viernes, 10 de enero de 2025


El que agarra consejo no se hace pendejo y llega a viejo.

De nuevo les entrego otro capítulo de la vida de mi viejo. Esta tiene que ver con una cicatriz que él tiene en el pecho.  Esa cicatriz atraviesa su pecho desde la tetilla izquierda hasta cerca del ombligo. La parte superior tiene algo así como un centímetro de ancho y disminuye a medida que desciende hacia el ombligo. Ese surco  bien clarito como diría Mejía Godoy, es uno de los recuerdos probablemente más negros de la vida de mi papa, pero para mi es uno de los mas gratos.  Sí, parece contradictorio, pero los recuerdos que yo tengo de esa cicatriz es la  de las tardes en la montaña cuando después de la jornada mi padre se quitaba la camisa y  se quedaba sentado en su silla verde en  el corredor de la casona. Yo me sentaba en sus piernas y jugaba con la vellosidad de su pecho siguiendo la huella de esa cicatriz hasta dormirme.

Bueno pues aquí les dejo con don Joche

Cuénteme la historia de la cicatriz que tiene en el pecho

Esas cosas… eso fue… ¡Mira ve! Francamente yo estoy vivo porque de verdad Dios… Pero esa cosa que hizo ese hombre… Que en paz descanse ¡Carajo! Andar yo cubierto con una chumpa, con camisa, camiseta y me a traspasado…  Pero te voy a contar desde el principio…
Pues ese hombre, era el mozo (peon) más de confianza que había allí. Cuando yo llegué  en 1953, allí lo hallé,  él y otro peón… Elías Vásquez y Colacho (Nicolás) Mejía. Con ese Colacho Mejía hicimos ese cofre que esta allí… ( muestra el cofre de cedro del cuarto de mi mamá)
A pues y  allí se llevaba el hombre, Maximino se llamaba, trabajando y ya cuando se llegole día de… un 19 de marzo, decidieron de festejar ese día, no a nombre mío, hicieron un rezo porque era el día de San José…
Bueno, yo estaba allí viéndolos el movimiento, estaban rezando, luego comiendo  y luego con unos violines tocando allí. Estaba bien bonita  la reunión. Entonces digo yo luego… yo pues me voy a ir a acostar dije yo. Me fui para dentro donde dormía yo. Ya me quité la faja de la pistola y  ya la puse así en la cabecera de la cama me desvestí y me acosté. Todo quedaba en calma.

Al momento de estar acostado se alborota aquel hombre (Maximino) y oigo la bulla… enojado con la señora y gritando y …
¡jobero…! ¡Vaya caramba!  Dije, tan bonito que estaba eso. Yo me voy a levantar y me visto otra vez y me fajo la pistola. Entonces salgo yo à hablarle al hombre y le digo: ¡Hombre Chimino! mirá como estaba de bonito el rezo, Vos mismo estabas llamando a la gente que vinieran a comer… y ahora esta corrompiendo… arruinando la fiesta… 
Chimino seguía revuelto, y en eso que yo le estoy hablando, otro bolo que venia abajo por el camino real gritando… y se  reconocen los dos bolos y se contestan unos y otros, insultándose y aquel venía bolo también…

¡Y juep…! ¡Vaya pues! Entonces, vengo  yo y dejo de atender a Chimino y abro el portón del camino real y salgo a hablarle al hombre que venia, a decirle que no le hiciera caso y bueno un poco de cosas pensaba yo decirle para evitar el pleito. Entonces detrás de mi sale Maximino también a encontrar al otro hombre que venía por el camino real. Cuando yo siento que Chimino se venía, entonces me regreso y ya no busco hablar con el hombre que venía, sino que trato de atender a Chimino que venía loco buscando pleito, volando machete.

Entonces me regreso… yo llevaba foco también pero lo tenía apagado. Cuando me doy vuelta y que iba a decirle ¡Hombre muchacho,  Chimino no te salgás¡  a decirle eso iba yo cuando sentí el tarrajazo que pego en un travesaño de la puerta  y  a pesar de eso me a garro el pecho la punta del machete. Me hubiera sacado el corazón si me hubiera agarrado de lleno. ¡Ay hombre! Y me miro  el chorro de sangre… ¡Ay Caramba!  y le digo: ¡ya me mataste hijueputa!  Y le pongo el foco  y le pongo la pistola por un claro de la puerta ¡Jodido! Era un cuete que tenia yo… y el hombre se queda parado… Yo no hallaba que hacer, mirando al hombre.
Pensando  que lo iba a matar y que me iba a ir y que mis familias en Honduras me conocían poco, iban a decir que yo era un hombre malo y que aquí y que allá… en un momentito le di vuelta al mundo e hice maletas, pero en segundos… hombre mira, hice maletas, y pensé todo eso… Entonces dije yo ¡voy a pensar!  Le voy a ordenar que vote el machete si no vota el machete lo soco. Y le digo: ¡Votá ese machete! Y lo ha votado, amigo.
¿Verdad que no lo podía matar?  Pero si hubiera sido otro lo mata. Porque así me decían muchos… Yo lo hubiera matado…

A pues y le digo: ¡vota ese machete!  y lo ha votado y en eso que venia el mandador que tenía yo allí que se llamaba don Salomón Salgado y le digo: ¡Recoja ese machete y amaren a ese hombre! Y no lo podían amarrar y así herido votando sangre tuve que ayudarles a amarrar a Chimino.  En eso viene el mismo señor (don Salomón) y deshoja una navaja y se iba ir por detrás a  degollar al hombre  y le ordeno yo ¡No! Le digo  yo, así herido ¡No lo mate Jodido! No lo mate yo y usted lo va hacer ¡No! ¡Vote esa navaja! Y me hizo caso el hombre.
Entonces amarramos a Chimino al pie de un pilar, allí bien amarrado.

Después le mandé hablar al alcalde auxiliar para que se hiciera cargo de él. Yo me fui a acostar y ya corrieron y la mujeres me untaron unas cosas allí y en la mañana me vengo, bueno me traen al pueblo… y aquella cosa y ya luego pues  llevaron al juez a periciarme a mi. Y  ya me inspeccionó y todo y ya le platiqué yo el  asunto que no lo había matado. Por eso si no vota el machete creo que lo hubiera matado y a saber donde estuviera ahora y el estuviera muerto. Pero se me vino a la mente de ordenarle al hombre que votara el machete porque lo tenía  encañonado. Pero lo voto. El juez me abrazo y me dice: Lo felicito, me dice  eso es de hombre me dice…
Imaginate, bueno allí ya me estuvieron mediqueando allí donde mi papá y me atendieron y ya cuando me mejoré bien mejoradito  me fui otra vez para la montaña.
Entonces el hombre cayo preso de oficio, porque yo no pedí nada contra él (el hombre estuvo preso varios meses). Entonces me venían a decir a mi que decía Chimino que sola mente que no saliera de la cárcel no se desquitaba esa carcelada  ¡jodido decía yo!
¿Ya me entendés que quería decir con eso verdad?
Que saliendo de la cárcel me iba a hacer algo…
Ah pues allí estuvo y estuvo preso… 6 meses estuvo.

Allá al tiempo se llego el momento que  salio, y yo no me doy cuenta. El terreadero de él era por el lado de El Chorro (otra hacienda de mi abuelo, distante de la hacienda donde vivía mi papa).
Un día me toca ir a ver un ganado al Chorro y miro un hombre que viene caminando a mi encuentro.  Pero antes  de  toparme con el, ese día yo traía la pistola camiseada y no al cinto. La mula se había pegado un embrocón  y allí se me cae la pistola y no me di cuenta.

Entonces  acolumbro al hombre come a cien varas ¡ay jodido!  Y el hombre venia con el machete cruzado sobre la nuca. ¡Jodido! digo yo, allí viene ese hombre y me toco la cintura  buscando la pistola y nada… Arriendo la mula y doy la vuelta para atrás a recoger la pistola. Este jodido va decir que me corro yo  (ríe) pero yo voy a ir a buscar esa pistola.  Me regreso, y cuando llegue el punto allí estaba la pistola. Me apeo de la mula y me la camiseo y me regreso a encontrar al hombre.  Entonces cuando iba a cierta distancia  le hablo… Como a unas 15 varas antes de encontrarlo. Y le hablo:

- Aja hombré  y me paré. ¿Así es que ya saliste?
- Ya Salí me dice
- Hombre pues fijate le digo que aquí me han venido a decir, que vos decís,  que solamente que no salieras no te desquitabas esa carcelada. Pues aquí va ser el punto, le digo, que te vas a desquitar, le digo yo. Y ay vos sabés.
Pero por favor no te vayas a arrimar más. Aquí estamos, bueno y sano estas vos y yo también.
- No, me dice, si yo no he dicho nada ni tengo nada pensado de malo para usted. más bien, me dice, si me da trabajo otra vez, yo voy a trabajar para usted.
Te doy, le digo, te doy. Si es así que lo pensás.  Pero eso si, que no te voy a querer ver bolo, con esa condición. Si eso prometes llegue a trabajar el lunes.

Pues así fue, llego el lunes  (ríe). Y cuando llega el lunes,  lo mira mi papá y me dice: ¿Bueno, y ese hombre?
Allí, vino, yo le di trabajo, le digo yo.
¡Jodido! Me dice mi papá ¡Tenés güevos vos! Pero no te confiés, me dice.
No, si ya le hablé y todo  y él sabe.

Pues se portó bien el hombre conmigo, bien pero bien, bien, bien, bien se portó conmigo.

Pues hombre… Allá en una de esas me fui a dar una vuelta allá por Nicaragua a ver la familia. En esos medios le pega Chimino una cinchoneada aun  cipote, jovencito aquel chigüín. Isidoro se llamaba el muchacho.  El cipote se dejo pegar pero la cosa no se quedo así. El muchacho afiló la guarizama  en una piedra y la afila bien afiladita.
Y dice el muchacho: Hoy lo vigeo.
Y así fue. Le salio  por el camino por donde venia Chimino, cuando lo vio le dice:
¡Aja  hombré! ¿No estás enojado por lo que te hice?
¡No hombre le dice!  No estoy enojado.
Pues vení para acá le dice  vamos a echarnos un trago.
Y agarran… cada quien con su machete,  platicando en el camino. Aquel cipote le iba vigiando y le iba vigiando, hasta que llego al punto. Y en un descuido de Chimino le apeo la cabeza de un solo machetazo.
Así terminó Chimino.
A mi regreso ya llegué donde mi papá y allí estaba la mujer de Chimino  que se llamaba Chila herrera. Y le digo aja Chila.
Pues mire lo que nos pasó hace poco venimos de enterrar a Chimino, lo mataron.

Por eso yo siempre les digo. Es malo maltratar a los cipotes… Con una mala mirada que le pegue uno a un cipote, esa mirada lo puede marcar y ponerle ideas en la cabeza.
Mi abuelita ami nunca me pego y me pego una vez, injustamente me pego. Yo tenia un compañero y vivíamos allí cerquita, y había un muchacho  que tenia una propiedad y al pie de la propiedad había un pozo donde íbamos a traer agua y detrás del cerco el hombre tenia una mata de maíz y esa mata de maíz echó un elote y ese elote a saber quien se lo desgajo y se lo robó. Entonces el propietario Juan José Macareño me echa el muerto ami que yo me había comido el elote. Le pone la queja a mi mamita. Entonces mi mamita me dice: Venga para acá. ¿Por qué ha hecho eso y por qué anda tocando lo ajeno? Y me soca… injustamente… 
Yo con ese hombre nos hablamos pero todo el tiempo le tuve aquel rencorcito  de esa cosa  que me arrimo, de haberme comido ese elote.

Allí pues tienen ustedes la historia  y es a ustedes de sacar la moraleja, la mía ya la pus en el título.

Un abrazo.

domingo, 2 de enero de 2022

Anécdotas puntuales o puntudas -5 (Tercera parte)

Entramos en 2022, tío conejo sigue vivo y el caitudo recuperándose de un COVID-19 bien jugoso.

Me estaba cortando las uñas de los pies, mientras el COVID me tenía doblado en la cama, y cortándome la uña del dedo chiquito me acordé de otra pasada de tío Conejo que contaba mi papa. Me acorde del pujido que pegaba mi papa contándola y decía:

-          ¡Juummm! ¿Quién me toca el dedo chiquito?

La jodida es que me acordé de eso, pero no del principio el cuento cuento. Así que tuve que recurrir a nuestro fiel amigo internet y me di cuenta que a ese cuento no es fácil seguirle la huella. Sin embargo, como de costumbre en muchos casos, son los extranjeros quienes han guardado nuestros archivos. Es el investigador alemán Walter Lehmann (1878-1939) quien nos deja una de las huella más viejas de ese cuento plasmada en papel, en su artículo: Tiermärchen aus Costa Rica. Ausdem Nachlass veröffentlicht von Gerdt Kutscher (Cuentos de animales de Costa Rica. publicados por Gerdt Kutscher). Lehmann recorrió, como el conejo, todo Centroamérica, a él se le deben muchos de los vocabularios de lenguas autóctonas del istmo, ahora desaparecidas o casi desaparecidas como es el caso de del Matagalpa, el Subtiaba y el Rahma, entre otros.  Lehmann en buen colonialista también hizo excavaciones y muchos de su descubrimiento fueron trasladados a Alemania. Sin embargo, no estamos aquí para hacer su juicio. Lo importante es que él recopiló allá por 1907, una serie de cuentos en la provincia de Cartago en Costa Rica entre ellas la del dedo chiquito, que aparece de forma anecdótica.

Otra referencia a esa historia nos viene de la tesis de Maestría en literatura de le Fabian Antonio Rodríguez Baltodano: Rescate de tradición oral en cuentos y leyendas en el Municipio Jicaral, Departamento León. Está tesis -muy pobre en bibliografía, por cierto- nos da una versión del cuento de tío Conejo, contada por Guadalupe Baltodano. La manera en cómo este cuento es contado, tanto en Lehman como en Baltodano, es simple. No existen detalles de trama y suspenso como en los cuentos recopilados por Cuadra o en los cuentos de La tía Panchita, por ejemplo.  Lo que nos importa, a fin de cuentas, es que gracias a esas dos versiones logramos recordar lo que seguía después del pujido de don Joche.

Allí les va pues otra de tío conejo. contada por Papita Joche como le decían todos los cipotes del barrio a mi padre.

Tío Tigre y los tres del arriero.

La temporada de cosecha de café estaba llena actividades. La casa se llenaba de corteros, las mulas iban y venían, había rosquillas pan dulce, navidad y año nuevo, estrenos, etc. Pero también era la época de los fríos y el momento ideal para atrapar gripes, resfriados y fiebres.

Yo era experto en atrapar todo lo que pasaba, siempre andaba con mas garrapatas que el Terris, con granos en todos lados y me daban unas gripes con unas fiebres que mal Rayo lo abra, como diría Rigo el de Silveria. En esos achaques estaba, acostado en una cama saliendo de una sudada de calentura. Mi mama había hecho un té de hojas de naranjo agrio bien fuete y me había dado una de esas pastillas Colmen (Conmel), como decía Mingo Duarte, me había envuelto en una sábana y después en una cobija para hacerme sudar. La fiebre subió al punto de tener desvaríos y alucinaciones. Antes de darme el tratamiento yo miraba la cara de preocupada de mi mama y que iba y venía atendiendo todo lo que le tocaba. Vendiendo sus productos, llevando cuentas, ocupándose de alimentar a los de la casa, a los mozos y las gallinas, seguida paso a paso de mi hermana Griselda que le ayudaba en todo.

Pegué una sudada perra, me dormí y cuando me desperté ya la fiebre había bajado. Me desenvolvieron y cambiaron las sábanas mojadas. Era de nochecita ya cuando oí el tropel del caballo, me alegré, era mi papa que volvía del pueblo. Oí el sonar de las cadenas del freno cuando el viejo le quitaba el bocado al caballo y el ruido de las espuelas yendo y viniendo mientras le quitaba las arganillas y luego la coraza al Moro.

Griselda entró en el cuarto y me dijo:

-          Ya llego mi papa. Trajo cosas del pueblo, está cenando.

Yo me quedé esperando en la media penumbra del cuarto, buscando en las paredes de adobe los ojos de santa Lucia (pedacitos de pirita de hierro que reflejaban la luz y que a nosotros nos decían que eran los ojitos de Santa Lucia que nos cuidaban del Malo).  Al rato entró mi papa…

-          ¿Aja Mijó?

-          ¡Buenas tardes papa!

-          Buenas… ¿Cómo te sentís? ¿Ya comistés?

-          ¡No! No tengo hambre

-          ¡Coma, jodido! Que enfermo que come no se muere.

-          ¡Coma! Que si no come se va tirar los tres del arriero como tío Tigre.

Una sonrisa débil apareció en mi cara. Mi padre, aunque severo y rígido en muchas cosas, tenía también el don de hacerte reír, aunque te estuvieras muriendo.

-          ¿Papa, qué es eso de los tres de arriero?

-          Coma y le cuento, usté cree que soy hijo de vieja tonta p’a contarle cuentos sin habérselo ganado.

Se levantó de la orilla de la cama y se fue.

Al rato entró mi mama con un machito. Una bola hecha de tortillas recién hechas cuando aun están calientitas deshechas, mezcladas con caldo de frijoles, frijoles deshechos y cuajada fresca. Se amasaba todo junto y se formaba una bola a la que mi madre llamaba un machito.

-          Tome mijo, cómase este machito.

Y me empezó a dar pedacitos en la boca, acompañados de traguitos de café tibio. Yo comía sin ganas, pero mi papa decía que enfermo que come no se muere y güechos que yo me quería morir. Además, yo quería saber quera aquella babosada de los tres del arriero. Me volví a dormir.

Cuando desperté allí estaba mi papa con mis hermanas.

-          ¡Jobeeeero! Se despertó el hombre… dijo mi papa.

Me dio gusto ver la cara de todos allí hasta la gata Catica andaba entre las canillas de la gente.

-          ¿Ta listo pa que le cuente la papada de los tres del arriero?

-          ¡Si!

-          Ta bueno pues, pero no se me duerma ¡Jodido!

Ustedes cipotas ¿Saben cual es el animal mas grande de toda la tierra?

Las más grandes de mis hermanas que ya estaban en la escuela respondieron al mismo tiempo:

-          El elefante

-          ¡Nooo! ¿Qué va a ser? Es el conejo.

Todos nos reímos, porque ya mirábamos para donde iba la cosa.


Tomada de: https://www.dailymail.co.uk/news/article-2136231/Wenling-Zoo-China-throws-live-bird-tiger-enclosure-improve-animals-hunting-instincts.html


Miren, los animales son como la gente cuando uno no los ve. Arman fiestas y comederas. El sapo es como Santos Oliva, toca guitarra y canta y los pájaros le echan segunda chiflando. Pues un día, había uno de esos bailes en el monte. Cuando hay baile los animales todos están juntos y no se comen unos con otros.  Pues se armó la fiesta.

Tío Tigre con tía Tigra bailando juntos y tío Conejo como siempre molestando a todo el mundo.

En una de esas pasa cerca de tío Tigre y le jala los pelos de cola. El tigre se asusta y le da un apretón bien feo a tía Tigra. La tigra se enoja y le empuja a tío Tigre que cae sobre tío Perro y se arma un bochinche como los que se arman en las fiestas de la escuela.

El Tigre sabía quién había armado el molote y dice:

-          Conejo jodido, esta vez te como.

En eso entraron los auxiliares que eran las urracas y sacaron a todos del baile y los mandaron pa sus casas… estaba lloviendo, una tormenta perra.

Ya el conejo se puso su capotillo y salió. El tigre lo vigió y lo siguió. El agua se puso mas arrecha y el conejo decidió que había que buscar onde abrigarse y miro una cueva que otro animal había dejado y se metió allí a pasar el agua.

El tigre lo vio entrar y dijo:

-          ¡Jodido! Hoy si me lo como.

Se acerca al hoyo y sin decir nada mete la pata y tanteando llega cerca de hasta la espalda del conejo que se da cuenta que era la pata de tío Tigre.

-          ¡Puta! Dice el conejo:  hoy si me llevó candangas.

-          ¿Qué hago?

En eso ideo una maña y se puso a gritar como que lo estaban matando.

-          ¡ay, ay, ya! ¡Ayúdenme! me come este animal. Hasta que se quedó quedito

El tigre se quedó pensando.

-          ¡Jumm! ¿Que será esa papada?

-          Voy a meter la mano de nuevo yo soy mas grande que el conejo a mi no me va a comer.

Y me te la mano, así tentado… en eso toca algo peludo y como redondeado.

Era el lomo del conejo… Cuando el conejo siente la pata del tigre, agarra güevos y con la vos mas ronca que pudo hacer pega un pujido y dice:

-          ¡Jummmm! ¿Quién me toca el dedo chiquito?

-          ¡Jueputa! Dice el tigre asustado. Y saca la pata y dice:

-          Si ese es el dedo chiquito como será ese animalón

-          Voy a tocar otra vez a ver si puedo ver quien ese ese.

Y vuelve a meter la mano. Y otra vez…

-          ¡Jummmm! ¿quién me toca el dedo chiquito? Si me despertás otra vez te voy a comer

-          ¡Jodido! Dice el tigre, creo que mejor me voy a ir, de todos modos, ya se comió al conejo.

Y se las pela.

El conejo esperó que pasara el chubasco y se jue tranquilo a su casa. Se quedo tranquilo unos días sin salir y tigre había regado la buya que a tío Conejo se lo había comido un animal gigante que el no conocía. Que él le había tocado el dedo chiquito y que sólo el dedo chiquito era mas grande que el conejo. La gente en el monte andaba con el culo dos manos…

Allá… a los dillitas, ya el conejo no aguantaba estar escondido y salió a beber agua ala quebradita. El tigre lo acolumbró y viéndolo sanito dice:

-          Miren que condenado. Está vivo. Me volvió a joder. El otro día lo que toqué en aquel hoyo era el lomo del tío conejo.

-          Pero lo voy a joder. Ya van a ver.

Viene tío tigre y llama en secreto a todos los tigres y tigras del monte y les dice que rieguen la buya en el monte diciendo que tío Tigre se había muerto. Y que lo iban a velar el sábado en el claro del monte. Así jue.

Ya el jueves regaron primero la buya de que tío Tigre estaba grave, los tijules y las hurracas y la piacas regaron más la buya. El viernes… pues que se murió tío Tigre y que todos los animales estaban invitados a la vela. Tía Tigra, le mandó un telegrama especial a tío conejo para que viniera decir unas palabras al velorio. Tío conejo aceptó, pero un poco desconfiado.

Ya el sábado se calzo los calzones, las botas, el sombrero de pelo, y el machetillo al cinto. Encilla la mula, que era el cusuco, y saz, saz, saz, se jue al velorio, montado…

Allá en el velorio, aquella lloradera de los tigres y las tigras. El mapachín contando chistes y perras. El sapo cantando las que le gustaban al tigre. Los monos pintando con tile a los que se dormían… y aquella cosa…

Ya llego el conejo.

-          ¡Mándese apear, tío Conejo! le dice un tigrón tamaña tramella.

-          ¡Gracias, hombre!

-          ¿Y cómo está tía Tigra?

-          ¡Bien dolida! ¡Bien dolida!

-          Pase adelante, tío Conejo…

Tía tigra ve a tío Conejo y se le tira encima llorando.

-          Ay tío Conejo… se nos adelantó, se nos jue. Se murió mi Tigre. Tan bueno que era, sólo se comía a los que se dejaban

-          Así es tía Tigra. Le decía el conejo.

La idea del tigre era que haciéndose el muerto el conejo se iba a confiar y se acercaría a él para verlo muero. Una vez allí cerquita el tigre se iba a despertar y se lo iba a comer de un solo tapazo.

En eso, mientras platicaba con tía Tigra, ella le dice a tío Conejo.

-          ¿y no quiere verlo de cerquita antes de que lo enterremos?

El conejo se para y camina para donde estaba el muerto en eso se para en seco y de larguito le dice a tía Tigra.

-          ¡Oy, tía Tigrá!

-          ¡Aja, tío conejo!

-          ¿Y tío Tigre ya se tiró los tres del arriero?

-          ¿Los tres del arriero? ¿Qué babosada es eso?

-          ¡Uy! ¿Usté no sabía que todos los que se mueren para que estén bien muertos primero tienen que tirarse tres pedos. Para que el arriero los lleve al cielo.

El tigre, oyendo esto y para que su muerte fuera más verídica, como diría el compa Toño, agarra aire en la panza y … Prrurrr, un pedo, Prrurrr dos pedos, Prrurrr tres pedos.

El conejo no se había alejado mucho de su mula y cuando oyó los pedos, pegó un brinco y se montó en el cusuco, lo pico con las espuelas y salió corriendo gritando…

-          ¡Adiós! pucho de babosos, muertos que se tiran pedos no los velo yo…

El tigre bravo se levanta, sale corriendo detrás del conejo…

-          Párese allí tío Conejo, hijo de la venada careta que hoy me lo como…

-          Agárreme primero tío Tigre. Le contestó el conejo, y se perdió en el monte.

Allí está pues, los tres del arriero.

¡Ese conejo era jodido!

¡Jobero!

¿Verdá que valió la pena comer?

 Así termina este cuento de tío conejo. Yo me terminé durmiendo y los días que siguieron me mejoré de la fiebre y las cosas volvieron a la rutina de esos días de infancia en la montaña.

Feliz 2022. Abrazo. 

lunes, 27 de diciembre de 2021

Anécdotas puntuales o puntudas -5 (segunda parte)

En este mundo de fantasías transcontinentales y transoceánicas, y siguiéndole la huella al tío conejo, les regalare, en las líneas siguientes, otra fábula de las que me contaba mi papa.

Todos hemos oído hablar de aquella fabula difundida en nuestras escuelas primarias en donde había que guardar las buenas maneras y no decir malas palabras. Esa fábula en el que una liebre super veloz es vencida por una tortuga, en una competencia.

Como muchas de las fábulas que aprendimos en nuestra escuela eurocéntrica y negadora del legado popular, esta de la liebre y la tortuga nos viene del fabulista Francés Jean de La Fontaine. Aunque según algunos la fabula de la liebre se le puede atribuir al fabulista griego del siglo V antes de Cristo, Esopo. Sin embargo, en la cultura popular Latinoamérica otras versiones de esa fabula circulan, evidentemente, adaptadas al ambiente y a la cultura local.

La gracia del sapo está en el brinco (refrán popular)

La rutina de la cosecha de café siguió su curso.  Mulas cargadas con sacos de café en uva. Despulpada, lavado y transporte al beneficio del pueblo para pagar la deuda adquirida en el transcurso del año.  Cena con tortillas calentadas y cuajada fresca y por supuesto el cuentecito de todos los días o de cuando había tiempo.

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¡Papa! ¿Cuál nos va a contar hoy?

Pues fíjate que ahora que venia allí por el paso de la quebrada, me paré a darle de beber al caballo. Cunado el caballo se agachó a beber un sapo jodido pegó un brinco y asustó al Moro. Allí me acordé de una papada que me conto un jodido, allá en Nicaragua cuando andaba vagando.

¡Papa! ¿los sapos echan leche vaa?

Si, por eso no hay que torearlos ni jugar con ellos.

Pero lo que te voy a contar es que… ¿Quién crees vos que corre más ligero, el sapo o el conejo?

El conejo. El otro día el Yolis saco uno de un charral y no lo pudo alcanzar.

¡Jajajaajajajaja! Asi parece, pero yo te digo que una vez el sapo le ganó al conejo.

A ver ¿Cómo?

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¡Pues mirá! Había una vez en un monte, onde había un montón de animales, se armó un chojín caballo. Así como los que pone Sofía Moncada con el tocadiscos.

Aquellos animales bailaban perro y bebían chicha, guaro y le tiraban vivas al partido.

Allí andaba tío Conejo. Bien tirado.  Andaba de botas, sombrero de pelo unos calzones vaqueros y un machete al Cinto. Allí andaba bebiendo guaro y molestando a los otros.

En eso Mira a tío Sapo allí tranquilo. Tío sapo no bebía guaro, solo fresco con pan. Se le acerca tío conejo y le dice:

-          ¿Qué dice, tío Sapo? El hombre con la boca más chiquita del valle.

¡Jodido, tío sapo usté si que es tallado con esa cintura que se carga!

¿Y que tal anda hoy?

-          ¡pues no! Aquí tranquilo, el baile esta bueno. Le contesta tío Sapo.

¿y usté tío Conejo, Qué tal?

-          Yo aquí con ganas de que nos echemos un jaibolaso juntos.

Pues no es que quiera despreciarlo, pero fíjese que yo no bebo guaro. Si me invita un fresco se lo acepto.

-          ¡Que fresco ni que nada! Métase uno tío Sapo. Uno es ninguno.

Y aquel joder del conejo que ya andaba bien picado.

Entonces el tío sapo le dice:

-          Mire tío Conejo, hagamos un trato.

-          ¿Cuál es ese trato que quiere?

-          Hagamos una apuesta: Mire, hagamos una carrera, si usted gana y le prometo que me embolo con usté en el próximo baile. Pero si yo gano, uste usté tiene que dejar de andarme molestando a mí y a mi familia y poniendo apodos.

-          ¡Jajajajajaja! ¡Vaya pues! ¡Dele viaje! Dice el conejo

Y así jue.

Ya el conejo salió del baile y se montó en su cusuco, que era la mula del conejo, y se jue. Allí iba pensando…

-          Ese sapo si es baboso, cree que me va a ganar… pero bueno el que es papo es papo.

¡Ah! Se me olvidaba, antes de irse el decidieron onde iba a ser la carrera. Decidieron que iba a ser aquí en El Palo verde. Desde el rio Conchagua, allí en el paso onde Pablo Sosa, hasta onde tiene la casa el Compa Moisa.

Y así jue.

Tomada de: https://fr.wikipedia.org/wiki/Le_Li%C3%A8vre_et_les_Grenouilles


Se convidaron para hacerla el domingo después del domingo de ramos, para darse tiempo de entrenarse.

El conejo no decía que el no ocupaba tiempo para eso que de todas maneras ese pedos bajos del sapo, que le iba a estar ganando.

El sapo, él, llamó a todos los familiares a una reunión de toda la familia.

Ya cuando estaban todos allí sentados, bebiendo cafecito que les había hecho tía Sapa y platicando de toda cosa el tío Sapo, la mera taramella de los sapos se levanta y pega cuatro pujidos. Todos los otros sapos se quedan quedito.

-          Buenas tardes a todos en esta sesión. Aquí los traje por que como ustedes saben hice una apuesta con tío conejo.

-          Allá un sapon que se parecía a Ceferino el patón, pide la palabra.

-          Usté tío Sapo, le vale galillo de mono la vida. Cómo le va a ganar a ese conejo.

Otro sapo levanta la mano.

-          Tío Sapo, ese conejo es caballo, mire que dicen que ha matado a tigres y lagartos y usté se pone a hacer apuestas con él.

¡Jobero! Y aquella palabreadera.

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-          ¡Papa! ¿y como es que hablan los sapos si no son gente?

-          ¡Como no! Si hablan. Nojotros solo oímos ¡per, per, per, lero, lero, lero! Pero ellos se entienden. Es como los gringos cuando hablan inglés, nojotros no entendemos, pero ellos se entienden.

-          ¡Si! ¿vaa? ¡Ta bueno pues!

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Pues allí siguieron la platica los sapos, hasta que tío Sapo les dijo que se callaran.  Y les dijo.

-          Yo tengo una maña para ganarle a ese jodido, pero todos ustedes me tienen que ayudar.

¡Jobero! Todos los sapos se quedaron con la bocota abierta.

-          Oigan bien, les dice el tío Sapo, es mentira que yo solo le voy a poder ganar ese jodido conejo que corre veloz. Además, todo lo que cuentan que ha hecho él lo ha hecho con mañas. Pues par un mañoso, otro.

 ¡Jodido…!

-          ¿y como vamos a hacer? Pregunta aquellos sapos alborotados.

-          Miren, les dice tío Sapo,

-          El dia de la apuesta, vos, le dice a un sapo que se parecía más a él, vas a salir al mismo tiempo que el conejo. Es claro que lueguito te va dejar atrás pues vos solo te metes en el monte y te regresás a tu casa. El conejo va seguir corriendo.

-          Vos le dice a otro sapo, te vas a esconder allí en la quebradita de don tacho y cuando el conejo vaya saliendo por allí pegas un brinco y le gritas ¡adelante estoy y seguís brincando hasta que te pase el conejo. Y así… vamos a esconder varios sapos en varios lugares. Vamos aponer a otro allí onde Ciríaco Sevilla, otro allí en le portillo onde doña Caya, otro allá por el portillo de Santos Hernández, otro en el portillo que va pa la casa de Joche Izaguirre, otro por la vuelta de Roque, otro allá por la casa de los Corleto, otro allá por onde María Inés Espinal, otro allá en la quebrada de onde don Pedro Sosa y yo lo voy a espera fresquito allá en la casa de Don Moisés. Allí voy a estar yo sentado fresquito con algunos de ustedes.

Así jue… Jobero.

Pues allá el domingo después del domingo de ramos, ya allí a la orilla del rio cerca de onde Pablo Sosa, allí estaban los conejos y los sapos huchando a cada quien a su amigo.

El Conejo no paraba de hacer piruetas enamorando a las muchachas y el sapo que no era tío sapo bien tranquilo allí.

-          ¿Qué me le pasa a mi amigo getas de olla que no se alegra? Decía el conejo.

El sapo no hablaba para que el conejo no choteara que no era tío Sapo.

Bueno, ya salió el mapachín que era el que habían escogido como Juez.

-          Bueno, Todos los reunidos en este punto sepan que la carrera entre tío Sapo y tío Conejo comienza aquí si tio conejo gana, Tio sapo tiene que embolarse con tío Conejo. Si tío Sapo Gana, tio conejo va a dejar de burlarse de él y lo va dejar tranquilo. Todos ustedes son testigos.

-          Siiii, gritan todos los animales.

-          Bueno pues, dice él mapachín, ya mandé a mi primo allá onde don Moises para que espere al que llegue primero.

-          Pónganse aquí en esta raya, les dice el mapachín, al conejo y al Sapo.

-          Cuando oigan el tiro de mi pistola salen corriendo y que les vaya bien.

Ya se pusieron los dos en guardia.

¡pan! El disparo y aquel conejo sale corriendo haciendo una polvadera.

Allá sale el sapo dando brincos y el conejo viendo para atrás a ver si el sapo lo seguía. Cuando vio que el sapo ya no se miraba atrás, rebajo la carrera y riéndose decía.

-          Ya lo jodí al tío Sapo.

En eso, cuando ya iba cerquita de la quebrada de don Tacho, acolumbra un sapo brincando delante de él y aquel sapo le gritaba…

-          ¡Adelante estoy, tío Conejo!

-          ¡Puta! Dice tío conejo ¿y este sapo jodido de onde sale?

Y le pone más velocidad para pasarle al sapo que ni tiempo de beber agua tuvo; y le pasa otra vez.

Ya cuando no lo miraba atrás, ya el sapo estaba cerca de onde Ciríaco…

-          ¡Y saz! Adelante estoy, tío Conejo… Otro sapo…

¡Jobero! Y Así…

-          Adelante estoy…

-          Adelante estoy …

-          Adelante estoy … en cada punto onde se habían escondido los sapos.

Aquel conejo ya andaba ahogado de correr. No entendía como hacía el Sapo para estar adelante.

Ya para llegar a la casa de Don Moisés en lo que el conejo mira para atrás y ve que el sapo no está dice:

-          ¡Carajo! Ahora si le gané a ese boca e jarro.

Y que puercas… cuando mira pa delante… Allí no estaba el sapo pues; frequito …

Pega un brinco para llegar al punto final y le grita al conejo

-          Adelante estoy…

¡Jodido! Aquel conejo bravísimo… No creía que el tío sapo le había ganado.

Ya el primo del Mapachín dijo que quien había ganado la carrera y le mando un telegrama con una urraca, al otro mapachín que estaba allá onde Pablo Sosa para que supiera quien había ganado.

Ya de regreso el conejo y el sapo que se regresaron juntos por la carretera llegaron al lugar y firmaron el papel para que el conejo ya no molestara al Sapo. Hicieron un baile caballo y el conejo se embolo y se jue temprano sin saber cómo había perdido. El sapo se quedó en el baile celebrando.

Por eso mijo, uno no debe burlarse de la gente… a veces esos que se hacen los papos son más inteligentes que uno.

¡Lichoooo!

Mañana en la mañana ocupo cuatro mulas con aparejo y el caballo.

¡Ta bueno! Don Joche.

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