martes, 29 de mayo de 2012

El que agarra consejo no se hace pendejo y llega a viejo


De nuevo les entrego otro capítulo de la vida de mi viejo. Esta tiene que ver con una cicatriz que él tiene en el pecho.  Esa cicatriz atraviesa su pecho desde la tetilla izquierda hasta cerca del ombligo. La parte superior tiene algo así como un centímetro de ancho y disminuye a medida que desciende hacia el ombligo. Ese surco  bien clarito como diría Mejía Godoy, es uno de los recuerdos probablemente más negros de la vida de mi papa, pero para mi es uno de los mas gratos.  Sí, parece contradictorio, pero los recuerdos que yo tengo de esa cicatriz es la  de las tardes en la montaña cuando después de la jornada mi padre se quitaba la camisa y  se quedaba sentado en su silla verde en  el corredor de la casona. Yo me sentaba en sus piernas y jugaba con la vellosidad de su pecho siguiendo la huella de esa cicatriz hasta dormirme.

Bueno pues aquí les dejo con don Joche

Cuénteme la historia de la cicatriz que tiene en el pecho

Esas cosas… eso fue… ¡Mira ve! Francamente yo estoy vivo porque de verdad Dios… Pero esa cosa que hizo ese hombre… Que en paz descanse ¡Carajo! Andar yo cubierto con una chumpa, con camisa, camiseta y me a traspasado…  Pero te voy a contar desde el principio…
Pues ese hombre, era el mozo (peon) más de confianza que había allí. Cuando yo llegué  en 1953, allí lo hallé,  él y otro peón… Elías Vásquez y Colacho (Nicolás) Mejía. Con ese Colacho Mejía hicimos ese cofre que esta allí… ( muestra el cofre de cedro del cuarto de mi mamá)
A pues y  allí se llevaba el hombre, Maximino se llamaba, trabajando y ya cuando se llegole día de… un 19 de marzo, decidieron de festejar ese día, no a nombre mío, hicieron un rezo porque era el día de San José…
Bueno, yo estaba allí viéndolos el movimiento, estaban rezando, luego comiendo  y luego con unos violines tocando allí. Estaba bien bonita  la reunión. Entonces digo yo luego… yo pues me voy a ir a acostar dije yo. Me fui para dentro donde dormía yo. Ya me quité la faja de la pistola y  ya la puse así en la cabecera de la cama me desvestí y me acosté. Todo quedaba en calma.

Al momento de estar acostado se alborota aquel hombre (Maximino) y oigo la bulla… enojado con la señora y gritando y …
¡jobero…! ¡Vaya caramba!  Dije, tan bonito que estaba eso. Yo me voy a levantar y me visto otra vez y me fajo la pistola. Entonces salgo yo à hablarle al hombre y le digo: ¡Hombre Chimino! mirá como estaba de bonito el rezo, Vos mismo estabas llamando a la gente que vinieran a comer… y ahora esta corrompiendo… arruinando la fiesta… 
Chimino seguía revuelto, y en eso que yo le estoy hablando, otro bolo que venia abajo por el camino real gritando… y se  reconocen los dos bolos y se contestan unos y otros, insultándose y aquel venía bolo también…

¡Y juep…! ¡Vaya pues! Entonces, vengo  yo y dejo de atender a Chimino y abro el portón del camino real y salgo a hablarle al hombre que venia, a decirle que no le hiciera caso y bueno un poco de cosas pensaba yo decirle para evitar el pleito. Entonces detrás de mi sale Maximino también a encontrar al otro hombre que venía por el camino real. Cuando yo siento que Chimino se venía, entonces me regreso y ya no busco hablar con el hombre que venía, sino que trato de atender a Chimino que venía loco buscando pleito, volando machete.

Entonces me regreso… yo llevaba foco también pero lo tenía apagado. Cuando me doy vuelta y que iba a decirle ¡Hombre muchacho,  Chimino no te salgás¡  a decirle eso iba yo cuando sentí el tarrajazo que pego en un travesaño de la puerta  y  a pesar de eso me a garro el pecho la punta del machete. Me hubiera sacado el corazón si me hubiera agarrado de lleno. ¡Ay hombre! Y me miro  el chorro de sangre… ¡Ay Caramba!  y le digo: ¡ya me mataste hijueputa!  Y le pongo el foco  y le pongo la pistola por un claro de la puerta ¡Jodido! Era un cuete que tenia yo… y el hombre se queda parado… Yo no hallaba que hacer, mirando al hombre.
Pensando  que lo iba a matar y que me iba a ir y que mis familias en Honduras me conocían poco, iban a decir que yo era un hombre malo y que aquí y que allá… en un momentito le di vuelta al mundo e hice maletas, pero en segundos… hombre mira, hice maletas, y pensé todo eso… Entonces dije yo ¡voy a pensar!  Le voy a ordenar que vote el machete si no vota el machete lo soco. Y le digo: ¡Votá ese machete! Y lo ha votado, amigo.
¿Verdad que no lo podía matar?  Pero si hubiera sido otro lo mata. Porque así me decían muchos… Yo lo hubiera matado…

A pues y le digo: ¡vota ese machete!  y lo ha votado y en eso que venia el mandador que tenía yo allí que se llamaba don Salomón Salgado y le digo: ¡Recoja ese machete y amaren a ese hombre! Y no lo podían amarrar y así herido votando sangre tuve que ayudarles a amarrar a Chimino.  En eso viene el mismo señor (don Salomón) y deshoja una navaja y se iba ir por detrás a  degollar al hombre  y le ordeno yo ¡No! Le digo  yo, así herido ¡No lo mate Jodido! No lo mate yo y usted lo va hacer ¡No! ¡Vote esa navaja! Y me hizo caso el hombre.
Entonces amarramos a Chimino al pie de un pilar, allí bien amarrado.

Después le mandé hablar al alcalde auxiliar para que se hiciera cargo de él. Yo me fui a acostar y ya corrieron y la mujeres me untaron unas cosas allí y en la mañana me vengo, bueno me traen al pueblo… y aquella cosa y ya luego pues  llevaron al juez a periciarme a mi. Y  ya me inspeccionó y todo y ya le platiqué yo el  asunto que no lo había matado. Por eso si no vota el machete creo que lo hubiera matado y a saber donde estuviera ahora y el estuviera muerto. Pero se me vino a la mente de ordenarle al hombre que votara el machete porque lo tenía  encañonado. Pero lo voto. El juez me abrazo y me dice: Lo felicito, me dice  eso es de hombre me dice…
Imaginate, bueno allí ya me estuvieron mediqueando allí donde mi papá y me atendieron y ya cuando me mejoré bien mejoradito  me fui otra vez para la montaña.
Entonces el hombre cayo preso de oficio, porque yo no pedí nada contra él (el hombre estuvo preso varios meses). Entonces me venían a decir a mi que decía Chimino que sola mente que no saliera de la cárcel no se desquitaba esa carcelada  ¡jodido decía yo!
¿Ya me entendés que quería decir con eso verdad?
Que saliendo de la cárcel me iba a hacer algo…
Ah pues allí estuvo y estuvo preso… 6 meses estuvo.

Allá al tiempo se llego el momento que  salio, y yo no me doy cuenta. El terreadero de él era por el lado de El Chorro (otra hacienda de mi abuelo, distante de la hacienda donde vivía mi papa).
Un día me toca ir a ver un ganado al Chorro y miro un hombre que viene caminando a mi encuentro.  Pero antes  de  toparme con el, ese día yo traía la pistola camiseada y no al cinto. La mula se había pegado un embrocón  y allí se me cae la pistola y no me di cuenta.

Entonces  acolumbro al hombre come a cien varas ¡ay jodido!  Y el hombre venia con el machete cruzado sobre la nuca. ¡Jodido! digo yo, allí viene ese hombre y me toco la cintura  buscando la pistola y nada… Arriendo la mula y doy la vuelta para atrás a recoger la pistola. Este jodido va decir que me corro yo  (ríe) pero yo voy a ir a buscar esa pistola.  Me regreso, y cuando llegue el punto allí estaba la pistola. Me apeo de la mula y me la camiseo y me regreso a encontrar al hombre.  Entonces cuando iba a cierta distancia  le hablo… Como a unas 15 varas antes de encontrarlo. Y le hablo:

- Aja hombré  y me paré. ¿Así es que ya saliste?
- Ya Salí me dice
- Hombre pues fijate le digo que aquí me han venido a decir, que vos decís,  que solamente que no salieras no te desquitabas esa carcelada. Pues aquí va ser el punto, le digo, que te vas a desquitar, le digo yo. Y ay vos sabés.
Pero por favor no te vayas a arrimar más. Aquí estamos, bueno y sano estas vos y yo también.
- No, me dice, si yo no he dicho nada ni tengo nada pensado de malo para usted. más bien, me dice, si me da trabajo otra vez, yo voy a trabajar para usted.
Te doy, le digo, te doy. Si es así que lo pensás.  Pero eso si, que no te voy a querer ver bolo, con esa condición. Si eso prometes llegue a trabajar el lunes.

Pues así fue, llego el lunes  (ríe). Y cuando llega el lunes,  lo mira mi papá y me dice: ¿Bueno, y ese hombre?
Allí, vino, yo le di trabajo, le digo yo.
¡Jodido! Me dice mi papá ¡Tenés güevos vos! Pero no te confiés, me dice.
No, si ya le hablé y todo  y él sabe.

Pues se portó bien el hombre conmigo, bien pero bien, bien, bien, bien se portó conmigo.

Pues hombre… Allá en una de esas me fui a dar una vuelta allá por Nicaragua a ver la familia. En esos medios le pega Chimino una cinchoneada aun  cipote, jovencito aquel chigüín. Isidoro se llamaba el muchacho.  El cipote se dejo pegar pero la cosa no se quedo así. El muchacho afiló la guarizama  en una piedra y la afila bien afiladita.
Y dice el muchacho: Hoy lo vigeo.
Y así fue. Le salio  por el camino por donde venia Chimino, cuando lo vio le dice:
¡Aja  hombré! ¿No estás enojado por lo que te hice?
¡No hombre le dice!  No estoy enojado.
Pues vení para acá le dice  vamos a echarnos un trago.
Y agarran… cada quien con su machete,  platicando en el camino. Aquel cipote le iba vigiando y le iba vigiando, hasta que llego al punto. Y en un descuido de Chimino le apeo la cabeza de un solo machetazo.
Así terminó Chimino.
A mi regreso ya llegué donde mi papá y allí estaba la mujer de Chimino  que se llamaba Chila herrera. Y le digo aja Chila.
Pues mire lo que nos pasó hace poco venimos de enterrar a Chimino, lo mataron.

Por eso yo siempre les digo. Es malo maltratar a los cipotes… Con una mala mirada que le pegue uno a un cipote, esa mirada lo puede marcar y ponerle ideas en la cabeza.
Mi abuelita ami nunca me pego y me pego una vez, injustamente me pego. Yo tenia un compañero y vivíamos allí cerquita, y había un muchacho  que tenia una propiedad y al pie de la propiedad había un pozo donde íbamos a traer agua y detrás del cerco el hombre tenia una mata de maíz y esa mata de maíz echó un elote y ese elote a saber quien se lo desgajo y se lo robó. Entonces el propietario Juan José Macareño me echa el muerto ami que yo me había comido el elote. Le pone la queja a mi mamita. Entonces mi mamita me dice: Venga para acá. ¿Por qué ha hecho eso y por qué anda tocando lo ajeno? Y me soca… injustamente… 
Yo con ese hombre nos hablamos pero todo el tiempo le tuve aquel rencorcito  de esa cosa  que me arrimo, de haberme comido ese elote.

Allí pues tienen ustedes la historia  y es a ustedes de sacar la moraleja, la mía ya la pus en el título.

Un abrazo.

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