito!
Porque, desde donde don Felipe, si va a pié, puede agarrar el sendero que baja la cuesta de don Toño y seguir hasta la Jilguera y de allí hasta la casa de don Joche Izaguirre, o seguir recto por la carretera.

Bueno, digamos que se va por la cuesta de don Toño.
Después de despedirse de Godo y don Pipe, baje la cuestecita, abra la puerta de golpe a su derecha, o pásese debajo del alambrado. Siga el sendero y pase por donde don Toño… talvez le cuente una perra.
Tome nota que el sendero de la cuesta de don Toño se termina en un cruce de caminos casi en frente de la casa de Sebastián Salinas.
Fíjese bien, porque en el cruce de caminos está la cruz del descanso del muerto que no me acuerdo como se llamaba. Téngala en cuenta, porque de allí tiene que darle hacia la derecha. Camine aproximadamente medio kilómetro y gire a la izquierda. Baje hasta la quebrada y dele cuesta arriba hasta el potrero de El Barrial, y sígale hasta la casa de bloques de cemento de don Joche Izaguirre. Llegado allí, pídale agua al cuidandero y siga. De allí, le quedan dos minutos para llegar a la casa vieja que reemplazó aquella donde yo nací.
Le cuento (como dijo Anita Vallejo), que durante ese camino, al nomás bajar la cuesta de don Toño, usted puede ver la casa de Alduvín Mendoza y los vestigios del horno y de la casa de don Cornelio Bustamante. Más abajito verá los vestigios de la antigua casa de don Toño Benito Mendoza.
Después de haber pasado la cruz y la quebrada, escondidos en una meseta a su derecha, están los vestigios de la casa de Cresencio Midence, la misma casa donde uno de sus hijos murió de tétano en 1971.
En la casa de bloques hay otro monumento, el horno, que mi mujer y yo construimos en 1990 para cocer el jugo de la caña de azúcar de la pequeña plantación de mi papa.
Si quiere ponerle mas salsa a su viaje, regrese a la vieja casa de don Felipe y siga la carretera hacia Las Selvas. Eso le permitirá atravesar la aldea de Granadillos y toparse con la casa de Chelino. En esa casa, años antes, uno se podía echar una juca (Cerveza) o un pijazo de chicha o un octubre de Yuscarán, contemplando al mismo tiempo la escuela en la loma o las flores de Floricunda.
Sígale más para abajo y pasará por la casa de don Héctor Sandoval. De este punto podrá apreciar lo que queda de las viejas pinedas de don Juan Benito Mendoza. A su izquierda, levante la cabeza y mire los cerros de la Unión y de las Nubes donde, según dicen, se escondían Los Piña.
No se pare mucho tiempo, que se le va a hacer tarde y no podrá pararse donde Magín Arriola. No podrá tomarse un fresco ni contemplar, si aun esta allí, la belleza de Santos o la de su hija, ni apreciar la taciturna voz de Águeda.
La casa de Magín queda a su izquierda en un plantel en flanco de montaña, y de la carretera, sólo se le mira el techo.
A partir de allí, sólo le queda bajar un poco más… una curva a la izquierda, otra a la derecha, otra a la izquierda, y allí nomás esta el desvío hacia El Palo Verde.
Si viaja en la Toyota de Eduardo Coyote o en el Datsun de Roberto Osorio o en la Toyota de Isacio Rivas, pídales que lo dejen allí en el desvío.
Siga a pié, atraviese el puente Calzón Blanco (si aun existe), ese que construyó don Chema Baqueano. Atraviéselo y disfruté del olor de las flores de heliotropo. Si mira al suelo, tal vez verá algunas frutas de Tapaculo. No le de miedo, pruébelas… le van a gustar.
Camine un poco más y llegara a la casa de don Sixto Gaitán. Seguro que si llega allí, doña Gloria o don Sixto le ofrecerán una buena taza de café de palo.
Descase un poco, porque le queda subir toda la cuesta hasta la casa de Cariaco Merlo (hijo de la chinchirruta y hermano de Pascual), no sin antes pasar por la casa de Emilio López, que está a media cuesta. Donde Milo, si no ha vendido su cosecha de naranjas de bejuco (se les llaman de bejuco por que se venden aun antes que el árbol florezca, también hay café de bejuco), posiblemente podrá gustar las mejores naranjas de El Calentadero.
Dígale à Milo, si lo ve, que aun me acuerdo que un día me regaló un palo de naranjas cosechero y que un día, si tata Chu lo permite, iré a pedirle unas cuantas naranjas.
Dejemos las naranjas y continuemos.
Pasando por la casa de Mundo el sordo o Mundo el de Martina o Mundo puto, en fin, Raymundo Segura Maldonado, sígale recto y no se pare. No coja a la izquierda, siga recto. Posiblemente que el perro de Ciriaco le va a ladrar y que doña Petrona va a gritar… ¡y diay chucho hijo e la madre! Y el perro va a parar o se sentirá tan insultado que lo va a morder. Sobre todo… ¡no corra!
Siga su canino por una carretera plana hasta la esquina del limite entre las tierras de mi papa y las que antes eran de Toñito Tercero. Párese un rato, mire hacia abajo del cerro y verá las ruinas de la casa de los Aguilar, y las de la casa de Moncho Castro. Si ve para arriba del cerro, vera el lugar donde se encontraba las casas de Santos Oliva y de Tina, al mismo tiempo que el lugar donde existió la casa de Pedro Oliva.
¡No se raje! Ya casi llega.
De allí donde está, métase por el pasadero de la finca de café, siga la vereda, baje la cuesta hasta la quebradita, tómese un poco de agua en un cartucho de hoja de malanga y comience a silbar para que la gente sepa que esta llegando.
Al salir de la finca verá la casa que remplazó aquella donde nací el en 1966. Verá el patio de cemento para secar el café, la tolva y las pilas del beneficio de café…
Vaya a la llave, ábrala, mójese la cara y dele gracias a Dios por haber llegado.

Próximo itinerario… la carretera de Las Dificultades















miércoles, 26 de noviembre de 2008

¿Cómo comenzar este asunto? O ¿para donde putas vas?

Si el propósito de esta página es de dar a conocer algunos pormenores de la vida de un caitudo, en este caso yo, creo que hay que comenzar por el principio.
Les contaré el primer capitulo de una serie de eventos que hacen parte de mi vida.
No trataré por ningún punto de ser objetivo o presumir que todo lo que digo cierto, bien sabemos que la memoria a es selectiva. Bien sabemos que ella retiene solamente las partes de lo vivido que ayudan a soportar los hechos y a tejer una red de circunstancias que le dan sentido a nuestra propia existencia. Esa red como, todas las redes, tiene agujeros, hilos y nudos y de hecho, si no la guardamos bien, se enreda. Imagínense entonces las consecuencias.

En el caso de mi chinchorro, creo que esperé mucho tiempo y las cosas que contaré se han diluido en más de 100 años de historia. Misma que se contara de manera simple y sin alardes puesto que nunca aspiré a ser escritor. Nunca aprendí a puntuar ni a conocer la gramática de base.
Mi lengua, es la lengua del criollo que se educóen una escuela de criollos. Así pues, no esperen por ningún punto encontrar literatura en mis líneas. Sólo oigan y lean al perrero que trato de ser, porque ni eso creo que soy.


¿De donde vengo?

De lejos, tan lejos, que ya ni se donde comienza mi historia.

Por allí mi mama (sin tilde porque así la he llamado toda mi vida) dice que su apellido Escalante viene de Italia, que Martínez, Pineda y Mondragón vienen de España y que soy un poco negro como mi tío Mariano porque uno de mis abuelos era zambo. Y que soy trompudo porque todos los Martínez lo son.

Mi papa (sin tilde porque la que tenía se la robaron los mucos) dice que el no sabe si sus abuelos eran negros cheles o indios. Sin embargo la familia del lado de mi abuelo, se siente orgullosa de ser española con pedigrí. Ellos son Corrales, Molina, Calderón, Mendoza, Sandoval, Tercero. Pero mi papa es Izaguirre. Según él, el apellido Vasco que porta es regalado. Un hijo natural de su bisabuelo (Sandoval Tercero) adopto a mi bisabuela y le dio su apellido Izaguirre.

En resumen, puedo decir con orgullo que soy hijo de la humanidad, puesto que hace muchos pero muchos, muchos años, en algún lugar de Centro América vivían mis ancestros indígenas. No sabré decir con exactitud si eran agricultores o cazadores. Sólo que eran indígenas probablemente Chontales, Lencas, o simplemente indios cheles del sur de Honduras.

Hace también mucho tiempo y posiblemente mucho más del o que pensamos, otros de mis ancestros se paseaban semidesnudos en las costas del oeste africano y en las islas del Caribe, mientras otros de mis predecesores se pavoneaban en algún puerto italiano o español o en alguna prisión española.

Así es la cosa, mi existencia y la de mi familia es la mezcla de todo eso. Es la mezcla de conquistadores, de conquistados de reemplazantes de almas y de cuanto más se le pueda aumentar al mestizaje.
Mi persona es la imagen y semejanza de todos los patudos latinos. Es la imagen de todos los hijos naturales de una patria construida con retazos de otras.

Como muchos nací en un punto de Honduras que ni Google Earth muestra. Con un nombre tan original que ni monumento se le puede hacer por que con el calentamiento global ya no quedan muchos. Mi aldea se llama El Palo Verde.

Es una aldeita está rodeada de otras con nombre tan originales como el suyo. Las Flores, El Cacao (el cacago, como decía doña Luisa Sosa), Los Granadillos, Los Volcanes, Las Dificultades y Quebrada Negra entre otras.

En las próximas paginas les haré un itinerario guiado desde la polvosísima ciudad de El Paraíso hasta la siempre verde, Salvo en el verano, aldea de El Palo Verde.

jueves, 13 de noviembre de 2008

He aqui una presentacioncita...


Hace algún tiempo que quiero poner por escrito los orígenes de mi familia y los míos.

La tarea no es nada fácil puesto que es muy poco lo que mis padres conocen sobre sus propios ancestros. En cuanto al acceso a los documentos genealógicos, bueno,  tendré que esperar llegar al infierno, puesto que los archivos de Honduras y de Nicaragua han servido a atizar sus llamas.

Estas páginas las pongo en la red con varios propósitos:

El primero y fundamental, es que mis familiares más próximos puedan conocer un poco de mi historia y posiblemente un poco de la suya propia.

El segundo propósito se dirige a toda esa familia que no conozco. A la cual le pido que si por casualidad caen sobre estas paginas, no se detengan y pongan un grano de arena sobre esta pirámide.

Por último, espero que los otros caitudos que tienen un transcurso de vida parecido al mío, se identifiquen y piensen que a veces es penoso el no poder decir de de donde venimos.

Entonces pues, allí fue donde la burra petatió a Genaro.

Continuará...

martes, 4 de noviembre de 2008

Primer empujón

Bueno,
El primer intento de lo que pude ser toda una biografía comienza aquí.
Un poco más en los días a venir.

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